viernes, septiembre 27, 2019

En busca de la memoria perdida: recuerdos traumáticos y violencia sexual en Mariposas Negras de Ana María Fuster Lavín, por Elena Ríos Ruiz


*
Ponencia de la estudiante doctoral Elena Ríos Ruiz (Universidad de California, Davis)
Leída en el  XXIX Congreso Internacional de la Asociación de Estudios de Género y Sexualidades (AEGS) 
 en la Universidad de Valencia 
 (celebrado en julio de 2019)


En busca de la memoria perdida: recuerdos traumáticos
 y violencia sexual
en Mariposas Negras 
de Ana María Fuster Lavín



La violencia sexual supone un problema a nivel mundial que empaña de tragedia la vida de millones de víctimas, la mayoría de ellas mujeres. Al contrario que otras formas de violencia que tienen lugar en nuestra sociedad, los abusos sexuales apenas son reportados a las autoridades. En el caso concreto de Puerto Rico, tan solo un 2% de las agresiones sexuales son reportadas por sus víctimas (Parés Arroyo, n.p). De acuerdo con la doctora Linda Laras, las principales razones que llevan a las puertorriqueñas a no reportar los abusos sufridos son “temor (al proceso), vergüenza, miedo a represalias o a que no le crean o le echen la culpa” (Parés Arroyo, n.p), lo que evidencia el poco apoyo social que poseen y la frecuente tendencia a ser juzgadas por sus conciudadanos. Incluso aún más alarmante resulta el hecho de que muchas de estas víctimas de la violencia sexual, debido a lo traumático de su experiencia, comienzan a sufrir trastornos causados por el estrés postraumático (PTSD). Judith Herman aporta el escalofriante dato de que hay más casos de trastornos causados por el estrés postraumático de mujeres civiles que de hombres que han luchado en una guerra (28).
En el contexto de esta problemática, la autora puertorriqueña Ana María Fuster Lavín publica en 2016 la novela Mariposas negras. Fuster Lavín es una reconocida escritora en Puerto Rico, y escribe cuentos, microcuentos y poesía. En su producción literaria podemos encontrar una alusión recurrente a la violencia sexual que sufren las mujeres así como otras cuestiones de género como la violencia doméstica. Además de escribir, Fuster Lavín es editora y corresponsal de prensa cultural. Algunas de sus publicaciones recientes son la antología de microcuentos Carnaval de sangre (2015), los poemarios Última estación, Necrópolis (2018) y Al otro lado, el puente (2018), y el próximo año pretende publicar una nueva antología de microcuentos con el título Cuestión de género. Mariposas negras es su segunda novela y a pesar de su reciente publicación ha cosechado un éxito considerable en Puerto Rico.
Mariposas negras consta de la narrativa en primera persona de Mariana, una adolescente que es víctima de abuso sexual en repetidas ocasiones. Es el deseo de liberarse del pasado, aquel pasado en el que se ancla el origen de su trauma, lo que motiva a Mariana a contar su historia, la cual teje en torno a su memoria fragmentada de recuerdos, algunos basados en hechos reales y otros fabricados por ella misma. La experiencia traumática de la violencia sexual de la que es víctima se torna en impedimento para que la joven viva una vida satisfactoria y feliz de acuerdo con lo esperado a su edad. De hecho, la adolescente es también víctima de acoso escolar o acoso escolar por parte de sus compañeros de colegio por su incapacidad de relacionarse de la forma esperada a raíz de su trauma. Lo interesante de la novela de Fuster es que el lector es capaz de experimentar en cierta medida lo que supone convivir con una memoria traumatizada, puesto que la novela ilustra de manera detallada lo que va sucediendo a través de los recuerdos de Mariana. Estos recuerdos traumáticos configuran una narrativa no lineal y a su vez producen una sensación de incertidumbre constante en el lector, ya que resulta difícil distinguir si lo que la voz narrativa describe realmente sucedió o tan solo es parte de los recuerdos generados a partir de la experiencia traumática.


Ya desde el comienzo de la novela puede llegar a intuirse que Mariana sufre una alteración en la forma en que percibe la realidad. De hecho, una de las primeras imágenes que la joven describe es, como al despertarse y mirar por la ventana, puede verse a su vez mirando a través de ella desde el otro lado del cristal. Esto le lleva a preguntarse quién es ella realmente; la que observa o el reflejo al otro lado (13). Esta cita introduce el fenómeno de disociación que Mariana experimenta de forma recurrente durante su adolescencia y juventud. El fenómeno de disociación es explicado por Bessel Van del Kolk como un sistema de prevención de la inclusión del trauma en la memoria autobiográfica, lo que a su vez conlleva la creación de un sistema de memoria dual (180). En Mariposas negras, los períodos de disociación y de trance en la vida de Mariana suelen comenzar con una sombra que susurra con voz de mujer y van acompañados de la aparición de las mariposas negras que dan nombre al título:
“A veces escucho a esa sombra susurrando con voz de mujer. Con sus labios en los míos, pero no comprendo lo que me dice. He llegado a acariciar sus cabellos. He alcanzado a sentir su calor. Cuando esto ocurre, entro en un trance en el que no quiero mirar, y amanezco en otro lugar, como el otro día, que estaba al lado de un cadáver. Veo una mariposa casi negra, tal vez dos, y escapo del lugar. Hace como un año que, de vez en cuando, me despierto y no sé dónde estoy. Miro el reloj, marca la misma hora. Imagino que algún día amaneceré y ya no estaré aquí. Moriré al otro lado de mis sueños y el reloj indicará que son a las cinco y media de la mañana”. (36).

Estas mariposas que Mariana ve en repetidas ocasiones funcionan como un recuerdo en el que el trauma ha quedado codificado e irrumpe de manera espontánea en su conciencia. Susan Brison justifica la aparición de los estados de conciencia alterados como una evidencia de que las secuelas del trauma no solo afectan la mente, sino que el trauma también permanece en el cuerpo, lo que a su vez conlleva una alteración de los sentidos (X).
A su vez, Dori Laub señala el peligro que supone no compartir el testimonio traumático con un receptor adecuado, puesto que la retención de los eventos causantes del trauma contribuye a que estos penetren e invadan la vida cotidiana del superviviente de dicha experiencia (79). En el caso de Mariana, el trauma no es compartido con un receptor adecuado, como ella misma declara refiriéndose a los repetidos abusos y violaciones de los que es víctima a manos del padre de su amiga Laura: “Ni siquiera le conté a mami lo que él me hizo. Posiblemente hubiera reclamado que solo quería llamar la atención, que exageraba algún gesto cariñoso.” (24). Como se observa en la cita, lo que lleva a la adolescente a ocultar la agresión es el temor a ser juzgada por su propia madre como responsable de dicho abuso. Esta actitud se corresponde con la descrita por Breanne Fahs como la tendencia a asumir que las mujeres “alientan” la violencia sexual a través de ciertos errores de comportamiento, como puede ser una actitud excesivamente cariñosa, lo que a su vez resta importancia a la responsabilidad del agresor (65). Esta minusvaloración de la agencia del agresor va en correlación con el sentimiento de culpabilidad experimentado por muchas víctimas de violencia sexual, lo que a su vez contribuye a dar acceso a los hombres a sus cuerpos (Fahs, 72), y acaba produciendo una perpetuación de la violencia. Sin embargo, resultaría muy sencillo culpar a la madre de Mariana de la incapacidad de recuperación de su hija sin tener en cuenta la genealogía femenina a la que pertenece, dentro de la cual la violencia sexual es sufrida generación tras generación. Y es que Gloria también fue violada en su adolescencia, siendo su propia madre cómplice de esta violación debido a su participación en una secta religiosa. En el caso de Gloria, el trauma es revivido de forma intrusiva cuando tiene relaciones sexuales con otros hombres (38-39). 

La condición de Gloria como víctima de violencia sexual y el hecho de que al igual que su hija sufra un trastorno por el estrés postraumático, dificulta la conexión entre ambas y que Gloria se convierta en un apoyo para Mariana. Del mismo modo, esta situación imposibilita la imparcialidad hacia su hija, ya que ella misma se ha sentido culpabilizada anteriormente y ha justificado a sus agresores. El conformismo de Gloria ante los abusos sufridos por mujeres parece tener un fuerte impacto en la forma en que Mariana percibe al sexo femenino como vulnerable cuando expresa su deseo de haber nacido varón (31). Aun así puede verse en Mariana cierto inconformismo ante la construcción social de género, ya que, al contrario que su madre, ella se pregunta acerca de esta cuestión y termina expresando su escepticismo acerca de las diferentes formas de comportamiento que se intentan inculcar a partir de dicha construcción social (31).
Por otro lado, la falta de apoyo de su madre parece ser la causa principal por la que Mariana busca refugio en su mejor amiga Laura. Laura parece poseer todo de lo que Mariana carece: “esbelta, rubia, con esos brillantes ojos azules que llenan de atardeceres el corazón de cualquiera, puede ser tan delicada, pero también sorprende su fuerza y coraje cuando la sacan de tiempo.” (24). Hasta su mismo nombre hace alusión al ideal petrarquista de la belleza y perfección. Para Mariana, Laura es todo a lo que ella no puede aspirar y simultáneamente lo que más desea, como vemos en el proceso de enamoramiento que la joven experimenta hacia su amiga. Hasta en los momentos de máximo abandono, como el período que Mariana pasa recluida en un sanatorio mental al terminar la secundaria, Laura es la única por la que se siente arropada (15). Lo cierto es que Laura puede ser uno de los personajes más complejos de interpretar en la novela, puesto que Mariana relata diversos episodios en los que Laura aparece que resultan contradictorios entre sí. Partiendo de estas contradicciones, me parece lógico realizar un análisis del personaje de Laura como parte de la memoria traumatizada de Mariana. Uno de los problemas que enfrentan las víctimas de abuso sexual durante la infancia y que es subrayado por Herman es la inestabilidad que sufren debido a la desconfianza que emana de sus referentes adultos, lo que a su vez produce la necesidad de crear un clima de confianza en el que desarrollar su identidad (96). Para llegar a crear la confianza requerida que les garantice un sentido de independencia, es común que la víctima de abuso infantil busque a un sujeto en quien pueda depender (Herman, 107). En Mariposas negras, todo apunta a que Laura es la persona de quien Mariana depende.
No obstante, el no disponer de una perspectiva distinta a la de los recuerdos traumáticos de Mariana subraya el sentimiento de ambigüedad durante toda la novela. Esta ambigüedad es reforzada por la incapacidad de Mariana de recordar el momento en que conoció a su amiga por primera vez: (15). ¿Es este olvido producto de la memoria traumatizada o es Laura el resultado de la fragmentación experimentada por Mariana a partir de su experiencia traumática? Lo cierto es que la Laura que se muestra al final de la novela parece continuar cumpliendo la función de testigo imaginario, ya que aparece sin previo aviso para garantizar la “salvación” de Mariana en su momento de máxima desesperación (252). Esta forma de terminar con su dolor no es otra que la muerte; Mariana describe como Laura le acerca una almohada a la cara, lo que puede interpretarse como su propio suicidio. Se trata de un final bastante realista, ya que como Herman subraya las víctimas de violación son el grupo en el que más intentos de suicidio se dan (50). A su vez, el final resulta representativo de la falta de alternativas que enfrentan las víctimas de trastorno por estrés postraumático cuando no son capaces de recuperarse y liberarse de su trauma, ya que el poner fin a la existencia puede parecer la única forma de retomar el control (Brison, 65). Debido a esto, se vuelve de extrema importancia la búsqueda de un tratamiento adecuado con el fin de poder superar los recuerdos traumáticos. Para Mariana, la recuperación resulta en fracaso principalmente debido a la falta de empatía de las personas que la rodean, como sucede en el caso de sus compañeros de clase. Ella misma llega a afirmar que “Somos tan apáticos ante el dolor ajeno, que nos hemos ido convirtiendo en fantasmas de una humanidad perdida.” (69), una problemática social que se agrava aun más en el caso de las víctimas de la violencia sexual.
Sorprendentemente no fue hasta 1998 que los delitos sexuales y de género fueron considerados “dentro del Derecho Internacional como delitos graves.” (Ravelo Blancas y Domínguez Ruvalcaba, 2012). En el caso concreto de los delitos de violencia sexual cometidos en los distintos países de Latinoamérica, Patricia Ravelo Blancas y Héctor Domínguez Ruvalcaba atribuyen una responsabilidad directa al Estado, puesto que “ha faltado a su deber de hacer valer el estado de derecho y garantizar la seguridad ciudadana” (19). Van der Kolk señala como el apoyo social es la protección más poderosa a la hora de protegerse del estrés y el trauma (79). En el caso concreto de las víctimas de violencia sexual, como podemos ver en el análisis de Mariposas negras, un factor que contribuye a su aislamiento es la falta de credibilidad acerca de su condición traumática. Esta falta de credibilidad se correlaciona con el hecho de que la violencia contra las mujeres es aún normalizada por un sector de la sociedad precisamente por la cotidianeidad con la que sucede (Brison, 4). Esto nos lleva a un dilema en el que se hace necesario un replanteamiento de la violencia sexual cuyo enfoque no solo parta de la víctima, sino de la responsabilidad del agresor.
En contra del argumento expuesto por Zoé Jiménez Corretjer según el cual la temática de Fuster “No se trata de luchar por la igualdad de derechos o de criticar la violencia de género; sino que dando por sentado una visión mucho más liberadora, se da por entendida la postura…” (196-197), mi análisis de Mariposas Negras sugiere que sí hay una clara lucha por la igualdad de derechos en la narrativa de la autora puertorriqueña, lo que en el contexto de la novela se hace por medio de una representación de la violencia de género a partir de la experiencia traumática, que genera conciencia de ella fuera del ámbito doméstico y a su vez complejiza la difícil subsistencia a la que se ven obligadas sus víctimas. Este proceso de visibilización resulta imprescindible a la hora de luchar contra la represión patriarcal, ya que como Brison apunta, la violencia sexual y el miedo a ser violada que se desprende de ella es una forma de control patriarcal hacia las mujeres (17-18). Precisamente, la frecuente separación entre la categoría de “hombre” como concepto relacionado a la masculinidad heteronormativa –la cual puede conllevar una masculinidad tóxica-- y la de “violador” contribuyen a la tendencia de pensamiento de que ambos conceptos no guardan relación entre sí (Fahs, 74). No obstante, la novela de Fuster subvierte esta separación, ya que todos los personajes que poseen una masculinidad heteronormativa son a su vez agresores sexuales o están implicados de algún modo en casos de violencia sexual, lo que es bastante representativo de los casos de abusos sexuales que tienen lugar en la sociedad puertorriqueña.

Elena Ríos Ruiz

Referencias
Brison, Susan, J. Aftermath: violence and the remaking of a self. Princeton: Princeton UP, 2002.
Fahs, Breanne. “Naming sexual trauma: on the political necessity of nuance in rape and sex ofender discourses.” Critical trauma studies: understanding violence, conflict, and memory in everyday life. Edited by Monica J. Casper and Eric Wertheimer. New York: New York UP, 2016, pp. 61-77.
Fuster Lavín, Ana María. Mariposas negras. San Juan: Isla Negra, 2016.
Herman, Judith, L. Trauma and recovery: the aftermath of violence—from domestic abuse to political terror. New York: Basic Books, 1997.
Jiménez Corretjer, Zoé. “El principio de la veracidad, la violencia y la agonía del eros en (In)somnio de Ana María Fuster Lavín.” Letras femeninas, vol. 41, no. 1, 2015, pp. 195-203.
Laub, Dori. “An event without a witness: truth, testimony and survival.” Testimony: crises of witnessing in literature, psychoanalysis, and history by Shoshana Felman and Dori Laub, M.D. Routledge, 1992, pp. 75-92.
---. “Bearing witness or the vicissitudes of listening.” Testimony: crises of witnessing in literature, psychoanalysis, and history by Shoshana Felman and Dori Laub, M.D. Routledge, 1992, pp. 57-74.
Parés Arroyo, Marga. “Sin reportar el 98% de las agresiones sexuales en Puerto Rico.” El nuevo día, 15 Jul 2018, elnuevodia.com/noticias/seguridad/nota/sinreportarel98delasagresionessexualesenpuertorico-2435222. Accessed 7 Dec 2018.
Ravelo Blancas, Patricia y Héctor Domínguez Ruvalcaba. “Introducción. Temas para el diálogo.” Diálogos interdisciplinarios sobre violencia sexual. Ciudad de México: Ediciones Eón, 2012.
Van der Kolk, Bessel. The body keeps the score: brain, mind and body in the healing of trauma. New York: Viking Penguin, 2014.

jueves, septiembre 26, 2019

El grito



El grito

      Cansada de que le preguntaran si era mujer, o bucha, tal vez trans, hombre, gay, o cualquier otro calificativo. Decidió no volver a hablar. Amordazada a causa de silencios apretó el acelerador. Ni izquierda ni derecha, sino de frente hacia el mar. Su carro atravesó el muro de piedra. Cayó en picada, hasta ya no callar más. Se acercaron curiosos cuchicheando razones necias, como suele suceder. Ya en el fondo, abrió la puerta del carro, nadó hacia la superficie y gritó con claridad su nombre. Todos enmudecieron.

Ana Maria Fuster Lavin
[Cuestión de género]
Carnaval de sangre 2

martes, septiembre 24, 2019

Venta de libros


El Gótico de Ana María Fuster Lavín, entre las tinieblas y el amor, por Pabsi Livmar


[Cuestión de género]
Carnaval de Sangre 2:

El Gótico de Ana María Fuster Lavín, 
entre las tinieblas y el amor



por Pabsi Livmar

La carrera literaria de Ana María Fuster Lavín ha dejado un legado extraordinario de obras poéticas y narrativas. Sus libros son joyas sobre los estantes de mi librero. Recuerdo como si fuera ayer la primera vez que leí un cuento suyo, “La dignidad de los muertos”. Mi mundo se trastocó y una fuerza superior, quizás proveniente de ese otro planeta que vive dentro de mí, me haló con impresionante fuerza hacia mis profundidades y me llevó por caminos sombríos que conocía y desconocía a la vez. Pasaba las páginas, perpleja e incapaz de creer las realidades que “La dignidad de los muertos” me gritaba. Desde pequeña, he sentido atracción por la literatura gótica y de terror, por esas tramas donde prevalece el miedo, la introspección, lo sobrenatural. Mi principal fuente para obtener esta literatura viene de escritores extranjeros y de otras épocas. Por eso, me resultó una agradable sorpresa tener en mis manos narrativa de una escritora de mi tierra, contemporánea, que abordara todo cuanto buscaba y apreciaba. La catalogué desde entonces literatura puertorriqueña en su máximo esplendor. Admiraba la diestra con la que dominaba el uso del lenguaje y la creación de la trama, y cuanta belleza existía en un cuento evidentemente perturbador y horrífico. Ese es el toque mágico de la literatura de Fuster Lavín: no es aprensiva a la hora de mostrar el horror más crudo y duro, y escribe con admirable facilidad los géneros más oscuros y terribles. Quienes la leemos vamos de la mano con los personajes a cometer nuestros peores crímenes y adentrarnos en nuestras más insondables tristezas, y aun así, aún en esos mundos en tinieblas y sin esperanzas de salvación, alcanzamos belleza y poesía.
Sentimos amor.

En [Cuestión de género] Carnaval de Sangre 2 (Ed. EDP, 2019) queda demostrado, una vez más, que la ficción de Fuster Lavín no solo es transformativa por la manera peculiar en que la escritora observa y traduce el mundo, sino que además tiene la finalidad dual de ser espejo y ventana. El espejo en la literatura es un objeto que tiene misterio y poder de atracción. En un espejo, los personajes se reflejan, se ocultan, se confiesan, se deforman. Los textos literarios como espejos tienen esa misma función. Por eso nos acercamos a literaturas cuyos personajes guarden similitudes con nosotros. De una forma u otra, ver nuestro individualismo reflejado en ellas nos ayuda a entender nuestra historia, nuestras luchas, nuestros pesares más escondidos. En los microcuentos que componen esta antología personal, Fuster Lavín nos comparte pinceladas de la vida cotidiana desde lo íntimo, desde ese mirar al espejo, y desde el otro lado del espejo, que podría ser donde vivimos nosotros, los lectores, y los individuos que componen nuestra sociedad.


Entre los espejos que encontramos en [Cuestión de género], hay uno en el que se reflejan agrietados fragmentos de vida que debemos reparar mientras Fuster Lavín nos educa sobre machismo, microagresiones y la destrucción y recomposición del ser. Como bien nos sugiere en uno de sus epígrafes, este libro nos invita a enfrentarnos a realidades incómodas, esas realidades que nos corroen y maldicen como personas, y aquellas otras que corrompen nuestra sociedad. Mientras, igual que el resto de su obra, esta antología mantiene el hilo conductor de difuminar el plano real con “el otro lado”, y obligarnos así a mirar qué hay más allá del cristal que componen nuestras ventanas. ¿Cómo puedo disminuir el dolor del otro? ¿Cómo se aprende a escuchar, a tomar acción? ¿Qué transciende más allá del individualismo? ¿Una mirada ajena que nos percibe como seres deformes, incompletos, deficientes? ¿Qué tipo de colectivo social somos? ¿Dónde yacen nuestras desventajas, nuestras injusticias? ¿Qué ventanas Fuster Lavín pone a disposición de la sociedad puertorriqueña?



Estamos frente a un texto donde prevalece la narrativa única de Ana María Fuster Lavín que todos conocemos bien. En estos microcuentos, Insomnio continúa siendo personaje principal que entreteje las narraciones unas con otras y atormenta los habitantes de estas mientras la escritora retoma el micrófono para pregonar contra los abusos, la crueldad, el abandono. Nos cuenta cómo se daría esa revolución utópica luego del encarcelamiento injusto de una maestra; nos habla sobre el retorno de nuestros muertos, el resurgir de nuestras pasiones, y el trauma y los estragos que dejaron consigo los vientos huracanados; denuncia a viva voz esa maldición absurda por la que nos escondemos para amar, por respetar “a mamá”, y nos matan por besar. Retrata el qué dirán, el cuchicheo necio de una sociedad enferma cuyo mayor deber moral nunca ha dejado de ser victimizar a las víctimas, y nos pronostica cómo nuestro actual gobierno en profunda decadencia moral nos lleva a convertirnos, a pasos agigantados, en una isla olvidada donde desconoceremos nuestros nombres, seremos invisibles y no tendremos recuerdos. De igual forma, nos encontramos con una narrativa a la cual se le han dado toques de reinvención, y es por eso que este libro de microliteratura resplandece con matices: Fuster Lavín se reafirma, con fuerza, como la gran escritora puertorriqueña del gótico y la locura asqueante a la que nos sumerge la condición humana. Y es la obra con la que también hace su reivindicación feminista más palpable.


Aquí, en [Cuestión de género], Ana María Fuster Lavín le grita a la humanidad alto y claro: “Nosotras queremos igualdad de condiciones, la equidad. El machismo es violencia, es prepotencia del varón sobre la mujer, dice el diccionario. Para mí, el feminismo es que mi mamá estuviera viva”. Y también, es un libro donde plasma, con habilidad y a modo de denuncia, las dificultades que enfrentan las mujeres en un mundo de hombres; es decir, plasma nuestras luchas, desde las más mínimas y ordinarias, para darnos lugar en una estructura social dominada por hombres. Aquí hay desde cuentos que presentan las violencias instauradas desde lo cotidiano, como son las dificultades que se topan las mujeres al intentar balancear una vida desdichada (y todavía inmejorable) en la cual se dedican a trabajar, criar niños, cocinar, lavar mierdas… y hay cuentos en los cuales, con poesía y metáforas, las violaciones sexuales quedan plasmadas precisamente como lo que son: un desprendimiento del ser, una muerte lenta y dolorosa. Sin embargo, quizás lo más importante a subrayar sea que [Cuestion de género] nos asegura que, aunque el patriarcado nos intente demonizar y separar las unas de las otras, no vamos solas por la vida, y todas somos una, todas nos llamamos Ana, Laura, Mariana, Nina… porque nos fusionamos en nuestra circunstancia de ser flores marchitas con firmes convicciones.


Leer [Cuestión de género] Carnaval de sangre 2 es adentrarnos a la psiquis de una escritora auténtica y perspicaz; es sumergirnos a una oscuridad devastadora que nos arropa y acaricia con violencia social; es alejarnos de su narrativa realista y sentirnos acogidos en aquella otra donde predomina lo sobrenatural y lo terrorífico como algo que podría pasar, porque consigue evocar pesadillas más sufribles que las que vivimos. [Cuestión de género] es mucho más que morbosidad: es extrañeza, frialdad, empatía y permanecer en el tiempo. También, un aviso inquietante repitiéndonos sin cesar que, aunque sea tan breve como una mariposa, “[e]l amor es un largo péndulo de posesiones y voces abrazadas a la supervivencia y al miedo”. Este es, sin duda alguna, un grato (re)encuentro con una de nuestras mentes literarias más prolíficas, aterradoras y conmovedoras.

Pabsi Livmar
escritora puertorriqueña

prólogo [Cuestión de género] Carnaval de sangre 2

viernes, septiembre 06, 2019

Comentando Antología/Certamen de Microcuentos


ANA MARÍA FUSTER LAVÍN

SECCIÓN: TEMAS 
[Nota Editorial: El pasado sábado 31 de agosto, en la librería La Mágica, se celebró la presentación de la segunda antología del 2eo Certamen Nacional de Microcuento. Reproducimos el texto leído por la autora en ocasión del evento].

(San Juan, 2:00 p.m.) Leer es un viaje que quienes además escribimos, rompe casi cualquier frontera física y emocional. Leer nos permite conocer otras geografías, trasladarnos a otras épocas, turistear en el alma individual y social, barajear todas las posibilidades del lenguaje, enterarnos de conflictos que se libran sobre las páginas de un texto, observar las alegrías y tragedias ajenas sintiendo genuina empatía. Pues como versó el poeta chileno Vicente Huidobro “El poeta es un pequeño dios”, esto aplica a los microcuentistas, que son verdaderamente pequeños dioses y diosas de la brevedad, que juegan con la palabra y la sorpresa para retarnos intelectualmente a la reflexión y, por supuesto, al deleite literario y artístico.
Como muestra cito: “Cuando aprendí a caminar de espalda, ya era tarde. Por parecerme valiente, pasé demasiado tiempo mirando de frente el horror”, al leer estas primeras líneas del hermosamente lírico microrrelato Caminar de espalda, muchos meses antes de este inolvidable Verano puertorriqueño del 2019, sentí un golpe en el pecho, sentí tantas cosas, por su multiplicidad de interpretaciones, sentí todo un pueblo que pronto o bien despertaría o quedaría sumergido entre sombras y de espaldas. Aplaudí. Y es que así comienza el microcuento ganador de la caborrojeña Beatriz Llendín Figueroa que abre esta antología del 2do Certamen Nacional de Microcuentos 2018, dedicado al escritor caribeño José Luis González, quien en su narrativa también cultivó el microcuento, por ejemplo, el inolvidable relato La Carta.
Legado que celebramos también hoy, junto Llenín Figueroa y los demás cuentos premiados del Certamen convocado por Cedei (Corporación Cultural, Educativa y de Estudios Interdisciplinarios) y publicada por Ediciones Mágica, del que tuve el honor de ser jurado junto al entrañable amigo y colega escritor Emilio del Carril y la ganadora de la primera edición del certamen, Fannie Ramos. Quienes evaluamos y degustamos la lectura de unos 125 microtextos como críticos literarios y escritores de microtextos los tres, buscando que se ajustara a las reglas del certamen, a la calidad que caracteriza nuestras letras, por lo que fuimos muy exigentes. Tanto en su creatividad y originalidad temática y del uso del lenguaje, como de la estructura propia de lo que debe implicar en su brevedad un microrrelato, citando al profesor y crítico español David Roas en su ensayo "El microrrelato y la teoría de los géneros", en La era de la brevedad, nosotros, el jurado evaluamos aquí:
“[Los r]asgos discursivos: narratividad, hiperbrevedad, concisión
[Los r]asgos formales: estructura simple, personajes mínimamente caracterizados, espacios esquemáticos, condensación temporal
[Los r]asgos temáticos: intertextualidad, metaficción, ironía, parodia, humor
[Los r]asgos pragmáticos: exigencia de un lector activo”.
Nosotros como lectores, exigimos, en efecto que nos seduzcan, nos golpeen el alma, nos abran bien los ojos a las realidades incómodas, a todas las posibilidades de la fantasía, de la realidad y, en especial, de la creatividad.
Parafraseo aquí del prólogo del profesor Federico Cintrón Fiallo: Los cuentos aquí incluidos son un transcurrir por casi todos los conflictos de la humanidad [en general], [y de] Puerto Rico [como nuestro universo patrio]. Las relaciones humanas, las cuestiones de género y sexualidad, la crisis económica, las consecuencias del paso del huracán María, los abusos, la lucha, la política, las reivindicaciones, conforman una radiografía abarcadora de nuestra sociedad, a través de esta selección de microtextos.
Y es que para mí como lectora, jurado y escritora, ha sido un oasis de esperanza en estos momentos convulsos que vivimos, leer y descubrir nuevas escritoras y escritores con un estilo propio maduro crítico como la ganadora Beatriz Llenín Figueroa o la finalista Lara I López de Jesús, o la mención de honor Cristina Guzmán Apellaniz, y otras ya reconocidas de las letras puertorriqueñas que he leído como el tercer premio Awilda Cáez, o Zulma Ayes, Pedro Juan Ávila Justiniano, Ricardo Martí, Nanim Rekacz, Arlene Carballo Figueroa, Luis Alejandro Polanco, Maricarmen Ferrer o María Bird Picó, entre otros autores --publicados en esta antología con orden alfabético-- que gracias al certamen y la antología podemos estudiar una pequeña muestra de su obra para un total de 51 escritoras y 34 escritores, todos participaron bajo seudónimos.
La diversidad temática y geográfica de los escritores participantes seleccionados (de distintos puntos de nuestro archipiélago puertorriqueño, como de la diáspora, e incluso de autoras que hemos adoptado como boricuas) no los aleja de una unidad cultural mayormente latinoamericana, de nuestra forma particular de ver el mundo, con nuestros vivos y nuestros muertos, una diversa unidad llena de sensibilidad que se agradece, acompañada de una urgente invitación a reflexionar como individuos y como sociedad.
Caminar de espaldas, el microrrelato ganador de Beatriz Llenín, también sentencia a “Mirar al sol bajo el agua, mientras me ahogaba, fue la última revelación del error”. Y es que en nuestra imperfecta humanidad nos equivocamos tanto, pero también nos levantamos, e inquebrantables escribimos y luchamos. La creatividad nos salva. Leer es abrir los ojos a nuevas posibilidades, pero… escribiendo somos invencibles.
Expresó en una ocasión el genial autor irlandés Oscar Wilde: “Te hubiera escrito, con la esperanza de que una sola frase, una única palabra, una breve sílaba, hubieran sido como un eco de amor”. Ese es el eco de la microficción publicada en esta antología del certamen nacional de microcuentos, al leerla sentimos ese eco de palabras diversas, críticas, dolorosas, otras divertidas, orgánicas o fantásticas, unas tiernas, otras crueles, irónicas, nostálgicas, soñadoras, la decadencia y las expectativas de algún cambio. Todos estos ecos recorren la colección de microficciones que hoy presentamos.
En el oficio del poeta, del escritor, en general, fingir, morir, condenar, son todos actos de valor y autorredención, autoevaluación, de amor y muerte, ya sea del propio cuerpo o del colectivo. Así llegamos a los 2 cuentos finalistas, ambos trabajados desde la ironía: tenemos como 2do premio el orgánico microrrelato Encarnación: Un relato sin hambre de la escritora Lara I. López de Jesús que "Como todos los días el trozo estará servido a la cena, cuando Encarnación --otra vez-- fingirá apetito." Al fin de cuentas, quién de nosotras desea cenar una carne caducada, flacidad o inerte como sensorial y sarcásticamente nos narra Lara. Nuestro 3er premio se titula Ganado de la colega y querida amiga Awilda Cáez (con trayectoria reconocida como narradora) donde el alcalde, para evitar una histeria colectiva ante la sospechosa muerte del ganado proclama que las vacas murieron de amor porque había pocos toros para aparearse. No era casi paternalista el señor alcalde… pero hay rebelión al final, se le vira la tortilla, pero no caeré en ser spoiler. Se agradece en Ganado, el excelente dominio del lenguaje irónico. Como ven, ambos con finales sumamente conmovedores no exentos de un fino humor negro, muy críticos, muy antropológicos. Ambos muy buenos.
Y es que los cuentos de las tres autoras ganadoras Beatriz Llenín, Lara López y Awilda Cáez, así como de la mayoría de los textos aquí publicados se ajustan a los planteamientos de los profesores Irene Andrés-Suárez y Fernando Valls, quienes concurren en una definición de microrrelato, indicando que es un: “Texto breve en prosa de naturaleza narrativa y ficcional que, usando un lenguaje escueto y preciso, se sirve de la elipsis para contar una historia sorprendente a un lector activo”.
“La brevedad es el alma del ingenio”, dictaminó en alguna ocasión el escritor y dramaturgo inglés William Shakespeare . Y es que el microcuento es meticuloso, requiere de una gran destreza para seducir, enganchar y provocar en pocas palabras, igualmente estricto es el lector que debe degustar cada imagen, cada truco y convulsionar casi sofocado. Porque los microcuentos nos tienen que jamaquear sin explicar qué ocurrió: el escritor así pasa el batón al lector. El microrrelato, por lo tanto, crea la intensidad suficiente para retar al lector. No entraré demasiado en teoría literaria, puesto que esta antología contiene un buen prologo critico que les invito a leer, pues concurro con el profesor Cintrón Fiallo en que el microrrelato tiene que dejar (y cito) “una ventana abierta a la interpretación y la sorpresa... No tiene que expresar un posible acontecer, puede concluir el relato dando sentido o creando posibilidades a la imaginación” del lector. Ya sea desde un asesinato producto de la violencia machista visto o narrado desde la perspectiva de un gato (con influencia atmosférica de Poe), como en el microrrelato mención de honor titulado El comensal (uno de los mejores de la antología, junto a Ganado, y las otras ganadoras) de Cristina Guzmán Apellániz o en la otra mención de honor, Doble error de interpretación de nuestra autora argentina casi puertorriqueña Nanim Rekacz, donde a través de la voz ingenua de una niña, vemos la triste realidad del abuso sexual de menores. Muy logrado. Doloroso y auténtico.
Así entramos a la sección de los demás microcuentos elegidos por Cedei para esta hermosa publicación, donde los lectores encontrarán: microrrelatos fantásticos que nos llevan al origen de la humanidad, unos científicos otros poéticos que entrando al campo de la metaliteratura nos atrapan al oficio tiernamente perverso del escritor, tenemos microtextos de amor y desamor, criollistas, rurales, urbanos y actuales, de “pegás” cuernos y fidelidades, decadencia y superación, feminismo, el muy necesario empoderamiento femenino, denuncias sociales y políticas, sobre el estado colonial de nuestro país, también de chismes y silencios, hay silencios que hablan y voces que gritan callando, hay poesía y crudeza, sumisión y rebeldía, de Puerto Rico y del mundo. En fin, todo un universo humanamente literario habita en esta muestra algo desigual técnica y argumentalmente, pero que es tan diversa y unificadora como infinitos son nuestros sueños y aspiraciones culturales.
Pues tal como dice el profesor vasco Paco Bescós, parafraseando al escritor Juan José Arreola: “El microrrelato es un fantasma. El lector, el lugar de sus apariciones." Así vamos página tras página de esta antología de fantasmas, diosas y humanos que nos hechizan sorprendiéndonos conmovidos, cómplices, aterrados o riéndonos solos frente a la palabra, ante la genialidad de la creación literaria de estos escritores que han recargado nuestros sueños y la memoria de nuevas posibilidades y querencias. Son historias breves y mágicas como duendes traviesos. Retomando el estudio de Paco Bescós:
“A fin de cuentas, aquellos duendes de Shakespeare, […] veloces y revoltosos, eran imposibles de extirpar de la memoria de quienes los soñaban (pero no los soñaban). Ahí está la virtud del microrrelato. Ejercer de aparición fantasmagórica, provocar la reacción rápida, una bofetada, un estornudo, un escalofrío. Convertir al lector en una mansión encantada donde hacer sus apariciones” y añado esta casa que somos los lectores que nos dejamos habitar de palabras, y estas nos hacen empáticos, luchadores y libres. Unidos somos invencibles como pueblo. Leer y escribir creativamente nos da las alas hacia la libertad.
Un aplauso para los organizadores de este certamen, que se repita, y un aplauso mayor para todos los escritores aquí publicados. Muchas gracias.
Ana María Fuster Lavín
escritora

http://elpostantillano.net/cultura/23729-2019-09-05-18-03-48.html

miércoles, septiembre 04, 2019

Lienzos musicales




  • Muy agradecida con la Editorial EDP University y su editor Edgardo Machuca, por permitirme participar en este hermoso proyecto destinado a becas educativas (por la Fundación Universitaria Aníbal Nieves Nieves) mediante subastas.




  • Los maestros del arte plástico trabajaron sus obras de arte sobre pianos de consolas, plasmando sus estilos magistrales característicos y que en el catálogo se publicaron las fotos de las obras, acompañadas de poemas inspirados en estas por escritores puertorriqueños, según les fue asignada cada pieza para inspirarse.






  • Participaron –pintor y poeta–: Antonio Martorell (Elsa Tió), Pablo Marcano (Lucía Margarita Cruz Rivera), Wichie Torres (Gloriann Sacha Antonetty Lebrón), Gloria Bosa Osorio (Elidio La Torre), Orlando Vallejo Caraballo (Ana María Fuster Lavín), Rafael Rivera Rosa (Ángela M. Valentín Rodríguez), Carmelo Sobrino (José Ernesto), Olga Charneco (Doris Sandra Estrada Jiménez).  Además, el catálogo presenta modelos con vestidos diseñados por estudiantes del programa en Diseño de Modas Digital de EPD University, inspirados en los pianos pintados.



(incluyo algunas fotos del catálogo y mi poema)







Sonata para el silencio al caer
a un piano pueblo de Orlando Vallejo
                                                
¿escuchas el silencio al caer?
azul azul
casi atardecer,
verde ámbar como risa de niñas,
en trazos blancos y negras armonías,
teclean un blues de recuerdos
como la nostalgia de un piano,
casi pueblo,
que se niega a ser olvidado

el silencio cae y ensordece las manos
mas algunas palabras,
breves como pequeñas bocas en pizzicato
se escapan a través del oculto teclado
cosquillean el corazón, las pisadas del recuerdo,  
sobre un lienzo de pequeñas casas y niños
que despiertan susurrando al pintor dormido:
¿escuchas el silencio al caer?

son las sílabas del pincel que recorren tu cuerpo
hasta despertar después de cada muerte

aun así
ese silencio insiste en nacernos una y otra vez
aunque lloremos de hambre
de abandonos
de niños
de sueños
de pequeñas casas
de vida

este silencio grita
libre puenteesperanza
música palabras pintura piel, somos
multicolores multirrítmicos multirraciales
como este piano/pueblo vivo, unido, eterno

¿escuchas el silencio al caer?


Ana María Fuster Lavín