Terapia [confesiones no juramentadas]:
“un diálogo trascendental dentro de la nueva narrativa”
Por Leticia Ruiz Rosado
"Terapia" es un conjunto de veintiún relatos, como postula Ana María Fuster Lavín, que parten de su interés en que se lean a la medianoche [pues originalmente la autora subtituló el libro “relatos para la medianoche”] y junto con ellos habrá una extensa confesión sin juramento. Este aspecto lúdico, desde la portada, nos envuelve en una lectura rotundamente organizada a partir del aspecto lingüístico hasta su organización coyuntural. No escatima aspectos del lenguaje porque su impronta, definida como escritora del género de terror y gótica, acierta en la conceptualización del cuerpo como memoria de su discurso narrativo. Nuevamente, nos sorprende con situaciones en las que la mente y el sexo afianzan cada trama; las de seres proscritos por la sociedad a causa de su diversidad y de sus ganas de vivir. Incluso, la escritora se confiesa “máquina de palabras”, porque precisamente es con el lenguaje que acierta a construir su mundo ficcional, su mundo literario
Es su dominio poético concretamente lo que avala su escritura; por tanto, cada cuento rezuma una ecuación perfectamente orquestada. Tanto así que el alma de Ana María Fuster Lavín habita en cada espacio del texto. […] Me parece que estamos ante un texto sin cortapisas, ante un texto articulado en la madurez de la impostura fusteriana reflexiva, combativa y ahora terapéutica. Parece que nos quiere guiar desde los relatos iniciales (“Terapia” y “Búscame”) en los que sus huellas identitarias o dactilares aparecen: escritura, ciudad, libros, muerte, música, shock, soledad, zombis, felinos, entre otros tantos que emergen desde esa mirada espejeada que marcan su estilo.
[…]
Esos variados ritmos escriturales manifiestan los diversos matices de las voces urbanas de un Santurce complejo y que ahora en Terapia [confesiones no juramentadas], se amplía a otras zonas del Área Metro como Río Piedras y Hato Rey, y a otros pueblos de Puerto Rico como Ponce, Mayagüez, para de momento saltar a Sur América, Portugal, también a Nueva York y Australia y, de manera osada, al siglo XVIII, precisamente al del origen de ese gótico que sustenta su escritura. Igualmente, nos adentra en un caleidoscopio ambiental y atmosférico al jugar con los espejos de las enfermedades, géneros y vidas sufrientes a lo ancho y largo del mundo. Me recuerda la serie del Ministerio del tiempo, toda vez que los personajes entran y salen: del psiquiátrico, de una habitación, de un elevador, de un balcón, del parque de futbol, del tribunal, de la plaza delayuntamiento, de un jardín. Sentimos cantazos contra cristales, se abren ventanas, se trastocan rumbos hacia una distopía (casi como Star Wars) provocada por US Air Force, en ese anhelo de tocar el sol. “Ser el fuego azul del mar”, en el relato “Devorar el sol”.
Esta recreación ambiental sucinta, por demás, es a mi modo de leer el texto, otro acierto cosmogónico en el que Terapia se constituye como una obra onírica en prosa cuya coyuntura textual amplifica los planos narrativos de Fuster Lavín en la búsqueda de un entorno amable para sus personajes; quienes, ante la vivencia de planos paranormales, necesitan conocer más allá de la escritura, de los límites de la imaginación, la perversión, las dudas, la autoayuda, la vida familiar, la convivencia en la escuela, entre amigos, el compartir en instituciones laborales un entorno piadoso precisamente por la falta de afectos. Su entorno ha sido un “cofre de cenizas”, un asedio sanguinario cuya cosmogonía y corporeidad se ha sacudido muchas veces por el bullying, entre otros males cuya envergadura concatena escenas dramáticas de una época en particular para mostrar las peripecias que asolan a familias, instituciones y tantos otros lugares. Es un modo de contar impactante por una amalgama de motivos a saber: creación literaria, enfermedades mentales, la memoria, el olvido, el sexo, lo paranormal, el incesto, las perversiones, las pesadillas, lo sobrenatural, el vampirismo, el miedo, la infidelidad, la envidia, el rock, las mutilaciones, la eutanasia, el alcoholismo, el canibalismo. Frente a los prejuicios sociales que se remontan por siglos en todas las sociedades y culturas
Dra. Leticia Ruiz Rosado
Catedrática de la Universidad de Puerto Rico en Aguadilla
Escritora, editora de la Revista Identidad de la UPR-Ag y crítica literaria



