lunes, marzo 13, 2017

Fuga (Botellas al mar) I. Preludio

para Elena...

que llegaste y partiste el 17 marzo 2006
 
I.

Preludio
 

 
 

“Todo estático,
menos la sangre mía y la voz mía,
y el recuerdo volando.”

Julia de Burgos,

Velas sobre un recuerdo.

 

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El alma en fuga

 
Inicio mi exilio,
acurrucada entre mil recuerdos,
mi vientre y la luna,
la soledad y los sonidos del silencio:
todos  relativos a la luz.

 Avanzo despacio,
sin desiertos ni avenidas.
Las calles se abandonan a mi paso;
mi geografía sigue encadenada a la oferta y la demanda.

 La muerte insiste en quedarse conmigo,
tampoco la temo;
mis manos sobreviven descaradas de palabras
desde este otro naufragio de lunas
donde recojo las letras
pues siempre hay rastros de poesía
hasta en el instante de la huida.

 Aquí,
Selene hambrienta de relojes y deseos,
busca la luz de otros tiempos,  o ¿del nuestro?,
la flor de un calendario, o un nuevo mapa;
o tan solo arranca pétalo a pétalo hasta la última hoja.

 Allá en la cercana lejanía
un volcán incinera las pesadillas,
mientras el faro marca el horizonte;
queda un mes para decir si hay vida o retorno
allí, donde el sol sorprende a la soledad
cuando el capullo se abra ante el milagro del niño que ya es hombre,
se asome al mar, hidrate sus labios
y pueda gritar versos sin cadenas
el amor de la poeta
un parto de gorriones
o la libertad de una isla.


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Desde el desierto de las sombras

 
Estoy en el desierto de las sombras:
Donde la muerte serena toma café junto a mi reflejo,
y una niña observa
la dorada huella de sus pies sin cuerpo,
desde su boca de lágrimas navega el mar de los exilios.
Sueño con su mirada,
con sus manos al cielo, tan pequeñas,
que acurrucan mis dolores y sonríen en mi aliento
quiero danzar junto a su recuerdo,
pero, como siempre, huye.

 Aquí, la noche es una ventana hacia el abismo.
Me asomo, me falta el aire.
Un abandono de silencios duele en el alma;
la venganza  es un eclipse de miedos deshabitados
Sigo aquí,
aunque la soledad me hace el amor cada mañana...
no tengo miedo,
los minutos me aman en las noches.

 
Mi diario sobrevive con arena y versos;
secretos de nuevas risas, espejos  y caricias.
Pero la página llega a su fin,
pretendo morir bajo el árbol de su nombre de niña perdida
en la última primavera de una ciudad sin cuerpos.

 
Recupero la voz en el desierto de las sombras
mas es tarde, demasiado tarde…
Mis palabras peregrinan tras la huella de sus ojos,
esos que nunca verán los míos.

 
Respiro el aire de mi sombra alejada en otro eco
y es que el tiempo jugó a la ruleta con un pirata,
muriendo sangres de manantiales deshidratados
y así como el poeta, tampoco me quedan muertes para nacer,
solo unas cuantas botellas vacías y la espera…


Ana María Fuster Lavín
2006--Fuga (botellas al mar)
(poemario sin publicar)

fotos-Ana María Fuster Lavín

1 comentario:

María Juliana dijo...

También hay belleza en el dolor, hermosos poemas. Mi abrazo sentido para ti.