miércoles, diciembre 21, 2016

La literatura de: Zulma Oliveras Vega, Ana María Fuster Lavín y Carmen Rita Rabell por Daniel Torres

  La literatura de: Zulma Oliveras Vega, Ana María Fuster Lavín y Carmen Rita Rabell
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  • altEn esta época navideña se suele tener un poco más de tiempo para sentarse a llenar las horas muertas de las vacaciones de Navidad. Los que no tengan vacaciones de Navidad, han de robarle horas al sueño para leer un poco y seguirle la pista a la ardua propuesta de libros boricuas publicada este año. Hay tres que me gustaría reseñar porque entre poesía, novela y ensayo le toman el pulso al quehacer literario de tres escritoras puertorriqueñas manifestado en distintos discursos de resistencia: un poemario, una novela y un ensayo de investigación.

    Leer Mercenaria: Escritos de una diosa guerrera reencarnada de Zulma Oliveras Vega es sumergirse en el mundo del activismo político no sólo en la Isla sino también en varias ciudades de los Estados Unidos, en Palestina y en Ghana. La hablante lírica se confiesa en inglés y español porque éste es un poemario bilingüe que también tiene fotos de murales, pancartas, grafiti, instrumentos musicales y, por supuesto, de la poeta-activista en varias protestas o con distintas personalidades. Las imágenes en blanco y negro son como polaroids que recogen momentos clave para los textos. Poemas eróticos lésbicos como “Entre tus piernas” (“abrázame entre tus piernas sin dejarme/ escapar”) dan la cadencia de “Tambores de bomba y plena”, foto que cierra los versos. La prosa poética “Historia escrita de otros” acompaña la foto “Marcha contra el gasoducto, 2012” y le sigue una cita de Juan Antonio Corretjer. Este montaje poético-gráfico y de corte nacionalista nos hace pensar en Mercenaria como poesía testimonial que denuncia, muestra y autoriza la desobediencia civil en un Puerto Rico, donde cada vez nos va quedando menos. El mejor ejemplo de este montaje es la portada que muestra un mural de Tonantzin (“nuestra madre venerada”), la diosa azteca de las semillas o de la fecundidad, que aparece como la mejor diosa mercenaria de todas. De ahí la segunda parte del título: “escritos de una diosa guerrera reencarnada”.
    La historia de la patria se reescribe desde sus orígenes: “Isla volcánica, eslabón del Caribe en cadenas de esclavitud. Taína bañándose en el río, mientras la mulata y la negra la observan. Entran al agua. Taína besa a la mulata, mientras la africana acaricia sus pechos. La luz de la luna refleja los cuerpos en el agua”. Los paradigmas de raza y género se funden en una trieja poliamorosa, no de europeo, taíno y negro (como el sello del Instituto de Cultura Puertorriqueña de Lorenzo Homar) sino que aquí se mezcla y se recontextualiza también en otro paradigma lésbico y queer. Las fotos de la autora con la prisionera política Marilyn Buck (1947-2010) y con Rafael Cancel Miranda acompañan el texto final que cierra el libro, “Perdónalos que no saben lo que hacen”, donde se recurre a un lenguaje judeocristiano recontextualizado aquí en una lucha política y de género. Pide perdón para los vende patria, para los hipócritas religiosos, para las dizques feministas sin inteligencia emocional, y para nuestros gobernadores porque “no saben lo que hacen”. La voz se erige en una figura crítica que tampoco sabe lo que hace. Y desde esa rica indecisión le nace su verbo poético como una energía dinámica de transformación donde no existen los absolutos. Y ésta es la mejor propuesta de Zulma Oliveras Vega: “solo basta tener una intención para este viaje”.

    La publicación de Mariposas negras de Ana María Fuster Lavín pone ante nosotros un personaje que es mudo testigo del abuso sexual rampante hacia los menores y adolescentes en nuestra Isla del (Des)encanto. Mariana sabe lo que pasa, lo ha sufrido en carne propia como una adolescente que es consciente de las mal llamadas convenciones sociales del colegio donde estudia. Ella, junto a su enamorada, logra romper el silencio de las víctimas, y a una de ellas le crecen alas y se transforma en una mariposa negra vengativa porque hay circunstancias en las que la venganza es la única alternativa. Es una cambiaformas o shapeshifter de los relatos góticos. Ella toma venganza de sus victimarios. Se trata de una novela juvenil, de un texto que ha sido asignado en varias universidades de la Isla y los testimonios en las redes sociales desde ya han dado evidencia que una narrativa como ésta hacía falta en nuestro medio. Una de las mayores fuerzas de la palabra escrita es transferirle el poder a quienes no lo tienen para que hablen, se levanten y denuncien aquellas lacras sociales que nos aquejan. Fuster Lavín ha sido una escritora valiente quien ha desarrollado lo que fuera en sus inicios un breve cuento que tenía todo el potencial de contar una historia mucho más compleja, y así lo ha hecho.
    El mundo del colegio , el grupo de amigos de Mariana, su situación familiar, la serie de abusos de los que es víctima tanto ella como su madre hablan de los secretos que guardan las familias isleñas y cómo son los niños y adolescentes, los más vulnerables, quienes muchas veces pagan los platos rotos de la doble moral católica que nos aqueja. El paralelo del abuso de Lucas, el hermano de Laura, la amiga de Mariana, es una ampliación de la agonía ante un medio social que reprime y no deja respirar libremente. Como decía Franz Fanon, “nos revelamos simplemente porque, por muchas razones, ya no podemos respirar”, o porque es una necesidad vital para poder sobrevivir, como les pasa a estos personajes que recurren a la acción fantástica de transformarse en mariposas negras vengativas que toman la justicia en sus manos porque nadie más puede protegerlas.

    Laura escribe en su diario sobre los rezagos psicológicos de su hermano por culpa del abuso: “Son las tres de la madrugada. Escuché a mi hermano gemir, gritar. Entré a su habitación y señaló el armario. Me asomé, no vi nada. Lucas me abrazó muy fuerte y temblaba”. Estas dos instancias, Mariana (víctima de los amigos de su padre), y Lucas (víctima de un tío sodomita) reiteran la idea que los trabajadores sociales y los psicólogos han repetido hasta la saciedad: es en el núcleo familiar donde ocurre el fenómeno del abuso de menores. Es en el seno mismo de la gran familia puertorriqueña donde los niños y los adolescentes son los más vulnerables para los depredadores sexuales. Mariposas negras es un vivo testimonio de los casos anónimos que son parte de nuestra triste realidad de pueblo. El lenguaje descarnado y directo, pero con visos altamente poéticos a la vez, hacen de esta novela gótica caribeña una que debe ser leída a lo largo de las 100 x 35 millas náuticas de nuestra Isla.

    De la poesía a la novela y al ensayo llegamos a una investigación que hay que leer con fruición porque también denuncia los abusos de poder que hemos visto en Mercenaria y Mariposas negras. Se trata de La isla de Puerto Rico se la lleva el holandés: Discurso de Don Francisco Dávila y Lugo al Rey Felipe IV (1630), un libro donde Carmen Rita Rabell hace gala de sus dotes de investigadora del Siglo de Oro Español en lo que atañe a un teórico y autor de novellas quien vivió en San Juan durante el siglo XVII. En sus investigaciones sobre este autor se encuentra Rabell con la referencia a una carta al rey escrita por este, quien fuera vecino de San Juan y donde denuncia las condiciones precarias de la Isla por culpa del ataque de piratas holandeses y habla de cómo se pudo prevenir. Ésta es la misma preocupación que décadas más tarde Don Carlos de Sigüenza y Góngora hará manifiesta en Infortunios de Alonso Ramírez (1690), crónica barroca donde el escritor novohispano denuncia lo desprotegidos que están los límites del Imperio Español en Asia y América. Esta es la historia de los infortunios de Alonso Ramírez, quien “le hurtó su cuerpo a la patria” (refiriéndose a San Juan de Puerto Rico) para buscar fortuna en la Nueva España, luego se embarca hacia Filipinas, cae en manos de piratas ingleses, es liberado, le da la vuelta al mundo yendo a recabar en las costas de Yucatán, para de ahí volver a la Nueva España y contarle su historia a Sigüenza y Góngora, quien la escribe por orden del virrey.

    El análisis de Rabell en la primera parte de La isla de Puerto Rico se la lleva el holandés es un modelo de crítica histórico-literaria que maneja documentos pertinentes (accesibles en un rico apéndice de fuentes primarias) para seguirle la pista a Dávila y Lugo y su querella ante el rey acerca de las condiciones de la Isla, lo que la hizo vulnerable al ataque de piratas holandeses. Después de este ataque holandés a San Juan perpetrado en el siglo XVII y contrastándolo con el ataque de Sir Francis Drake en el siglo XVI, Rabell nos documenta de manera impecable las diferentes estrategias que le propone Dávila y Luego al Rey Felipe IV para proteger la plaza de futuros ataques. Entre ellas la fortificación de una ciudad amurallada que defienda la ciudad persuadiendo al rey de la importancia estratégica de la Isla. El autor fue a su vez secuestrado por enemigos holandeses y su cautiverio le sirve como fuente de información valiosa para futuros ataques y habla acerca de informantes o espías infiltrados en la administración del gobernador insular que compartieron información sobre la Isla con los piratas, previo al ataque.

    Uno de los aspectos más interesante de este libro es cómo en el siglo XVII se hablaba ya de la incapacidad de gobernar de los gobernadores de la Isla y cómo a la luz de las condiciones políticas y económicas en las que ahora mismo nos encontramos, se puede establecer un paralelo entre los gobernadores del XVII y los de los siglos XX y XXI, y cómo se ha utilizado la oficina del gobernador para beneficio personal desde la colonia hasta el presente. En el caso que se investiga, el gobernador se apeltrechó en El Morro y no defendió la plaza como debía durante el ataque holandés. Fueron los residentes de San Juan quienes hicieron frente al ataque y lograron que la isla de Puerto Rico no se la llevara el holandés. En la segunda parte del libro se presenta el documento de Dávila y Lugo íntegro y es de lectura amena para aquellos que quieran ahondar en nuestra historia colonial.

    El Morro siempre ha sido un baluarte arquitectónico que visitamos desde niños en Puerto Rico y conocer un poco más de su historia y el papel que ha jugado en la defensa de nuestras fronteras es uno de los mayores aportes de este libro. Como ha dicho antes Rafael Acevedo, este libro se lee como una novela, porque Carmen Rita Rabell escribe como siempre lo ha hecho en sus investigaciones desde Periodismo y ficción en Crónica de una muerte anunciada, su primer libro de crítica y sus estudios sobre el Siglo de Oro Español como en Rewriting the Italian Novella in Counter-Reformation Spain y otros, con la pasión de una crítica literaria y el rigor de una historiadora.
    He aquí tres instancias donde la literatura puertorriqueña sigue dando evidencia de la riqueza y diversidad de su quehacer contemporáneo.

     Se presentan varios discursos de resistencia: un poemario militante de Zulma Oliveras Vega que no cae en la literatura panfletaria, una novela valiente de Ana María Fuster Lavín que denuncia el abuso de menores y adolescentes, y una investigación sólida sobre nuestro pasado colonial en lo que tiene de vigente aún hoy en día. Estos tres libros en tres géneros diversos, poesía, novela y ensayo, hablan de una misma preocupación, de la lucha que todavía hay que dar en el Puerto Rico de hoy por el alcance y la defensa de nuestra cultura: el activismo necesario que poetiza y al que exhorta Oliveras Vega, la denuncia que narra Fuster Lavín y la evidencia histórica de estas luchas en el discurso de Dávila y Lugo presentado y analizado por Rabell.

    http://elpostantillano.net/pagina-0/critica-literaria/18491-daniel-torres.html

    lunes, noviembre 14, 2016

    Ana María Fuster Lavín y su novela: Mariposas Negras (2016): la vida y la muerte como una sola travesía entre la pesadilla, la duermevela y el insomnio


    Ana María Fuster Lavín y su novela: Mariposas Negras (2016): la vida y la muerte como una sola travesía entre la pesadilla, la duermevela y el insomnio

    Por Dra. Beatriz Santiago Ibarra
    Escritora y crítica de arte
     



    “En toda mujer hay fuerzas poderosas pendientes de descubrir”.  Lo señala la escritora y psicoanalista junguiana[1]Clarissa Pinkola Estés, en su obra Mujeres que corren con los lobos[2].  La escritora de San Juan de Puerto Rico, Ana María Fuster Lavín y su literatura son parte de esa pronunciación, a través de la cual lo espiritual-psíquico se mueve a la par, a punto de equilibrio con el arte de escribir; es decir queda sellada la pronunciación en la nueva novela de la autora, Mariposas Negras.

    Después de haber visto sus cuentos tal cual “fenómenos curativos del alma”[3] en Carnaval de Sangre (2016), leo el manuscrito de las Mariposas Negras, para por fin entender que esa alma no es sino la entelequia y que una de sus partes o núcleo esencial es la conciencia. […]

    I.                   Notas al primer capítulo: Caricias al silencio: la invisibilidad


    Mariposas Negras, tiene un abordaje hacia el espacio de la soledad perenne que en la obra anterior de Fuster Lavín nos embarcamos en él, pensando en que la escritora y sus palabras inducen a un vacío: en el sentido del vértigo del abismo; tal cual símbolos de esa soledad respirada por el lector en cada inhalación de la lectura.  Más, ese solipsismo no es hueco, y precisamente es la metáfora del insomnio (otro constante  en su obra), la que ahora señala, que tanto la soledad, así el silencio, poseen sus propiedades de tiempo; espacio; cuerpo; invisibilidad; visibilidad; y tantos otros elementos y conceptos como aquellos sostenidos por la “realidad” extrínsecamente a lo que vivimos y pensamos.

    En la novela se afirma que esa metáfora, además de encontrarse siempre bien despierta y erguida, duerme, y hasta se permite soñar en vertical. ¿Armonía de los contrarios? Podría ser.

    La historia que presenta esta ficción es la típica relación de dos adolescentes colegialas, Mariana (protagonista) y Laura (coprotagonista) que cotidianamente viven como todas las niñas de su edad, comparten con amigos y amigas, que excepto John (el amiguito más íntimo de las dos); el maestro de historia, Míster Jaime Flores y Lucas, el hermanito menor de Laura (un niño autista), el resto de los amigos son personajes siluetas, que inciden en la trama, desde el punto de vista de los monólogos interiores; del tipo “stream of conciousness” (flujo de conciencia) del personaje de Mariana que dominan la narrativa, complementados por las descripciones de los diarios secretos de Laura.  No obstante, en ese día a día de levantarse, desayunar; ir a la escuela; portarse a veces bien, a veces mal con los maestros; ir a estudiar todos juntos; o el grupo de las chicas ir a comer “yogures”, subyace una intrahistoria de horrores y espantos: Mariana es víctima del  “bulín” de parte de algunos mal intencionados compañeros de clases; víctima de violación y abuso sexual por el padre de Laura desde los once años; brutalmente victimizada por su propio padre y unos amigos en el cuarto de un hotel (durante las primeras y últimas vacaciones que fue a pasar sola sin su madre).  Lo que lleva a Mariana a convertirse en una niña “rara” para todos, creando así mismo, un ambiente enrarecido en su mente y en derredor de sí misma, en donde el tiempo no es lógico, ni preciso; y aunque uno de los “leitmotiv” en la narrativa es la alusión a que su reloj despertador suena a la 5:30 am; es precisamente esta imagen, lo que indica la no constancia de la historia; el destiempo, incluso la misma hora de su fin.  Laura es víctima de una violación brutal y a Lucas su hermanito autista, el hermano gemelo de su (proxeneta padre), un incisivo pedófilo (diácono de la iglesia) también lo victimiza y abusa.   La vida de la madre de Mariana es antisocial, ya que Gloria es dipsómana y prostituta.  Dista mucho de ser un modelo para su hija, la que lucha por lo que cree genuino en su vida, el amor de pareja, que siente y tiene con su amiga Laura.

    Recurro una vez más a la frase de Mario Sotil[4] en torno a la literatura de Fuster Lavín “hay que dejar que la literatura asuma el papel que le corresponde”.  En el caso de la autora es así, y aquí en Mariposas, más que en toda su literatura ella lo permite.

    El epígrafe que al comienzo de capítulo, la autora ubica como sentencia es, del escritor Eduardo Galeano[5], asegurando que cada quien es la propia historia cotidiana.  Ese comienzo del personaje de Mariana de “estoy aquí amarrada a una cama” se siente como inercia; mas no es sino el impulso que Fuster Lavín le da a su personaje para contar todas las historias, con tal de no olvidarlas.

    Mariana es la que yace en lo corpóreo, visionando desde lo espiritual, el alma de su poesía (es poeta)  utiliza su poesía  o bien el conocimiento de esta (estética) y los diarios de su amiga Laura (símbolos del arte de escribir)- la crónica- la literatura; (el canon[6]) para el recuento de esas historias  que desde principio o fin de la novela se cuenta desde la cama de un hospital psiquiátrico donde se encuentra Mariana. Oscilará el discurso entre lo ético (ley), literaria y lo estético (lo bueno, lo bello, la bondad) El lenguaje es el verdadero protagonista. Si en Finnegan’s Wake, novela del escritor irlandés James Joyce[7], el personaje debe despertar para continuar escribiendo, en Fuster Lavín, el despertar desde el alma es concientizarse para salir de las “redes sociales” atrapantes, impidiendo, estas, que se escriba, que se narre y se ame.  En Mariposas el motivo para lograrlo son las mariposas negras (las monarcas): ¡que solo viven; aman; trabajan; discrepan, en un espacio de tiempo de veinticuatro horas!  Se puede afirmar desde este primer capítulo lo que la autora dice, “tengo la certeza de que solo encontrando las palabras precisas podemos sobrevivir”.

    No se puede precisar de la palabra escrita.  Náutica de mares y océanos de la psique, es la narrativa de Mariposas.  Mariana y Laura son las esclusas, para que la travesía logre que la trama fluctúe y pase de un estado a otro.  Por ello el párrafo final del primer capítulo es piedra de toque para la comprensión de los demás en esta novela.

    ¿Cuándo comencé a tener noción de que el tiempo es relativo a las variaciones del alma?  No lo sé, quizá tan solo las historias que vivimos.  Las mías comienzan poco antes de cumplir once años y terminan una noche poco después de cumplir dieciocho.  Hace cinco años solo vivo en el olvido de Laura[8].

    Aquí, es cuando la lectura la realizamos.  La comenzamos a conocer desde otra pregunta ¿Cómo puede la literatura no recordarnos a los que la escribimos?  Quizá porque la literatura responde a una leyes autónomas y tienen que ver con el atuendo con el que se viste; la ficción.

     

    II.                Apuntes para el segundo capítulo: Las alas de la noche

    Debemos tener en cuenta que la ficción de Fuster Lavín convierte a la ética en estética y no al revés.  Por ello se manifiesta en el tipo de lenguaje utilizado, el que aun escribiendo un acto de pedofilia, es sumamente especial, a través del cual toma una acción como sujeto y así ese elemento o parte de un personaje aparecen “pro nombrados” (con un pronombre): “Pasó su lengua por mi rostro y me obligó a agarrarle la erección”.[9] “Erección” por pene, cuando en realidad es el pene (miembro del sujeto) y la erección, el acto (el predicado). Hasta los símiles y todo el lenguaje figurado son distintas escrituras anteriores que conforman el canon. Lo demuestra tal cual, al entrelazar coloquios y diálogos del lenguaje callejero de los personajes: jergas y regionalismos caribeños. Ya la poesía de esos monólogos interiores y su flujo de conciencia.  Sí, exhibe “la dialógica imaginativa” de la que tanto habló, Mijaíl Bahktin.[10]

    El lenguaje se postula entre un realismo crudo, pero goyesco,[11] tan así como decir “gótico” con vicios de ambiente de novela negra con recorridos en esas “travesías” soportadas tipos “thriller policiaco”: “Somos tan apáticos ante el dolor ajeno que nos hemos ido convirtiendo en fantasmas de una humanidad perdida”.[12]

    En relación a los personajes, Fuster Lavín explora el referente del heroísmo norteamericano, engendrado en el “comic”; que tanta fibra psicológica y filosófica nos da a los lectores en todo tiempo: Batman y Batichica (son los apodos que John y Mariana utilizan uno con el otro).  Además de Mariana reconocer en Buzz Lightyear, al buen mensajero y excelente amigo que John= Buzz ha sido, tanto para Mariana, como personaje en “The Last Airbender” del programa para jóvenes de la televisión y del cómic, así es héroe dentro del tiempo y la acción de la novela Mariposas Negras.  Fuster Lavín teoriza, no solo con la vida y la muerte (tal cual sentidos lineales en la mente de los personajes) sino también con la felicidad en calidad de mediadora.  Es personaje intelectual y más allá de ello, es espiritual.  No es real en la ficción, pues menos en la realidad.  La alegría es invento del alma.

    Mariposas Negras, es título- símbolo, y justo al final del segundo capítulo se descubre.  Son ellas, Mariana y Laura (las mariposas).  Refiérase a ese primer amor puro, que se experimenta y siente por primera vez en la vida y que nunca se olvida, y es el “modus vivendi”[13] hacia ese tipo de amor; lésbico-espiritual y fundamentalmente poético, el que la sociedad discriminatoria plagada de machistas (de ambos géneros) proxenetas, pedófilos o pederastas, abomina.

    Los “Sin Ojos” “son las especies más peligrosas”.[14]  Para nosotros, los lectores son fantasmas; pero ¿lo son? O es una especie más de la trama social; que muy bien conocemos en Puerto Rico.  “El cura; el teatro; el alcalde; el casino; las alhajas; el cielo; el infierno”.  Y por encima de todo; ese gran personaje tan inclusivo; “el qué dirán social”; me refiero al poema emblemático de la poeta puertorriqueña, Julia de Burgos, que bien puede compararse aquí con los malévolos de esta trama, titulado A Julia de Burgos (autodedicado) en la recopilación, Canción de la verdad sencilla en Antología poética de Julia de Burgos[15].

    Fuster Lavín plantea la vida y la muerte como una sola travesía entre la pesadilla, la duermevela y el insomnio e indica al mismo tiempo la crisis económica de Puerto Rico. “La crisis económica que gira y gira sin remedio para caer de nuevo en la imposibilidad de la ternura[16]”.

    Si no hay ternura es como si no existiera la literatura.  Es lo que se desprende de la historia narrada para Mariana.

    III.             Hallazgos en el tercer capítulo: El aleteo de las dormidas.

    Se inicia con un lema del escritor portugués; José Saramago que dice: “yo no escribo para agradar o desagradar; yo escribo para desasosegar”.  Es pensamiento sentencioso; inscripción; referencia o bien, guía, en el espacio literario de una obra y la escritora F.L. la sigue.

    En calidad de autora, que todo lo sabe en relación a su obra, se sirve de su narradora-protagonista, Mariana, y así, ella, junto a Laura, montan sobre la historia, un tinglado estructural tipo interrogatorio policial- sustraen las palabras que se ocultan en sus propias mentes y en las nuestras; la de los lectores.

    ¿Cómo lo hace la autora?  Penetra el terrero metafórico: metonimias símiles… en fin, impulsa siempre la lengua española; y a toda lengua cuando se trate de traducciones. El capítulo comienza cualificando las condiciones humanas de ese reloj despertador y la metáfora no expende de complicación alguna: un reloj; una paciente de “psiquiátrico” son parte verosímil del control existencial; al que estamos sometidos (el género humano) en nuestras sociedades.  Para el lector de Fuster Lavín resulta fácil y hasta divertido, entender que ese tiempo no existe fuera del conocimiento, ni tan siquiera por conciencia de la propia ficción.

    El sonambulismo (como para del insomnio) es el que permea el capítulo, su atmósfera al Mariana declararse a Laura, ser “una criatura de la noche” propone el orden del caos- lo caótico que ambas viven- no por ellas sino por la maledicencia de los demás, que han abusado de ellas: “Para las criaturas de la noche, la confusión es el orden natural del universo”.

    Si reflexionamos esta aseveración, recordamos la teoría de Albert Einstein: “todo es relativo”.

    La pérdida de la inocencia de la niña Mariana a manos de su padre y sus desalmados secuaces, quiebran espiritual y físicamente su voluntad.  A partir de ese momento en la novela, el personaje de Mariana apenas se reconoce así misma; lo que implica que “la ética del bienestar la abandona”; tal cual dice la profesora y filósofa mexicana, Maria Pía Lara[17], en relación a este tipo de personaje femenino en la literatura.

    El desmayo: significa una pausa; un detente.  Es como un aviso al lector de lo ocurrido en la acción de equis o ye suceso y de sus futuras consecuencias.

    El drama de las descripciones en las relaciones sexuales de violencia y en las violaciones son “ex profeso” descritas para dar al lector detalles específicos en orden de proponer una lección de vida a través de lo dicho.  Concientizar a los demás de los despropósitos de las inhumanas; pederastia y pedofilia, el bulín y el bulín cibernético.  La carne humana como modelo de este infierno en detrimento del espíritu infantil.

    El concepto del “tiempo” es el que mueve “el aleteo” (el movimiento alado) mientras “dormimos”.[18]  En el personaje de Mariana, esas mariposas monarcas (negras), remiten al paraíso (o cielo).  Aleteo es el despertar, en otro plano de la conciencia; sacudirse de la maldad; lo nocivo, aunque en el caso de Mariana, ella no puede deshacerse de todos esos daños, así como les sucede a las personas en la vida. En esta novela queda claro el testimonio por parte de la autora; el abuso sexual a niños y a niñas es equivalente al “diablo”.[19]

    La literatura y la inteligencia van unidas.  Cuando leemos a otros, estamos leyendo sus meditaciones y sus pensamientos.  Abrimos un diario; como en el caso de Mariana y de Laura (Mariana era la única autorizada a leer los diarios de Laura), es sinónimo en la novela del libro.  Literatura dentro de la literatura- doble ficción.  En la página ochenta, Fuster Lavín lo señala:

    Abrir una página de palabras ajenas es como entrar en las pisadas de otro cuerpo, encontrar que no estamos solos en la noche.  Viviré en el cuerpo de sus meditaciones como si mis manos recorrieran su piel bajo la ropa, bajo lo que no se puede ver.[20]

    El que lee es un hermeneuta. Los diarios de Laura son crónicas; y ha dicho el escritor colombiano Gabriel García Márquez, “la crónica es la novela de la realidad”.[21]  En los diarios de Laura, la narrativa es un cuento- lo que cuenta es lo sucedido en su vida.  Al ser parte de la novela, funcionan como códigos que se crean sobre la historia y van viviendo junto a los flujos de conciencia de los monólogos de Mariana, todas las piezas del rompecabezas de la historia.  Un ejemplo: en la página noventa, Mariana se entera por el diario de Laura que su amada ha terminado con “la escoria de su tío”, el diácono pedófilo; dato sumamente importante para Mariana como para el lector.

    El amor urgente, apremiante entre las dos adolescentes es presentado con pasión y vehemencia.  Al principio de la novela, desde el punto de vista de Mariana, Laura parece la más débil  y delicada de las dos. A medida que la historia avanza y todo se coloca y también se disloca, Laura resulta al revés.  Mariana es la más tímida.  La que toma la iniciativa y la besa por primera vez (Laura a Mariana).  La que manifiesta que lo sentido en el alma, es también parte del amor físico es, Mariana y añade que ahí la ternura impera. Un elemento esencial en todo amor verdadero que se precie de serlo.

    IV.             Reflexiones en torno al cuarto y último capítulo: Intermitencias de la muerte: Mariposas Negras.

    Dos enseñanzas al que lee, en esa escalada para ascender a la “unidad”; tomar aire para descubrir el final del “thriller” y son estas rúbricas epilogales las que aclaran y compendian el tema principal recapitulando con sus leyendas lo que se intuía al comienzo de la novela: una es un proverbio chino que dice: “el simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo”; el otro pertenece al escritor Alejandro Jodorowsky; “… la muerte solo existe en la mirada del otro”.

    El personaje de Mariana establece dos postulados, uno que el ser humano muere de muchas maneras y el otro es que ella se considera por esta prerrogativa, un holograma; “casi puedo ser un holograma”.[22]  Se refiere a la imagen de su muerte, pero de forma tridimensional.  Se refiere al alma (inteligencia; conciencia; espíritu). Lo que nunca muere.

    El  “issue” de la poesía de la protagonista, que no sostiene la vida del escritor (sobre todo al escritor puertorriqueño): “escribir poesía es construir sensaciones.  Y de las sensaciones no se puede vivir”.[23]

    Cuando el personaje de Mariana reflexiona (siempre amarrada en esa cama) va conociendo las texturas de la muerte: “mis pisadas tienen la textura de la muerte”.[24]

    El hábito de Laura de peinar el cabello de Mariana, es una invariable tenaz; que dice de ellas que son cómplices del tiempo y de su caos; mas el contacto entre ambas es constantemente implacable, reconocen que el tiempo se las ha devorado, como la imagen del propio dios de la mitología griega, Cronos.  Laura, al peinar a Mariana despeja su propia alma y así aclara la de Mariana.

    El cuento de Esteban, que Jaime; el profesor de historia les cuenta, sirve de traslación a la historia.  Posee propósito traslaticio.  Es el cuento “cuentado”, re apareciendo una vez más en la literatura de Fuster Lavín.  La novia de Esteban (en el cuento) recupera su cuerpo humano y deja de ser mariposa; se describe “la textura de sus manos”.[25]  Así, por igual, “los ruidos de esta ciudad cargan el aroma del abandono, una particular textura”.  Por debajo de la primera lectura, se rescatan todas las texturas narrativas que implican nuestras vidas.

    El espacio urbano, tal cual el espacio del psiquiátrico, y el espacio poético, son espacios que se unen en la narrativa de Fuster Lavín.  Lo demuestra el hecho, que Laura (ya en espíritu, ya en el físico) como un acertijo dará quizá muerte a su amiga.  Esta muerte significa a la muerte de la ficción; la que posee su particular textura.  El ámbito de Cayey indica la textura del paraíso.  “Que la vida es un aquí, que la muerte es otro día” y eso de que: “el tiempo se pierde en las voces que no regresan al cuerpo”[26]. Símbolo de trascendencia del vacío; de la llama de la luz.  Estas, Mariana y Laura son fuerzas poderosas de la naturaleza.

    Fuster Lavín, otra vez sorprende con una narrativa extensa, calificada en una madurez literaria que sorprende y la ubicación con Mariposas Negras al lado de lo internacional con, Julia Navarro, Almudena Grandes, Rosa Montero y Magali García Ramis y Ana Lydia Vega es evidente.

     
    Dra. Beatriz Mayté Santiago- Ibarra

    Escritora y crítica de arte

    (San Juan, Puerto Rico)

    viernes, octubre 21, 2016

    Entrevista a Ana María Fuster y el gótico en su obra

     

    Ana María Fuster Lavín

    y la Literatura Gótica


     


     

    Recientemente con motivo de la filmación de una edición del programa En la Punta de la Lengua sobre el gótico en Puerto Rico, que produce y dirige la extraordinaria Caridad Sorondo; el escritor, guionista y editor Melvin Rodríguez Rodríguez (junto al escritor Ángel Isián, acaban de publicar la antología No cierres los ojos, Ed. Eikon), me envió unas preguntas a modo de entrevista dirigidas a estudiar mi visión personal de lo gótico, qué significa para mí y cómo sitúo mi obra y creación literaria dentro del género.


    Melvin Rodríguez Rodriguez (MRR): ¿qué significa para ti el gótico?

    Ana María Fuster Lavín (AMF): Comencemos estableciendo un paralelismo entre mi estilo de trabajar la narrativa con el propio origen de la literatura gótica, en el siglo 17: una respuesta a la ilustración, revelarse contra el dominio de lo debe ser o se supone que sea, cuando la razón (de quien posee el poder) tiene que dominar la vida y nuestras acciones.  Así la novela gótica explora la personalidad, los sentimientos y sus complejidades.  Ese mundo interior que también rige nuestras vidas.  El género gótico me ayuda a expresar y desnudar quiénes somos realmente más allá del maquillaje, del carnaval social, de la pose intelectual. También ayuda a denunciar, desde el dolor o la voz de la persona abusada, incomprendida, marginada o, en ocasiones, del propio victimario cuando es víctima de un plan mayor.   El gótico lo veo como la unión de uno ante lo otro, el afuera y adentro de nosotros, de la narrativa como lo real y tangible y la poesía como la emoción; por eso catalogo la narrativa gótica como un  drama sicológico. Estos ambientes nocturnos, nos llevan a nuestra esencia, a quiénes somos, cuando estamos solos en la noche, en los sueños o en el insomnio y meditamos. A mí me ayuda a denunciar el sometimiento al que ha estado subyugada la mujer a través de los siglos, las miserias del pobre, del hijo no deseado y otros tantos. Como esos otros seres considerados monstruos por diferentes como la criatura de Frankenstein, o desde la rabia de perder al ser amado como Drácula, los tormentos personales como los personajes de Poe o las mujeres de las novelas de las hermanas Bronte, esas mujeres casi esclavizadas por el hombre en Jane Eyre o en Cumbres Borrascosas. Muchas mujeres han desarrollado el género gótico por eso mismo le da voz a los silentes, le da voz a los que no queremos ver o dar voz.


    MRR: ¿Cuáles obras góticas tuvieron un impacto en tu desarrollo como escritora?

              AMF: Las lecturas lo son todo, claro, junto a nuestras experiencias de vida.  Digamos que fui una niña muy tímida y fantasiosa, y con una obsesión por leer. Mis abuelos, de adolescentes, lo perdieron todo y casi hasta la vida durante la Guerra Civil Española, fueron autodidactas y para ellos la salvación o supervivencia a la dictadura era fajarse a trabajar, pero también el arte, el arte como salvación del espíritu y de la paz propia y del círculo familiar. Allí, en España, de pequeña, pasaba todos los veranos con ellos y retomaba algunos libros, desde pequeña me marcó el Retrato de Dorian Gray  de Oscar Wilde, lo leía una y otra vez desde los 9 años; también una versión gráfica de Frankestein de Mary Shelley que luego leí entero. Drácula de Bramstoker y su belleza de sentimientos entre diarios y cartas, Cumbres borrascosas y Jane Eyre de las hermanas Bronte y un tomo completo de los cuentos de los hermanos Grimm en sus versiones originales, que son bastante terroríficos. Estas lecturas y otras aquí en Puerto Rico que me robaba de la habitación de mis hermanos mayores y las historias de mi padre que es siquiatra. En secundaria también me apasionaron obras de teatro como los Soles Truncos y un Nino azul para esa sombra de René Marqués que para mí ambas son totalmente góticas, y hasta muchos personajes del real maravilloso del Gabo. Y Poe, siempre Poe, su Caída de la casa Usher. Me mataban de niña las adaptaciones cinematográficas de los cuentos de Poe con Vincent Price y las películas de vampiros y su teatralidad, pura pasión… El cine siempre ha sido muy importante para mí.  Ya en la universidad, descubrí a Alexandra Pizarnik con quien llevo el romance más longevo; cómo ella transmite todo su depresivo y brillante mundo interior, en su poesía, diarios y hasta en su versión de la Condesa Sangrienta. Sencillamente wao. Stephen King también me marcó, en especials sus primeras novelas y las escritas en la primera mitad de los años noventa; su uso de los niños y adolescentes, sus poderes, y sus escritores atormentados o perseguidos. Y por supuesto, Horacio Quiroga y su Almohadón de Plumas y otros cuentos de Amor Locura y Muerte.  Más reciente también autoras actuales como Marta Aponte y sus Vampiresas o Sexto sueño. También leo libros de sicología, antropología, historia del canibalismo, de asesinos en serie.  De libros leídos hace menos tiempo, también me marcó el Ensayo sobre la ceguera de Saramago, en un momento muy complicado de mi vida, que aunque alguien le parezca raro que lo mencione como influencia gótica, para mí lo es, por el terror de la oscuridad y la ceguera del alma, de la sociedad  que termina siendo física, quedarse verdaderamente ciegos, uso de forma sutil. En mi última novela Mariposas negras, presento unos personajes llamados los Sin Ojos, que tienen que ver con esa ceguera de lo que no podemos entender o a los seres que no queremos reconocer, esas verdades antipáticas, de eso se trata también la literatura gótica.

     


    MRR: ¿Cómo te inspira a adoptar esta estética literaria?

    AMF: Vuelvo a retomar que el artista y el escritor, es producto de sus lecturas, de su personalidad y sus gustos y placeres.  Hija de siquiatra y madre apasionada por la cultura (estudio leyes, pintura, música en Salamanca) siempre tuve interés en las enfermedades mentales, los desórdenes de personalidad y qué los provoca, también el dolor ante el abuso, el maltrato y las injusticias. Para mí el vehículo perfecto para mi forma de sentir la creación literaria y moldear la palabra es el estilo gótico, el drama sicológico, la poesía.  Esta  es la estética que mayormente empleo para construir ese mundo de mis cuentos y novelas, donde los sucesos y lo que está sintiendo el personaje son igualmente importantes, incluso más lo segundo. Puedo ser muy cruda en las descripciones, pero sin dejar de estar pendiente a cada palabra que empleo, sus matices y el ritmo; la belleza que embriagan lentamente como beber sorbo a sorbo una botella de vino durante una larga noche de amor, en vez de darse 5 shots de tequila en media hora o un quicky de 2 minutos. Así el gótico va seduciendo en cada palabra y cada sentimiento, así lo vivo cuando escrito y leo.  También trabajo el humor negro como hice en algún capítulo de (In)somnio y de Mariposas Negras, y ya descaradamente en Carnaval de Sangre.

    MRR: ¿Cómo trabajas los temas del gótico en Puerto Rico?

    AMF: Seres atormentados, soledad, terror, violencia, desesperación, fantasmas, muertos, traiciones, atropellos, por supuesto que Puerto Rico es un banquete para estos temas. Y uno puede adaptar cualquier género o estilo o motivo artístico al ambiente donde uno se desarrolla y observa, los géneros evolucionan como la sociedad misma, aunque la sociedad a veces no parece evolucionar tanto. Además el gótico se ha trabajado en la isla desde los orígenes de nuestra literatura. Está Póstumo el Transmigrado de Alejandro Tapia y Rivera, de las Leyendas de Coll y Toste (recuerdo muchas Leyendas de Becker que eran góticas, pero estamos ahora en PR). Mucho sobre gótico en Puerto Rico también conocen y recogen en algunos de sus trabajos Roberto Ramos Perea, Lilliana Ramos Collazo, Alberto Martínez y Marta Aponte que es una de las mejores escritoras que encima ha trabajado muy bien el género. Violeta López Suria, Rosario Ferre. Unido a que mucha gente ve a sus muertos y habla con ellos, es parte de nuestra cultura, sumado a las religiones cristianas, al espiritismo, la santería... Entonces, en realidad no es un género ajeno a Puerto rico. Afortunadamente Melvin Rodríguez  y Ángel Isian que acaban de publicar la excelente antología No cierres los ojos como una muestra de cómo hay actualmente muchos exponentes del terror, horror y gótico.


     
    MRR: ¿Por qué la narración epistolar?

    AMF: Incorporar cartas y diarios, también es usual en la literatura gótica, solo leer Drácula de Bramstoker, o el Increíble caso de Dr. Jeckill  y Mr. Hide, y otros.  Y es una forma de expresarle al otro no solo algo que ocurrió sino qué sentimos, meditamos, nuestros amores y temores, de una más personal que la narración tradicional… de eso se tratan los diarios que muchos escribimos, las cartas, recuerdo lo importante que fue en mi vida el carteo con mi abuela, escribes sobre lo que uno ve las cosas que te ocurren pero también, lo que uno siente, hasta los correos electrónicos con mi madre desde España… a veces por escrito transmitimos misterios y bellezas del corazón que oralmente no expresamos, porque no sabemos cómo o no nos atrevemos. A mí me pasa, que me sé expresar mucho más de forma escrita que oral. Como ahora con los correos electrónicos y los corazoncitos le envías miles a la jeva, pero no le dices te amo cuando la ves.

     


    MRR:¿Por qué concibes a Santurce como un escenario gótico?

    AMF: Santurce para mí son los castillos lúgubres y abandonados de la literatura clásica gótica, incluyendo su iglesia en Miramar, los edificios abandonados. Fue una zona de mucho movimiento económico y vital, y luego se fue convirtiendo en un barrio abandonado. Ojalá se pueda rescatar. Vivo en Santurce desde 1989 y caminando por las ciudades voy ubicando mis historias, sus abandonos que no son solo los físicos sino también los seres humanos abandonados en las calles y estructuras de Santurce. Entonces mis espacios góticos son el siquiátrico y Santurce.   Lugares oscuros , abandonados, o que invitan al drama sicológico, la introspección y las pesadillas. Así como su contraste entre el día y la noche santurcinos, son la vida y la muerte en la literatura.

     
     

     



    MRR: Háblanos de tu nueva novela Mariposas negras. De qué se trata.

    AMF: Es una novela que trabaja el abuso sexual y maltrato de menores, el bullying, el amor entre adolescentes, la equidad de género, pues el amor no cambia seas hetero, lesbiana, gay, bisexual, además con sus toques paranormales y góticos. No la contaré más bien deseo invitarlos a leer, Mariana es una adolescente atormentada, pero con una hermosa sensibilidad, vive con una madre alcohólica, que también ha tenido una terrible adolescencia con su madre fanática religiosa. Mariana está enamorada de su mejor amiga Laura, el padre de Laura ha abusado sexualmente de Mariana, pero ocurren una serie de asesinatos, ires y venires en el tiempo, el efecto mariposa y misterios, también amor y belleza.  Nada es lo que parece ser, ni siquiera el propio origen de Mariana y de Laura… y sus debeladores diarios donde el horror y el amor son uno mismo sentimiento. Ese horror sicológico que no es mayor, que la triste realidad de los miles de menores de edad y mujeres que son abusados sexualmente, violados y golpeados impunemente, a veces hasta la muerte, solo lean durante solo una semana al año los periódicos y podrán ver que la novela tiene unas bases sólidas realistas. Así en la vida como en los sueños como en el amor y el terror.

    Muy agradecida con Melvin Rodríguez Rodríguez y Caridad Sorondo por permitirme autoanalizarme brevemente como escritora gótica. ¡Qué vivan los libros!

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