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miércoles, junio 13, 2018

Mariposas negras en Universo Gay.. reseña de Guillermo Arroniz López

Mariposas negras. Ana María Fuster Lavín.

Vuelvo, tras algunas semanas, a la literatura puertorriqueña, de la mano de dos queridos conocidos: María Martínez, querida amiga que me mantiene en contacto con la cultura de la isla a través de su generosidad, y Daniel Torres, profesor, autor, poeta que como crítico nos acerca con asiduidad a los libros de los escritores de la isla.

Guillermo Arroniz López • 08/06/2018
Mariposas negras | Foto: Uso permitido
"Mariposas negras" es una novela cuya protagonista es una adolescente al borde de la graduación. Hay muchas particularidades que la convierten en la heroína -y a veces antiheroína- de esta prosa cargada de poesía y símbolos, de imágenes metafóricas. Mariana (nombre que para mí tiene ecos inevitables de la España de los Austrias), es una chica muy sensible, que escribe poemas tristes, llenos de sombras y presagios de muerte. Sufre acoso escolar. Pertenece a una familia "rota" ya que su madre fue abandonada por su pareja y va de trabajo en trabajo, concatenando periodos de depresión y embriaguez con otros de serenidad y alegría. Madre que viene, a su vez, de una infancia traumática consecuencia de una madre practicante de una religiosidad fanática, mal entendida, enfermiza, y un padre débil, sin voluntad... aunque buena persona.
Además, volviendo a la protagonista, Mariana está enamorada de su amiga Laura, una adolescente un año mayor que ella pero que ha repetido un curso, y que parece contener varias personalidades, una de ellas violenta y vengativa, una especie de vampiro brutal de alas negras, un ser casi fantástico, que castiga a los hombre que abusan de las mujeres y acaba con su vida para acabar bebiéndose su sangre como aquella diosa egipcia que en su irá iba asesinando a la humanidad.

Hasta ahí la novela podría estar planteando una curiosa mezcla de realismo social -con foco en los abusos sexuales a menores, ya que Laura tiene un hermano autista del que también parece haber abusado su tío, cura de la iglesia católica con la que el libro resulta muy crítico- y elementos fantásticos o incluso propios del cómic. Sin embargo el planteamiento de la autora es más complejo que eso y permite una lectura polisémica del texto.
Y es que llega un momento en que cabe dudar si la protagonista es la misma persona que Laura, si tiene un trastorno mental que la impide ver la realidad tal como es y la interpretación según fragmentos de las realidad que se van configurando de distintas formas en su cabeza o si realmente tiene un poder que no puede controlar y que la hace no sólo retroceder en el tiempo sino convivir con noches de terror en la que es perseguida por seres sin ojos. El libro va hacia adelante y hacia detrás echando nuevas capas de realidad o narración sobre las anteriores de forma que no es fácil -si es que resulta posible- saber qué ha ocurrido exactamente. ¿Este personaje murió o en realidad está en otro país rehabilitándose? ¿A aquel abusador lo mató una de las adolescentes o lo asesinaron los compañeros presos en la cárcel o sigue vivo y en prisión? Personalmente no me ha sido posible decidir cuáles de algunas de estas opciones son las "correctas", pero quizá no haya unas correctas sino posibles versiones de una misma realidad. Incluso quizá la vida misma sea eso y la novela podría ser una gran alegoría de ese hecho que vivimos de una forma menos acusada para poder seguir adelante sin un importante desgarro mental y emocional.

"Podría vivir una vida distinta cada día y morir de forman tan variadas. Casi puedo ser un holograma. Una vida-muerte que se repite con distintos matices". Página 169.

Decía previamente que el texto llega a ser de gran fuerza poética y no lo digo por los versos -pocos- que se incluyen y que se atribuyen a la heroína-antiheroína, Mariana. Esa poesía se percibe en expresiones que fluyen en la prosa como:

"Todos nos respiramos. Los unos a los otros. Nos escupimos y hasta nos estornudamos y no nos damos cuenta de que entran pequeños pedacitos de otros en nuestro cuerpo. Camino y respiro a los que vienen y van. Me lleno de recuerdos ajenos y me libero de los míos. Sigo mi camino y espero a que me inhale algún turista y me lleve lejos, de regreso a su tierra, a otra ciudad, a otro país". Página 58.

https://www.universogay.com/libros/mariposas-negras-ana-maria-fuster-lavin__08062018.html


sábado, abril 07, 2018

Mariposas negras inspira a estudiantes a crear blog sobre el abuso de menores en puerto rico

Silencios de papel agradece y aplaude a los estudiantes universitarios Stephanie Rivera Vélez, Jennifer Contreras, Iveliz Calderón, Luis Cordero, Yamil Roque por la iniciativa de crear  un necesario blog sobre leyes, estadísticas, prevención y otros temas para denunciar el abuso de menores en Puerto Rico.

La escritora de la novela Mariposas negras se siente agradecida y conmovida, pues trabajó durante más de cinco años escribiendo y editando para darle voz a tantos adolescentes víctimas de abuso sexual, maltrato, bullying y de intolerancia por identidad sexual.  En especial, agradece al profesor Dr. Ricardo Rodríguez Santos, por su entrega, excelencia y profesionalismo, por hacer la diferencia e
inspirar a sus estudiantes a través de la literatura puertorriqueña actual.


Citamos una de las entradas del blog al que pueden acceder a través de http://mariposasnegras-spa.blogspot.com/

"Mariposas Negras
Tuesday, March 20, 2018

Introducción

 "Este blog fue creado como parte de un proyecto evaluativo  del curso: Español 215: Redacción Avanzada, dado en el la Escuela de Estudios Profesionales del Programa Ahora de la Universidad Metropolitana, el cual fue instruido por el Dr. Ricardo Rodríguez Santos. 

Según el prontuario presentado por el Dr. Rodríguez, el objetivo del curso es: "Profundizar en el desarrollo de las competencias lingüísticas a través del conocimiento y dominio del proceso de la escritura; mediante la exposición y el debate del taller de lectura y redacción."
Compuesto por los estudiantes: Stephanie Rivera, Jennifer Contreras, Iveliz Calderón, Yamil Roque y Luis Cordero. El objetivo del mismo es explicar más a fondo lo que es el perfil psicológico de los menores abusados sexualmente, enfocados en las consecuencias emocionales, utilizando como guía las preguntas: ¿Qué tan grave es el problema del abuso sexual en los niños? y ¿Cuál es el perfil psicológico del abusado? Esto se expondrá mediante el uso de estudios y artículos investigativos realizados por expertos. Al igual, se estará proveyendo las estadísticas más recientes que se pudieron extraer de la web sobre el abuso sexual a menores en Puerto Rico.

Este tema de investigación fue extraído en base a la lectura de la novela "Mariposas negras" (¨[ed. Isla Negra,] 2016), escrito por Ana María Fuster Lavín, en la cual Fuster nos expone a confrontar un tema difícil que toca a muchos niños y adolescentes hoy en día, el cual es, El abuso sexual a menores, mediante las vivencias de su personaje Mariana."



La novela está a la venta en librerías de Puerto Rico. En mayo 2018 sale la segunda edición de Mariposas negras (ed. Isla Negra) de Ana María Fuster Lavín.





lunes, febrero 26, 2018

“Deambulo por las calles. Las noches en Santurce tienen la capacidad de convertir todos los colores en matices del pardo. Los ruidos de esta ciudad cargan el aroma del abandono,
una particular textura del silencio.”

 

Ana María Fuster Lavín
Mariposas negras (novela)
 

jueves, febrero 01, 2018

repetirse de palabras, amar y morir... fragmento de mariposas negras


He pasado la noche cargada de esos sueños que se repiten. En ellos que habito en un juego de espejos y laberintos. Allí, gateo en las madrugadas como en un sueño abandonado. No sé cuánto tiempo llevo ahí, pero tengo tanta hambre… Sé que además allí hubo otra yo, que ya fue recogida. En este lugar, la basura se amontona junto a las sombras de la ciudad donde el día y la noche ocultan las dos caras de la muerte. Cada vez que uno de esos seres se acerca a mí, trato de gritarles. Solo salen leves gemidos de mi boca, acompañados del ronroneo de mi pecho. El miedo y el abandono son los ladrones del tiempo. En el momento de mayor terror, afortunadamente llega la calma cuando una mujer se acerca y me lleva con ella.

—Mariana, cada vez que nos amemos, morirás un poco.

Despierto una y otra vez. Escucho esa voz repitiéndome las mismas palabras. Amar y morir, ¿es ese mi destino?

 

Ana María Fuster Lavín
Mariposas negras
(novela)
Ed. Isla Negra, 2016
 

lunes, agosto 14, 2017

La escritora Ana María Fuster Lavin entrevistada por la Fundación Nacional para la Cultura Popular por el periodista Jaime Torres Torres



 


Fundación Nacional para la Cultura Popular | San Juan, Puerto Rico


La escritora Ana María Fuster Lavin es uno de los nuevos talentos de la literatura nacional. (Foto suministrada)


Escribir para existir

publicado el 5 de Agosto de 2017

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Publicar un libro es sentir la vida.

Así Ana María Fuster Lavin describe su misión y responsabilidad como escritora.



“Mariposas Negras” es su más reciente creación literaria. (Foto suministrada)

En estos días la autora celebra la publicación de la segunda edición de su novela “Mariposas Negras”, su más reciente creación literaria, que un sector de la crítica, como el dominicano Ángel Tellerías, ha descrito como “clave de lo gótico urbano caribeño”.

“Ahora en agosto, mi editor Carlos Roberto Gómez, de Isla Negra, donde tengo más de la mitad de mi obra, me informa que llega la segunda edición”, señala contenta sobre la obra que profesores de los recintos de Carolina, Humacao, Mayagüez y Aguadilla de la Universidad de Puerto Rico han asignado a sus estudiantes.

“Mi aspiración es hacer lo mejor y a la verdad que cuando termino un libro puedo estar en ese proceso de dos años de depuración, editar y corregir hasta que el lenguaje y el personaje logren transmitir la historia, como es el caso de esta pobre chica y la historia de sus sensaciones”.

“Mariposas Negras” es la historia de “Mariana”, personaje que vive y sobrevive inmersa en una madeja de maltrato y acoso, entre signos góticos y paranormales. Es literatura de terror que apela a gente joven, incluso a la llamada generación de los ‘milenials’.

“Es tan terrible lo del abuso de menores. A través de lo gótico, que es una forma de ver no solo lo que ocurre, sino lo que siente el personaje. Es un puente entre la palabra y lo que le ocurre”.

El personaje al que originalmente impartió aliento en un breve relato de tres páginas clamó su espacio en una novela de ficción con elementos de la vida real. Lo más que tiene “Mariana” de Ana María es su hipersensibilidad y su creencia de que, a pesar de lo terrible que le sucede, hay salvación a través del amor y la palabra.



“Verdades Caprichosas”, “Réquiem”, “El Libro de las Sombras” y “Leyendas de Misterios” son algunos de los títulos de la autoría de Ana María Fuster Lavin. (Foto suministrada)

“Con las desgracias que le ocurren a esta chica, uno piensa que a través de las palabras y el amor puede salvarse de las tinieblas del ‘bullying’, del maltrato sexual y sicológico; del estar enamorada de su mejor amiga y tener miedo. La novela sí tiene de mí cosas que me han ocurrido, como el tema de la violación que en mi caso no fue ningún familiar ni el papá de la amiga, como a Mariana. Sacar cosas de la vida ayuda a liberarte”.

Contrario a no pocos autores, Ana María Fuster Lavin no depende de la crítica porque escribir es “una necesidad urgente tal como sentir, comer y respirar”.

“No escribo pensando en una crítica, pero también entiendo que en nuestro País hay muy pocos medios para la crítica literaria y es una pena para uno mismo porque la crítica ayuda a aflorar lo que está ocurriendo en el País. Lo que nos salva es el Internet para difundir las obras”.

La vocación de Ana María por la literatura se originó en su niñez. Era muy tímida y soñaba con ser fotógrafa, inspirada por la poesía que revelan las personas y los edificios abandonados.

Los veranos en España su abuela le narraba historias sobre los horrores de la Guerra Civil y leía mucho, mucho. La pasión por leer y las historias de terror que le contaba a las vecinitas que cuidaba forjaron, poco a poco, la reconocida escritora que hoy es y que, al presente, ha publicado alrededor de una docena de libros en que cultiva géneros como la poesía, la novela, el ensayo y los micro cuentos.

“Recuerdo que sustraje del cuarto de mis hermanos mayores “Crónica de una Muerte Anunciada” y la desesperación en el pueblo con el pobre Santiago, que todo el mundo sabía que iba a morir, menos él. Y en “El Coronel no tiene quien le escriba”, cuando la esposa le pregunta al final qué van a comer y responde tierra, porque solo tenían mierda para comer. Así empecé a escribir”.

Sus primeras creaciones son cuentos inéditos, pero ya en cuarto año tuvo como profesor al poeta José Luis Vega, de la Generación del 70 y quien la familiarizó con la obra de Ana Lydia Vega, Magali García Ramis y la orientó a cursar un grado en Estudios Hispánicos en la Universidad de Puerto Rico.



Fuster Lavin afirma que en Puerto Rico se lee más de lo que se cree. (Foto suministrada)

La autora de “Verdades Caprichosas”, “Réquiem”, “El Libro de las Sombras” y “Leyendas de Misterios” opina que en Puerto Rico hay una cultura de la lectura o patrocinio de la literatura sólida, aunque son escasas las librerías.

“Se lee más de lo que se cree. El problema de las librerías no es solo porque no se lea, sino porque atravesamos una crisis asfixiante en la que sostener cualquier negocio en Puerto Rico es muy difícil. El mundo del libro no es un ‘fast food’. Requiere de otras cosas. Se consiguen libros por Internet porque se consiguen más baratos. Creo que el problema de las librerías tiene que ver con la crisis económica más allá de si se lee o no se lee”, señala Ana María al reconocer que hay deficiencias serias en el Departamento de Educación para fomentar tanto la lectura como la creación literaria.

En los próximos meses Ana María Fuster Lavin publicará varios poemarios, uno para adultos con Isla Negra y otro orientado a los lectores jóvenes con Ediciones Agua Dulce, además de continuar con sus conversatorios alrededor del País.

“Hay que leer y leer mucho porque eso nos abre los ojos de la sensibilidad. Escribir también porque es el puente entre todo lo que uno piensa y los demás. También no nos debemos quedar sentados en las casas. Hay que salir a protestar porque nos están aplastando nuestra cultura y nuestros derechos”.

 

sábado, julio 22, 2017

Reseña crìtica de Mariposas negras, por Angel Isian

Muy agradecida con el querido escritor y editor Angel Isian por su reseña crítica de mi novela Mariposas negras
https://www.goodreads.com/review/show/2022119378
Angel Isian rated a book it was amazing
Mariposas negras by Ana Maria Fuster Lavin


"Una novela oscura, desgarradora y apasionada. Ana María Fuster Lavín nos muestra por qué es la escritora gótica por excelencia de Puerto Rico, Caribe, y probablemente de todo el mundo hispano. En esta novela que lleva una prosa elegante, enredada en lapsos de tiempo que se adelantan y retroceden a son de alas de sus mariposas.
Mariana es una joven de escuela superior que vive enamorada de Laura, su mejor amiga, pero padece de unos lapsos de memoria y sonambulismo que afectan cómo percibe la realidad. Encima de eso ver a unos seres de sombras que parecen emanar de Laura y juntas deben llegar a los abismos de sus secretos más oscuros para poder sobrevivir el caso en el tiempo que sus sombras causan. La novela tiene una narración fluida, entretenida y ligera, llena de poesía y momentos tiernos, al igual de momentos de horror, de tragedias y abusos. Nos acerca a la realidad de la adolescencia sin pretender blanquearla con romanticismos absurdos sobre la niñez. La vida es cruda, a veces imperdonable, y deja que el peso de la vida caiga sobre estos personajes. La narración de la protagonista te deja a veces invierto, confuso como su mente y sus vaivenes en el tiempo. En más de una ocasión logra dar giros inesperados de una forma tan sutil que releerás los pasajes para asegurarte de haber entendido bien.
En medio de toda angustia, está la esperanza del amor, y nos deja la certeza que en efecto, solo el amor nos salva de nosotros mismos. Mariposas Negras es un maravilloso viaje de fantasía oscura, gótica y a la vez un thriller psicológico que te dejará la mente hecho un espiral de ideas y sensaciones. Es un soplo de aire fresco en la literatura local. Altamente recomendada."
Ángel Isián
escritor, maestro y editor puertorriqueño

Mariposas negras a la venta en http://www.editorialislanegra.com y las librerias:
Casa Norberto (Plaza Las Americas)
Laberinto (Rio Piedras y Viejo San Juan)
Libros Ac (Santurce, frente a Ciudadela)

jueves, junio 22, 2017

fragmento de entrevista Del closet a la palabra


A la venta en librerías de Puerto Rico:
 Libros Ac  (Santurce, frente a Ciudadela)
 Laberinto (Viejo San Juan y Río Piedras),
 Casa Norberto (Plaza las Américas)

por Internet:  http://www.editorialislanegra.com

más info fusterlavin@gmail.com

miércoles, mayo 31, 2017

Mariposas Negras


Mariposas negras a la venta en librerías Laberinto (Río Piedras y Viejo San Juan), Libros Ac (Santurce) y Casa Norberto (Plaza Las Américas)

Por internet a través de http://www.editorialislanegra.com

martes, abril 11, 2017

Comentario de la Dra. Alinaluz Santiago sobre Mariposas negras.


Esta novela es un entretejido de ternura, pasión y misterio en el que se define la poesía.  Al finalizar el tejido nos encontramos una historia sacada de la cruda realidad de nuestros pueblos, relaciones incestuosas unidas a relaciones de poder desgastadas.  Reconocimientos a través del vuelo de la vida, corto como el de las mariposas, tras la luz, dispuestas a quemar sus alas a cambio de un aromático  instante luminoso.  Mariposas negras (Ana María Fuster Lavín, Ed. Isla Negra, 2016), de pasión y de muerte, eros y tánatos, devenires deulezianos, sin tiempo, sin cuerpo. 

Alinaluz Santiago
Escritora puertorriqueña

 
Citas en la novela Mariposas Negras sobre la poesía:
 


“Escribir poesía es lo único que  disfruto cuando estoy sola. Es como si al juntar una palabra con otra pudiera entender el sentido de mi vida, de mis pensamientos. Tener esperanzas y volar. Puedo ser todo eso que deseo o ahuyentar las cosas que me han hecho y las burlas de mis compañeros.” (pág. 46)

“—La poesía… Son simples palabras que salen de mis manos, para no quemarme”. (pág. 73)
 
“Tal vez siga escribiendo poemas, pero ¿en qué trabaja un poeta? En otorgar juegos, emociones, exorcismos; en obsequiar caricias para la esperanza o ayudar a maquillar a la muerte para hacerla menos distante o ajena.” (pág. 169)

 
“Estás perdida en un presente que te ahoga de dolores. La poesía no te salvará, ella solo te da un intervalo para no enloquecer.”  (pág. 191)
 
Ana María Fuster Lavín, Mariposas negras,
San Juan/Santo Domingo, Ed. Isla Negra, 2016.

martes, abril 04, 2017

Lectura de Caricias del silencio ( Cap. I-Mariposas negras) y comentario de la catedrática Dinorah Cortés


Mariposas negras presenta fuertes resonancias fílmicas. (El misterio de la ambientación y la textura de la caracterización de las protagonistas evoca el filme irlandés-canadiense de horror The Moth Diaries.) Esta novela multifacética tiene sesgos de ficción juvenil, toda vez que trata con acierto peripecias correspondientes al género fílmico anglosajón conocido como "surviving high school". Sin embargo, el pathos brutalmente trágico que entreteje estas vidas adolescentes, nos adentra firmemente en un universo gótico poblado de crímenes perversos, alados encuentros, erotismo, muerte y venganzas justicieras. Contra este tenebroso telón de fondo, resplandece la amistad entre las dos protagonistas adolescentes, que acaso sea solamente una persona, en medio de una intensa y perturbadora narrativa, de lectura compulsiva, en la que amor y horror se imbrican.

Dinorah Cortés-Vélez
escritora puertorriqueña  y catedrática en Marquette University




 

I

 

Caricias del silencio o la invisibilidad

 

Me levanto. Observo mi cuerpo sobre la cama. La veo a ella, a mi lado, aguantando una almohada. Llora, también sonríe. Sigue siendo tan hermosa, como cuando nos conocimos de niñas. Ella acaricia mi frente. Estoy agradecida de su amor, su amistad y, en especial hoy, por obsequiarme la última caricia del silencio.

Me observo. Cumplí hace unos días veintitrés años. Mis recuerdos más remotos no tienen ojos. Son como un callejón de sombras que me rodean, sombras que deambulan también alrededor de mis sueños, de mis seres más cercanos. Miro hacia la ventana y puedo verme al otro lado, asomada con las manos en el cristal, pidiéndome abrirla para regresar a ella, a mí. ¿Soy yo esa chica al otro lado del cristal? Vuelvo a mirar y me difumino lentamente hasta desaparecer. Soy el aleteo de la soledad, un capullo que renace cada amanecer. Solo transformada una y otra vez hasta llegar al silencio eterno. ¿Se puede tener un final si nunca se tuvo un inicio?

Pienso en mi vida y trato de reconstruir mi recuerdo más remoto. Fui una niña robada en la noche, en las calles donde el tiempo es péndulo entre la vida y la muerte. Finalmente, ha llegado el momento de liberar este diario en espirales, antes de regresar a mi lugar de origen. Soy una historia perdida en la página de un diario. Tal vez sea solo eso, las anotaciones del diario que escribía mi mejor amiga, Laura. Quizá por eso tenía más de un diario. Mis memorias más remotas siempre me llevan a ella, a las calles, a los gatos, a esa chica al otro lado del cristal. Ella fue quien le dio palabras, y voz a mis silencios, eso que olvidamos y solo un aleteo puede ayudarnos a recordar, aunque sea por unos minutos. A fin de cuentas, ¿qué es el tiempo?

Estoy aquí amarrada a una cama, atada a la esperanza de entender todo lo que me ocurrió, o al menos intentarlo. Esa misma esperanza me confirma que ella regresará a mí y me ayudará a tomar una decisión. Son esas intermitencias de la muerte, las voces que salen de mi pecho. Ellas chocan contra las ventanas, hasta

fragmentarse en palabras sin sentido; para luego, recoger cada una y encajarlas como un rompecabezas hasta recordar o desaparecer. Y es que olvidar también es una forma de morir. Sin embargo, para olvidar hay que recordar. Una vez, mi maestro de historia en la secundaria me comentó que contar el pasado es una forma de liberarse de él. Me dijo: “Mariana, por más que duela, no puedes borrar cada pisada; cada rincón de tu corazón guarda una historia. Tienes que reconstruirla desde el origen: tu origen. Solo así serás libre”.

Una vez le comenté a John, mi mejor amigo de la escuela, que, para no enloquecer, me convenzo de que cada día tiene su propia historia. Igual, algunas especies de mariposas solo viven veinticuatro horas: despiertan, aman a otra mariposa; luego aletean hasta quedarse dormidas y mueren. Entonces, de qué sirve buscar de dónde venimos o quiénes fuimos o seremos. Tengo la certeza de que solo encontrando las palabras precisas podemos sobrevivir.

Desde que estoy aquí todos los días son iguales. Ya nadie me visita. Mientras, las palabras siguen siseando desde las ventanas de la habitación. Alzo las manos y las sílabas de cada aleteo acarician mis dedos. Una vez en la escuela traté de imaginar que uno podía contactarse con el silencio. Llegar a ese mundo donde todo es paz y poder organizar las piezas de nuestros recuerdos sin que los demás nos rompan. En mi caso nací rota: unos jugaron con mis pedacitos, algunos trataron de ayudar a reconstruirme. Habrán pasado quizá unos cinco años desde aquella noche cuando mi vida se detuvo. Fue la noche del baile de graduación de secundaria donde perdí el control. Poco a poco, todos también se perdieron de mí.

Pienso en Laura, que aún permanece aquí en mi cuerpo, mientras mi pecho emite ronroneos suaves. A su vez, la posibilidad de que, en realidad, me visite es lo que me ha mantenido viva. Estoy segura de que lo hará. Sin ella tampoco tengo la alternativa de morir. Por eso, en las noches viajo a cada momento vivido desde que ambas nos conocimos. Nunca me ha parecido rara esa imposibilidad de precisar cuándo fue que comenzamos a ser amigas, es como si ella siempre hubiese sido parte de mí, o yo soy solo una sombra que se escapa de sus diarios. A fin de cuentas, ella siempre dudó entre si debía leerlos o no. Sabía todo sobre mí. De ella, en cambio, solo sé lo que me contó, porque su alma es demasiado confusa para mí. Laura es mi día y mi noche, el aleteo constante del tiempo. Laura me dio la vida antes que mi propia madre, a ella le corresponde llevarme a la muerte cuando sea el momento.

¿Cuándo comencé a tener la noción de que el tiempo es relativo a los vaivenes del alma? No lo sé, quizá tan solo somos las historias que vivimos. Las mías comienzan poco antes de cumplir los once años y terminaron una noche poco después de cumplir dieciocho. Hace cinco años solo vivo en el olvido de Laura.

 


Ana María Fuster Lavín, Mariposas negras,
San Juan/Santo Domingo, Ed. Isla Negra, 2016, págs. 13-15.

 

martes, marzo 21, 2017

fragmento Mariposas negras y denuncia contra el abuso sexual en adolescentes Lcdo Ramírez de León, y Bosco Noriega

"[...]porque la literatura también retrata y denuncia a través del arte lo que viven demasiados adolescentes, en Mariposas Negras de la narradora Ana María Fuster Lavín se emplea un lenguaje que va de lo lírico a lo crudo para retratar los sentimientos de la adolescente víctima y lo duro realista para gritar lo que tantos pretenden silenciar. El octavo capítulo, de la parte II de la novela de fuster lavín es un buen ejemplo del dolor-belleza-denuncia-grito en este libro [...]" Bosco Noriega, fotógrafo puertorriqueño


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                 Mariposas negras
 
II.
Las alas de la noche
Capítulo 8
Todos nos respiramos. Los unos a los otros. Nos escupimos y hasta nos estornudamos a cada rato y no nos damos cuenta de que entran pequeños pedacitos de otros en nuestro cuerpo. Camino y respiro a los que vienen y van. Me lleno de recuerdos ajenos y me libero de los míos. Sigo mi camino y espero a que me inhale algún turista y me lleve lejos, de regreso a su tierra, a otra ciudad, a otro país.
 Llego al Puente Dos Hermanos. El silencio fue mi único hermano en las tardes de la infancia. Laura tiene a Lucas y con él de seguro no se le olvidarán las capitales del mundo. Tampoco tendrá vacíos en ese rincón de las noches cuando necesitamos una sonrisa confidente. Aquí estoy, conmigo. Recuerdo aquella vez que mami quedó embarazada de un ex. Lloraba tanto. Supongo que de miedo al principio; luego de alegría (yo estaba feliz con la idea); al final ambas lloramos de despedidas. Creo que ella también deseaba darme ese hermanito. Este silencio a veces se colma de gritos torturados.
Respiro profundo los susurros del salitre. Me siento en el borde del murito cercano al paso de peatones. Abajo está la playa. Mis piernas cuelgan. Ojalá pudiesen llegar al mar, sentir el agua en mis pies. La luna llena y el rugido de las olas alivian mi asco, mi dolor, las lágrimas, recuerdo esos horribles monstruos Sin Ojos; me digo que no tengo de qué preocuparme, que ellos solo habitan en las pesadillas. Pasan los carros y el coro de los demás, el reguetón, la salsa, el rock, los ringtones. Ya no odio a mamá. Nunca la he odiado. En estos momentos, estará dormida, borracha y mañana ni recordará lo que me dijo. Encontrará otro trabajo pronto. No suele estar sin trabajar más de una semana. Siempre hay mugre que otros están dispuestos a pagar para no tener que bregar con ella. Siempre es conveniente que otros recojan nuestra mierda.
Hoy Laura se fue de la escuela más temprano de lo usual. No le importa tanto que su papá esté reportado desaparecido; le preocupa su hermanito. Me dijo algo de un pálpito que tiene sobre Lucas. No la acompañé a casa aunque hubiese querido. Los últimos meses he preferido mantener distancia con sus padres. Su padre actúa como si no se acordara de todas las veces que me quiso hacer mujer en sexto y séptimo grado, y que, en efecto, lo cumplió comenzando en octavo grado. ¿Dónde se habrá metido ese hombre?
La última vez que me tocó fue aquel día que llegué a visitar a Laura sin avisarle primero. Ella había salido con su mamá y hermano a pasar el día con los abuelos en Cayey. Cuando llegué, su papá me abrió la puerta.
—Entra, Mariana.
—Vine por Laura. Vamos a estudiar juntas.
—Ay, no te dije. Ellos están en Cayey. Ven, te invito a merendar. Estás tan hermosa, que sería una pena dejarte ir.
—No quiero molestar —dije y me di la vuelta para irme, pero él me tomó la mano y me llevó hasta la cocina.
—Disculpa, hermosa. No te incomodes, esa faldita de cuadros te queda… Sabes, mi mujer usaba una así el día que la conocí. Ella estaba en tercer año, yo en segundo de universidad. No tenía tus caderas redondas, pero era divertida. Viajábamos, teníamos cada clase de aventuras… Ahora, nada, ni me atiende como hombre. Solo le importa el dinero y las tiendas. Tú sí sabrías atender a un hombre. Mamita, qué bella estás.
—Yo… —empecé a decir, pero no terminé. Él
puso un dedo sobre mis labios, para silenciarme con
una coquetería que me desconcertó.
—Lo que quiero es tener con quien hablar. Voy a atenderte como a una diosa. Imagino que tienes hambre, mucha hambre. Y no te imaginas cuánta tengo yo.
La verdad es que tenía hambre y la picadera me parecía de lujo. Llegué hasta a pensar que el pobre hombre solo se sentía solo. Me sirvió una copa de vino, me ofreció un plato con quesitos, aceitunas rellenas, unos pastelillos de salmón. Comentó que el vino es de no sé qué viñedo francés; que una chica guapa como yo debe degustar las cosas buenas de la vida. Halagó mi cabello, me soltó la coleta, me lo peinó hacia atrás y separó dos mechones largos sobre mis pechos, jugando con las puntas del cabello. En algún momento, me rozó los pechos. No le presté demasiada atención a sus historias de la juventud. Hay cosas tan ricas que jamás pensé probar; otras tan malas que nunca hubiese querido comer.
 
Ese día cumplió su promesa: me hizo mujer. Acababa de cumplir trece años. Después de dos o tres copas de vino, me llevó a la habitación que usa como despacho. Casi voy patinando por el pasillo, como si el pasillo tuviera una marejada. Llegamos al sofá. Tenía la vista nublada, pero observé esa sonrisa particular que ya le había conocido. Me quitó los zapatos y me masajeó los pies. Eso se sintió agradable, tan agradable que por poco no me daba cuenta del momento en que se acostó sobre mí para desabrocharme los botones de la blusa y el sostén. Con dedos y lengua, comenzó a jugarme con los pezones. Traté de empujarlo, pero a ese punto no tenía la fuerza suficiente. Escuché su risa como si viniera de tan adentro de su cuerpo que producía un eco. Me pasó la mano por la frente y me acomodó el cabello casi de forma paternal.
—No temas, es rico. Esto es lo que hacen los hombres cuando les gusta una mujer —dijo, y me quitó los pantis.
Traté de levantarme y me empujó de nuevo al sofá. En ese momento, miré el abanico de techo, que daba vueltas en cámara lenta, y levanté mis brazos para volar, pero había perdido mis alas. El hombre se bajó los pantalones y me mostró su pene duro.
—¿A qué soñabas con uno de estos? —Empezó a frotarlo frente a mi rostro. 
Me exigió que se lo chupara, pero me dio tanto asco que vomité. Me limpió, riéndose y diciéndome ñoñerías. Luego, pegó su cara a la mía. Olí su perfume de galán fundiéndose con un aliento amargo a vino y queso. Pasó su lengua por mi rostro y me obligó a agarrarle la erección. “Algún día lo disfrutarás más que a un caramelo”. Lo metió poco a poco entre mis muslos. Me volteó y me lo pasó por las nalgas, para que lo sintiera por atrás, pero no me penetró. Me palmeó las nalgas y volvió a girarme. Estaba mareándome. Vi las fotos de las paredes; en una, Lucas luce serio observando un gorrión; otra era una de Laura conmigo brincando la cuica; y otra era la foto de bodas de sus abuelos de Cayey. Justo en ese momento, sentí su pene entrando en mi vagina. Lo sacó y me lo mostró. Mientras, yo solo tenía tanto frío...
—Nuestro secreto, Marianita, disfruta. Voy suavecito. Qué rica estás… —Traté de soltarme, pero me aguantó fuerte por el pecho—. A que así te gusta, perrita, menea.
Estaba mareada y me dolía demasiado. Su pene entraba y salía; entraba y salía. Me impregnó de su sudor espeso y sus gemidos. Mientras me penetraba, pensé en Laura para no desmayar, casi logro sentir su aroma a perfume de lilas... Creía que nunca terminaría. El tiempo ha muerto. Laura… Lloré en silencio. Estaba muy débil. No sé si al final me desmayé o me dormí.
Abrí los ojos. Confundida, miré mi alrededor. Desafortunadamente, no había sido una pesadilla. Tenía unas nauseas horribles. Él ya no estaba conmigo, pero me dejo trancada allí, en la oficina del apartamento. Mi corazón estaba a punto de reventar.
¡Hasta que los demás llegaron! Escuché las voces de Laura cantando y de Lucas con sus capitales, pidiendo chocolatina. De seguro estaban en la cocina. Me vestí rápido. Me dolía todo y tenía algo de sangre entre los muslos. Agarré unos Kleenex y los puse en los pantis para no ensuciarme. Me escondí bajo el escritorio. Tenía tanto miedo de que me descubrieran que volví a vomitar en una pequeña papelera. Eché encima un periódico para ocultarlo. El ruido de mis latidos retumbaba. Alcancé un celular, pero estaba bloqueado con contraseña.
Ya casi era de madrugada, todos dormían. Yo también. Vuelvo a encontrarme en aquel callejón mi recuerdo más remoto de la infancia. Allí están los Sin Ojos, les grito para que finalmente acaben conmigo, pero pasan de largo sin reconocer mi presencia.
El papá de Laura entró a la oficina, me empujó suave los hombros y salimos en silencio al estacionamiento. Me llevó a casa. No le hablo por el camino. Él fumaba mientras tarareaba una canción de Reo Speedwagon. Me dijo al despedirse que todo había estado delicioso, que soy una mujer especial y que si llego a tener diez años más, se divorcia y se casa conmigo.
—No llores, Marianita. Yo te quiero. Me gustas mucho.
—Si me vuelve a tocar, se lo digo a Laura. Y si la toca, juro que lo mato.
—Tú no harías eso. Mira, lo nuestro un secreto muy lindo… Nunca lo olvidarás y yo tampoco.
—Tiene razón. Nunca lo olvidaremos.
Agarré un lápiz con punta que encontré en el asiento y se lo entierré en el muslo lo más fuerte que pude. Gritó de dolor, logró sacarse el lápiz enterrado y lo tiró por la ventana. No volvió a hablarme. Me separé de él lo más que pude. Estaba segura de que me iba a abofetear. No lo hizo. Solo se aguantó la herida con un pañuelo. Me di cuenta de que quería
decir algo, pero se quedó callado. Antes de bajarme del carro, le escupí la cara. Caminé a casa temblando y vomité de nuevo antes de llegar a la puerta. Eran las 5:30 de la madrugada cuando me acosté en la cama y lloré hasta quedarme dormida.
Ese día fue el mismo en que me bajó la menstruación por primera vez.
¿Y si pudiera volar? Dejar de sentir. Arrojarme de este puente y beber el aire mientras me voy perdiendo entre las olas, hasta ser salitre. Ser un poema, una noticia en los titulares del periódico sobre una suicida, una adolescente muerta, desconocida, convertida en mariposa negra.
 
O yo misma ser invisible."
 
Ana María Fuster Lavín, Mariposas negras, San Juan/Santo Domingo, Ed. Isla Negra, 2016, págs. 58-63
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Notas sobre el abuso sexual contra adolescentes, a propósito de Mariposas negras de Ana María Fuster Lavín
 
Mariposas negras(Ed. Isla Negra, 2016) de la escritora puertorriqueña Ana María Fuster Lavín nos obliga a visualizar y confrontar temas difíciles con los que lidian muchos jóvenes adolescentes en la actualidad, como la violencia de género y la sexual, así como abre un espacio para la discusión y comprensión de la orientación sexual. 
En particular, el abuso sexual contra los adolescentes es mucho más común de lo que se piensa.  Se da en todos los estratos sociales, y en casi todas las sociedades alrededor del mundo.  Incluso se ha dado entre Jefes de Estado y personajes poderosos. 
 
Sufrir violencia sexual durante la adolescencia es una de las experiencias más traumáticas y dolorosas que pueden vivir los jóvenes.  Las estadísticas demuestran que precisamente la adolescencia es la edad de mayor riesgo.  De acuerdo con el Departamento de Salud, la violencia sexual es un problema de salud pública que afecta física, emocional y socialmente la salud integral de la persona, su sistema de apoyo y su comunidad, a corto y a largo plazo.  
Las consecuencias en las víctimas son terribles.  Las secuelas de salud física, condiciones de salud mental, ausentismo, disminución de productividad y costo social de la violencia son de gran magnitud. Sin embargo es un problema prevenible mediante el aumento de factores de protección (educación, ofrecimiento de apoyo, promoción de recursos disponibles, investigación, capacitación y alianzas multisectoriales) y la disminución de factores de riesgo (inequidad de género, violencia familiar, problemas de salud mental y tolerancia social a la violencia). Por sus consecuencias e implicaciones en la salud física y mental de las víctimas, se estima que la agresión sexual es el crimen más costoso para el Estado. Aparte de las consecuencias físicas, tales como heridas, embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual y disfunciones sexuales, en los jóvenes que han sido víctimas de agresión sexual permean condiciones de salud mental como depresión, miedos, baja autoestima, trastornos, estrés postraumático, e ideas autodestructivas, incluyendo el suicidio.  Esto puede tronchar y desfigurar la vida de muchas de las víctimas, y afectarlas hasta la adultez. 
En el 2014 la Policía de Puerto Rico informó un total de 1,718 querellas de agresión sexual (incluyendo los delitos de violación, sodomía, agresión sexual conyugal, actos lascivos e incesto). La mayor parte de las acusaciones son por actos lascivos, seguido de violación y violación técnica.  En el periodo de 2013-2014 las salas de emergencia de la isla reportaron haber atendido 757 casos de agresión sexual (86% de registros recibidos de toda la isla).  Aunque esta es una cantidad alarmante, el Departamento de Salud entiende que la violencia sexual es uno de los crímenes menos reportados, esto debido a la naturaleza de los hechos, las implicaciones y el estigma que tienen estos eventos.  
 
Veamos algunos datos que hacen que la violencia sexual contra los jóvenes sea una verdadera pesadilla.
 
·         La violación es un problema de la juventud porque la mayoría de las agresiones son contra niñas/os y adolescentes. En Puerto Rico, el 57.6% de los casos son de menores de 14 años.  
  • Puerto Rico ocupa la posición número 17 en las tasas de maltrato de menores al compararlo con otras jurisdicciones de Estados Unidos. 
  • Un 22% de las sobrevivientes son menores de 12 años. En Puerto Rico el 40.5% es menor de 13 años.  De hecho, en comparación con los otros grupos de edad, la tasa más alta de abuso sexual (6.6%) se observó en el grupo de 12 a 14 años de edad.
  • El 92% de los casos la víctima conocía a su agresor(a). Más de una tercera parte (35%) de la totalidad de los casos el agresor es un familiar de la víctima.
  • Para el año 2010 se reportó que en EE. UU. ocurrieron 1, 270,000 violaciones a mujeres.  El 42.2% son agredidas sexualmente antes de los 18 años.
  • La tasa de violencia sexual reportada en Puerto Rico por la Policía es de 56 víctimas por cada 100,000 habitantes. Es decir, cinco víctimas diarias.
  • Las heridas físicas no genitales ocurren aproximadamente en el 40% de las violaciones; el 3% requiere hospitalización.
  • Entre los síntomas a largo plazo en las sobrevivientes se ha identificado: dolor de cabeza crónico, fatiga, perturbación del sueño, desórdenes alimentarios, disfunción sexual, intentos suicidas y aumenta en el riesgo de uso de sustancias controladas.
  • Las sobrevivientes de agresión sexual conyugal o de violación en una cita, están más propensas a presentar cuadros de depresión, fobia social y otros problemas psicológicos hasta 15 años después de la agresión si no se le ofrecen servicios de ayuda.
Es importante la discusión de estos temas, de manera que nuestros jóvenes conozcan e internalicen que el abuso sexual y la violencia de género es inaceptable e incluso es un delito.  Y como abogado, es importante que nuestros jóvenes conozcan que no están solos, y que tienen remedios y herramientas legales para defenderse de los ataques sexuales.
 Por último, como lector, puedo decir que la nueva obra de la Ana María Fuster, aparte de mostrar su dominio en la narrativa del arte gótico urbano, es un gran thriller psicológico con un final inesperado, que nos invita a acariciar la esperanza, hasta resurgir en un nuevo presente, ese que aspiramos a crear a partir de la comprensión de nuestra humanidad.
 
Lcdo. José Luis Ramírez de León
abogado puertorriqueño

Mariposas negras, a la venta en librerías de Puerto Rico,
fusterlavin@gmail.com  o editor@islanegra.com
Isla Negra 787-763-0178