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martes, septiembre 24, 2019

El Gótico de Ana María Fuster Lavín, entre las tinieblas y el amor, por Pabsi Livmar


[Cuestión de género]
Carnaval de Sangre 2:

El Gótico de Ana María Fuster Lavín, 
entre las tinieblas y el amor



por Pabsi Livmar

La carrera literaria de Ana María Fuster Lavín ha dejado un legado extraordinario de obras poéticas y narrativas. Sus libros son joyas sobre los estantes de mi librero. Recuerdo como si fuera ayer la primera vez que leí un cuento suyo, “La dignidad de los muertos”. Mi mundo se trastocó y una fuerza superior, quizás proveniente de ese otro planeta que vive dentro de mí, me haló con impresionante fuerza hacia mis profundidades y me llevó por caminos sombríos que conocía y desconocía a la vez. Pasaba las páginas, perpleja e incapaz de creer las realidades que “La dignidad de los muertos” me gritaba. Desde pequeña, he sentido atracción por la literatura gótica y de terror, por esas tramas donde prevalece el miedo, la introspección, lo sobrenatural. Mi principal fuente para obtener esta literatura viene de escritores extranjeros y de otras épocas. Por eso, me resultó una agradable sorpresa tener en mis manos narrativa de una escritora de mi tierra, contemporánea, que abordara todo cuanto buscaba y apreciaba. La catalogué desde entonces literatura puertorriqueña en su máximo esplendor. Admiraba la diestra con la que dominaba el uso del lenguaje y la creación de la trama, y cuanta belleza existía en un cuento evidentemente perturbador y horrífico. Ese es el toque mágico de la literatura de Fuster Lavín: no es aprensiva a la hora de mostrar el horror más crudo y duro, y escribe con admirable facilidad los géneros más oscuros y terribles. Quienes la leemos vamos de la mano con los personajes a cometer nuestros peores crímenes y adentrarnos en nuestras más insondables tristezas, y aun así, aún en esos mundos en tinieblas y sin esperanzas de salvación, alcanzamos belleza y poesía.
Sentimos amor.

En [Cuestión de género] Carnaval de Sangre 2 (Ed. EDP, 2019) queda demostrado, una vez más, que la ficción de Fuster Lavín no solo es transformativa por la manera peculiar en que la escritora observa y traduce el mundo, sino que además tiene la finalidad dual de ser espejo y ventana. El espejo en la literatura es un objeto que tiene misterio y poder de atracción. En un espejo, los personajes se reflejan, se ocultan, se confiesan, se deforman. Los textos literarios como espejos tienen esa misma función. Por eso nos acercamos a literaturas cuyos personajes guarden similitudes con nosotros. De una forma u otra, ver nuestro individualismo reflejado en ellas nos ayuda a entender nuestra historia, nuestras luchas, nuestros pesares más escondidos. En los microcuentos que componen esta antología personal, Fuster Lavín nos comparte pinceladas de la vida cotidiana desde lo íntimo, desde ese mirar al espejo, y desde el otro lado del espejo, que podría ser donde vivimos nosotros, los lectores, y los individuos que componen nuestra sociedad.


Entre los espejos que encontramos en [Cuestión de género], hay uno en el que se reflejan agrietados fragmentos de vida que debemos reparar mientras Fuster Lavín nos educa sobre machismo, microagresiones y la destrucción y recomposición del ser. Como bien nos sugiere en uno de sus epígrafes, este libro nos invita a enfrentarnos a realidades incómodas, esas realidades que nos corroen y maldicen como personas, y aquellas otras que corrompen nuestra sociedad. Mientras, igual que el resto de su obra, esta antología mantiene el hilo conductor de difuminar el plano real con “el otro lado”, y obligarnos así a mirar qué hay más allá del cristal que componen nuestras ventanas. ¿Cómo puedo disminuir el dolor del otro? ¿Cómo se aprende a escuchar, a tomar acción? ¿Qué transciende más allá del individualismo? ¿Una mirada ajena que nos percibe como seres deformes, incompletos, deficientes? ¿Qué tipo de colectivo social somos? ¿Dónde yacen nuestras desventajas, nuestras injusticias? ¿Qué ventanas Fuster Lavín pone a disposición de la sociedad puertorriqueña?



Estamos frente a un texto donde prevalece la narrativa única de Ana María Fuster Lavín que todos conocemos bien. En estos microcuentos, Insomnio continúa siendo personaje principal que entreteje las narraciones unas con otras y atormenta los habitantes de estas mientras la escritora retoma el micrófono para pregonar contra los abusos, la crueldad, el abandono. Nos cuenta cómo se daría esa revolución utópica luego del encarcelamiento injusto de una maestra; nos habla sobre el retorno de nuestros muertos, el resurgir de nuestras pasiones, y el trauma y los estragos que dejaron consigo los vientos huracanados; denuncia a viva voz esa maldición absurda por la que nos escondemos para amar, por respetar “a mamá”, y nos matan por besar. Retrata el qué dirán, el cuchicheo necio de una sociedad enferma cuyo mayor deber moral nunca ha dejado de ser victimizar a las víctimas, y nos pronostica cómo nuestro actual gobierno en profunda decadencia moral nos lleva a convertirnos, a pasos agigantados, en una isla olvidada donde desconoceremos nuestros nombres, seremos invisibles y no tendremos recuerdos. De igual forma, nos encontramos con una narrativa a la cual se le han dado toques de reinvención, y es por eso que este libro de microliteratura resplandece con matices: Fuster Lavín se reafirma, con fuerza, como la gran escritora puertorriqueña del gótico y la locura asqueante a la que nos sumerge la condición humana. Y es la obra con la que también hace su reivindicación feminista más palpable.


Aquí, en [Cuestión de género], Ana María Fuster Lavín le grita a la humanidad alto y claro: “Nosotras queremos igualdad de condiciones, la equidad. El machismo es violencia, es prepotencia del varón sobre la mujer, dice el diccionario. Para mí, el feminismo es que mi mamá estuviera viva”. Y también, es un libro donde plasma, con habilidad y a modo de denuncia, las dificultades que enfrentan las mujeres en un mundo de hombres; es decir, plasma nuestras luchas, desde las más mínimas y ordinarias, para darnos lugar en una estructura social dominada por hombres. Aquí hay desde cuentos que presentan las violencias instauradas desde lo cotidiano, como son las dificultades que se topan las mujeres al intentar balancear una vida desdichada (y todavía inmejorable) en la cual se dedican a trabajar, criar niños, cocinar, lavar mierdas… y hay cuentos en los cuales, con poesía y metáforas, las violaciones sexuales quedan plasmadas precisamente como lo que son: un desprendimiento del ser, una muerte lenta y dolorosa. Sin embargo, quizás lo más importante a subrayar sea que [Cuestion de género] nos asegura que, aunque el patriarcado nos intente demonizar y separar las unas de las otras, no vamos solas por la vida, y todas somos una, todas nos llamamos Ana, Laura, Mariana, Nina… porque nos fusionamos en nuestra circunstancia de ser flores marchitas con firmes convicciones.


Leer [Cuestión de género] Carnaval de sangre 2 es adentrarnos a la psiquis de una escritora auténtica y perspicaz; es sumergirnos a una oscuridad devastadora que nos arropa y acaricia con violencia social; es alejarnos de su narrativa realista y sentirnos acogidos en aquella otra donde predomina lo sobrenatural y lo terrorífico como algo que podría pasar, porque consigue evocar pesadillas más sufribles que las que vivimos. [Cuestión de género] es mucho más que morbosidad: es extrañeza, frialdad, empatía y permanecer en el tiempo. También, un aviso inquietante repitiéndonos sin cesar que, aunque sea tan breve como una mariposa, “[e]l amor es un largo péndulo de posesiones y voces abrazadas a la supervivencia y al miedo”. Este es, sin duda alguna, un grato (re)encuentro con una de nuestras mentes literarias más prolíficas, aterradoras y conmovedoras.

Pabsi Livmar
escritora puertorriqueña

prólogo [Cuestión de género] Carnaval de sangre 2

domingo, febrero 04, 2018

crónica personal del huracán maría en cinco jornadas


Las pisadas del insomnio o sinfonía de la incertidumbre







a los sobrevivientes puertorriqueños del otro huracán que vino después



Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte

soy como el junco que se dobla

pero siempre sigue en pie.

--Dúo dinámico



Las pisadas de este insomnio han sido pequeños alfileres en espiral que me llevan una y otra vez a esas doce horas, a las siguientes dos semanas, unos 29 o los posteriores cuarenta y tres días, los insospechados ochenta días, interminables rotaciones sobre el cono de incertidumbre. Y me perforan poquito a poco las corazas. Son estos bocetos de una isla silente y fragmentada donde la empatía es voz y la esperanza, una polifonía en cinco movimientos al otro lado del puente, de la que aún solo percibimos susurros. Pero allí está y estaremos.




*


Doce agobiantes horas… Adagissimo. Lo peor concluirá (ingenuo consuelo) después de esa docena de horas, eso escucho en la radio. Nosotros encerrados escuchando un carnaval ensordecedor de metales, maderas, vientos, susurros, miedos, como una pesadilla desesperante en la que deseas que suene el despertador, pero todavía faltan horas días meses. Aún no termina. ¿A dónde llegaremos después de esa fracción de jornada? El eco del huracán ruge y pita estrepitosamente. Miguel duerme junto a mí, encerrados en el estudio del apartamento. La gata me mira angustiada desde el escritorio. Sus sombras a la luz de las velas me transportan a un cuento de Poe. Abro la única botella de cerveza que eché en la neverita junto a otras provisiones para los tres. Cierro los ojos y bebo despacio mientras las ventanas crujen, las tormenteras percusionan, cristales caen; el pitido constante de ráfagas dantescas desde el mar, desde la calle, en círculos. Van más de seis horas. Agarro una botella de agua y la bebo a sorbos en cámara lenta, la ansiedad es una desesperada sedienta. En la radio las coordenadas comienzan a rajar nuestra isla de sureste a norte.  Una mujer grita, y grito más duro, ¿dónde estás? El eco de las ráfagas recorre nuestro hogar. Allegro piú vivace. La gata se pega a mí gimiendo... Cleopatra, es el viento, se pega a mí con su colita abrazada... Despierto a mi hijo y le digo que tenemos que salir del estudio. Recogemos nuestras cosas y cruzamos rápido al baño, que no tiene ventanas. Nos recostamos de las dos puertas; en una mi hijo, en otra yo, por temor a que se abran y nos secuestre ese desesperante pitido del eco que ruge acompañado de una caótica sinfonía de cristales, árboles, puertas y pesadillas. De repente, se detiene la rabia huracanada, Miguel pregunta, son ya 8 horas, Cleo con su mirada de universo perdido. Los oídos se sienten como si estuviésemos en un avión a punto de despegar. Abrimos una puerta y nuestra casa es un lago... El pito maldito nos alerta y nos volvemos a trancar en el baño, pasan dos horas más y despertamos abrazados, los tres, sonreímos, nos colmamos de besos, pero no fue una pesadilla... El eco de este interminable insomnio sigue rugiendo pesadillas y silencios en la incertidumbre. Volveremos a la normalidad algún día, pero desde otra esperanza.




**



Un día como hoy hace dos semanas... el mar me avisaba desesperado desde la mañana. Un martes hace dos semanas cerramos la tormentera del balcón y a las 10 pm le dije a Miguel, vámonos ya, es hora. Nos abrazamos, agarramos nuestras mochilas y neverita, la cartera felina y nos trancamos en el estudio (la habitación con la ventana más pequeña) con Cleo que ya no se nos volvió a separar. Desde esa hora cada vez más fuerte el dueto de mar y viento, al cual se unían nuevos instrumentos (tormenteras, cristales, un aullido que se multiplicaba formando una jauría dantesca, puertas golpeando desesperadas intentando detener la entrada de un hostil desconocido y aquel demencial pito al que se unían dos tres cuatro doce pitos); todo in crescendo como el Bolero de Ravel, versión grotesca, hasta llegar a una danza macabra... A las 5:30am era una orquesta ensordecedora de vientos, metales y percusión, despierto a Miguel que dormía en el piso a mi lado. Le dije, tenemos que salir de aquí, no se siente seguro. Recogimos en un minuto el equipaje y provisiones, a la Cleo, que no ocultaba en su mirada el terror, y corrimos al baño, que no tiene ventanas y así más horas... todas las horas de aquel concierto que ya cambiaba de movimiento a contrapunto.

Finalmente concluyó miércoles pasado el mediodía. Pero no hubo aplausos. Tampoco música para la esperanza. Todavía sentía en mi espalda los latidos de la puerta del baño, en la cual estuve recostada durante tantas horas. Cuando Miguel y yo salimos, pisamos suave, muy suave como si creyéramos que el apartamento podía colapsar en cualquier momento hasta caer de nuevo en ese réquiem huracanado sin final. Observamos en silencio el piso bajo unas seis pulgadas de agua en la sala, el comedor, la cocina y en el estudio donde originalmente nos refugiamos. Mis manos temblaban y Miguel me preguntaba con la mirada, ¿y ahora?  Hijo, en dos horas terminaremos…. Y el temor de abrir la tormentera, y ver qué había ocurrido al otro lado, si ese otro lado de nuestra vida aún existía (no nos equivocamos, pues ya nunca volvería a ser lo mismo) no podemos vivir con los ojos cerrados ni con terror. Han pasado dos semanas en este otro lado, con los demás sobrevivientes, sin aplausos; solo el eco de aquellas horas y la incertidumbre... Dos horas sacando agua en nuestro hogar, más dos horas sacando agua en la de nuestra vecina, luego dos horas adicionales sacando agua del apartamento de mis padres (que oportunamente ya habían regresado a su otro hogar en España), más otras dos horas ayudando a recoger escombros en el estacionamiento, dos horas sentados en un muro meditando frente a un lago de seis pies de profundidad en la avenida, dos horas tratando de llegar casi a nado a otro lugar, a los otros que deambulan como nosotros incrédulos, perplejos, silentes, de dos en dos, son dos semanas y de dos en dos se suma ese calendario de incertidumbres y seguimos deambulando buscando un rumbo hacia lo que llamábamos normalidad pero a la brújula también se la llevaron los vientos.






***

Día 29.  Todavía las jornadas en el trabajo, por la falta de energía, son más cortas. Mi oficina, a la que llamaba (y ya todas mis amistades conocían como) las catacumbas jurídicas se perdieron, por lo que nos reubicamos en la biblioteca.  Intento llegar lo más temprano posible, para traerle agua fría a mi querido amigo y colega Francisco, para preguntarle a los demás cómo están, si han dormido, a Pabsi si tiene gas que como siguen su mamá y Lalo, y a la vez contarles o contarnos a modo de terapia de grupo que seguimos a oscuras, que algunos no tienen ni techo, que el gobierno nos amputa las esperanzas en pequeños trocitos, que muchos se han ido, muerto, enferman, emigran, permanecen….

Llega a lo lejos por el antiguo parque muñoz rivera (ahora cementerio de árboles) hacia la entrada del tribunal. Está envuelta en una bolsa negra de basura. No tiene más de 27 años y su cabello recortado de peluquería no más de un mes, luce saludable en términos físicos. Según se acerca y ve algunos empleados y alguaciles se quita la bolsa, se queda desnuda y balbucea: “lo perdí todo” y se tira a un gran charco de fango. Una de mis compañeras de mantenimiento, bastante mayor, corre a buscar ropa en una oficina. Llegan unos policías, pero no quieren mancharse las botas. Los dos alguaciles hablan con ella, en lo que llega una ambulancia. Ella no quiere salir del fango, no quieren salir más a la calle, no quiere salir más de su mente ya perdida. Poco a poco la logran sacar, al menos su cuerpo, mientras ella se resiste. Finalmente la visten con la ropa conseguida y la logran montar en la oficina. Los que hemos ido llegando al tribunal vemos la ambulancia alejarse con la pobre joven.  Nos quedamos en silencio unos minutos, mis ojos tratan de contener las lágrimas. Nos miramos con los ojos vidriosos, nos abrazamos en silencio…. Ya son 29 días del paso del huracán. Puerto Rico dolor fango incertidumbre empatía lucha camino...No es un cuento... pasó esta mañana pasadas las 7 am, una joven desorientada y destruida por el parque Muñoz Rivera; al menos el grupo pequeño de empleados del tribunal supremo consiguió algo de ropa y una ambulancia. Y el resto del día con el corazón partido, como el fango adonde la joven quiso refugiarse...



****





Cuarenta y tres noches de insomnio y el puente se fragmenta en 61920 minutiesperanzas cada vez más nubladas como cada granito de arena perdido a fuerza de engaños, nos han robado hasta la luz al otro lado del horizonte. Es la sinfonía inconclusa en su segundo movimiento. Y me piden que escriba, y no puedo escribir, y me piden que lea y las palabras huyen como una caravana de hormigas locas por las páginas. Y le debo un escrito a Rosa, una crónica a Caleb, un cuento a José Cáez.

1032 horas después llegó la luz a mi apartamento. El día de los muertos por si faltan más calaveras y espejismos en el camino. Pienso en mis vecinos de toda la isla costa y montaña, en quienes no tienen luz, en los que siquiera tienen techo. Sigo caminando por las calles de Santurce y recuerdo aquellos tres pequeños murciélagos que yacían en una esquina. Lloré de tantas muertes, viéndolos, parecían tres niños que el viento se llevó mientras dormían y nunca despertaron aquella madrugada. No pudieron salir a comer, jugar con la luna en las noches. Son esos niños que aún no saben cuándo tendrán techos, esos que no saben cuándo habrá clases de nuevo, aunque tengan que protestar con la maestra de historia porque no pueden hacer la tarea sin Internet, como esos niños que tuvieron que dejar la isla y recuerdan a sus otros amigos que ni saben dónde están ahora… Lloré esos pequeños niños murciélagos que hace 43 noches los vientos secuestraron del nido familiar y los arrojaron al silencio.



****





Ochenta días y me siento a escribir por primera vez, allegro ma non tropo. Celebré antes de tiempo, porque la palabra es más breve y el texto es un oleaje que no se detiene, que no tiene ritmo. Es como pasar las páginas de los fantasmas y las muertes, de los amigos que se han ido. De los que se han emigrado como Angel Isián, Melvin Rodríguez, Lala, Natalia y demasiados que mis querencias se fragmentan como un rompecabezas de soledades de los que se van pronto como Marlyn o mi Francisco favorito, sumando a tantos a los que se les han muerto familiares cercanos madres, abuelos, primos, tantos que murieron durante y a causa de este desastre natural y gubernamental, y mis palabras sueños se van con ellos y trato de escribir, pero no puedo. Mis palabras siguen en fuga de vientos. Sé que volveré a escribir. NO me rindo. Aunque nos mientan, porque tenemos la verdad, lo sabemos, los que nos quedamos, los que se tuvieron que ir. No me rindo, aunque nos roben, porque el amor, la afinidad o conexión especial con los míos y la poesía no me los pueden arrebatar, nadie.  No me callo, aunque me arranquen la voz a fuerza de mentiras.



*****






Cien días. Tal vez ciento treinta, doscientos, la cuenta de los días se ha fugado mas no la poesía ni la empatía, cada poema es una mirada, un abrazo, una historia, mi gata que finalmente duerme tranquila a mi lado; mi hijo calculando su promedio para lograr entrar a la UPR en un año; el reunirnos a escuchar las vivencias de conocidos como los compañeros de jornada, de la palabra o de futbol de libros, esas excursiones con Alberto, Carlos Roberto, Alinaluz, Carmen Zeta y con desconocidos en la calle, en todas las calles de esta isla; al igual en las despedidas y en los reencuentros de la piel y la palabra. Este concierto que es la vida, la muerte, supervivencia y escombros sociales. Las pisadas del insomnio son ese lugar al que aún lleva a mi corazón y palabras sin rumbo y llora en el desasosiego de nuestra isla que algún día saldrá del cono de incertidumbre. Mientras, sobrevivimos a fuerza de palabras y llanto, pero esa sinfonía inconclusa de zozobras ya es un tatuaje en nuestra alma… y ya van demasiados días que la cuenta se me pierde entre las lágrimas, escombros y la distante esperanza. Al otro lado del puente está la luz. ¿Lo cruzaremos?



Ana María Fuster Lavín

Escritora puertorriqueña

Residente de Santurce


http://www.auroraboreal.net/literatura/puro-cuento/2630-las-pisadas-del-insomnio-o-sinfonia-de-la-incertidumbre


lunes, agosto 14, 2017

La escritora Ana María Fuster Lavin entrevistada por la Fundación Nacional para la Cultura Popular por el periodista Jaime Torres Torres



 


Fundación Nacional para la Cultura Popular | San Juan, Puerto Rico


La escritora Ana María Fuster Lavin es uno de los nuevos talentos de la literatura nacional. (Foto suministrada)


Escribir para existir

publicado el 5 de Agosto de 2017

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Publicar un libro es sentir la vida.

Así Ana María Fuster Lavin describe su misión y responsabilidad como escritora.



“Mariposas Negras” es su más reciente creación literaria. (Foto suministrada)

En estos días la autora celebra la publicación de la segunda edición de su novela “Mariposas Negras”, su más reciente creación literaria, que un sector de la crítica, como el dominicano Ángel Tellerías, ha descrito como “clave de lo gótico urbano caribeño”.

“Ahora en agosto, mi editor Carlos Roberto Gómez, de Isla Negra, donde tengo más de la mitad de mi obra, me informa que llega la segunda edición”, señala contenta sobre la obra que profesores de los recintos de Carolina, Humacao, Mayagüez y Aguadilla de la Universidad de Puerto Rico han asignado a sus estudiantes.

“Mi aspiración es hacer lo mejor y a la verdad que cuando termino un libro puedo estar en ese proceso de dos años de depuración, editar y corregir hasta que el lenguaje y el personaje logren transmitir la historia, como es el caso de esta pobre chica y la historia de sus sensaciones”.

“Mariposas Negras” es la historia de “Mariana”, personaje que vive y sobrevive inmersa en una madeja de maltrato y acoso, entre signos góticos y paranormales. Es literatura de terror que apela a gente joven, incluso a la llamada generación de los ‘milenials’.

“Es tan terrible lo del abuso de menores. A través de lo gótico, que es una forma de ver no solo lo que ocurre, sino lo que siente el personaje. Es un puente entre la palabra y lo que le ocurre”.

El personaje al que originalmente impartió aliento en un breve relato de tres páginas clamó su espacio en una novela de ficción con elementos de la vida real. Lo más que tiene “Mariana” de Ana María es su hipersensibilidad y su creencia de que, a pesar de lo terrible que le sucede, hay salvación a través del amor y la palabra.



“Verdades Caprichosas”, “Réquiem”, “El Libro de las Sombras” y “Leyendas de Misterios” son algunos de los títulos de la autoría de Ana María Fuster Lavin. (Foto suministrada)

“Con las desgracias que le ocurren a esta chica, uno piensa que a través de las palabras y el amor puede salvarse de las tinieblas del ‘bullying’, del maltrato sexual y sicológico; del estar enamorada de su mejor amiga y tener miedo. La novela sí tiene de mí cosas que me han ocurrido, como el tema de la violación que en mi caso no fue ningún familiar ni el papá de la amiga, como a Mariana. Sacar cosas de la vida ayuda a liberarte”.

Contrario a no pocos autores, Ana María Fuster Lavin no depende de la crítica porque escribir es “una necesidad urgente tal como sentir, comer y respirar”.

“No escribo pensando en una crítica, pero también entiendo que en nuestro País hay muy pocos medios para la crítica literaria y es una pena para uno mismo porque la crítica ayuda a aflorar lo que está ocurriendo en el País. Lo que nos salva es el Internet para difundir las obras”.

La vocación de Ana María por la literatura se originó en su niñez. Era muy tímida y soñaba con ser fotógrafa, inspirada por la poesía que revelan las personas y los edificios abandonados.

Los veranos en España su abuela le narraba historias sobre los horrores de la Guerra Civil y leía mucho, mucho. La pasión por leer y las historias de terror que le contaba a las vecinitas que cuidaba forjaron, poco a poco, la reconocida escritora que hoy es y que, al presente, ha publicado alrededor de una docena de libros en que cultiva géneros como la poesía, la novela, el ensayo y los micro cuentos.

“Recuerdo que sustraje del cuarto de mis hermanos mayores “Crónica de una Muerte Anunciada” y la desesperación en el pueblo con el pobre Santiago, que todo el mundo sabía que iba a morir, menos él. Y en “El Coronel no tiene quien le escriba”, cuando la esposa le pregunta al final qué van a comer y responde tierra, porque solo tenían mierda para comer. Así empecé a escribir”.

Sus primeras creaciones son cuentos inéditos, pero ya en cuarto año tuvo como profesor al poeta José Luis Vega, de la Generación del 70 y quien la familiarizó con la obra de Ana Lydia Vega, Magali García Ramis y la orientó a cursar un grado en Estudios Hispánicos en la Universidad de Puerto Rico.



Fuster Lavin afirma que en Puerto Rico se lee más de lo que se cree. (Foto suministrada)

La autora de “Verdades Caprichosas”, “Réquiem”, “El Libro de las Sombras” y “Leyendas de Misterios” opina que en Puerto Rico hay una cultura de la lectura o patrocinio de la literatura sólida, aunque son escasas las librerías.

“Se lee más de lo que se cree. El problema de las librerías no es solo porque no se lea, sino porque atravesamos una crisis asfixiante en la que sostener cualquier negocio en Puerto Rico es muy difícil. El mundo del libro no es un ‘fast food’. Requiere de otras cosas. Se consiguen libros por Internet porque se consiguen más baratos. Creo que el problema de las librerías tiene que ver con la crisis económica más allá de si se lee o no se lee”, señala Ana María al reconocer que hay deficiencias serias en el Departamento de Educación para fomentar tanto la lectura como la creación literaria.

En los próximos meses Ana María Fuster Lavin publicará varios poemarios, uno para adultos con Isla Negra y otro orientado a los lectores jóvenes con Ediciones Agua Dulce, además de continuar con sus conversatorios alrededor del País.

“Hay que leer y leer mucho porque eso nos abre los ojos de la sensibilidad. Escribir también porque es el puente entre todo lo que uno piensa y los demás. También no nos debemos quedar sentados en las casas. Hay que salir a protestar porque nos están aplastando nuestra cultura y nuestros derechos”.

 

lunes, mayo 22, 2017

La poeta y profesora Leticia Ruiz Rosado, defendió su tesis doctoral: Mirada y variaciones póeticas en Yvonne Ochart y Ana María Fuster Lavín



La poeta y profesora universitaria del Recinto de Río Piedras, Dra. Leticia Ruiz Rosado, defendió su tesis doctoral, Mirada y variaciones póeticas en Yvonne Ochart y Ana María Fuster Lavín en el Aula Magna del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe (San Juan, Puerto Rico) el miércoles 10 de mayo de 2017, ante un grupo de familiares, amigos, colegas escritores (incluidas las dos escritoras cuya obra fue trabajada en la investigación)  y académicos.

 Esta tesis, que trabajó el tema de la ciudad, entre otros temas, en libros de ambas escritoras puertorriqueñas  (Ochart y Fuster Lavín) fue dirigida por el catedrático Dr.  Juan G. Gelpí.  Sobresaliente por unanimidad y con recomendación para publicación fue la evaluación final, entre aplausos y palabras de elogios del comité de defensa compuesto por los lectores Dres. Félix Córdova Iturregui, Raúl Guadalupe De Jesús e Ivette López Jiménez.  La defensa de tesis fue dirigida por el decano académico Dr. Jaime L. Rodríguez Cancel.
 

Silencios de Papel felicita a la Dra. Leticia Ruiz Rosado por su gran aportación a la literatura puertorriqueña y a la crítica literaria, además de por su extraordinaria calidad humana.
 

 

jueves, abril 27, 2017

Carta de amor encontrada bajo el rosal de un cementerio (Día 4)


 
te recuerdo.
soy la tumba donde te duermo
arañada en el ardor de la brújula
polvo de océanos y horizontes ciegos.
 te sueño.
eres la nave de nuestra memoria
ese salitre tatuado en mis manos, las tuyas,
el verso que se hace eterno ante el hambre.
te proclamo.
somos los labios del agua
el diálogo de los jardines bifurcados
ardemos en el fuego de las distancias.
 hemos renunciado al epitafio de los comunes
seremos rastreados en el grito del silencio
vivos tan vivos como la mirada de nuestra sangre
vivos tan vivos como nuestro loco amor
vivos tan vivos como el primer beso 
vivos tan vivos como este encuentro
recordado, soñado, proclamado
te espero mientras me esperas
bebiéndonos la última gota de nuestra eternidad
Ana María Fuster Lavín

martes, abril 25, 2017

Rama Judicial y Tribunal Supremo reconoce a los escritores Pabsi Livmar González Irizarry, Ana María Fuster Lavin, David Caleb Acevedo Irizarry y Francisco Font Acevedo.

http://www.ramajudicial.pr/Prensa/Galerias/2017/04-25-17/index.html
Unidos por su amor a la literatura
Por: OPRJ (Oficina de Prensa de la Rama Judicial)
El amor por las letras es el elemento que une a cuatro talentosos escritores que coinciden, además, en el ámbito laboral ya que todos trabajan en el Tribunal Supremo de Puerto Rico. Se trata de Pabsi Livmar González Irizarry, Ana María Fuster Lavin, David Caleb Acevedo Irizarry y Francisco Font Acevedo.

Pabsi Livmar González Irizarry, quien se desempeña como Traductora Jurídica en el Negociado de Traducciones, recibió en febrero de este año el X Premio de Literatura Infantil El Barco de Vapor por su novela corta para público juvenil titulada El visitante de las estrellas. Se trata de una obra de ciencia ficción que recrea una sociedad humana del futuro.

Al describir su obra, Pabsi asegura que fue el propio texto quien marcó su proceso de creación literaria. “Fue el mismo texto lo que pidió ciencia ficción. Todo fue como un rompecabezas”, indicó al explicar que empezó explorando el tema de las políticas de inmigración y evolucionó al tema de las guerras, el racismo y los niños soldados y “todas esas inquietudes del mundo contemporáneo”.

El visitante de las estrellas fue reconocida por la Fundación SM al ser seleccionada en el primer lugar unánimemente por un jurado compuesto por escritores y editores destacados. El laudo otorgado a la obra indica que “la autora logra representar muy efectivamente el conflicto interno del protagonista, producto del desencuentro entre los valores de la compasión y solidaridad que ha aprendido de su padre y las expectativas de una sociedad que lo conmina a asumir las armas del rechazo y la xenofobia, a convertir en adversario a un ser tan frágil y condenado por las circunstancias como el mismo”. Para alzarse con el primer lugar del certamen su obra se midió con cuarenta y tres textos originales.
Además de este reconocimiento, Pabsi recibió recientemente el Premio Dr. Samuel R. Quiñones por su trabajo Traducción y subtitulado para personas sordas y con deficiencias auditivas del documental "Mira lo que digo" y localización parcial de su sitio web. Este premio lo otorga la Real Academia Puertorriqueña de la Lengua Española y el Programa Graduado de Traducción de la Universidad de Puerto Rico (UPR) a la mejor tesis de traducción del año. La joven profesional posee un bachillerato en Lenguas Modernas y una maestría en traducción, ambas de la UPR.

Por su parte, Ana María Fuster Lavin es parte de la familia de la Rama Judicial desde 1996. Trabaja en la Oficina de la Compiladora y Publicista de Jurisprudencia. “Escribo narrativa, escribo cuentos, escribo novelas, escribo poesía, literatura infantil también”, expresó quien ha publicado once libros y un poemario artesanal que trabajó en conjunto con David Caleb. Su obra literaria también ha sido reconocida ampliamente. El Instituto de Literatura de Puerto Rico premió en el 2002 su primer libro de cuentos Verdades caprichosas. En el 2006 repitió honores con El libro de las sombras y su libro de cuentos Réquiem ganó el premio del Pen Club de Puerto Rico en el 2005.

La egresada de la UPR, con formación en música y literatura y una maestría en Estudios Hispánicos, relató que su primer libro fue “autopublicado”. Sin embargo, destacó que tras ganar el premio conoció el editor de Isla Negra, lo que permitió la publicación posterior de varios de sus libros y la distribución de su obra en otros países.

Recientemente publicó la novela Mariposas Negras, cuya primera edición se agotó y se publicará una segunda edición en agosto de este año. Al describir su trabajo en esta novela Ana María indica que trata sobre al amor, la equidad y el abuso sexual de menores desde el punto de vista de la víctima usando el género gótico “buscando hacer un balance entre lo poético y lo crudo del tema por medio del lenguaje”.

De otro lado, David Caleb Acevedo Irizarry, quien se desempeña también como Traductor Jurídico, fue recipiente del Premio Nacional de Cuento del Instituto de Cultura Puertorriqueña del año 2013 por su libro.
Se trata de una colección de cuentos que va desde la ciencia ficción y la fantasía al horror y a lo que denomina como el “realismo sucio” que es una descripción cruda de nuestra realidad. Asegura que ese estilo tiene mucho que ver con lo que significa para él la literatura. “Es un espacio de escape. Yo he entrado en esta visión de tomar la literatura como un proceso terapéutico para mí donde se me hace posible filtrar toda la violencia que me llega a diario”, aseguró.

Sobre su obra, el jurado que le concedió el reconocimiento de forma unánime en el 2013 expresó que “el libro es todo un hallazgo que ha sido bellamente construido, que exuda originalidad, una destacada imaginación y una creatividad sin límites”.
David Caleb completó su bachillerato en Artes Plásticas-Pintura y Lenguas Modernas en la UPR. Fue profesor de inglés conversacional y traductor residente de “Panamerican Language Institute” de donde llegó al Tribunal Supremo en el 2010. Mientras vivió en Estados Unidos, laboró en un hospital de Hartford como intérprete para latinos que no hablaban inglés. “Yo soy un fiebrú de la literatura y estoy muy orgulloso de eso. La literatura para mí es un juego que me permite desconectarme humanamente de la situación que me rodea y poder reenfocarme”, expresó.
Además de su obra galardonada, David Caleb tiene a su haber varias publicaciones, entre ellas los poemarios Bestiario en nomenclatura binominal, del 2009, y Empírea o Saga de la Nueva Ciudad del 2011. En el 2014 publicó el libro de cuentos Cielos negros.

El cuarteto de escritores lo completa Francisco Font Acevedo, quien se desempeña como Corrector Legal en la Oficina de la Compiladora. En febrero pasado presentó su obra más reciente La troupe Samsonite, una novela que ha sido descrita por la crítica como compleja y fascinante.
Además, Francisco es autor de publicaciones destacadas y reconocidas como Caleidoscopio, del 2004, y su colección de cuentos La belleza bruta, publicada en el 2008. De esta última el reconocido escritor Luis Rafael Sánchez comentó: “La belleza bruta configura un magno universo narrativo, poblado por personajes azarosos y sexualidades tan plurales como flexibles, que sacude al lector con el concurso de su prosa astuta, incendiaria, deslumbrante”.
El autor recuerda de manera especial dos libros que le transmitió su madre: un libro de cuentos de Franz Kafka que contenía La metamorfosis y Un artista del trapecio y La guaracha del Macho Camacho, precisamente de Luis Rafael Sánchez. De esta obra, Francisco destaca la disciplina del autor, ya que entiende es una característica necesaria para ejercer el oficio de la escritura.

A pesar de tener trasfondos diversos y experiencias de vida distintas, los cuatro escritores convergen en varios temas. Todos y todas, siendo lectores voraces, coincidieron que la lectura es esencial. Igualmente, estuvieron de acuerdo en que la inspiración es importante, pero que el mundo de la literatura también requiere disciplina. A las nuevas generaciones de escritores, recomendaron leer, educarse continuamente y vivir intensamente para encontrar buenas historias para contar.

Pabsi Livmar, Ana María, David Caleb y Francisco. Grandes talentos que se destacan en el mundo de la literatura y son orgullo de Puerto Rico y de la Rama Judicial




 

viernes, marzo 31, 2017


 
La vida de las palabras
 
Despierta, ven aquí, ven. Las pequeñas voces en la sangre la quemaban tanto que despertó. La vida, esta es la vida. Ella abrió los ojos. La recámara oscura contrastaba con el luminoso amanecer a través de la sucia ventana. Ven con nosotras, vive. Se levantó de la cama, tropezando con las botellas de vino vacías, bolitas de papel y libretas de anotaciones que había por todos lados. La soledad palpitaba palabras y olor a mugre. Libéranos. Observó la computadora dañada por un virus. Se tapó los oídos, pero las voces de la sangre gritaban cada vez más fuerte. Libera nuestras palabras, vive. Agarró un cuchillo y se cortó las venas de ambas muñecas. Gota a gota sintió la vida de las palabras. Murió.
 
 
Ana María Fuster Lavín
Carnaval de Sangre
(2da ed, San Juan, Ed. EDP University, 2016)

martes, marzo 21, 2017

fragmento Mariposas negras y denuncia contra el abuso sexual en adolescentes Lcdo Ramírez de León, y Bosco Noriega

"[...]porque la literatura también retrata y denuncia a través del arte lo que viven demasiados adolescentes, en Mariposas Negras de la narradora Ana María Fuster Lavín se emplea un lenguaje que va de lo lírico a lo crudo para retratar los sentimientos de la adolescente víctima y lo duro realista para gritar lo que tantos pretenden silenciar. El octavo capítulo, de la parte II de la novela de fuster lavín es un buen ejemplo del dolor-belleza-denuncia-grito en este libro [...]" Bosco Noriega, fotógrafo puertorriqueño


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                 Mariposas negras
 
II.
Las alas de la noche
Capítulo 8
Todos nos respiramos. Los unos a los otros. Nos escupimos y hasta nos estornudamos a cada rato y no nos damos cuenta de que entran pequeños pedacitos de otros en nuestro cuerpo. Camino y respiro a los que vienen y van. Me lleno de recuerdos ajenos y me libero de los míos. Sigo mi camino y espero a que me inhale algún turista y me lleve lejos, de regreso a su tierra, a otra ciudad, a otro país.
 Llego al Puente Dos Hermanos. El silencio fue mi único hermano en las tardes de la infancia. Laura tiene a Lucas y con él de seguro no se le olvidarán las capitales del mundo. Tampoco tendrá vacíos en ese rincón de las noches cuando necesitamos una sonrisa confidente. Aquí estoy, conmigo. Recuerdo aquella vez que mami quedó embarazada de un ex. Lloraba tanto. Supongo que de miedo al principio; luego de alegría (yo estaba feliz con la idea); al final ambas lloramos de despedidas. Creo que ella también deseaba darme ese hermanito. Este silencio a veces se colma de gritos torturados.
Respiro profundo los susurros del salitre. Me siento en el borde del murito cercano al paso de peatones. Abajo está la playa. Mis piernas cuelgan. Ojalá pudiesen llegar al mar, sentir el agua en mis pies. La luna llena y el rugido de las olas alivian mi asco, mi dolor, las lágrimas, recuerdo esos horribles monstruos Sin Ojos; me digo que no tengo de qué preocuparme, que ellos solo habitan en las pesadillas. Pasan los carros y el coro de los demás, el reguetón, la salsa, el rock, los ringtones. Ya no odio a mamá. Nunca la he odiado. En estos momentos, estará dormida, borracha y mañana ni recordará lo que me dijo. Encontrará otro trabajo pronto. No suele estar sin trabajar más de una semana. Siempre hay mugre que otros están dispuestos a pagar para no tener que bregar con ella. Siempre es conveniente que otros recojan nuestra mierda.
Hoy Laura se fue de la escuela más temprano de lo usual. No le importa tanto que su papá esté reportado desaparecido; le preocupa su hermanito. Me dijo algo de un pálpito que tiene sobre Lucas. No la acompañé a casa aunque hubiese querido. Los últimos meses he preferido mantener distancia con sus padres. Su padre actúa como si no se acordara de todas las veces que me quiso hacer mujer en sexto y séptimo grado, y que, en efecto, lo cumplió comenzando en octavo grado. ¿Dónde se habrá metido ese hombre?
La última vez que me tocó fue aquel día que llegué a visitar a Laura sin avisarle primero. Ella había salido con su mamá y hermano a pasar el día con los abuelos en Cayey. Cuando llegué, su papá me abrió la puerta.
—Entra, Mariana.
—Vine por Laura. Vamos a estudiar juntas.
—Ay, no te dije. Ellos están en Cayey. Ven, te invito a merendar. Estás tan hermosa, que sería una pena dejarte ir.
—No quiero molestar —dije y me di la vuelta para irme, pero él me tomó la mano y me llevó hasta la cocina.
—Disculpa, hermosa. No te incomodes, esa faldita de cuadros te queda… Sabes, mi mujer usaba una así el día que la conocí. Ella estaba en tercer año, yo en segundo de universidad. No tenía tus caderas redondas, pero era divertida. Viajábamos, teníamos cada clase de aventuras… Ahora, nada, ni me atiende como hombre. Solo le importa el dinero y las tiendas. Tú sí sabrías atender a un hombre. Mamita, qué bella estás.
—Yo… —empecé a decir, pero no terminé. Él
puso un dedo sobre mis labios, para silenciarme con
una coquetería que me desconcertó.
—Lo que quiero es tener con quien hablar. Voy a atenderte como a una diosa. Imagino que tienes hambre, mucha hambre. Y no te imaginas cuánta tengo yo.
La verdad es que tenía hambre y la picadera me parecía de lujo. Llegué hasta a pensar que el pobre hombre solo se sentía solo. Me sirvió una copa de vino, me ofreció un plato con quesitos, aceitunas rellenas, unos pastelillos de salmón. Comentó que el vino es de no sé qué viñedo francés; que una chica guapa como yo debe degustar las cosas buenas de la vida. Halagó mi cabello, me soltó la coleta, me lo peinó hacia atrás y separó dos mechones largos sobre mis pechos, jugando con las puntas del cabello. En algún momento, me rozó los pechos. No le presté demasiada atención a sus historias de la juventud. Hay cosas tan ricas que jamás pensé probar; otras tan malas que nunca hubiese querido comer.
 
Ese día cumplió su promesa: me hizo mujer. Acababa de cumplir trece años. Después de dos o tres copas de vino, me llevó a la habitación que usa como despacho. Casi voy patinando por el pasillo, como si el pasillo tuviera una marejada. Llegamos al sofá. Tenía la vista nublada, pero observé esa sonrisa particular que ya le había conocido. Me quitó los zapatos y me masajeó los pies. Eso se sintió agradable, tan agradable que por poco no me daba cuenta del momento en que se acostó sobre mí para desabrocharme los botones de la blusa y el sostén. Con dedos y lengua, comenzó a jugarme con los pezones. Traté de empujarlo, pero a ese punto no tenía la fuerza suficiente. Escuché su risa como si viniera de tan adentro de su cuerpo que producía un eco. Me pasó la mano por la frente y me acomodó el cabello casi de forma paternal.
—No temas, es rico. Esto es lo que hacen los hombres cuando les gusta una mujer —dijo, y me quitó los pantis.
Traté de levantarme y me empujó de nuevo al sofá. En ese momento, miré el abanico de techo, que daba vueltas en cámara lenta, y levanté mis brazos para volar, pero había perdido mis alas. El hombre se bajó los pantalones y me mostró su pene duro.
—¿A qué soñabas con uno de estos? —Empezó a frotarlo frente a mi rostro. 
Me exigió que se lo chupara, pero me dio tanto asco que vomité. Me limpió, riéndose y diciéndome ñoñerías. Luego, pegó su cara a la mía. Olí su perfume de galán fundiéndose con un aliento amargo a vino y queso. Pasó su lengua por mi rostro y me obligó a agarrarle la erección. “Algún día lo disfrutarás más que a un caramelo”. Lo metió poco a poco entre mis muslos. Me volteó y me lo pasó por las nalgas, para que lo sintiera por atrás, pero no me penetró. Me palmeó las nalgas y volvió a girarme. Estaba mareándome. Vi las fotos de las paredes; en una, Lucas luce serio observando un gorrión; otra era una de Laura conmigo brincando la cuica; y otra era la foto de bodas de sus abuelos de Cayey. Justo en ese momento, sentí su pene entrando en mi vagina. Lo sacó y me lo mostró. Mientras, yo solo tenía tanto frío...
—Nuestro secreto, Marianita, disfruta. Voy suavecito. Qué rica estás… —Traté de soltarme, pero me aguantó fuerte por el pecho—. A que así te gusta, perrita, menea.
Estaba mareada y me dolía demasiado. Su pene entraba y salía; entraba y salía. Me impregnó de su sudor espeso y sus gemidos. Mientras me penetraba, pensé en Laura para no desmayar, casi logro sentir su aroma a perfume de lilas... Creía que nunca terminaría. El tiempo ha muerto. Laura… Lloré en silencio. Estaba muy débil. No sé si al final me desmayé o me dormí.
Abrí los ojos. Confundida, miré mi alrededor. Desafortunadamente, no había sido una pesadilla. Tenía unas nauseas horribles. Él ya no estaba conmigo, pero me dejo trancada allí, en la oficina del apartamento. Mi corazón estaba a punto de reventar.
¡Hasta que los demás llegaron! Escuché las voces de Laura cantando y de Lucas con sus capitales, pidiendo chocolatina. De seguro estaban en la cocina. Me vestí rápido. Me dolía todo y tenía algo de sangre entre los muslos. Agarré unos Kleenex y los puse en los pantis para no ensuciarme. Me escondí bajo el escritorio. Tenía tanto miedo de que me descubrieran que volví a vomitar en una pequeña papelera. Eché encima un periódico para ocultarlo. El ruido de mis latidos retumbaba. Alcancé un celular, pero estaba bloqueado con contraseña.
Ya casi era de madrugada, todos dormían. Yo también. Vuelvo a encontrarme en aquel callejón mi recuerdo más remoto de la infancia. Allí están los Sin Ojos, les grito para que finalmente acaben conmigo, pero pasan de largo sin reconocer mi presencia.
El papá de Laura entró a la oficina, me empujó suave los hombros y salimos en silencio al estacionamiento. Me llevó a casa. No le hablo por el camino. Él fumaba mientras tarareaba una canción de Reo Speedwagon. Me dijo al despedirse que todo había estado delicioso, que soy una mujer especial y que si llego a tener diez años más, se divorcia y se casa conmigo.
—No llores, Marianita. Yo te quiero. Me gustas mucho.
—Si me vuelve a tocar, se lo digo a Laura. Y si la toca, juro que lo mato.
—Tú no harías eso. Mira, lo nuestro un secreto muy lindo… Nunca lo olvidarás y yo tampoco.
—Tiene razón. Nunca lo olvidaremos.
Agarré un lápiz con punta que encontré en el asiento y se lo entierré en el muslo lo más fuerte que pude. Gritó de dolor, logró sacarse el lápiz enterrado y lo tiró por la ventana. No volvió a hablarme. Me separé de él lo más que pude. Estaba segura de que me iba a abofetear. No lo hizo. Solo se aguantó la herida con un pañuelo. Me di cuenta de que quería
decir algo, pero se quedó callado. Antes de bajarme del carro, le escupí la cara. Caminé a casa temblando y vomité de nuevo antes de llegar a la puerta. Eran las 5:30 de la madrugada cuando me acosté en la cama y lloré hasta quedarme dormida.
Ese día fue el mismo en que me bajó la menstruación por primera vez.
¿Y si pudiera volar? Dejar de sentir. Arrojarme de este puente y beber el aire mientras me voy perdiendo entre las olas, hasta ser salitre. Ser un poema, una noticia en los titulares del periódico sobre una suicida, una adolescente muerta, desconocida, convertida en mariposa negra.
 
O yo misma ser invisible."
 
Ana María Fuster Lavín, Mariposas negras, San Juan/Santo Domingo, Ed. Isla Negra, 2016, págs. 58-63
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Notas sobre el abuso sexual contra adolescentes, a propósito de Mariposas negras de Ana María Fuster Lavín
 
Mariposas negras(Ed. Isla Negra, 2016) de la escritora puertorriqueña Ana María Fuster Lavín nos obliga a visualizar y confrontar temas difíciles con los que lidian muchos jóvenes adolescentes en la actualidad, como la violencia de género y la sexual, así como abre un espacio para la discusión y comprensión de la orientación sexual. 
En particular, el abuso sexual contra los adolescentes es mucho más común de lo que se piensa.  Se da en todos los estratos sociales, y en casi todas las sociedades alrededor del mundo.  Incluso se ha dado entre Jefes de Estado y personajes poderosos. 
 
Sufrir violencia sexual durante la adolescencia es una de las experiencias más traumáticas y dolorosas que pueden vivir los jóvenes.  Las estadísticas demuestran que precisamente la adolescencia es la edad de mayor riesgo.  De acuerdo con el Departamento de Salud, la violencia sexual es un problema de salud pública que afecta física, emocional y socialmente la salud integral de la persona, su sistema de apoyo y su comunidad, a corto y a largo plazo.  
Las consecuencias en las víctimas son terribles.  Las secuelas de salud física, condiciones de salud mental, ausentismo, disminución de productividad y costo social de la violencia son de gran magnitud. Sin embargo es un problema prevenible mediante el aumento de factores de protección (educación, ofrecimiento de apoyo, promoción de recursos disponibles, investigación, capacitación y alianzas multisectoriales) y la disminución de factores de riesgo (inequidad de género, violencia familiar, problemas de salud mental y tolerancia social a la violencia). Por sus consecuencias e implicaciones en la salud física y mental de las víctimas, se estima que la agresión sexual es el crimen más costoso para el Estado. Aparte de las consecuencias físicas, tales como heridas, embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual y disfunciones sexuales, en los jóvenes que han sido víctimas de agresión sexual permean condiciones de salud mental como depresión, miedos, baja autoestima, trastornos, estrés postraumático, e ideas autodestructivas, incluyendo el suicidio.  Esto puede tronchar y desfigurar la vida de muchas de las víctimas, y afectarlas hasta la adultez. 
En el 2014 la Policía de Puerto Rico informó un total de 1,718 querellas de agresión sexual (incluyendo los delitos de violación, sodomía, agresión sexual conyugal, actos lascivos e incesto). La mayor parte de las acusaciones son por actos lascivos, seguido de violación y violación técnica.  En el periodo de 2013-2014 las salas de emergencia de la isla reportaron haber atendido 757 casos de agresión sexual (86% de registros recibidos de toda la isla).  Aunque esta es una cantidad alarmante, el Departamento de Salud entiende que la violencia sexual es uno de los crímenes menos reportados, esto debido a la naturaleza de los hechos, las implicaciones y el estigma que tienen estos eventos.  
 
Veamos algunos datos que hacen que la violencia sexual contra los jóvenes sea una verdadera pesadilla.
 
·         La violación es un problema de la juventud porque la mayoría de las agresiones son contra niñas/os y adolescentes. En Puerto Rico, el 57.6% de los casos son de menores de 14 años.  
  • Puerto Rico ocupa la posición número 17 en las tasas de maltrato de menores al compararlo con otras jurisdicciones de Estados Unidos. 
  • Un 22% de las sobrevivientes son menores de 12 años. En Puerto Rico el 40.5% es menor de 13 años.  De hecho, en comparación con los otros grupos de edad, la tasa más alta de abuso sexual (6.6%) se observó en el grupo de 12 a 14 años de edad.
  • El 92% de los casos la víctima conocía a su agresor(a). Más de una tercera parte (35%) de la totalidad de los casos el agresor es un familiar de la víctima.
  • Para el año 2010 se reportó que en EE. UU. ocurrieron 1, 270,000 violaciones a mujeres.  El 42.2% son agredidas sexualmente antes de los 18 años.
  • La tasa de violencia sexual reportada en Puerto Rico por la Policía es de 56 víctimas por cada 100,000 habitantes. Es decir, cinco víctimas diarias.
  • Las heridas físicas no genitales ocurren aproximadamente en el 40% de las violaciones; el 3% requiere hospitalización.
  • Entre los síntomas a largo plazo en las sobrevivientes se ha identificado: dolor de cabeza crónico, fatiga, perturbación del sueño, desórdenes alimentarios, disfunción sexual, intentos suicidas y aumenta en el riesgo de uso de sustancias controladas.
  • Las sobrevivientes de agresión sexual conyugal o de violación en una cita, están más propensas a presentar cuadros de depresión, fobia social y otros problemas psicológicos hasta 15 años después de la agresión si no se le ofrecen servicios de ayuda.
Es importante la discusión de estos temas, de manera que nuestros jóvenes conozcan e internalicen que el abuso sexual y la violencia de género es inaceptable e incluso es un delito.  Y como abogado, es importante que nuestros jóvenes conozcan que no están solos, y que tienen remedios y herramientas legales para defenderse de los ataques sexuales.
 Por último, como lector, puedo decir que la nueva obra de la Ana María Fuster, aparte de mostrar su dominio en la narrativa del arte gótico urbano, es un gran thriller psicológico con un final inesperado, que nos invita a acariciar la esperanza, hasta resurgir en un nuevo presente, ese que aspiramos a crear a partir de la comprensión de nuestra humanidad.
 
Lcdo. José Luis Ramírez de León
abogado puertorriqueño

Mariposas negras, a la venta en librerías de Puerto Rico,
fusterlavin@gmail.com  o editor@islanegra.com
Isla Negra 787-763-0178