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miércoles, mayo 16, 2018

Tertulias apalabradas en Enroscando La Tuerca 3er episodio

Enroscando La Tuerca cuenta ya con su tercer episodio en youtube, programa literario por internet dirigido, presentado y producido por los escritores puertorriqueños Max Chárriez, H Roberto Llanos y Julio A. García. 
En esta edición conversan con la escritora Ana María Fuster Lavín.

martes, abril 24, 2018

Ed. Aguadulce anuncia su próxima publicación e inicia colección de poesía para jóvenes


“Con permiso, ¿ya les dijimos que este libro de Ana María Fuster Lavín sale muy pronto, y que con él inauguramos la Biblioteca Manantial, nuestra colección de poesía para jóvenes de 13 a 113 años? Pues eso. Estamos contentísimos en Ediciones Aguadulce. Es un libro precioso.”

ESTACIÓN BAJO LA LLUVIA

puente de pétalos
maullidos susurros
zigzag recuento de vidas
un corazón se pierde
bajo la sombra de una voz perdida
y tan solo una mirada fue raíz

¿acaso morimos a falta de espejos?

lápidas a la orilla del camino
un gato huye de sombras
he muerto de pisadas versos
al otro lado de la lluvia

¿estarán allí los latidos de la palabra?

amanece la flor
quizá la esperanza no ha muerto
y sigo viva

Ana María Fuster Lavín
Última estación, Necrópolis
(Ed. Aguadulce, 2018, págs. 68-69)

Desde 2014, regresa en 2008 Necrópolis en su tercera edición, o una renovada versión de estos poemas de amor, resistencia, locura y muerte que es un renacer de pasiones, luchas y esperanza en Última estación, Necrópolis  de la mano y profesionalismo de Ed. Aguadulce de la bibliotecaria, editora y escritora Cindy Jiménez. Necrópolis, que originalmente fue una edición limitada artesanal cosida por la autora y el escritor y traductor David Caleb Acevedo, ahora sale en una hermosa publicación dirigida al público preadolescente, adolescente y adulto.  Porque se versa en códigos sobre los temas universales que nos tocan desde esas edades, acerca de todas las posibilidades de amar, de construir y sobrevivir en la ciudad, sobre la muerte que es también el inicio de nuevas etapas de la vida y del desarrollo humano. Conserva la mayoría de los poemas originales, pero incluye casi una decena de poemas que no se encontraban en la versión original

Además, esta nueva edición incluye con un extraordinario prólogo de Eïrïc Rïchter Durändal StormCrow (David Caleb Acevedo)  escrito en 2016, quien explica

“En este hermoso poemario, la poeta nos presenta la muerte como una comunión de almas: las vivas con las vivas, las muertas con las muertas, y todas entre sí. Me recuerda la potente novela The Graveyard Book, de Neil Gaiman, en la que ocurre la Danza Macabra, un baile de gala en la plaza del pueblo en el que los muertos bailan con los vivos, al final del cual, solo los muertos recuerdan lo sucedido. Así mismo es el vuelo poético al que se somete quien lee este poemario.

Los cementerios hablan de épocas que terminan («¿Seré aquella sombra / sin cuerpo que va pasando?», del poema «Eutanasia»). El abandono de las pisadas sugiere caminos que se terminan. El hecho de que escriba esto hoy, bajo la sombra que me proyecta la muerte de uno de mis cantantes favoritos, cobra mayor importancia. Recuerdo que esto mismo sentí cuando murió una de mis escritoras favoritas, Diana Wynne Jones. Los caminos que se interrumpen en un cementerio, a menudo para siempre, es lo que forman el luto. Pero este luto trasciende los personalismos, puesto que el poemario sugiere que el luto es ancestral y comunal, y el silencio es compartido por todos y todas. Asimismo, en el cementerio no hace falta la esperanza, y por eso se marchita. Después de todo, siguiendo el mito de Pandora, la esperanza es un vicio, un mal, una distracción que se quedó atrapada en la caja. Y qué bueno que haya sido así.” (págs. 10-11)


MALABARISMO PSICÓTICO PARA LA URBANA


cuando se lee poco se dispara mucho
René Pérez, Calle 13


Ser pájaro y pincel
de rabia en mano:
se dispara una bala,
es la danza de los insomnios
hasta girar
ensordecidos en el hambre de sombras
morfinados hasta el vértigo
como disparar y versar
el sexo de las calles.

Y girar otra vez.

Subo y bajo
las manos se pierden en la ciudad
de opio tornasol
puta sicodelia de ritmos y bocinas
resucitada frente al semáforo
aplaudo y río
tiro los platos al aire
quizás, otra bala.

Y girar otra vez.

Regreso a la sangre cargada de sueños
es más fácil morir que escribir
donde mueren las jaulas
tal vez, un balazo para otra muerte
y le toco la clave a mi amante
somos libres ante el capricho de las verdades
y retorno al malabar de la palabra
al ritual de la urbana
que ya muero
para dejar de escribir y girar.

Ana María Fuster Lavín  (págs. 52-53)

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jueves, agosto 31, 2017

Última estación Ana María Fuster Lavín


Última estación

 
sin respirar siquiera para que nada turbe mi muerte
Xavier Villaurrutia

 
 
ha partido el último tren
solo mi silueta y mi gato
entre niebla silente como voces muertas
sin respirar los pasos acercan mariposas
y las manos desaparecen con cada aleteo
 
 
seguimos nuestro camino
danzando entre fantasmas calles nada
las historias ya no paren sueños
siquiera miradas despedidas solo muerte
y los pies desaparecen con cada ronroneo
 
 
nadie perturbará nuestro exilio
la distancia anochece una isla vacía
cada gota de sangre sobrevive un verso
no hay cuerpos solo epitafios eco en el humo
y los labios desaparecen con cada abandono
 
 
 hemos llegado a la estación final
la música de un acordeón a la distancia
invoca el último suspiro del corazón
miro a mi gato, nada nadie siquiera el camino
y nuestras sombras desaparecen con cada silencio
quizá mañana amanezca el poema
y una mariposa anuncie nuestra muerte
 
 
Ana María Fuster Lavín
de Última estación: Necrópolis
(inédito)

viernes, junio 23, 2017

Siete nocturnos de cine para vampiros


Tras la puerta de la Luna:

Siete nocturnos de cine para vampiros



No es fácil desprenderse de la melancolía de los cuerpos.

Manuel Rivas

Pero hace tanta soledad que las palabras se suicidan.

Alejandra Pizarnik




I.


Siluetas:

chelo, oboe.

En el plato de vinil con aguja de cristal:

la danza de los colmillos en celo

devora la sangre de las madrugadas.


El film, no visto, los créditos,

dos sombras rozan  una (bien)venida

sus besos cuelgan cual péndulos del eco

penetran las moléculas, faro, sirena,

cuerpo  a cuerpo, la palabra en el verso

hasta el fluir de gaviotas, silencios, el beso,


amanece.





II.


Cinemascope.

El lente anamórfico besa la piel de la piel

un bandoneón gime ante la marejada

ante el eco de la sed,

él/ella se desparrama en el abismo


Allí, una voz en off susurra los minutos de la muerte,

mientras otros labios filman encuentros

como carnadas,amarantos

aquellos que juegan al escondite con el deseo

y, en la distancia, el sexo late horizontes amanecidos.


Close up.

Se abren los sarcófagos

ante la presencia de cuerpos en llamarada.

Sus trapecios oscuros se sonríen

y el sudor es casi palpable ante el espectador

gota a gota sanguinolenta, en cámara lenta,

convocatoria.


El bandoneón es eco y océano

marejada de sangre/salitre

hambre saciada de carne

la carne convertida en fluidos

zigzagueantes, fuego, azul,

hombre y mujer/mujer y mujer/hombre con hombre

  convulsan

frente a frente el clímax

hasta el grito final de las muertes revividas.


Todo en silencio.



III.
 

Un story board:

hombre /mujer

hombre/hombre

mujer/mujer

--el enigma de la inexistencia--

tomados de la mano, las miradas fijas,

los calendarios del silencio o la muerte de los relojes.


A lo lejos, un cabalgar desenfrenado…

El reino de los cazadores y sus presas,

es laberinto profundo, paraíso eterno,

el tic tac de las caricias en tiempo de trueno

la sangre, afrodisíaco del alma,

el vértigo del hambre, de la entrepierna y la boca.


¿Cómo retratar el tiempo de los sarcófagos?


Detrás de la puerta de la Luna

los cuerpos se van desintegrando …


IV.


Flashback.

Luna, sangre, espejo, luz:

esa irremediable melancolía de la locura.


Soundtrack:

el silencio y sus gemidos.

Como exploradores del abismo

la piel se suicida verso a verso

mientras nos vestimos de muerte

y se nos coagula el hambre del hambre

como la sed de la sed.


En la noche de todos nosotros:

viajamos desde los pasados sin final

devoramos la carne de los comunes

nos reírmos de sus pequeñas grandes nadas

y despertamos de tantos inicios sin empezar.


Somos deseo y penumbra

O, tal vez, ese espejismo que se desea…



V.


Clímax.

Una detonación de péndulos y trapecios

o el confeti de tantas muertes como esperanzas.


 De repente, los cuerpos se encuentran

y las miradas un-dos-tres-un-dos-tres.


Lamia, Vetala, Selene, Eros

Cisnes blancos, negros, tritones,

invisibles  susurrantes  simultáneos

zigzaguean el horizonte bajo el surco de la piel

sus cuellos ante el delirio del viaje sin retorno

Los labios, los de ellas, succionan sueños

mientras otra, abreva de su gruta de salitre rosado.


Bajo el rocío

convulsionan.

Ante los primeros rayos del sol,

se empalma aquella mirada de labios

Tras el canto del gallo

ensordecen sus siluetas

amanece

la palabra lucha contra la muerte


se escuchan los acordes del silencio…






VI.


Post-production.

Digitalización de las almas.

Se liberan las esencias como los latidos de la palabra,

la cinta corre, se edita, corre

unos dedos acarician el celuloide

los verbos salivan ante la cornamenta de la noche

y dos o cuatro cartografías corporizan la habitación.


A lo lejos, las doce campanadas.

La puerta de la Luna se abre

mientras, la ciudad danza sus trapecios

y sus héroes devoran fluidos tibios

libres libertos nigromantes, hematófagos

unos poetas, otros no muertos,

convocando a la justicia y a los exilios del hambre.


Alzamos  el vuelo hacia la sangre del poema.



VII.


Noche de estreno.

La cartelera iluminada.


La Luna enciende sus luces,

ha comenzado la función en la tierra.

Se caducan los sarcófagos ante los corazones vivos

gritando el final de los ninguneos en el callejón

esa depredación miope de los sueños,

o la amputación de las alas.


Una voz en off:

¡ Apocalipsis   redención   orgasmo   redimido!


La Luna se eclipsa sobre un pueblo reseco de amor

de repente, el grito de todos los silencios bebió la sangre eterna.


La muerte previene, reviene, se viene

una flor germina de nuestra guarida seca

oscura zanja que fluye de palabras-delirios

y los colores del salitre en los labios  de todos

sin maquillaje, sin vestuario, sin trucos de cámara

la noche es eterna de lenguas, manos, sexos

ha terminado la función en la tierra

la cartelera se va difuminando

todos duermen

mueren


Fin.


Ana María Fuster Lavín

2011-ed.2017

jueves, abril 27, 2017

Carta de amor encontrada bajo el rosal de un cementerio (Día 4)


 
te recuerdo.
soy la tumba donde te duermo
arañada en el ardor de la brújula
polvo de océanos y horizontes ciegos.
 te sueño.
eres la nave de nuestra memoria
ese salitre tatuado en mis manos, las tuyas,
el verso que se hace eterno ante el hambre.
te proclamo.
somos los labios del agua
el diálogo de los jardines bifurcados
ardemos en el fuego de las distancias.
 hemos renunciado al epitafio de los comunes
seremos rastreados en el grito del silencio
vivos tan vivos como la mirada de nuestra sangre
vivos tan vivos como nuestro loco amor
vivos tan vivos como el primer beso 
vivos tan vivos como este encuentro
recordado, soñado, proclamado
te espero mientras me esperas
bebiéndonos la última gota de nuestra eternidad
Ana María Fuster Lavín

viernes, julio 08, 2016

poema última estación-necrópolis de Ana María Fuster Lavín




Última estación 

a Manuel Carrión

sin respirar siquiera para que nada turbe mi muerte

Xavier Villaurrutia




ha partido el último tren

solo quedamos mi silueta y mi gato

entre niebla silente como voces muertas

sin respirar los pasos acercan mariposas

y las manos desaparecen con cada aleteo




seguimos nuestro camino

danzando entre fantasmas calles nada

las historias ya no paren sueños

siquiera miradas despedidas solo muerte

y los pies desaparecen con cada ronroneo




nadie perturbará nuestro exilio

la distancia anochece una isla vacía

cada gota de sangre sobrevive un verso

no hay cuerpos solo epitafios eco en el humo

y los labios desaparecen con cada abandono




hemos llegado a la estación final

la música de un acordeón a la distancia

invoca el último suspiro del corazón

miro a mi gato, nada nadie siquiera el camino

y nuestras sombras desaparecen con cada silencio

quizá mañana amanezca el poema

y una mariposa anuncie nuestra muerte 

Ana María Fuster Lavín

del poemario Última estación: Necrópolis
se publica en otoño 2016 Ed. Aguadulce

domingo, mayo 22, 2016

Estacion de bruma

http://www.80grados.net/author/ana-maria-fuster-lavin/

http://www.80grados.net/estacion-de-bruma/



Estación de bruma

por Ana Maria Fuster Lavin  | 15 de abril de 2016 | 12:10 am –


querer morir
es bajarse a mitad de la vida
deambular dolores sudor gris
beber una cerveza templada
junto a cada fantasma que se escapa de la piel
y tomar el próximo tren a cualquier lugar

— un reloj azul suena a la distancia—

llegar a la muerte
es caminar vidas sin pétalos
recolectar el mármol de la sed
perderse entre nacimientos y defunciones
gota a gota el eco besa historias perdidas
hasta encontrar que cada espejo refleja el silencio

–los minutos danzan ámbar en otra estación—

respirar el último aliento
sábanas seda miradas secas
los pies amarrados como un poema muerto
llueven palabras sobre la boca sin noche
como la última sombra en la que tatué mi nombre
ya convertida en mariposa negra 

–esperar el final  muda de calendarios—

sin alas
bruma
nada

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Estación de bruma


bruma
filippo minelli
querer morir
es bajarse a mitad de la vida
deambular dolores sudor gris
beber una cerveza templada
junto a cada fantasma que se escapa de la piel
y tomar el próximo tren a cualquier lugar
— un reloj azul suena a la distancia—
llegar a la muerte
es caminar vidas sin pétalos
recolectar el mármol de la sed
perderse entre nacimientos y defunciones
gota a gota el eco besa historias perdidas
hasta encontrar que cada espejo refleja el silencio
–los minutos danzan ámbar en otra estación—
respirar el último aliento
sábanas seda miradas secas
los pies amarrados como un poema muerto
llueven palabras sobre la boca sin noche
como la última sombra en la que tatué mi nombre
ya convertida en mariposa negra
–esperar el final  muda de calendarios—
sin alas
bruma
nada
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