blog de la escritora puertorriqueña
Ana María Fuster Lavín
--gestión cultural, cuentos, poesía, ensayos, fragmentos de textos, crónicas y fotografía-- Foto de portada AMFL
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“Tengo miedo de mi voz
y busco mi sombra en vano.
¿Será mía aquella sombra
sin cuerpo que va pasando?...”
Xavier Villaurrutia
He pasado la noche cargada de esos sueños que
se repiten. En ellos que habito en un juego de espejos y laberintos. Allí,
gateo en las madrugadas como en un sueño abandonado. No sé cuánto tiempo llevo
ahí, pero tengo tanta hambre… Sé que además allí hubo otra yo, que ya fue
recogida. En este lugar, la basura se amontona junto a las sombras de la ciudad
donde el día y la noche ocultan las dos caras de la muerte. Cada vez que uno de
esos seres se acerca a mí, trato de gritarles. Solo salen leves gemidos de mi
boca, acompañados del ronroneo de mi pecho. El miedo y el abandono son los ladrones del tiempo. En
el momento de mayor terror, afortunadamente llega la calma cuando una mujer se
acerca y me lleva con ella.
—Mariana, cada vez que nos amemos, morirás un
poco.
Despierto una y otra vez. Escucho esa voz
repitiéndome las mismas palabras. Amar y morir, ¿es ese mi destino?
Mariposas negras presenta
fuertes resonancias fílmicas. (El misterio de la ambientación y la textura de
la caracterización de las protagonistas evoca el filme irlandés-canadiense de
horror The Moth Diaries.) Esta novela multifacética tiene sesgos de ficción
juvenil, toda vez que trata con acierto peripecias correspondientes al género
fílmico anglosajón conocido como "surviving high school". Sin
embargo, el pathos brutalmente trágico que entreteje estas vidas adolescentes,
nos adentra firmemente en un universo gótico poblado de crímenes perversos,
alados encuentros, erotismo, muerte y venganzas justicieras. Contra este
tenebroso telón de fondo, resplandece la amistad entre las dos protagonistas
adolescentes, que acaso sea solamente una persona, en medio de una intensa y
perturbadora narrativa, de lectura compulsiva, en la que amor y horror se
imbrican.
Dinorah Cortés-Vélez
escritora puertorriqueña y catedrática en Marquette University
I
Caricias del
silencio o la invisibilidad
Me levanto. Observo mi cuerpo sobre la cama.
La veo a ella, a mi lado, aguantando una almohada. Llora, también sonríe. Sigue
siendo tan hermosa, como cuando nos conocimos de niñas. Ella acaricia mi frente.
Estoy agradecida de su amor, su amistad y, en especial hoy, por obsequiarme la
última caricia del silencio.
Me observo. Cumplí hace unos días
veintitrés años. Mis recuerdos más remotos no tienen ojos. Son como un callejón
de sombras que me rodean, sombras que deambulan también alrededor de mis sueños,
de mis seres más cercanos. Miro hacia la ventana y puedo verme al otro lado,
asomada con las manos en el cristal, pidiéndome abrirla para regresar a ella, a
mí. ¿Soy yo esa chica al otro lado del cristal? Vuelvo a mirar y me difumino
lentamente hasta desaparecer. Soy el aleteo de la soledad, un capullo que
renace cada amanecer. Solo transformada una y otra vez hasta llegar al silencio
eterno. ¿Se puede tener un final si nunca se tuvo un inicio?
Pienso en mi vida y trato de
reconstruir mi recuerdo más remoto. Fui una niña robada en la noche, en las
calles donde el tiempo es péndulo entre la vida y la muerte. Finalmente, ha
llegado el momento de liberar este diario en espirales, antes de regresar a mi lugar
de origen. Soy una historia perdida en la página de un diario. Tal vez sea solo
eso, las anotaciones del diario que escribía mi mejor amiga, Laura. Quizá por eso
tenía más de un diario. Mis memorias más remotas siempre me llevan a ella, a
las calles, a los gatos, a esa chica al otro lado del cristal. Ella fue quien
le diopalabras, y voz a mis silencios, eso
que olvidamos ysolo un aleteo puede ayudarnos a
recordar, aunque seapor unos minutos. A fin de cuentas,
¿qué es el tiempo?
Estoy aquí amarrada a una cama, atada a
la esperanza de entender todo lo que me ocurrió, o al menos intentarlo. Esa
misma esperanza me confirma que ella regresará a mí y me ayudará a tomar una
decisión. Son esas intermitencias de la muerte, las voces que salen de mi
pecho. Ellas chocan contra las ventanas, hasta
fragmentarse en palabras sin sentido; para luego,
recoger cada una y encajarlas como un rompecabezas hasta recordar o
desaparecer. Y es que olvidar también es una forma de morir. Sin embargo, para
olvidar hay que recordar. Una vez, mi maestro de historia en la secundaria me
comentó que contar el pasado es una forma de liberarse de él. Me dijo:
“Mariana, por más que duela, no puedes borrar cada pisada; cada rincón de tu
corazón guarda una historia. Tienes que reconstruirla desde el origen: tu
origen. Solo así serás libre”.
Una vez le comenté a John, mi mejor
amigo de la escuela, que, para no enloquecer, me convenzo de que cada día tiene
su propia historia. Igual, algunas especies de mariposas solo viven veinticuatro
horas: despiertan, aman a otra mariposa; luego aletean hasta quedarse dormidas
y mueren. Entonces, de qué sirve buscar de dónde venimos o quiénes fuimos o
seremos. Tengo la certeza de que solo encontrando las palabras precisas podemos
sobrevivir.
Desde que estoy aquí todos los días son
iguales. Ya nadie me visita. Mientras, las palabras siguen siseando desde las
ventanas de la habitación. Alzo las manos y las sílabas de cada aleteo
acarician mis dedos. Una vez en la escuela traté de imaginar que uno podía contactarse
con el silencio. Llegar a ese mundo donde todo es paz y poder organizar las
piezas de nuestrosrecuerdos sin que los demás nos rompan.
En mi casonací rota: unos jugaron con mis
pedacitos, algunostrataron de ayudar a reconstruirme.
Habrán pasadoquizá unos cinco años desde aquella
noche cuando mivida se detuvo. Fue la noche del baile
de graduaciónde secundaria donde perdí el control.
Poco a poco,todos también se perdieron de mí.
Pienso en Laura, que aún permanece aquí
en mi cuerpo, mientras mi pecho emite ronroneos suaves. A su vez, la
posibilidad de que, en realidad, me visite es lo que me ha mantenido viva.
Estoy segura de que lo hará. Sin ella tampoco tengo la alternativa de morir.
Por eso, en las noches viajo a cada momento vivido desde que ambas nos
conocimos. Nunca me ha parecido rara esa imposibilidad de precisar cuándo fue
que comenzamos a ser amigas, es como si ella siempre hubiese sido parte de mí,
o yo soy solo una sombra que se escapa de sus diarios. A fin de cuentas, ella
siempre dudó entre si debía leerlos o no. Sabía todo sobre mí. De ella, en cambio,
solo sé lo que me contó, porque su alma es demasiado confusa para mí. Laura es
mi día y mi noche, el aleteo constante del tiempo. Laura me dio la vida antes
que mi propia madre, a ella le corresponde llevarme a la muerte cuando sea el momento.
¿Cuándo comencé a tener la noción de
que el tiempo es relativo a los vaivenes del alma? No lo sé, quizá tan solo
somos las historias que vivimos. Las mías comienzan poco antes de cumplir los
once años y terminaron una noche poco después de cumplir dieciocho. Hace cinco
años solo vivo en el olvido de Laura.
Ana María Fuster Lavín, Mariposas negras,
San Juan/Santo Domingo,
Ed. Isla Negra, 2016, págs. 13-15.
Esta
novela es un entretejido de ternura, pasión y misterio en el que se define la
poesía.Al finalizar el tejido nos
encontramos una historia sacada de la cruda realidad de nuestros pueblos,
relaciones incestuosas unidas a relaciones de poder desgastadas.Reconocimientos a través del vuelo de la
vida, corto como el de las mariposas, tras la luz, dispuestas a quemar sus alas
a cambio de un aromáticoinstante
luminoso.Mariposas negras, de pasión y
de muerte, eros y tánatos , devenires deulezianos, sin tiempo, sin cuerpo.
Alinaluz
Santiago
UPR Humacao
Escritora
puertorriqueña
"Mariposas negras de la escritora puertorriqueña Ana
María Fuster Lavín es una novela gótica que también presenta el acto de escribir como
liberación, salvación, reflexiona sobre el acto de escribir, sobre la
equidad, sobre la libertad de amar, sobre la sexualidad sin
prejuicios, también denuncia el maltrato y abuso sexual de menores,
la violencia doméstica, la pederastia, denuncia los peligros
de los fanatismos religiosos y el bullying" E. J. Cabrera, UPR
El
personaje de esta novela de corte juvenil es mudo testigo del abuso sexual
rampante en nuestra “Isla del (Des)encanto”.Mariana sabe lo que le pasa, lo ha sufrido como una adolescente consciente
de las mal llamadas convenciones sociales.Ella logra romper el silencio de la víctima, le crecen alas de mariposas
negras y como una shapeshifter,o cambiaformas
de los relatos góticos, toma venganza de sus victimarios.El deslumbrante lenguaje poético de Ana María
Fuster Lavín impregna la prosa de esta narrativa que se subtiende entre el
verso y la oración, como unidades de significado que comunican el triunfo final
de la toma de poder sexual que experimenta la voz narradora como una
sobreviviente.
Daniel Torres
Ohio State University
Escritor y crítico
literario
Mariposas negras presenta
fuertes resonancias fílmicas. (El misterio de la ambientación y la textura de
la caracterización de las protagonistas evoca el filme irlandés-canadiense de
horror The Moth Diaries.) Esta novela multifacética tiene sesgos de ficción
juvenil, toda vez que trata con acierto peripecias correspondientes al género
fílmico anglosajón conocido como "surviving high school". Sin
embargo, el pathos brutalmente trágico que entreteje estas vidas adolescentes,
nos adentra firmemente en un universo gótico poblado de crímenes perversos,
alados encuentros, erotismo, muerte y venganzas justicieras. Contra este
tenebroso telón de fondo, resplandece la amistad entre las dos protagonistas
adolescentes, que acaso sea solamente una persona, en medio de una intensa y
perturbadora narrativa, de lectura compulsiva, en la que amor y horror se
imbrican.
Dinorah Cortés-Vélez
Marquette University
Isla Negra Editoresy Libros
Ac
invitan a la presentación de la novela
Mariposas
Negras
(de Ana
María Fuster Lavín)
A cargo del escritor y crítico literario
Alberto
Martínez Márquez
Conversatorio con Ana María Fuster Lavín,
Amárilis
Pagán Jiménez, Carmen Zeta yMelvin Rodríguez
"La promesa del timbre de su voz
se agazapaba en aquella cinta,
lista para saltar y herirme la amnesia."
Dinorah Cortés-Vélez
Silencios de Papel
comienza con emoción su 2da edición de destacados escritores invitados
con un relato de la escritora, catedrática y crítica literaria
Dinorah Cortés-Vélez
La
grabadora
de
cinta magnética era un armatoste en forma de cubo (como esos de tres
dimensiones que yo solía dibujar en mis libretas escolares, superponiendo
cuadritos para crear la ilusión de profundidad). La grabadora tenía dos bobinas
para insertar los carretes con cinta magnética y una tapa que, al cerrarse,
encuadraba el conjunto en una maleta con agarre, aunque no tan portátil a causa
de la construcción maciza del aparato. Desde que tuve uso de razón, estuvo
siempre allí, durmiendo el sueño de los justos, en la tablilla inferior
izquierda del divisor de madera. Como tantas otras figuritas que adornaban el
pesado mueble de madera de pino, la grabadora de cinta magnética no hacía sino acumular
polvo.
No había escuchado las cintas
apiñadas en una caja de cartón, con las solapas dobladas hacia adentro para que
no molestaran; caja que se encontraba en el compartimento del centro (el
divisor tenía tres hileras verticales de tablillas, para un total de nueve
divisiones), que quedaba inmediatamente a la derecha de la grabadora. Mami
siempre me decía que había que conseguir quien la arreglara, porque tenía algo
dañado desde antes de morir Papá. Pero entre esto y aquello, fueron pasando los
años y allí se quedó arrinconada, sin encontrar su uso. Para mi octavo cumpleaños,
ya toda la euforia eran los cassettes
que habían terminado por destronar a los eight-tracks.
Yo estaba agudamente consciente de que había una cinta en la caja, justo a la
derecha del armatoste, que contenía la voz de mi padre, muerto cuando yo tenía
dos años y medio en un accidente de carro.
La promesa del timbre de su voz
se agazapaba en aquella cinta, lista para saltar y herirme la amnesia. Muchas
veces me figuraba con una alegría aterrada que aquel eco se me habría de volver
laberinto de crueles ternuras, por donde yo como una Alicia enferma caería
libremente. Otras, me zahería el pensamiento de que la elusiva tonada tuviese
un timbre vulgar o, peor aún, despiadado. Pero lo que más me asustaba era la
idea de no poder escucharme en sus sílabas. Por ese miedo difuso como campana
gelatinosa de aguaviva, flotando con displicencia en mi infantil conciencia, y
por meras dejadeces de atragantada desmemoria, no le insistí a Mami que la
arreglara.
La noche en que los malandrines
irrumpieron en la casa listos para llevarse hasta el sucio de las esquinas,
Mami y yo dormíamos tranquilas, cada una en su cuarto, con sueño de peñón. Lo
único que previno un fin de letras rojas para nosotras dos, fue el portón de
rejas que Mami había hecho instalar no hacía ni una semana en el pasillo que
daba hacia las habitaciones y el baño. Al levantarse Mami primero, como solía
cada mañana, encontró la sala patas arriba. Los ladrones habían sacado las
hojas de cristal entreabiertas en una de las ventanas en la sala y tras haber
removido y torcido la rejilla metálicaque
la recubría y haberla colocado en el sofá, habían puesto manos a la obra. Se
llevaron cuanto pudieron. Parece, a juzgar por las cosas que se llevaron, que
no eran más de dos. Por ejemplo, dejaron el televisor por ser muy pesado, pero
cargaron con la maquinilla eléctrica de Mami, con la grabadora y con la caja
llena de cintas magnéticas. Cuando supe del hurto de la voz de mi padre, ahora
para siempre interceptada en la cinta inescuchada, fue como si el veneno de una
aguamala tomara asiento en el hoyo inesperado que me había dejado por dentro el
rumor de aquella voz de fuga sin tocata.
Dinorah Cortés Vélez. Escritora puertorriqueña y
catedrática asociada de literatura latinoamericana en Marquette
University, Milwaukee, WI, U.S.A. Ha publicado tres libros de ficción,
El arca de la memoria: una biomitografía (San Juan, Puerto Rico,
Editorial Isla Negra, 2011), Cuarentena y otras pejigueras menstruales
(San Juan, Puerto Rico, Editorial Isla Negra, 2013) y Poemas de la
soledad en Wisconsin (San Sebastián, Puerto Rico, Indómita Editores,
2015). Ha publicado diversos artículos de prensa cultural (Claridad, El
Post Antillano y Revista Cronopio). Se encuentra próxima a terminar el
manuscrito de su primer libro sobre Sor Juana Inés de la Cruz. Tiene
terminado el manuscrito de su primer libro de ensayos y también trabaja
en un libro de cuentos y un libro de poesía.