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miércoles, junio 13, 2018

Mariposas negras en Universo Gay.. reseña de Guillermo Arroniz López

Mariposas negras. Ana María Fuster Lavín.

Vuelvo, tras algunas semanas, a la literatura puertorriqueña, de la mano de dos queridos conocidos: María Martínez, querida amiga que me mantiene en contacto con la cultura de la isla a través de su generosidad, y Daniel Torres, profesor, autor, poeta que como crítico nos acerca con asiduidad a los libros de los escritores de la isla.

Guillermo Arroniz López • 08/06/2018
Mariposas negras | Foto: Uso permitido
"Mariposas negras" es una novela cuya protagonista es una adolescente al borde de la graduación. Hay muchas particularidades que la convierten en la heroína -y a veces antiheroína- de esta prosa cargada de poesía y símbolos, de imágenes metafóricas. Mariana (nombre que para mí tiene ecos inevitables de la España de los Austrias), es una chica muy sensible, que escribe poemas tristes, llenos de sombras y presagios de muerte. Sufre acoso escolar. Pertenece a una familia "rota" ya que su madre fue abandonada por su pareja y va de trabajo en trabajo, concatenando periodos de depresión y embriaguez con otros de serenidad y alegría. Madre que viene, a su vez, de una infancia traumática consecuencia de una madre practicante de una religiosidad fanática, mal entendida, enfermiza, y un padre débil, sin voluntad... aunque buena persona.
Además, volviendo a la protagonista, Mariana está enamorada de su amiga Laura, una adolescente un año mayor que ella pero que ha repetido un curso, y que parece contener varias personalidades, una de ellas violenta y vengativa, una especie de vampiro brutal de alas negras, un ser casi fantástico, que castiga a los hombre que abusan de las mujeres y acaba con su vida para acabar bebiéndose su sangre como aquella diosa egipcia que en su irá iba asesinando a la humanidad.

Hasta ahí la novela podría estar planteando una curiosa mezcla de realismo social -con foco en los abusos sexuales a menores, ya que Laura tiene un hermano autista del que también parece haber abusado su tío, cura de la iglesia católica con la que el libro resulta muy crítico- y elementos fantásticos o incluso propios del cómic. Sin embargo el planteamiento de la autora es más complejo que eso y permite una lectura polisémica del texto.
Y es que llega un momento en que cabe dudar si la protagonista es la misma persona que Laura, si tiene un trastorno mental que la impide ver la realidad tal como es y la interpretación según fragmentos de las realidad que se van configurando de distintas formas en su cabeza o si realmente tiene un poder que no puede controlar y que la hace no sólo retroceder en el tiempo sino convivir con noches de terror en la que es perseguida por seres sin ojos. El libro va hacia adelante y hacia detrás echando nuevas capas de realidad o narración sobre las anteriores de forma que no es fácil -si es que resulta posible- saber qué ha ocurrido exactamente. ¿Este personaje murió o en realidad está en otro país rehabilitándose? ¿A aquel abusador lo mató una de las adolescentes o lo asesinaron los compañeros presos en la cárcel o sigue vivo y en prisión? Personalmente no me ha sido posible decidir cuáles de algunas de estas opciones son las "correctas", pero quizá no haya unas correctas sino posibles versiones de una misma realidad. Incluso quizá la vida misma sea eso y la novela podría ser una gran alegoría de ese hecho que vivimos de una forma menos acusada para poder seguir adelante sin un importante desgarro mental y emocional.

"Podría vivir una vida distinta cada día y morir de forman tan variadas. Casi puedo ser un holograma. Una vida-muerte que se repite con distintos matices". Página 169.

Decía previamente que el texto llega a ser de gran fuerza poética y no lo digo por los versos -pocos- que se incluyen y que se atribuyen a la heroína-antiheroína, Mariana. Esa poesía se percibe en expresiones que fluyen en la prosa como:

"Todos nos respiramos. Los unos a los otros. Nos escupimos y hasta nos estornudamos y no nos damos cuenta de que entran pequeños pedacitos de otros en nuestro cuerpo. Camino y respiro a los que vienen y van. Me lleno de recuerdos ajenos y me libero de los míos. Sigo mi camino y espero a que me inhale algún turista y me lleve lejos, de regreso a su tierra, a otra ciudad, a otro país". Página 58.

https://www.universogay.com/libros/mariposas-negras-ana-maria-fuster-lavin__08062018.html


viernes, abril 20, 2018

Árbol la nueva entrega poética de Carlos Roberto Gómez Beras


un poema en 33 preguntas para las raíces de la vida

Árbol la nueva entrega poética de Carlos Roberto Gómez Beras


Revista Cruce 
(UMET)
Abril 2018

Por
Ana María Fuster Lavín
Escritora puertorriqueña


“La muerte es sólo un instante.
La vida siempre se desborda.”
Carlos Roberto Gómez Beras
(Epílogo, pág. 79)


Reflexivo, autorreferencial, misterioso y espiritual como ese mapa al corazón del hombre identificamos la nueva colección del poeta Carlos Roberto Gómez Beras. En este poemario minimalista, orgánico e intimista se pregunta el autor, y nos pregunta, ¿Quién nos acaricia el alma sin
tocar el cuerpo? (XVIII, pág. 47), ¿Qué sed se sacia en el pozo de tus lágrimas? (XXIII). El yo, el otro o ese universo personal de la búsqueda y el entendimiento; o las raíces de la vida, el amor o la muerte, pero, en ambas interrogantes es siempre la poesía. Reflexiones líricas, interrogantes metafísicas, respuestas que solo nos brinda la comunión con el corazón, la humanidad y la palabra es la nueva propuesta literaria de este editor, profesor universitario y escritor nacido República Dominicana, 1959, pero cómo él mismo afirma “(re)nació e
n Puerto Rico”, 1964.

Árbol (Ed. Isla Negra, 2017) está compuesto de 35 poemas, 33 preguntas y un glosario de afectos. Nos versa sobre quién es, también acerca del camino, el universo, como elementos o sentimientos que bien podrían ser universales, sin embargo, siempre presente su autenticidad creativa del Carlos Roberto de carne y alma como padre, como hijo, como amante, como amigo, poeta. El hombre que ese ese árbol, que es el árbol de la vida, o la vida misma. Así sus versos como ramas de un árbol, se han desnudado hoja a hoja de artificios, de recursos innecesarios. Así nos avisa, o más bien seduce la propia contraportada del poemario en una nota editorial:

“Como le silencio desnudo del árbol en invierno, la poesía aspira a decir sin los accesorios del lenguaje. Si no es posible romper la tiranía del signo, intentemos llegar al cielo en una escalera de un solo peldaños o abrazar el abismo de un solo gesto […]”

Estos elementos constantes en toda su obra; sin embargo la estructura es más breve sin llegar al haikú, son breves poemas humanos y espirituales que contrastan en extensión y estructura con sus otros poemarios La paloma de la plusvalía: Y otrospoemas para empedernidos, 1990-1992 (Ed. Isla Negra, 1996) o Mapa al corazón del hombre (Ed. Isla Negra, 2012), entre otros. Sobre esta relación entre la estructura y poética de Árbolcomenta la narradora y ensayista dominicana Ibeth Rivera:

“La brevedad en este libro va más allá de la captura de un instante. La voz poética la plantea como la posibilidad de que en ella caben la vida y la muerte, la raíz y la elevación del espíritu humano, la calma y la furia. Una constante exposición del alma a los extremos contrastes del bien y el mal. Esa itinerancia ética que solo es posible en el entendimiento humano:Después de cantarle al cuerpo /la espada, húmeda, regresa a su funda. /¿O es el poeta que vuelve al silencio?” [poema V, pág. 21].

Y es que ya comentó en una ocasión el escritor Víctor Hugo: “La poesía es el eco de la melodía del universo en el corazón de los humanos”. A ese verso que se ofrece en cada suspiro, como cada hoja de este árbol es palabra y cuerpo. Esta sonata nos invita a cobijarnos bajo la sombra del poema y ayudar al propio poeta Gómez Beras a versar las respuestas a cada pregunta o sencillamente sentir la melodía de lo que “la poesía dice cuando calla” (poema XXIV, pág. 59): los sueños y la vigilia, la vida y la muerte, la cotidianidad y el universo, la ilusión y lo corpóreo, el deseo y la razón…

A pesar de esta brevedad y madurez de Árbol, y la pureza en trabajo del lenguaje de este poemario, se siente la continuidad de su obra anterior y de los poetas fundamentales para Carlos Roberto, como las raíces y el tronco, como la savia y el camino trazado. Recientemente en una presentación de este libro, el estudiante doctoral en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, y profesor, Lino Berberena Vázquez comentó acertadamente:

“Anteriormente, en los poemarios Mapa al corazón del hombre y Errata de fe, el autor había dedicado apartados completos a poemas que hacen homenaje a la síntesis; “Pequeños cantos de Yemayá” y “Ocho estudios incompletos”, respectivamente, pero en toda su obra, no existía un libro completamente dedicado a ella. […]
En mis investigaciones sobre la poesía de Gómez Beras, he llegado a la conclusión de que ésta es autorreferencial y poema tras poema siempre regresa a sí misma. Por tal razón, no debería sorprendernos que encontremos fragmentos de libros anteriores en el siguiente libro y que la idea que comenzó en un poema, la termine muchos versos después en otro poema. En cuanto a las intertextualidades e intratextualidades deseamos presentar dos ejemplos; el primero lo es el poema “VII” (Árbol): “Luego de mojar mis pies en su tristeza/ el río y yo nunca fuimos los mismos. / ¿Cómo no ahogarnos en el deseo?” (Gómez 25). En este poema se observan dos intertextualidades, la primera con Julia de Burgos y la segunda con Pablo Neruda.”


Sea Julia de Burgos, o Pablo Neruda, sean poetas colegas, sea una conversación fortuita con poetas leídos o escuchados, una constante en su obra es la presencia de su madre, también poeta, Miriam Beras, quien lo lleva hacia la poesía. Veamos en el poema XIV, pág. 39: “En el centro del bosque callado / una piedra abre una sílaba en el estanque. / ¿Es mi madre muerta quien me llama?”. Buscar, sentir, preguntar, responder, escribir… tan sencillo y tan hermético como esto.  Igual comenta el narrador dominicano, en una misiva sobre este poemario:
En una entrevista que le hiciera el destacado periodista cultural Mario Alegre Barrios, responde el editor por más de 25 años de Isla Negra Editores sobre este oficio de poeta: “La poesía siempre es búsqueda, siempre es intento… nunca es logro, nunca es conquista. Siempre es el deseo de decir algo. Cuando lo digo ya no es poesía, ya es otra cosa, poema en todo caso. ¿Y qué hay entre el intento y el logro? Un paréntesis, el silencio" Carlos Roberto Gómez Beras.
“¿Hay cárcel más abierta que el poema?” Y es que el poeta un dios, ante dios, o tan solo un hombre que siente, que padece o teme, que crece como padre, hijo y amante creador de versos, trinidad del árbol que al fin de cuentas crece de él mismo brotando este poemario como fruto de su mente y cuerpo, más allá de la vida y la muerte.
Así los invitamos a leer y escuchar este árbol de poemas, a encontrar el racimo de respuestas, antes de salvarse o naufragar de versos en su próximo poemario (qué por ahí va su título. Deleitarse con cada hoja del tronco que nos brinda Carlos Roberto en esta entrega. “¿Es un final, un comienzo o un paréntesis?” (pág. 49).  Que nadie calle la voz del poeta, siquiera la pregunta más difícil, porque la respuesta siempre será eso que la poesía nos susurra en el silencio.


Bibliografía

Mario Alegre Barrios, Carlos Roberto Gómez Beras: en pos del silencio, Esto es el Agua, 13 de abril de 2016, enhttp://marioalegreb.wixsite.com/estoeselaguaold/single-post/2016/04/13/Carlos-Roberto-G%C3%B3mez-Beras-en-pos-del-silencio
Lino Berberena Vázquez, Palabras de presentación de Árbol, en la UPR-Humacao, inédito.
Carlos Roberto Gómez Beras, Árbol, San Juan/Santo Domingo, Ed. Isla Negra, 2017.
Ibeth Guzman, Árbol, en Crítica de libros, Listín Diario, 29 de septiembre de 2017, enlistindiario.com/ventana/2017/09/29/484495/árbol


miércoles, abril 04, 2018

Al otro lado, el puente.... pronto!



tercera jornada

pétalo a pétalo deshojé el mar
en la distancia de los párpados
hasta llegar al puente ámbar
noche piel de nostalgias
...
tú en mí
todavía el vértigo impide cruzar
hasta el silencio
o la locura

¿soy acaso esa mirada que me busca?

Ana María Fuster
Al otro lado, el puente

Ed. Isla Negra --pronto



foto de atardecer en Santurce de Ana María Fuster Lavin

martes, marzo 13, 2018

relatos de una ciudad silente


Vuelo sin palabras
 
 

Me llamo pájaro pablo,
ave de una sola pluma,
volador de sombra clara
y de claridad confusa […]

Pablo Neruda 

 

Las alas no me ven, / los oídos me retumban…recitó el viejo maestro Pablo Suárez frente al espejo que reflejaba rostro agotado de palabras. Según llegaba la ansiada jubilación, las calles de Santurce se hacían más largas y confusas en el camino hacia la escuela, al igual que los sonidos de los carros. Comenzaba a olvidar los planos de clase, el nombre de los alumnos, y hasta dónde demonios estarían sus espejuelos. Era terrible, siempre había sido muy memorioso, un gran demagogo, ahora una fuerza extraña le evaporaba las palabras, pero al menos podía volar. Vuelo y vuelo sin saber, /herido en la noche oscura, sentía los versos de Neruda acariciándole la soledad.

 

—Llega tarde maestro Pablo—le dijo el guardia escolar.

            —Será la última vez… Descubrí el secreto de Neruda, y también el de la física, la poesía es la ciencia que nos salva.

—¿Cómo así? —contestó el guardia, tratando de no reírse.


El maestro no contestó, cuarenta y seis años tratando inútilmente de enseñar el poder de las palabras a los estudiantes. Ahora éstas se le escapan de la boca y se le perdían por los pasillos y los salones. Miró los últimos exámenes que daría en su vida. “Nada valió la pena, es inútil. Nunca entendieron”, pensó. “Soy Pablo.”, gritó con fuerza frente a su escritorio, en su aula vacía. Pudo ver las siluetas de cientos de estudiantes de casi cinco décadas saliendo de su salón.


“Soy el pájaro furioso de la tempestad tranquila”, susurró a su oído su propia voz. Miró a través de la ventana, todo el universo cantaba en silencio por entre el silbido del viento y se lanzó en un vuelo libre y sin palabras.

 

Ana María Fuster Lavín
Bocetos de una ciudad silente
Ed. Isla Negra, 2007

 

           

viernes, marzo 09, 2018

viernes...

Viernes
A Elena 17/marzo/2006
 
Escucho las olas susurrando una nana:
¿llora tu corazón, mi niña perdida?
 
Hay lágrimas como dulces de inocencia,
nacieron de muerte un viernes
cuando las estrellas jugaban al póker.
 
En tardes como ésta:
los espejos guardan rutinas en su maletín,
los resucitados recogen su mortaja y se visten de fiesta,
los payasos se disfrazan de políticos,
los no natos, como mi niña, nunca entendieron de vacíos,
pero nos regalan un paraguas para los sueños.
 
Nos miramos,
mi niña gimotea cenizas,
y le regalo una melodía de mar
finalmente sonríe
en su dolor de muñecas y trapecios.
 
Nunca sentirá la luz ni la sombra,
ni a los sátiros demonios del poder
con sus relojes sin cuerda,
sus cuerdas sin correa
y es que hasta se le cae el pantalón al más discreto,
pero mi pequeña tropezó, se raspó la sangre,
y yo sin ella me desvestí de esperanzas:
¿Qué duele más el horizonte o la ropa equivocada?
El tiempo huyó,
inevitable como la sangre,
tal vez, pudimos cantar desnudas,
así otro viernes tatuará nuestra piel de recuerdos,
que la canción termina,
el balcón de olas encaracola nuevas miradas
y tus lágrimas, ahora, reposan dormidas sobre mi pecho,
otra puerta se cierra, porque naciste a la muerte
y un duende recuerda que no llegaste para su cumpleaños,
finalmente gira el calendario de despedidas robadas.
 Mañana será otro ayer en que te recuerde.
 
Ana María Fuster Lavín
El Eróscopo: daños colaterales de la poesía
(Ed. Isla Negra, 2010)
Puerto Rico
 
 

martes, febrero 27, 2018


Martes

 a Mairym Cruz Bernall

Te negaste a morir otro martes,
las letras de tu nombre delatan despedidas
y el silencio pronuncia la palabra amor,
también melancolía.

¿Y por qué morir?

 Otros labios pueden construir ese mosaico para el deseo
o un cuarto para calendarios olvidados.

Amiga,
no estás sola
puedo ayudarte a pasar página,
que somos el olor de la luna
otras veces, el de la arena
como el poema, un paisaje entre nuestras manos.

Soy tu sombra
aún entre sábanas compartidas
o en un desayuno sábado en la mañana
cuando la casa danza en tus cabellos,
y decides que no morirás
que el próximo martes será miercoleado;
tendrás el anillo de la noche
y tus lágrimas, disfrazadas de pisadas,
huyen como soledad huye de tu nombre

ahora, puedo dormir,
tú despiertas
y el silencio se revela.

 Ana María Fuster Lavín
del poemario
EL Eróscopo; daños colaterales de la poesía
Ed. Isla Negra, 2010

En cada página de El Eróscopo podemos encontrarnos con una nueva desnudez, un nuevo aire, con una libertad tan cercana a nosotros y tan desconocida. Sólo la poesía puede desenmascarar presencias hermosas, brindar otro mundo definido, rumorar insospechados territorios entre el erotismo y el destino. Y la poeta Fuster brilla en ese intento: nacer con el poema hacia una nueva historia del cuerpo y el alma.
Marioantonio Rosa

 
Este nuevo poemario de Ana María Fuster Lavín la consagra como una escritora esencial en el quehacer literario de Puerto Rico. Entre el eros y el tiempo, así como en medio de las predicciones astrológicas del amor y del sexo, El eróscopo es su ars poética. Se trata de una reflexión acerca de los límites del lenguaje erótico en un divertimento lúdico, donde la hablante lírica nos encara con las múltiples posibilidades de nuestros cuerpos, unidos por medio de la saliva, el semen, los penes, las vulvas, el celular y todo lo demás…
Daniel Torres
 
 

lunes, febrero 26, 2018

“Deambulo por las calles. Las noches en Santurce tienen la capacidad de convertir todos los colores en matices del pardo. Los ruidos de esta ciudad cargan el aroma del abandono,
una particular textura del silencio.”

 

Ana María Fuster Lavín
Mariposas negras (novela)
 

viernes, febrero 23, 2018

claustro


 
encerrada
mármol sueños de alas
útero tornasol de sangre caricia
anémona del bosque mar de veneno
todas las ellas refugiadas en mí
una noria de voces que va sembrando paredes
 
aquí
las mariposas negras descienden quimeras
como niñas con los ojos cerrados
chocan contra mí,
contra el piso y sus puertas:
pues la isla ha muerto gris mutilada
así la sombra de nuestras manos
es una melancolía de palabr(a)mar
 
encerradas
somos caracoles de voces penetrantes plata
desde mi claustro a mi pecho y mente
a fuerza de mentiras, crueldad de luz oscura
hemos parido tijeras de alas a la deriva:
al otro lado las sombras ciegas sin calles
vomitan balbucientes sílabas ocre desesperanza
 
¿cómo escapar de nosotras a otros cuerpos?
si morimos cada día multiplicándonos
mientras las murallas devoran lentamente
mi conciencia
 
 
Ana María Fuster Lavín
Al otro lado, el puente
pronto en Ed. Isla Negra 

miércoles, febrero 14, 2018

Sandra M. Casanova-Vizcaíno: trabajo crítico sobre La dignidad de los muertos del libro (In)somnio en revista del icp


“Entre caníbales”: consumidores y consumidos en
 “La dignidad de los muertos” de Ana María Fuster Lavín
por Sandra M. Casanova-Vizcaíno
Revista del ICP
Tercera Serie, Número VII ICP
Noviembre 2017
págs. 196-205
 
Resumen
En este artículo se analiza el cuento “La dignidad de los muertos” de Ana María Fuster Lavín, incluido en su libro (In)somnio de 2012. Por un lado, el cuento actualiza los conceptos del caníbal y canibalismo en Latinoamérica cuando, irónicamente, propone al caníbal boricua como un sujeto de cambio social que, en su canibalismo, denuncia un estado en crisis. Por otro lado, en la trama se observa cómo el canibalismo figurado termina por deglutir a las clases marginalizadas y excluidas del imaginario nacional. Finalmente, el cuento mismo supone una suerte de canibalismo literario al dialogar con otros textos del canon nacional, y al destruir el mito de la gran familia puertorriqueña y, en su lugar, proponer una familia y sociedad rotas y desmembradas.
 
Introducción
De las criaturas que pueblan la ficción gótica, el vampiro, el zombi, el fantasma, o el caníbal, éste último es, quizás, el más siniestro: salvo su preferencia por consumir carne humana, nada en el caníbal revela su pertenencia al mundo de lo macabro. A pesar de que, como el vampiro y el zombi, el caníbal es un consumidor de cuerpos humanos (o partes de éstos, como la sangre), no obstante, éste tipo de personaje gótico no oscila entre el mundo de los vivos y el de los muertos; no es inmortal como el vampiro, ni un muerto viviente como el zombi. Pero, si al vampiro y al zombi los distingue su particular aspecto al igual que su comportamiento grotesco o perverso, para el caníbal, es exclusivamente su conducta –generalmente secreta– y no su físico, lo que termina clasificándolo – junto con los otros monstruos góticos– en la categoría de posthumano1. En palabras de Paul Sheehan:
 
 “To practice cannibalism is to shear the human from itself, to cross a line to the no-longer human; the body performing this transgression is thus posthuman by default” (257). El caníbal también es la transgresión hecha cuerpo humano: lo que nos une a las personas –el alimento y la necesidad de alimentarnos– es precisamente lo que distingue al caníbal. Es, por lo tanto, una marca de exclusividad: “Cannibalism creates ambiguity because it both reduces the body to mere meat and elevates it to a highly desirable, symbolic entity”
(Brown 4).
 
De ese modo, en principio, quien come un cuerpo humano también comete un acto de expulsión (al matar y eliminar los cuerpos) y de exclusividad (al incurrir en un placer prohibido que pocos comparten). Sin embargo, al pensar en el caníbal en el contexto caribeño y latinoamericano, es importante considerar también su relación con la historia colonial de la región y con un pensamiento postcolonial posterior que resignifica su imagen. Como indica Carlos A. Jáuregui:
 
“El canibalismo ha sido un tropo fundamental en la definición de la identidad cultural latinoamericana desde las primeras visiones europeas del Nuevo Mundo como monstruoso y salvaje, hasta las narrativas y producción cultural de los siglos XX y XXI en las que el caníbal se ha re-definido de diversas maneras en relación con la construcción de identidades (pos)coloniales y “posmodernas”. “(15, cursiva del autor)
 
Es, entonces, a partir de todas estas nociones del caníbal (como personaje gótico y posthumano, y en su relación con una historia local marcada por la desigualdad y la exclusión) que me interesa hacer una lectura del cuento “La dignidad de los muertos” de Ana María Fuster Lavín, incluido en el libro (In)somnio (2012), el cual, según la crítica, la “consagra como una escritora del gótico caribeño” (Torres, Web.). En el relato, primeramente, vemos cómo el canibalismo (el literal y el metafórico) logra transgredir los conceptos de “consumidor” y “consumido”. Así, la exclusividad del acto y la expulsión del cuerpo humano son posibles tanto en la ingestión literal del otro, como en el dominio del sujeto social por medio de un estado corrupto y/o ausente. Además, de acuerdo a lo que sostiene Jáuregui, “el canibalismo siempre nombra, o se refiere a, otras cosas” (16-17, cursiva del autor). Dentro de las posibilidades para esas “otras cosas” están, por ejemplo, “el indio insumiso”, “una marca cartográfica del Nuevo Mundo”, “un monstruo rebelde que maldice a su amo”, “los esclavos insurrectos”, entre otros.
 
Con “La dignidad de los muertos”, Fuster Lavín actualiza esa taxonomía del caníbal y lo propone, entonces, como el barómetro de una sociedad descompuesta. Es decir, el cuento de Fuster Lavín nos permite irónicamente pensar al caníbal como un sujeto marginado que, en la ingestión de los otros cuerpos de alguna forma denuncia el dilema socioeconómico del Puerto Rico contemporáneo. Finalmente, a nivel de la historia literaria nacional, el canibalismo –como tropo gótico– es la expresión de otro consumo: el de una literatura que intenta destruir los mitos fundacionales paternalistas. En lugar de una gran familia puertorriqueña –mito unificador que define a la sociedad de la isla como patriarcal, mayormente blanca, hispanófila y jíbara (Lloréns)– el caníbal en “La dignidad de los muertos” supone, en cambio, una sociedad rota y monstruosa.
 
“Entre caníbales”
 
“La dignidad de los muertos” narra la historia de Francisco Celedonio Santos, alias Pancho Quenepo, viejo pescador de Piñones, Loíza, PR. A sus setenta y ocho años, cincuenta de los cuales los dedicó a la pesca, Pancho rema por el río Grande de Loíza hasta adentrarse en el mangle donde “ya no perseguía peces ni cangrejos… tampoco jueyes… En sulugar, pesca cadáveres abandonados, que después vende a sus dolientes seres queridos” (Fuster Lavín 64-65). En cinco años, Pancho ya había recuperado cien cuerpos: ahogados, asesinados o suicidas a los que el “barquero de la muerte”, como se le conocía entre los habitantes de la región, les ofrece dignidad (66). Pancho Quenepo es, así, el Caronte boricua que lleva a los muertos por el camino inverso al del mito griego: en lugar de cruzarlos por el río Aqueronte hasta llegar al Hades, Quenepo recupera a los muertos del infierno de las aguas donde yacen y se pudren y los regresa a la tierra de donde partieron a reencontrarse con sus familiares para que puedan ser enterrados.
 
Como en el film cubano de horror satírico, Juan de los muertos (Alejandro Brugués, 2011), Quenepo encuentra en los muertos un sustento económico y la satisfacción personal de ayudar al prójimo necesitado.2 También, como en la película de Brugués, el cuento de Fuster Lavín nos muestra un lado poco visto del Caribe. El paraíso tropical que se supone es Puerto Rico no aparece en el cuento porque Loíza –lejos de ser el espacio turístico del Viejo San Juan, cuyas ruinas son más nostálgicas que siniestras– es el lugar de la pobreza y la marginalidad.
 
En “La dignidad de los muertos”, Loíza es el límite de un estado ya deficiente. En sus aguas, de río y no de mar,3 el paraíso se cubre de cadáveres y monstruos. Si el mar es el límite en la geografía isleña y su cruce implica la partida de la patria, los otros cuerpos de agua en la ficción puertorriqueña –la charca, el río, el caño– son apenas un desplazamiento mínimo que, como quiera, implican la muerte, es decir, la partida definitiva. Silvina en Lacharca de Manuel Zeno Gandía, Melodía en “En el fondo del caño hay un negrito” de René Marqués, el hijo de Trinidad en “¡Jum!” de Luis Rafael Sánchez y todos los cadáveres en “La dignidad de los muertos”, terminan en las aguas, a veces estancadas, de un país afectado por una crisis económica, política y social. Y es esa misma crisis –y la carencia de salidas laborales como una de sus manifestaciones más graves– la que, hasta cierto punto, lleva a Pancho Quenepo a crear una nueva forma de economía alternativa, la del “juntacadáveres”, cuya contribución no es necesariamente al desarrollo de la economía local, sino la posibilidad de algunos de obtener tranquilidad espiritual.
 
De ese modo, la recuperación de los cuerpos en el cuento de Fuster Lavín es un servicio público que todo el barrio de Villa Cañona aprecia ya que Pancho Quenepo “hace cosas que nadie más haría por [ellos] y con orgullo” (Fuster Lavín 66). Sin embargo, en cierta ocasión el pescador es arrestado como sospechoso del brutal asesinato de Lisamar Valderrama, nieta de un prominente banquero e hija de quien se convertiría en el gobernador de la isla, también banquero de profesión. Luego de la aparición del cuerpo –brutalmente mutilado y sodomizado–, Quenepo “fue declarado culpable por el asesinato, mutilación, canibalismo y violación de la menor hija del banquero, entre otros delitos como profanación de cadáveres y lucro por actividades ilícitas” (67). Nadie en Loíza, sin embargo, creyó en su culpabilidad, lo cual llevó a que muchos en la isla –incluidos políticos, estudiantes, escritores y líderes sindicales– se unieran al reclamo de liberación del pescador. La familia Valderrama, no obstante, organizó un boicot “contra la industria de los chinchorros de Loíza” (Fuster Lavín 68).
 
Es decir, ante un hecho criminal, se genera una respuesta clasista que atenta contra la supervivencia de aquellos vinculados con “lo popular”. Con el tiempo, la presión de la población culminó en el eventual indulto de Pancho, que como Jesús, pasa de ser pescador a héroe.Pancho representa para la población de Loíza, y de la isla en general, una búsqueda de justicia e igualdad para todos. Como parte de su lucha, el pescador se concentró en su demanda para adquirir mejor vivienda y calidad de vida, petición que extendió al gobernador Valderrama varias veces en una serie de cartas que fueron ignoradas por completo. Su vida transcurrió de ese modo, entre cartas y pesca, hasta que un día todos se percatan de la desaparición de Pancho Quenepo. Su posterior aparición le da a la narración un giro inesperado:nel cuerpo sin vida del pescador aparece junto al cuerpo de un adolescente en las mismas condiciones que el de Lisamar: “mutilado en alguna de sus extremidades y órganos. También le faltaba la lengua” (Fuster Lavín72). El duelo nacional, declarado por la figura paternal del gobernador Valderrama, padre de Lisamar, pero también el padre simbólico de todos los puertorriqueños, en cierta forma, limpia definitivamente la imagen de Pancho Quenepo y apunta a una supuesta unidad social, sin barreras ni distinciones de clase, una gran familia puertorriqueña que, sin embargo, se materializa en una esfera no terrenal. De acuerdo al propio Valderrama, el mismo que había sistemáticamente ignorado las cartas del pescador: “Ahora, Francisco Celedonio Santos, nuestro Pancho Quenepo, cuidará de mi amada Lisamar en lo que llega mi turno de ir a morar con el señor nuestro Dios” (73).
Sin embargo, el resultado de la autopsia de Quenepo (asfixiado con un pedazo de lengua del joven muerto) y una última carta encontrada por el gobernador luego de la muerte y entierro del pescador, rompe tajantemente esa unidad y devuelve a la población de la isla la sombra del horror caníbal, esta vez de manos del menos esperado:
 
“Honorable Gobernador Valderrama. Le vuelvo a escribir, esta vez con la certeza de que no me ayudará a adquirir un hogar decente. ¿De qué le sirve ese poder comprado? Ese que usó para mandarme a la cárcel. Espero que en estos momentos su conciencia esté tranquila. Tanto como lo estuvo la mía luego de matar a su hija. Su piel era más suave que la pulpa del carrucho. Su hija era hermosa, tanto que me comí su pulpa y su lengua. Qué delicia. ¿Ahora quién es el poderoso?” (Fuster Lavín 73)
 
De ser la víctima de desigualdad social, Pancho Quenepo pasa a ser el villano gótico que devora, en este caso literalmente, a la mujer. Sin embargo, una relectura del cuento nos confirma que no se trata de un cambio abrupto, sino que ya desde las primeras líneas se anticipaba la práctica caníbal del hombre. En una conversación con un vecino del barrio, Pancho le comenta que se siente solo y que por momentos siente “hambre de tener a alguien”. La contestación del joven es una prolepsis macabra: “Don Pancho, ni que fuera caníbal” (Fuster Lavín 64). Igualmente, Pancho Quenepo, como suele suceder en la ficción sobre caníbales, no sólo practica el canibalismo, sino que también es un asesino serial y las dos muertes registradas en la trama así lo confirman. El personaje es, entonces, doblemente macabro.
 
Con todo, las acciones de Pancho producen resultados opuestos: por un lado, “la pesca” poco convencional supone la visibilización de los cuerpos recuperados. Para Pancho era necesario remediar, de alguna forma, la ausencia de estado inclusivo en la vida de los pobres: “hasta la muerte discrimina con los más humildes. Los que nadie reclama. Los que nadie, siquiera el gobierno, daría un centavo o una lágrima por ellos. Esos que son simplemente “nadies” (Fuster Lavín 70, cursiva de la autora). Es decir, el cuerpo rescatado del pobre deja de ser un escombro o desecho más y pasa a recuperar su lugar en la sociedad (sino en toda, al menos sí en su familia y comunidad). Por otro lado, está la invisibilización de los cuerpos canibalizados.
 
En la violación, mutilación y deglución de los cuerpos, Pancho borra la subjetividad (y el cuerpo) de las víctimas y las convierte en parte de la estadística nacional de crímenes. Así, mientras que los pobres recuperan un nombre (y un lugar), Lisamar –perteneciente a una clase privilegiada– se vuelve número. Mientras que los cadáveres de los pobres recuperan la dignidad en la muerte, Lisamar, en cambio, pierde con la muerte la dignidad –presentada
como un lujo– que ostentaba en vida.
 
Sin embargo, si uno es lo que come, como suele decirse popularmente, en la ingestión del cuerpo de Lisamar, Pancho Quenepo logra una suerte de perversa (aunque limitadísima) forma de ascenso social. El canibalismo -entendido éste como el epítome de la transgresión (Brown 4)- en “La dignidad de los muertos” transgrede la aparentemente infranqueable frontera de las clases sociales al comer a Lisamar, la mujer que pertenece a un sector exclusivo de la sociedad. Igualmente, Quenepo, como caníbal, no sólo altera las fronteras sociales, culturales, económicas e, incluso, gastronómicas, sino que también transgrede la percepción misma del caníbal: como un agente de cambio social y no como un mero monstruo destructor del ser humano. El caníbal, explica Jennifer Brown, es un recordatorio de nuestro afán de consumo desmedido y, además, “reminds us of our own potential inhumanity” (7). Pero la incuestionable crueldad e inhumanidad de Pancho supone también, aun cuando de modo siniestro y momentáneo, posicionar una clase no privilegiada y olvidada en el centro del discurso. Es decir, Quenepo no deja de ser un monstruo-caníbal, pero sí deja de ser un nadie. Pancho Quenepo, así, es más un Calibán caribeño que un caníbal colonizador. Su presencia, así, se une a una tradición de pensamiento caribeño en el cual el personaje de Calibán es menos un caníbal monstruoso que, entre otras cosas, un “proletario hambriento dispuesto a reclamar su comida” (Jáuregui 41).
 
En el cuento de Fuster Lavín, el caníbal “nombra” (Jáuregui) una lucha de clases, representadas éstas en los personajes de Pancho y del gobernador Valderrama. Pero tampoco se puede perder de vista que el repositorio de esa lucha es el cuerpo de Lisamar, la mujer sin voz –y la deglución de su lengua lo confirma– que se transforma en la víctima del villano. En el relato de Fuster Lavín, por lo tanto, resulta problemático el concepto de género desde el momento en que la víctima principal (sin contar el adolescente que fue encontrado al final y cuya canibalización le cobró la vida a Quenepo) es Lisamar, cuyo nombre ya de cierta forma signaba su destino (la muerte en el agua).
 
El relato, así, reproduce la dinámica del gótico clásico (de Ann Radcliffe o Matthew
Lewis) en el cual la mujer queda siempre sujeta al poder del hombre controlador, sólo que en este caso, el control de Quenepo se limita a la violencia sobre el cuerpo de lamujer y, ya que se trata de un desclasado, su capacidad de alterar la estructura social de modo permanente es, en realidad, nula. Es decir, la transgresión que logra Pancho Quenepo es de alcance limitado y de muy corta duración. El verdadero cambio social, nos parece decir el relato, es imposible dentro de una estructura estatal que privilegia la desigualdad.
“La dignidad de los muertos”, por lo tanto, nos coloca a los lectores en un lugar incómodo porque en él se enfrentan dos grupos históricamente marginados y silenciados: la mujer y el pobre. El poder del sujeto se define, entonces, en la posesión. Lisamar Valderrama es la heredera pasiva -y no la productora- de la riqueza de su padre. Éste, por su parte, es otro tipo de caníbal: un consumidor de bienes propios de su exclusiva clase social y de su habitus y, además, un devorador del otro, entendido éste como un objeto “desechable” de la sociedad “ubicad[o] más allá de la mirada, en los confines o ‘tugurios’ de la representación y el reconocimiento social” (Jáuregui 594). Valderrama, además, tiene el poder y la influencia necesarios para organizar un boicot al consumo de productos de los vendedores de Piñones y, de ese modo, aislar aún más una zona en estado precario. En cambio, para Pancho Quenepo, se trata de la posesión del cuerpo, literalmente. Quenepo consume el cuerpo de Lisamar, lo convierte en un objeto y en alimento que, luego de estar preso en el interior del cuerpo masculino, será finalmente expulsado como desecho biológico. El cuento, por lo tanto, le adjudica el canibalismo literal –el más grotesco y monstruoso, aunque también el más literario– al pobre, mientras que el canibalismo figurado –y también el más próximo a la menos sangrientos.
Finalmente, si el poema de Burgos ya representaba a principios del siglo XX una respuesta al canon literario promovido por la Generación del 30, el cual privilegiaba a la escritura masculina, a las formas discursivas totalizantes como la novela y el ensayo y al mito de la gran familia puertorriqueña (Gelpí 1-6), el cuento de Fuster Lavín extrema, en el siglo XXI, esta respuesta al canon y sus lecturas a partir de dos procedimientos: por un lado, recurrir a un modo literario –el gótico– considerado marginal y popular hasta ahora dentro de la narrativa latinoamericana y caribeña; por otro, extremar las imágenes grotescas que de cierta forma ya presentaba Burgos en “Río Grande de Loíza” y que,  en el cuento, proponen una familia y una sociedad quebradas, acaso desmembradas. De esa manera, los excluidos de la sociedad, ya sean esclavos, mestizos o pobres, vuelven al río, a la literatura y al imaginario nacional puertorriqueño en forma de monstruos, consumidores y consumidos.
 
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1 Si bien para Sara Wasson y Emily Alder, “the term ‘posthuman’ emerged to describe a humanity taken
beyond its original form and subjectivity by the technologies of the post-industrial West” (12), sigo aquí
la aclaración propuesta por Paul Sheehan: “Covertly analogous to the techno-body is the monstrous or grotesque body, a figure associated with mutations, plagues, viruses, and other infectious bio-forms, made legible through somatic disfigurations … In these instances, the posthuman is the other than human, where otherness is defined by the principle of transformation” (245-46, cursiva del autor). Dentro de esta categoría, Sheehan incluye al cuerpo clonado, el caníbal, el cuerpo cibernético y el zombi.
 
2 En ese sentido, difiere de la película de Brugués que presenta a un Juan, cazador de zombis, de
forma satírica como un pícaro que busca exclusivamente el beneficio personal para su supervivencia
en la Cuba post período especial, aun cuando esta imagen cambie en el desenlace de la película. En
cambio, el inicio del cuento de Fuster Lavín, es mucho más solemne y nos muestra a un personaje genuinamente interesado en el bienestar común. De ese modo, el horror gótico en el relato de Fuster Lavín impacta más en el lector que el horror grotesco de Juan de los muertos, que es más esperado y hasta deseado para incrementar el efecto cómico.
 
3 Me refiero a la escena en la película de Brugués en la cual el fondo del mar aparece cubierto de zombis. La imagen es posiblemente una alusión a la travesía que hacen los balseros cubanos para llegar a las costas de Estados Unidos.

Sandra M. Casanova-Vizcaíno
Revista del ICP
Tercera Serie, Número VII ICP
Noviembre 2017
págs. 196-205
 

Bibliografía
Brown, Jennifer. Cannibalism in Literature and Film. New York: Palgrave Macmillan, 2013.
Fuster Lavín, Ana María. (In)somnio. San Juan, PR: Isla Negra, 2012.
Gelpí, Juan. Literatura y paternalismo en Puerto Rico. San Juan, PR:Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1993.
Jáuregui, Carlos A. Canibalia: Canibalismo, calibanismo, antropofagia cultural y consumo en América Latina. Madrid: Iberoamericana-Vervuert, 2008.
Lloréns, Hilda. Imagining the Great Puerto Rican Family: Framing Nation, Race, and Gender during the American Century. Londres: Lexington Books, 2014.
Pérez Rosario, Vanessa. Becoming Julia de Burgos: The Making of a Puerto Rican Idol. Illinois: University of Illinois Press, 2014.
Sheehan, Paul. “Posthuman Bodies”. The Cambridge Companion to the Body in Literature. Edited by David Hillman and Ulrika Maude. Cambridge University Press, 2015: 245-260.
Torres, Daniel. “(In)somnio de Ana María Fuster Lavín”. Silencios de Papel, 2 defebrero 2013, Web.
 
Wasson, Sara y Emily Alder. “Introduction”.
 
 
 
Nota Editorial
 
El número 7 de la Revista del ICP, denominado Rostros y rastros nos permite mirar de
frente y sin simulacros figuras literarias, textos, personajes, y estereotipos de nuestra
historia desde otros lentes y posturas para descubrir una huella, quizás antes ignorada.
En este número le volteamos el rostro a autores como Abniel Marat: “uno de los
dramaturgos y poetas más importantes de nuestro país de las últimas décadas del
siglo XX y principio del XXI”, dedicándole el dossier que abre la Revista. Al revertir
lo dorsal de este expediente, puntualizamos la urgencia de acercarnos al maravilloso
y desafiante UNI verso Marat para: “que estos escritos sirvan como estímulo a otros
investigadores para ampliar el estudio sobre este autor y ahondar en la pertinencia,
pluralidad y relevancia de su obra”.1
Los artículos e investigaciones que conforman el cuerpo de esta publicación han sido
divididos en temas de historia, crítica contemporánea y literatura. Cada escrito señala
otros rastros para revisitar acontecimientos políticos y comportamientos históricos desde
diversidad de figuras como la mujer en su rol político, las familias emblemáticas, los
piratas y gobernantes. Estos últimos, desarticulados desde la aproximación poética de
uno de los textos.
En este número, los archivos históricos y las redes virtuales son parte de los escenarios
de investigación donde se van conformando o imaginando rostros que completen
nuestro quehacer cultural e histórico. Solo la “neoproximación” y la hibridez de
las miradas de los colaboradores de esta ocasión nos permiten reunir a escritores y
escritoras como Manuel Zeno Gandía, Rosario Ferré, Manuel Ramos Otero, Hiram
Lozada, Alejandra Pagán, [Ana] María Fuster Lavín, sin dejar de apreciar las nuevas y
agudas letras de Gaby Carle.
Dra. Doris E. Lugo Ramírez,
Editora y Coordinadora de Publicaciones seriadas, ICP
 
1 Palabras de Carmen Zeta, Coordinadora de “Universo Marat” coloquio auspiciado por el Instituto
de Cultura Puertorriqueña y celebrado el 28 de mayo de 2016, en la Librería del ICP.
 




“Sandra M. Casanova-Vizcaíno

 Es profesora asistente de español en el Departamento de Lenguas Romances y Literatura de la Binghamton University-State University of New York. Sandra ha publicado varioensayos sobre literatura y cultura del Caribe hispánico en Estados Unidos, España y Latinoamérica. Al momento, se encuentra finalizando un manuscrito de libro titulado El gótico transmigrado: horror y misterio en la narrativa puertorriqueña del siglo XXI. Además, está c[oe]ditando el volumen Latin American Gothic que será publicado por Routledge en el 2017.”