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jueves, abril 05, 2018

nueva antología de microcuentos Pecados y otras fechorías


De perversiones, crueldades irreverentes
y risas morbosas en la nueva antología:
Pecados y otras fechorías (ed. de autor, 2018)




“Seven deadly sins,
seven ways to win,
seven holy paths to hell,
and your trip begins”
Adrian Smith
y Bruce Dickinson




Dijo en una ocasión el teólogo italiano Tomás de Aquino, al que los católicos llaman santo: “Un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable, de manera tal que, en su deseo, un hombre comete muchos pecados, todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal. […] Los pecados o vicios capitales son aquellos a los que la naturaleza humana está principalmente inclinada”. De aquí, que sea una inclinación acertada del mundo literario escribir sobre ese lado llamado oscuro y natural del ser humano, puesto que el ser más pacífico encierra un pequeño perverso en su espíritu. Con esta reseña, además de invitarlos a leer, les presentamos una muestra de los textos más breves de cada autor del libro.

Aquella frase era lo único que había deseado escuchar de la boca de ella. Caer al pavimento desde aquel séptimo piso no fue lo suficiente para borrar su sonrisa.
Te amo, Nomar Niko Borrero

La tradición cristiana, además, nos plantea que son siete los pecados capitales (soberbia lujuria, gula, avaricia, envidia, ira y pereza) que nos llevan a cometer todo tipo de fechorías, aberraciones, atentados a lo social y religiosamente aceptado. Así, esta colección de brevísimos cuentos que se organizan en la antología, además de las siete secciones dedicadas a cada infracción de la moral (o del propio código penal), nos obsequia otros capítulos con títulos tan escandalosos como pérfidos: “Castraciones y otros placeres sexuales”, “Asesinatos y otras muertes naturales”, y “Juegos perversos, herejías y otras cosas divertidas”.

Sentía un hambre voraz cada vez que la veía, no pudo aguantar más y la mató. La cortó en pedazos y se la comió completa. Unos días después salió de paseo y, al ver a la vendedora de flores, se le despertó de nuevo el apetito.
Ganas de comer, Karielie Trinidad


Si cuando miras no me ves, no esperes encontrarme cuando me busques. //
Al finalizar el siglo XX se descubrió que, efectivamente, en el mundo de los albañiles solo hay espacio para los hombres. Todas las mujeres coinciden en que prefieren estudiar y ser arquitectas.
Declaración de amor y Machismo, Gael Solano

Es acertado el uso del microcuento o minicuento en esta colección, unos textos más sorprendentes y mejor trabajos que otros, pero todos conservan las expectativas del género: la síntesis, sin abundar en detalles ni descripciones, una sola situación inicial que cambia de repente, dando un giro sorpresivo e inesperado, normalmente pocos personajes o solo uno, muchas veces en primera persona. Así, estos autores recurren a la economía de palabras, no exentas de buen trabajo narrativo, para provocarnos el espanto o la carcajada. Además de aparentar ser una colección de amigos-escritores, divirtiéndose creativamente (aunque sea con malvadas ironías o morbosas situaciones) después de nuestras largas noches sin luz después del huracán, o bien juntos o desde un chat por Whatsapp. Y es que escribir y leer nos salvan hasta de nosotros mismos y nuestras sombras.

Decidió tomar la justicia en sus manos. Al ejecutar al criminal, se dio cuenta del grave error que cometió. La muerte era una sentencia liviana. En vez de entregarse, decidió no repetirlo en la próxima ocasión.
Vigilante, Eugenio R.D. Gil de la Madrid


En su tiempo libre mataba niños, el resto del tiempo era una niñera ejemplar.
Su colección favorita, Marimar Méndez Echevarría

Son esos también llamados los siete “vicios mortales” del cristianismo los que, si no rompemos de vez en cuanto, en mayor o menor proporción, atentamos a la creatividad misma sin límites, sin prejuicios, sin anhelos. Esto lo tienen claro los autores convocados en esta publicación: presentado el pasado “sábado de gloria” en Libros Ac, a casa llena y con la escritora Awilda Cáez como moderadora.

Decidió no invertir en darle cariño a su sobrina para no tener que comprarle regalos o dejarle herencia. Ella también ahorró bastante cuando escogió el asilo.
El amor perdido, Iris A. Medina.

Estas pinceladas o celajes de fantasía, humor negro, realismo sucio, horror, burla, crueldad, crítica sociopolítica de decapitaciones, sexo, perversiones, herejías, todo lo que puedas imaginar en menos de una página cada uno. Los autores de esta antología son: Nomar Nikko Borrero, Karielie Trinidad, Marimar Méndez, Eugenio Gil de la Madrid, Iris A. Medina, Pabsi Livmar (ganadora del X Premio de Literatura Infantil El Barco de Vapor de la Fundación SM con la novela juvenil El visitante de las estrellas) y quien convocó este encuentro de “pecadores” apalabrados, Gael Solano (novelista  y director del programa escolar del Festival de la Palabra). Cada uno con su estilo particular en cuanto a la atmósfera, la estructura y estilo, bien te harán reír desde la irreverencia, meditar, sentir empatía, o te provocarán pesadillas.

He perdido la cuenta de los días. Queríamos huir de Trujillo y nos topamos con otro mal. Gimena no para de sangrar. Debe ser el estrés. Igual le ocurrió la primera vez que nos cruzamos: el amor a primera vista la llevó a derramarse en coágulos.
Se pone una mano sobre el vientre. No se queja, aunque los cólicos y retortijones le hagan perder el mundo de vista. Debe ser la costumbre. Pongo una mano sobre la suya. Dicen que el calor ayuda.
—Tengo frío. Saca agua.
Aunque ya me he manchado la ropa y la piel, se me revuelca el estómago cuando agarro el primer buche. Un pequeño coágulo se balancea entre mis dedos.
Tiro el agua por la borda lo más rápido que puedo.
Cuando solo queda una leve capa al fondo, me limpio en el mar y miro hacia la distancia. Reconfirmo que el horizonte nunca llega.
Ovarios poliquísticos, Pabsi Livmar


El próximo encuentro con estos siete pecadores es este fin de semana en el Festival de la Palabra, el domingo a las 5:00 p.m. en la YWCA (Ave. Ponce de León al lado del Conservatorio de Música, carpa de presentaciones). Además, te invitamos a leer (y comprar la antología), Pecados y otras fechorías, publicación que ya está para la venta en Libros Ac, el domingo lo estará en la presentación y desde el lunes, en otras librerías.

escrito por Ana María Fuster Lavín
escritora puertorriqueña
para Silencios de Papel

martes, abril 03, 2018

Apalabrar Santurce entre imágenes y pisadas




“Santurce, un libro mural” (Rafael Trelles y Francisco Font)

 reseña-crónica por Ana María Fuster Lavín



“En el principio fue el mar y los manglares: la sal, el fango y los mosquitos. Tijeretas y
pelícanos se repartieron en el cielo; los cangrejos se enseñorearon de la tierra. Después vinieron las gentes cobrizas, quienes primero me nombraron y se llevaron el nombre con su parcial exterminio. Un puñado de criollos renegados y muchos negros –esclavizados y libertos pancaribeños– fueron haciendo de mis colinas su destino. La ermita fue parte, pero la consagración, muchos años después, fue empeño del capitán Cortijo. Ocurrió 100 años antes de la abolición de la esclavitud: Cangrejos, el primer pueblo fundado por negros” Francisco Font Acevedo, Crustacea mundi (en un muro cerca a la iglesia de San Mateo)





Crustacea mundi es el origen, como bien podría ser el final de un recorrido, desde San Mateo a Villa Palmeras, de Barrio Obrero a Miramar. Santurce es un barrio para vivirlo, soñarlo y hasta llorarlo de nostalgias. Sus calles, edificios y sectores nos seducen desde la multiplicidad de posibilidades de reconstruirnos, de revivir y rescatar la historia, la decadencia y sus disparidades; los colores y olores; de la riqueza y la pobreza. Es tan dolorosamente rico en la diversidad. Es tan generoso en sus esas historias que nos regala a los escritores y artistas plásticos y fotográficos que recorremos sus avenidas, calles, callejones…

Ser parte de una comunidad es vivirla, sentirla, trabajarla, disfrutarla y colaborar de forma creativa todas estas expectativas. Así fue el sueño del destacado pintor, escultor, performero, fotógrafo, artista gráfico y autor de diversos trabajos experimentales, el santurcino Rafael Trelles, quien estuvo desde la década de los 80 ideando un proyecto urbano de imagen y palabra provocado por la magia y estructura de Rayuela de Julio Cortázar.  Se hizo posible al contactar al escritor Francisco Font Acevedo, autor que escogió Santurce como el lugar idóneo para este concepto. Así ambos estuvieron varios años diseñando, soñando, con ilusión y mucha disciplina. Primero los textos de cien palabras, luego las imágenes (unas en lápices de colores, otras son fotomontajes de arte gráfico, impresionantes todas), que no describen o ilustran sino conversan y transforman cada una de las 22 paradas seleccionadas que componen Santurce, un libro mural.



Según lee el comunicado de prensa: “Se trata de un proyecto pictórico-narrativo de intervención urbana creado por el escritor Francisco Font Acevedo y el pintor Rafael Trelles en colaboración con el Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico (MAC) y su visionaria e incansable directora Marianne Ramirez Aponte, quien además diseñó el logo de Santurce, un libro mural. Esta iniciativa invita a residentes y visitantes de Santurce a recorrer y apreciar el legendario barrio de la capital puertorriqueña mediante la lectura de veintidós piezas de arte público ubicadas en diferentes puntos de la ciudad.”  



Son 22 obras de arte, 22 textos, 22 arcanos del tarot, plasmados sobre carteles plastificados y atornillados en distintos muros y vitrinas, que recorren los puntos cardinales de Cangrejos, recreando mitos, historia, personajes, vida e imaginación a través de los ojos y manos de ambos artistas puertorriqueños. Aquí, “…[l]ees una crónica del asombro, un oráculo posible, un homenaje en dos tiempos. Descuida si no entiendes: el malentendido es ruido inevitable de la ciudad…” (Font-Acevedo, El reto).



Describe la página virtual del Museo de Arte de Puerto Rico, la obra del artista visual, reconocido internacionalmente, su obra “se nutre de referencias tanto a la obra surrealista de Max Ernst como a la mitología y la literatura universal.  Su pintura, de impecable factura, es un viaje a un mundo esotérico y fantástico de personajes asombrosos en escenarios oníricos donde se siente la soledad.  Recientemente ha incursionado en el arte público con imágenes que “dibuja” con manguera a presión sobre el hollín de muros, aceras y otros espacios, lo cual llama “gráfica urbana”, características que vemos a través de las obras que componen el libro mural.”. (http://www.mapr.org/es/museo/proa/artista/trelles-rafael)Según relató el artista Rafi Trelles antes de comenzar el del 17 de febrero de 2018 (en la entrada del proyecto Enlace del Caño Martín Peña donde cerca podemos disfrutar de tres de los relatos murales).



“Cada una de las piezas recrea en imagen y palabra el imaginario histórico de Santurce. Nuestra intención con este proyecto es que el peatón recorra el barrio siguiendo el orden de su predilección, construyendo así su propia narrativa, su propio libro. De este modo, la lectura del libro y el recorrido por Santurce resultan en una experiencia interactiva y doblemente enriquecedora”, afirmó Francisco Font.  Autor rincoeño, nacido en Chicago, pero que ya adoptamos como santurcino ilustre, es autor de los libros: Caleidoscopio (Ed. Isla Negra, 2004), cuentos; La belleza bruta (Ed. Tal Cual, 2008.), cuentos, y la novela La troupe Samsonite (Ed. Folium, 2016), además lo recordamos como crítico de libros para Radio Universidad y la revista Plural.



“Hartos del mall y la suburbia regresarán a una imaginaria ciudadela. Con barbas toscas él, tatuada y sin maquillaje ella, ambos –con botas– volverán sobre los pasos de antepasados desconocidos. A pie y en bicicleta recorrerán mis calles, pintarán murales, en inglés y español me profesarán una devoción casi publicitaria. […] Luego, como tantos antes, partirán en busca del próximo paraíso.” (Font-Acevedo, Los regresados, en la calle Loíza)



Así como retrata visualmente uno, describe en palabras el otro, dejamos por el momento nuestro ritual de lo habitual, salimos de nuestro escritorio o galería, o cerramos ese libro que nos está haciendo viajar desde un sillón ante los arcanos y aunque “Santurce no es una visa para soñar” (Font. Aquí Leemos la ciudad de la mirada de ambos artistas, así como leemos nuestras propias vivencias. Así este proyecto nos invita a entender nuestro Santurce, ese que nos habita, que recorremos cada día, ese que algunos se han dado la tarea de historiar como el recordado Fernando Picó. También nos lleva a vislumbrar un futuro para una ciudad de abandonos, pues es uno de los aspectos de la palabra son la perspectiva de transformación y permanencia. Viajamos, pues, con esta obra en 22 estaciones, de forma creativa del mito a la historia, al presente y, por qué no, a un posible   Así nos comenta la narradora y periodista Ana Teresa Toro:



“Al recorrer este libro mural, es posible no solo viajar al paso, sino también asomarse al futuro desde la aguda lectura del presente. Leer un libro es atreverse a escuchar un oráculo, no seremos los mismos después de atravesar las historias que en él convergen […] Leer un libro no es otra cosa que una obra más de la fortuna, porque ni todo el ingenio del mundo […] ni toda la voluntad de ser un dios que tenga el autor, podrá intervenir o interrumpir el camino fortuito de esa abstracción absoluta que son las letras y las imágenes cuando manifiestan el abismo de las historias que nos habitan”. A. T. Toro, “Andar sobre la hoja”, en catálogo Santurce, un libro mural, San Juan, Pub. Museo Arte Contemporáneo de Puerto Rico, 2018, pág. 14



Manglaria es una de las páginas-mural más hermosas, con una impresionante ilustración de Rafi Trelles, hecha el original a lápiz de color y cuya modelo es la actriz Dolores Pedro, está localizada a la entrada de la comunidad de la Parada 27, en la Ponce de León, poco antes de la entrada del proyecto enlace. Mientras aprecié en el recorrido esta obra, una vendedora de frutas nos vendió vasos con trozos de sandías y piña. Ciudad, recorrido, arte, comunidad, prometen a cada paso, en cada momento. Igual me ocurrió el día que visité El Lazareño, en la calle Hipódromo a unos veinte pies de la intersección con la Ave. Ponce de León, con un dibujo de uno de los deambulantes ilustres del barrio, cuyo nombre es Julián. Paré a leerlo y retratarlo, al verme una señora mayor con un impresionante dubie dubie, paró a leerlo con la misma devoción de una estación del vía crucis cristiano. Sentí una emoción y empatía (aunque nunca me he hecho una de esas cosas en el cabello), el arte nos une.



Y es que una de las cartas triunfadoras de este proyecto es complicidad artística entre Trelles y Font es evidente no solo al explicar sus obras, aun sin conocerlos se ve la compenetración de la imagen y la palabra, las interpretaciones de ambos artistas son dos, son una. Al igual múltiples como las que les damos al observar-leer-sentir. Así los dos artistas han logrado en sus 22 arcanos sacar de la rutina del ir y venir rutinero por las calles, a leer, apreciar el arte, a “tener otros objetivos”, citando al propio Trelles.  Igual tenemos un documental sobre este proyecto filmado y editado por el cineasta Tito Otero, que no se pueden perder en https://www.youtube.com/watch?v=4-5CMWQ_lP4



Comenta el historiador y escritor Mario Cancel en su libro Literatura y narrativa puertorriqueña (San Juan, Ed. Pasadizo, 2007) que “no se hace literatura en el silencio y el aislamiento. … La escritura es una reescritura abierta, un medio mixto de cosas que se recogen de una diversidad de lugares, o del reino de lo heterogéneo. … La alternancia caótica es la regla”.  Así son estas obras para observar y leer, desde la multiplicidad de los habitantes fundadores como actuales o, tal vez, solo visitantes casuales del barrio cangrejo.



“Entre el pudor y el desenfado se equilibran mis amantes clandestinos. […] Solo por la Ashford o las
inmediaciones de la Laguna los más atrevidos sacaban a pasear el amor de la mano. A resguardo ha sido su amor pero cada vez menos, pues desde hace veintitantos años marchan por mis calles en reclamo y celebración de sus colores. Mía ya es su bandera de arcoíris y mis dominios, uno de sus baluartes”. (Font-Acevedo, El arcoíris, en la vitrina del emblemático negocio Tía María, Ave.  de Diego)



Queda de nosotros recorrer Santurce en imagen y palabra, cuerpo y sangre de las historias, de sus habitantes y transeúntes, de sus esplendores e historias ocultas más allá de los juicios valorativos, más allá de la oferta y la demanda, y de los aburridos sermoneos. Ser empáticos con todos los personajes que viven en nuestro barrio, escuchar los latidos de sus sueños, de su ayer, su mañana y, en especial, el hoy (convulso, incierto, abrumador, también cargado de esperanza y creatividad, al fin de cuentas estas dos son nuestros arcanos principales). Esta es la palabra-imagen del dúo Font-Trelles que construye y reconstruye ese lugar llamado Santurce. Así como nos invita el narrador El reto, “Agúzate: Santurce vive, Cangrejos aún respira”. Tenemos que seguir tomando nuestras ciudades y barrios, llenarlos de voces, palabras, artes y así salir de las sombras de la rutina.







Ana María Fuster Lavín

escritora puertorriqueña

residente en Santurce



Fotos por Miguel Marín-Fuster y Ana María Fuster Lavín.

Más información en  http://www.santurceunlibromural.com



publicado la revista Cruce de la Universidad Metropolitana de Puerto Rico, edición de marzo 2017

lunes, noviembre 14, 2016

Ana María Fuster Lavín y su novela: Mariposas Negras (2016): la vida y la muerte como una sola travesía entre la pesadilla, la duermevela y el insomnio


Ana María Fuster Lavín y su novela: Mariposas Negras (2016): la vida y la muerte como una sola travesía entre la pesadilla, la duermevela y el insomnio

Por Dra. Beatriz Santiago Ibarra
Escritora y crítica de arte
 



“En toda mujer hay fuerzas poderosas pendientes de descubrir”.  Lo señala la escritora y psicoanalista junguiana[1]Clarissa Pinkola Estés, en su obra Mujeres que corren con los lobos[2].  La escritora de San Juan de Puerto Rico, Ana María Fuster Lavín y su literatura son parte de esa pronunciación, a través de la cual lo espiritual-psíquico se mueve a la par, a punto de equilibrio con el arte de escribir; es decir queda sellada la pronunciación en la nueva novela de la autora, Mariposas Negras.

Después de haber visto sus cuentos tal cual “fenómenos curativos del alma”[3] en Carnaval de Sangre (2016), leo el manuscrito de las Mariposas Negras, para por fin entender que esa alma no es sino la entelequia y que una de sus partes o núcleo esencial es la conciencia. […]

I.                   Notas al primer capítulo: Caricias al silencio: la invisibilidad


Mariposas Negras, tiene un abordaje hacia el espacio de la soledad perenne que en la obra anterior de Fuster Lavín nos embarcamos en él, pensando en que la escritora y sus palabras inducen a un vacío: en el sentido del vértigo del abismo; tal cual símbolos de esa soledad respirada por el lector en cada inhalación de la lectura.  Más, ese solipsismo no es hueco, y precisamente es la metáfora del insomnio (otro constante  en su obra), la que ahora señala, que tanto la soledad, así el silencio, poseen sus propiedades de tiempo; espacio; cuerpo; invisibilidad; visibilidad; y tantos otros elementos y conceptos como aquellos sostenidos por la “realidad” extrínsecamente a lo que vivimos y pensamos.

En la novela se afirma que esa metáfora, además de encontrarse siempre bien despierta y erguida, duerme, y hasta se permite soñar en vertical. ¿Armonía de los contrarios? Podría ser.

La historia que presenta esta ficción es la típica relación de dos adolescentes colegialas, Mariana (protagonista) y Laura (coprotagonista) que cotidianamente viven como todas las niñas de su edad, comparten con amigos y amigas, que excepto John (el amiguito más íntimo de las dos); el maestro de historia, Míster Jaime Flores y Lucas, el hermanito menor de Laura (un niño autista), el resto de los amigos son personajes siluetas, que inciden en la trama, desde el punto de vista de los monólogos interiores; del tipo “stream of conciousness” (flujo de conciencia) del personaje de Mariana que dominan la narrativa, complementados por las descripciones de los diarios secretos de Laura.  No obstante, en ese día a día de levantarse, desayunar; ir a la escuela; portarse a veces bien, a veces mal con los maestros; ir a estudiar todos juntos; o el grupo de las chicas ir a comer “yogures”, subyace una intrahistoria de horrores y espantos: Mariana es víctima del  “bulín” de parte de algunos mal intencionados compañeros de clases; víctima de violación y abuso sexual por el padre de Laura desde los once años; brutalmente victimizada por su propio padre y unos amigos en el cuarto de un hotel (durante las primeras y últimas vacaciones que fue a pasar sola sin su madre).  Lo que lleva a Mariana a convertirse en una niña “rara” para todos, creando así mismo, un ambiente enrarecido en su mente y en derredor de sí misma, en donde el tiempo no es lógico, ni preciso; y aunque uno de los “leitmotiv” en la narrativa es la alusión a que su reloj despertador suena a la 5:30 am; es precisamente esta imagen, lo que indica la no constancia de la historia; el destiempo, incluso la misma hora de su fin.  Laura es víctima de una violación brutal y a Lucas su hermanito autista, el hermano gemelo de su (proxeneta padre), un incisivo pedófilo (diácono de la iglesia) también lo victimiza y abusa.   La vida de la madre de Mariana es antisocial, ya que Gloria es dipsómana y prostituta.  Dista mucho de ser un modelo para su hija, la que lucha por lo que cree genuino en su vida, el amor de pareja, que siente y tiene con su amiga Laura.

Recurro una vez más a la frase de Mario Sotil[4] en torno a la literatura de Fuster Lavín “hay que dejar que la literatura asuma el papel que le corresponde”.  En el caso de la autora es así, y aquí en Mariposas, más que en toda su literatura ella lo permite.

El epígrafe que al comienzo de capítulo, la autora ubica como sentencia es, del escritor Eduardo Galeano[5], asegurando que cada quien es la propia historia cotidiana.  Ese comienzo del personaje de Mariana de “estoy aquí amarrada a una cama” se siente como inercia; mas no es sino el impulso que Fuster Lavín le da a su personaje para contar todas las historias, con tal de no olvidarlas.

Mariana es la que yace en lo corpóreo, visionando desde lo espiritual, el alma de su poesía (es poeta)  utiliza su poesía  o bien el conocimiento de esta (estética) y los diarios de su amiga Laura (símbolos del arte de escribir)- la crónica- la literatura; (el canon[6]) para el recuento de esas historias  que desde principio o fin de la novela se cuenta desde la cama de un hospital psiquiátrico donde se encuentra Mariana. Oscilará el discurso entre lo ético (ley), literaria y lo estético (lo bueno, lo bello, la bondad) El lenguaje es el verdadero protagonista. Si en Finnegan’s Wake, novela del escritor irlandés James Joyce[7], el personaje debe despertar para continuar escribiendo, en Fuster Lavín, el despertar desde el alma es concientizarse para salir de las “redes sociales” atrapantes, impidiendo, estas, que se escriba, que se narre y se ame.  En Mariposas el motivo para lograrlo son las mariposas negras (las monarcas): ¡que solo viven; aman; trabajan; discrepan, en un espacio de tiempo de veinticuatro horas!  Se puede afirmar desde este primer capítulo lo que la autora dice, “tengo la certeza de que solo encontrando las palabras precisas podemos sobrevivir”.

No se puede precisar de la palabra escrita.  Náutica de mares y océanos de la psique, es la narrativa de Mariposas.  Mariana y Laura son las esclusas, para que la travesía logre que la trama fluctúe y pase de un estado a otro.  Por ello el párrafo final del primer capítulo es piedra de toque para la comprensión de los demás en esta novela.

¿Cuándo comencé a tener noción de que el tiempo es relativo a las variaciones del alma?  No lo sé, quizá tan solo las historias que vivimos.  Las mías comienzan poco antes de cumplir once años y terminan una noche poco después de cumplir dieciocho.  Hace cinco años solo vivo en el olvido de Laura[8].

Aquí, es cuando la lectura la realizamos.  La comenzamos a conocer desde otra pregunta ¿Cómo puede la literatura no recordarnos a los que la escribimos?  Quizá porque la literatura responde a una leyes autónomas y tienen que ver con el atuendo con el que se viste; la ficción.

 

II.                Apuntes para el segundo capítulo: Las alas de la noche

Debemos tener en cuenta que la ficción de Fuster Lavín convierte a la ética en estética y no al revés.  Por ello se manifiesta en el tipo de lenguaje utilizado, el que aun escribiendo un acto de pedofilia, es sumamente especial, a través del cual toma una acción como sujeto y así ese elemento o parte de un personaje aparecen “pro nombrados” (con un pronombre): “Pasó su lengua por mi rostro y me obligó a agarrarle la erección”.[9] “Erección” por pene, cuando en realidad es el pene (miembro del sujeto) y la erección, el acto (el predicado). Hasta los símiles y todo el lenguaje figurado son distintas escrituras anteriores que conforman el canon. Lo demuestra tal cual, al entrelazar coloquios y diálogos del lenguaje callejero de los personajes: jergas y regionalismos caribeños. Ya la poesía de esos monólogos interiores y su flujo de conciencia.  Sí, exhibe “la dialógica imaginativa” de la que tanto habló, Mijaíl Bahktin.[10]

El lenguaje se postula entre un realismo crudo, pero goyesco,[11] tan así como decir “gótico” con vicios de ambiente de novela negra con recorridos en esas “travesías” soportadas tipos “thriller policiaco”: “Somos tan apáticos ante el dolor ajeno que nos hemos ido convirtiendo en fantasmas de una humanidad perdida”.[12]

En relación a los personajes, Fuster Lavín explora el referente del heroísmo norteamericano, engendrado en el “comic”; que tanta fibra psicológica y filosófica nos da a los lectores en todo tiempo: Batman y Batichica (son los apodos que John y Mariana utilizan uno con el otro).  Además de Mariana reconocer en Buzz Lightyear, al buen mensajero y excelente amigo que John= Buzz ha sido, tanto para Mariana, como personaje en “The Last Airbender” del programa para jóvenes de la televisión y del cómic, así es héroe dentro del tiempo y la acción de la novela Mariposas Negras.  Fuster Lavín teoriza, no solo con la vida y la muerte (tal cual sentidos lineales en la mente de los personajes) sino también con la felicidad en calidad de mediadora.  Es personaje intelectual y más allá de ello, es espiritual.  No es real en la ficción, pues menos en la realidad.  La alegría es invento del alma.

Mariposas Negras, es título- símbolo, y justo al final del segundo capítulo se descubre.  Son ellas, Mariana y Laura (las mariposas).  Refiérase a ese primer amor puro, que se experimenta y siente por primera vez en la vida y que nunca se olvida, y es el “modus vivendi”[13] hacia ese tipo de amor; lésbico-espiritual y fundamentalmente poético, el que la sociedad discriminatoria plagada de machistas (de ambos géneros) proxenetas, pedófilos o pederastas, abomina.

Los “Sin Ojos” “son las especies más peligrosas”.[14]  Para nosotros, los lectores son fantasmas; pero ¿lo son? O es una especie más de la trama social; que muy bien conocemos en Puerto Rico.  “El cura; el teatro; el alcalde; el casino; las alhajas; el cielo; el infierno”.  Y por encima de todo; ese gran personaje tan inclusivo; “el qué dirán social”; me refiero al poema emblemático de la poeta puertorriqueña, Julia de Burgos, que bien puede compararse aquí con los malévolos de esta trama, titulado A Julia de Burgos (autodedicado) en la recopilación, Canción de la verdad sencilla en Antología poética de Julia de Burgos[15].

Fuster Lavín plantea la vida y la muerte como una sola travesía entre la pesadilla, la duermevela y el insomnio e indica al mismo tiempo la crisis económica de Puerto Rico. “La crisis económica que gira y gira sin remedio para caer de nuevo en la imposibilidad de la ternura[16]”.

Si no hay ternura es como si no existiera la literatura.  Es lo que se desprende de la historia narrada para Mariana.

III.             Hallazgos en el tercer capítulo: El aleteo de las dormidas.

Se inicia con un lema del escritor portugués; José Saramago que dice: “yo no escribo para agradar o desagradar; yo escribo para desasosegar”.  Es pensamiento sentencioso; inscripción; referencia o bien, guía, en el espacio literario de una obra y la escritora F.L. la sigue.

En calidad de autora, que todo lo sabe en relación a su obra, se sirve de su narradora-protagonista, Mariana, y así, ella, junto a Laura, montan sobre la historia, un tinglado estructural tipo interrogatorio policial- sustraen las palabras que se ocultan en sus propias mentes y en las nuestras; la de los lectores.

¿Cómo lo hace la autora?  Penetra el terrero metafórico: metonimias símiles… en fin, impulsa siempre la lengua española; y a toda lengua cuando se trate de traducciones. El capítulo comienza cualificando las condiciones humanas de ese reloj despertador y la metáfora no expende de complicación alguna: un reloj; una paciente de “psiquiátrico” son parte verosímil del control existencial; al que estamos sometidos (el género humano) en nuestras sociedades.  Para el lector de Fuster Lavín resulta fácil y hasta divertido, entender que ese tiempo no existe fuera del conocimiento, ni tan siquiera por conciencia de la propia ficción.

El sonambulismo (como para del insomnio) es el que permea el capítulo, su atmósfera al Mariana declararse a Laura, ser “una criatura de la noche” propone el orden del caos- lo caótico que ambas viven- no por ellas sino por la maledicencia de los demás, que han abusado de ellas: “Para las criaturas de la noche, la confusión es el orden natural del universo”.

Si reflexionamos esta aseveración, recordamos la teoría de Albert Einstein: “todo es relativo”.

La pérdida de la inocencia de la niña Mariana a manos de su padre y sus desalmados secuaces, quiebran espiritual y físicamente su voluntad.  A partir de ese momento en la novela, el personaje de Mariana apenas se reconoce así misma; lo que implica que “la ética del bienestar la abandona”; tal cual dice la profesora y filósofa mexicana, Maria Pía Lara[17], en relación a este tipo de personaje femenino en la literatura.

El desmayo: significa una pausa; un detente.  Es como un aviso al lector de lo ocurrido en la acción de equis o ye suceso y de sus futuras consecuencias.

El drama de las descripciones en las relaciones sexuales de violencia y en las violaciones son “ex profeso” descritas para dar al lector detalles específicos en orden de proponer una lección de vida a través de lo dicho.  Concientizar a los demás de los despropósitos de las inhumanas; pederastia y pedofilia, el bulín y el bulín cibernético.  La carne humana como modelo de este infierno en detrimento del espíritu infantil.

El concepto del “tiempo” es el que mueve “el aleteo” (el movimiento alado) mientras “dormimos”.[18]  En el personaje de Mariana, esas mariposas monarcas (negras), remiten al paraíso (o cielo).  Aleteo es el despertar, en otro plano de la conciencia; sacudirse de la maldad; lo nocivo, aunque en el caso de Mariana, ella no puede deshacerse de todos esos daños, así como les sucede a las personas en la vida. En esta novela queda claro el testimonio por parte de la autora; el abuso sexual a niños y a niñas es equivalente al “diablo”.[19]

La literatura y la inteligencia van unidas.  Cuando leemos a otros, estamos leyendo sus meditaciones y sus pensamientos.  Abrimos un diario; como en el caso de Mariana y de Laura (Mariana era la única autorizada a leer los diarios de Laura), es sinónimo en la novela del libro.  Literatura dentro de la literatura- doble ficción.  En la página ochenta, Fuster Lavín lo señala:

Abrir una página de palabras ajenas es como entrar en las pisadas de otro cuerpo, encontrar que no estamos solos en la noche.  Viviré en el cuerpo de sus meditaciones como si mis manos recorrieran su piel bajo la ropa, bajo lo que no se puede ver.[20]

El que lee es un hermeneuta. Los diarios de Laura son crónicas; y ha dicho el escritor colombiano Gabriel García Márquez, “la crónica es la novela de la realidad”.[21]  En los diarios de Laura, la narrativa es un cuento- lo que cuenta es lo sucedido en su vida.  Al ser parte de la novela, funcionan como códigos que se crean sobre la historia y van viviendo junto a los flujos de conciencia de los monólogos de Mariana, todas las piezas del rompecabezas de la historia.  Un ejemplo: en la página noventa, Mariana se entera por el diario de Laura que su amada ha terminado con “la escoria de su tío”, el diácono pedófilo; dato sumamente importante para Mariana como para el lector.

El amor urgente, apremiante entre las dos adolescentes es presentado con pasión y vehemencia.  Al principio de la novela, desde el punto de vista de Mariana, Laura parece la más débil  y delicada de las dos. A medida que la historia avanza y todo se coloca y también se disloca, Laura resulta al revés.  Mariana es la más tímida.  La que toma la iniciativa y la besa por primera vez (Laura a Mariana).  La que manifiesta que lo sentido en el alma, es también parte del amor físico es, Mariana y añade que ahí la ternura impera. Un elemento esencial en todo amor verdadero que se precie de serlo.

IV.             Reflexiones en torno al cuarto y último capítulo: Intermitencias de la muerte: Mariposas Negras.

Dos enseñanzas al que lee, en esa escalada para ascender a la “unidad”; tomar aire para descubrir el final del “thriller” y son estas rúbricas epilogales las que aclaran y compendian el tema principal recapitulando con sus leyendas lo que se intuía al comienzo de la novela: una es un proverbio chino que dice: “el simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo”; el otro pertenece al escritor Alejandro Jodorowsky; “… la muerte solo existe en la mirada del otro”.

El personaje de Mariana establece dos postulados, uno que el ser humano muere de muchas maneras y el otro es que ella se considera por esta prerrogativa, un holograma; “casi puedo ser un holograma”.[22]  Se refiere a la imagen de su muerte, pero de forma tridimensional.  Se refiere al alma (inteligencia; conciencia; espíritu). Lo que nunca muere.

El  “issue” de la poesía de la protagonista, que no sostiene la vida del escritor (sobre todo al escritor puertorriqueño): “escribir poesía es construir sensaciones.  Y de las sensaciones no se puede vivir”.[23]

Cuando el personaje de Mariana reflexiona (siempre amarrada en esa cama) va conociendo las texturas de la muerte: “mis pisadas tienen la textura de la muerte”.[24]

El hábito de Laura de peinar el cabello de Mariana, es una invariable tenaz; que dice de ellas que son cómplices del tiempo y de su caos; mas el contacto entre ambas es constantemente implacable, reconocen que el tiempo se las ha devorado, como la imagen del propio dios de la mitología griega, Cronos.  Laura, al peinar a Mariana despeja su propia alma y así aclara la de Mariana.

El cuento de Esteban, que Jaime; el profesor de historia les cuenta, sirve de traslación a la historia.  Posee propósito traslaticio.  Es el cuento “cuentado”, re apareciendo una vez más en la literatura de Fuster Lavín.  La novia de Esteban (en el cuento) recupera su cuerpo humano y deja de ser mariposa; se describe “la textura de sus manos”.[25]  Así, por igual, “los ruidos de esta ciudad cargan el aroma del abandono, una particular textura”.  Por debajo de la primera lectura, se rescatan todas las texturas narrativas que implican nuestras vidas.

El espacio urbano, tal cual el espacio del psiquiátrico, y el espacio poético, son espacios que se unen en la narrativa de Fuster Lavín.  Lo demuestra el hecho, que Laura (ya en espíritu, ya en el físico) como un acertijo dará quizá muerte a su amiga.  Esta muerte significa a la muerte de la ficción; la que posee su particular textura.  El ámbito de Cayey indica la textura del paraíso.  “Que la vida es un aquí, que la muerte es otro día” y eso de que: “el tiempo se pierde en las voces que no regresan al cuerpo”[26]. Símbolo de trascendencia del vacío; de la llama de la luz.  Estas, Mariana y Laura son fuerzas poderosas de la naturaleza.

Fuster Lavín, otra vez sorprende con una narrativa extensa, calificada en una madurez literaria que sorprende y la ubicación con Mariposas Negras al lado de lo internacional con, Julia Navarro, Almudena Grandes, Rosa Montero y Magali García Ramis y Ana Lydia Vega es evidente.

 
Dra. Beatriz Mayté Santiago- Ibarra

Escritora y crítica de arte

(San Juan, Puerto Rico)

jueves, junio 30, 2016

La importancia de la sangre y la historia interna: breves notas sobre Carnaval de sangre, de Ana María Fuster Lavín por David Caleb Acevedo


*Leído como parte de la presentación del libro, en la Librería El Candil, Ponce
domingo 12 de junio de 2016



La importancia de la sangre y la historia interna: 

breves notas sobre Carnaval de sangre, 

de Ana María Fuster Lavín

David Caleb Acevedo

El tema del carnaval tiene una larga trayectoria en la historia de la literatura mundial. Nos llega, como las mejores cosas que nos quedan hoy día, del paganismo. En sus orígenes, se trataba de una gran fiesta invernal, en donde los roles se viraban, contradecían y reversaban. La fiesta tenía como objetivo alejar los espíritus fríos del invierno para dar paso a la primavera y eventual verano. En Esparta, por ejemplo, tenemos el festival Carnea, de donde nos llega la palabra “carnaval”, fiesta en honor a Apolo Carneus, dios del sol, del verano y del calor.
Tradicionalmente, el carnaval también fue la última fiesta del año donde se podía comer bien antes de que comenzara a acabarse el alimento y las tribus tuvieran que racionar el mismo. En otras partes del mundo, el carnaval se celebraba con propósitos un tanto disímiles. Las tribus germánicas, por ejemplo, celebraban sus carnavales en honor a la diosa de la fertilidad Nerthus. Entonces, se daban grandes orgías entre hombres, mujeres, hombres y mujeres, y hasta niños. Toda la tribu participaba en esta actividad sexual religiosa que, según su cosmogonía, les aseguraría el alimento.
Podría continuar mencionando otras tradiciones, pero no es hasta la llegada de los romanos y su sincretismo de la religión griega, que vemos cómo muta el carnaval para convertirse, ya no en un festín de comida, sino en el degenere que conocemos hoy día. Roma nos trae la mega evolución de Dionisio en la forma de Baco, y de ahí partimos hacia los bacanales y las bacantes, el primero una gran orgía de alcohol y sexo, las segundas, mujeres que, intoxicadas de vino y alcohol, conectaban con un estado alterado de conciencia que hoy conocemos como frenesí, y se volvían caníbales.  
En fin, el tema el carnaval se inserta en un antes o después del invierno o de la cosecha. Podría decirse, y afirmo, que el carnaval se una preparación para la muerte. Hoy día, tenemos carnavales de todo tipo: el de Río, de las máscaras en Venecia y Hatillo, el de Trinidad y Tobago, y Mardi Gras, todos los cuales pueden considerarse festivales de gran degeneración moral antes de alguna consagración religiosa en donde se expían los pecados. Esto me llama la atención, porque uno siempre expía pecados antes de morir. Sin embargo, el carnaval es algo que ocurre todos los años, y es como si internamente aceptásemos que el ciclo se abre y se cierra. Es como si de alguna forma escondida y mórbida entendiéramos como colectivo que todos los años morimos un poco.
El carnaval ha mutado tanto que hoy día tenemos, incluso, las Paradas de Orgullo LGBT, que también son otro tipo de festival. En ellas, individuos provenientes de todos los colores de la bandera marchan por la visibilidad. El aspecto carnavalesco no se hace esperar. Las dragas o transformistas se visten con sus mejores plumajes, como pájaros o aves exóticas en pleno ritual de apareamiento, los osos salen de su hibernación con sus cueros y sus pelajes, las parejas marchan agarrados de mano, las familias aliadas también. Marchan incluso los gays y lesbianas cristianos que buscan moralizar al resto de la comunidad. Así, vemos que el tema del carnaval es mutante y mutable, ya que cada generación ve nuevos significados y connotaciones en sus festivales.
Todo esto nos debe llevar a pensar este libros de cuentos o cuentario, Carnaval de sangre, de Ana María Fuster Lavín, desde una perspectiva no solo literaria sino histórica. Mi invitación es a entender este maravilloso texto en su historicidad interna, aun si la externa no es obvia o fácilmente discernible. Para ello, me remito al orden en que se encuentran los microtextos.
La primera parte, titulada “Sin ojos: habitantes de la ciudad silente”, conecta con otros textos de mayor extensión de la autora, eso es, su novela cuentada (In)somnio y su novela inédita Mariposas negras, novelas que recogen ese andar en la ciudad de noche o bajo las sombras. En ambos textos, la ciudad se vuelve una naturaleza despiadada que saca lo peor de los personajes y los convierte en monstruos, aun a las víctimas. en ese renglón, Tenemos microtextos como “Gol”, “Instrucciones para el suicidio de una ama de casa” y “Coleccionistas de polvos” que tocan esa fibra lúgubre de la ciudad vista como un eterno cementerio en potencia. Solo la muerte es reina.
El libro continúa, en su segunda parte, con “Bajo la cama (trece días en el abismo y un final feliz), en donde el humor negro da paso a un realismo que se va haciendo cada vez más macabro o gore. “La recámara roja” me remite muchísimo a “El almohadón de plumas”, de Horacio Quiroga. La diferencia estriba en la sensibilidad. Fuster Lavín nos hace entrega de una historia más delicada, más insomne. Y es que el insomnio prolongado, que tanto la autora como este servidor padecemos, provoca una transferencia de la realidad a otra. El insomnio prolongado lleva a un abismo entre la vigilia y el sueño. Como caerse dentro de las fauces de una cama. En el cuento “Las niñas perdidas”, el insomnio carga con tan fuerte presencia que comenzamos a verlo escrito con I mayúscula, porque ya se ha vuelto un personaje mismo, un amante que nos llevamos a la cama y con quien copulamos todas las noches en un frenesí carnavalesco de tossing and turning, o peleas con la almohada.
La tercera sección “Carnaval de voces y sueños: amores caníbales” nos adentra a la fascinación por la ingesta de carne humana, e incluso, la autofagia. “El beso de la mandrágora” remite a esto y lo lleva al próximo nivel. La mandrágora es la raíz de la planta que lleva el mismo nombre, a saber, Mandragora autumnalis, la cual tradicionalmente se ponía bajo la cama en un tazón con leche para asegurar la fertilidad en la mujer recién casada. En el cuento, las mandrágoras se convierten en hijas que devoran las piernas y los ojos de la mujer. Entonces, en este libro permea una fascinación morbosa por el daño corporal, pero dicha fascinación nunca es gratuita. Un estudio concienzudo de los vaivenes poéticos de esta narrativa nos lleva a concluir que Fuster Lavín busca examinar lo que conocemos en narratología como “experiencias límite”. Ana María las inserta dentro del contexto de la muerte. ¿Cómo se sentiría que tus hijas te devoren? ¿Cómo se siente servirle de alimento y bebida al otro? ¿Es esto una terrible metáfora de adonde conduce el altruismo desmedido? ¿Es posible vivir a la expectativa de secarse?
Finalmente, la última parte del libro “Los placeres de la muerte: carnaval de sangre”, nos invita a entender el gore, ya no como materia del reino del terror, sino como un nuevo hábitat o ecosistema tras la muerte. En “La vida de las palabras”, una mujer se abre las venas tras el fallo de su computadora. Las voces obligan a la mujer a escribir a como dé lugar, y a falta de computadora, sangre. Así, la mujer muere y las palabras viven en ese bioma sanguíneo de gérmenes, bacterias, plasma y glóbulos rojos. “Última danza para orquesta de cuatros y güiro” es tal vez el cuento de humor más negro. Allí, un güirero lucha por ser relevante en una actividad musical frente a un público que no le importa. ¿Metáfora de un país real? Decida usted. Yo ya decidí que sí. Escribir en Puerto Rico es eso, tocar el güiro en una orquesta y que el público esté más pendiente del contenido de sus iPads que de lo que uno está tratando de decir con la escritura. Y si lo extrapolamos, “Última danza” sirve para describir la terrible tarea de todo artista en este rincón del globo. Claro está, Ana María lo asume con muy buen humor y eso le da una grandiosa fuerza como escritora, persona y ser humano, fuerza que personalmente, solo puedo soñar con tener.
Para concluir, este carnaval de historias en secuencia histórica interna nos lleva a querer sacrificar nuestra sangre misma por el ideal de mayor pulso en nuestros respectivos corazones. A mí, por ejemplo, este libro me anima a escribir mi sangre misma. A dar a conocer las historias que cargan mi torrente sanguíneo infectado con el virus de inmunodeficiencia humana. A hacer arte con esta tinta de venas y arterias. Y a invitar a otros a que me toquen sin miedo a infectarse. Por eso este libro es tan importante para mí.