miércoles, octubre 07, 2009

Protocolo para despidos indoloros ANA LYDIA V EGA

Voces / 50
Martes 06 de Octubre de 2009 / El Nuevo Día

Protocolo para despidos indoloros
ANA LYDIA V EGA


ESC R I TO RA


U n personaje novedoso se ha sumado al abultado elenco de la Gran Farsa Insular. Se trata nada menos que de un asesor en despidos. A juzgar por el monto de los contratos que se le han extendido, alguien debe estar muy impresionado con sus dotes para el "downsizing " y el "outsourcing ", los dos pilares centrales de la recién estrenada política de recortes gubernamentales.

Tan espectaculares como sus honorarios son, sin duda, sus propuestas. El "redimensionamiento de recursos humanos" -frasecita que hermosea con palabras domingueras la gestión ex t e r m i n a d o ra ­ se apoya en un esquema meticuloso para podar grasa sin derramar una gota de sangre.

El azar puso en mis manos un documento confidencial. Lo hallé pillado en la escalera eléctrica de la Estación Roosevelt.

Para mi sorpresa, llevaba la firma rabuda del mentado asesor.

El llamado "Master plan de liquidación laboral" va dirigido al Señor Gobernador. Detalla una serie de medidas escalonadas que me veo en la obligación de divulgar. Aquí están: FASE CERO: Picar a’lante. Lanzar una campaña de camuflaje estratégico durante el año electoral. Caerse de nalgas prometiendo que no habrá cesantías. Afirmarlo sin pestañeos, con pinta de monaguillo a punto de comulgar.

FASE UNO: Una vez obtenido el mandato de los que se tragaron el cuento del cambio, agarrarse del desbarajuste presupuestario para sacarse de la manga una ley omnipotente con título kilométrico. Evitar cualquier asociación negativa asignándole un número de suerte: el siete, por ejemplo.

FASE DOS: Repetir hasta la ronquera que los despidos serán el último recurso. Por fin, asomarse con cara de circunstancia a la pantalla del plasma y anunciar que, lamentablemente, sí habrá que prescindir de los buenos oficios de unos cuantos servidores públicos. Estimar una cifra lo suficientemente alta como para que luego pase por un gesto misericordioso el haber botado sólo a la mitad.


FASE TRES: Machacar sin tregua la cantaleta del paciente enfermo y la medicina amarga. Ofrecer renuncias incentivadas como recompensa al sacrificio patriótico de los rescatadores voluntarios de la nómina. Si nadie muerde el anzuelo, aplicar sin miramientos la solución terminal.

FASE CUATRO: Dividir en dos rondas los despidos, cuestión de dosificar el suspenso. Mantener a cada empleado en la cuerda floja y convencido de que encabeza la lista negra. Así, cuando le toque el macetazo a otro, el retenido experimentará una intensa sensación de alivio que le impedirá solidarizarse con el desechado.

FASE CINCO: Aplicar técnicas de ablandamiento sicológico. Permitir que funcionarios del Gobierno demuelan la autoestima de los ciudadanos con tandas corridas de insultos: crápulas, garrapatas, chupalimbers y otras ordinarieces. Establecer claramente quiénes son los dueños del país.

FASE SEIS: No escatimar en materia de billetaje preventivo.
Contratar un batallón de expertos en charlas de motivación.
Montar un "web site" de nombre pegajoso tipo "Borinquen se aúpa". Incorporar celebridades para inundar los medios de eslogans optimistas: eres fabuloso en todo, sacúdete la depre, p’atrás ni pa perrear...

FASE SIETE: El día de la entrega de cartas, reforzar la seguridad ordenando el registro físico de empleados y la inspección de oficinas por canes especializados en detección de explosivos. No olvidar repartir el "kit " de supervivencia con los enlaces que no funcionan y los teléfonos que no cont e st a n .

FASE OCHO: Establecer centros de desahogo con muñecos acolchonados y guantes de boxeo para la liberación de tensiones acumuladas. Dejar que los sentenciados se entretengan enviando por e-mail, en horas laborables, chistes, canciones y videojuegos revanchistas a lo "Kick the Governor’s Ass". Perdonar con magnanimidad cristiana a aquéllos que recurran al desquite del huevazo.

FASE NUEVE: Si aun así no se logra contener la violencia del pueblo, tirarle encima, sin el menor remordimiento, la fuerza de choque y la Guardia Nacional.

FASE DIEZ: Pase lo que pase, jamás dar ni perder cara.
Grabar mensajes alegando insomnio y tristeza ante la crisis.
Concentrar energías en tratar de calmar a bonistas, inversionistas y agencias crediticias. Tener presente que todavía quedan tres largos años para que la gente le dé "delete" al tema antes de las próximas elecciones.

Como demuestra el documento, el tal asesor de despidos es la auténtica pata del diablo. Prendamos velas y crucemos dedos, no vaya a ser que le encomienden la reforma contributiva, el sistema de retiro o el plan de salud universal.

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