martes, septiembre 22, 2015

Muerte del silencio... Día 1

Muerte del silencio
Diario



Primer día

Mi mundo se transforma en un inmenso pitido.  Los sonidos lentamente se transforman en gritos agudos. Puedo escuchar todo, por ahora, detrás de los grillos invisibles en mi cabeza. Poco a poco los grillos devorarán cada compás, melodía, la voz seductora de los sueños, la música, todo danza entre los velos de los chillidos en mi mente.

Llevó varios años así, pero los fantasmas ruidosos son cada vez más insoportables en el oído derecho desde hace unos meses.

Ayer finalmente fui a un doctor y me confirmó que los sonidos de la vida poco a poco serán devorados por esos seres invisibles de altas frecuencias que habitan en mí…


Ana María Fuster Lavín 

miércoles, septiembre 16, 2015

de voces y sombras Carnaval de sangre



La biblioteca de las voces perdidas

A Pabsi Livmar

Te observas con dificultad. Eres una voz perdida en la biblioteca. Recorres sus anaqueles. No encuentras el antídoto. Te percatas de que no puedes recordar lo que nunca sucedió. Todas las voces, su voz, la tuya. Tu eco se difumina entre las páginas que nunca leíste. Debes leerlas, pues las leídas te impregnan de una búsqueda que solo tus manos pueden encontrar. Abres otro libro y los susurros te llevan a otro, otro, otro y todos, el mismo. Te das cuenta de que te has cansado de enfrentar a la estulticia, de querer ver lo que no es, de dar oportunidades a monólogos sordos. Sílabas que no forman lexemas. Cada morfema inútil te desgarra el camino. Cada letra que sobra te absorbe la sangre. Decides luchar. Te colmas de palabras, las descubres, las besas, las pares. En ese momento, chocas contra un laberinto de cristales en los que se refleja un silencio ensordecedor. Despiertas. Te observas nuevamente. Te escuchas. Escribes.    

Ana Marías Fuster Lavín
Carnaval de sangre


 
 

de amores en Carnaval de Sangre



Sed eterna
 
Ven a mí, ven. Llego. Te observo. Aún no me reconoces, al menos me sientes. Respiro el deseo en tus ansias. Pongo la mano en la ventana y abres los ojos. Tus latidos se dilatan así como se dilata tu mirada en la mía. El calor de tu sangre es un carnaval de feromonas en mis manos y mis pechos. Ven. El latido de mis labios inferiores te obliga a invitarme a entrar. Entro a ti lentamente. Tu cuerpo desnudo desnuda mi cuerpo. Tiemblas mientras te derramas de sangre en mi boca. Vente en mí. Nuestros sexos son manantial. Entras a mi cuerpo, te desvaneces y renaces. Estoy en ti. Lactas mis secretos de salitre. Muerdes mi vulva, rasgas mis venas. Estás en mí. Somos un mismo gemido. Caes del cielo a tus sábanas y tus pupilas dilatadas frente a las mías revelan tu naturaleza. Estás en mi sed eterna. Somos.


Ana María Fuster Lavín
Carnaval de sangre

Ángel de las alturas



Ángel de las alturas

Margarita extiende los brazos hacia el cielo. Él la observaba desde lo alto de la grúa. Ella pasa, él toca la sirena y se saludan con las manos. Un día, se arma de valor y le pregunta su nombre. Ángel. “Es mi ángel de las alturas”, se dijo antes de entrar a su trabajo justo frente a la construcción. No era religiosa, pero oró esa noche por conocerlo. Al día siguiente, compra un ramo de margaritas y le escribe una tarjeta con su teléfono y dirección. Llega a su destino y la construcción había concluido. “¡Mi ángel no volverá!”, grita en medio de la avenida, tan fuerte que los carros frenan chocando unos con otros. Arroja allí mismo las flores y se retira llorando. Le pide a Dios que le permita una noche con aquel hombre.
Esa tarde antes de regresar a su casa se toma par de tragos. “Pa’l carajo el amor”. Se da cuenta de que un hombre no para de mirarla y sonreír. Ella asiente con la cabeza. Él se acerca. Eres tú, soy yo, no digas nada, pide un deseo, dice. “Daría mi vida por una noche con mi ángel de las alturas”, piensa ella. Está hecho, susurra él. Margarita regresa a su apartamento algo borracha. Siente pisadas cercanas, no ve a nadie. Al llegar escucha una voz: Tu deseo será cumplido. Una lluvia de plumas cae sobre su cuerpo, unas manos de hombre la desnudan y, en el piso de la sala, siente el orgasmo jamás pensado. Se siente en las alturas. Dormida, entre pétalos y plumas, extiende las manos.
 
Ana María Fuster Lavín
Carnaval de Sangre

sábado, agosto 29, 2015


Silencios de papel 5

Después de la marejada, el salitre es el único recuerdo.

Ana María Fuster Lavín

viernes, agosto 28, 2015

desde el Insomnio...




      ...Despierto de mi particular “no dormir”. Pude escuchar los secretos del mar a través de la ventana de mi habitación. Regreso a las calles, las aceras y sus cuerpos. Mi oficio crepuscular ha sido exitoso en la urbe. Y es que siempre preferí las sombras de la ciudad. Es más fácil adueñarse de sus almas clandestinas, pero inmensamente humanas desde sus errores.

Deambulo. También pienso en mí. Estoy cansada. Fueron tantas las mentiras. Finalmente me refugié en las pisadas de la soledad o de tantos nombres como la propia muerte. Aquí, desde mi silencio compartido y anónimo, las manos crean mundos donde el deseo puede ser plenitud y otredad, o tan sólo un diario para redimir todos los errores del yo.

Después de la marejada, el salitre es el único recuerdo. La soledad del abismo se convierte en madriguera. Dejo el mar. Regreso a mi lugar de origen. ¿Dónde estará el palacio de la luz? ¿Dónde estará el cuerpo del delito? ¿Encontrará mi piel refugio de metáforas y atardeceres?...

(fragmento, novela)
(In)somnio
 [pág. 135, Ed. Isla Negra, 2013, 2da edición]

Ana María Fuster Lavín

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