martes, abril 25, 2017

Rama Judicial y Tribunal Supremo reconoce a los escritores Pabsi Livmar González Irizarry, Ana María Fuster Lavin, David Caleb Acevedo Irizarry y Francisco Font Acevedo.

http://www.ramajudicial.pr/Prensa/Galerias/2017/04-25-17/index.html
Unidos por su amor a la literatura
Por: OPRJ (Oficina de Prensa de la Rama Judicial)
El amor por las letras es el elemento que une a cuatro talentosos escritores que coinciden, además, en el ámbito laboral ya que todos trabajan en el Tribunal Supremo de Puerto Rico. Se trata de Pabsi Livmar González Irizarry, Ana María Fuster Lavin, David Caleb Acevedo Irizarry y Francisco Font Acevedo.

Pabsi Livmar González Irizarry, quien se desempeña como Traductora Jurídica en el Negociado de Traducciones, recibió en febrero de este año el X Premio de Literatura Infantil El Barco de Vapor por su novela corta para público juvenil titulada El visitante de las estrellas. Se trata de una obra de ciencia ficción que recrea una sociedad humana del futuro.

Al describir su obra, Pabsi asegura que fue el propio texto quien marcó su proceso de creación literaria. “Fue el mismo texto lo que pidió ciencia ficción. Todo fue como un rompecabezas”, indicó al explicar que empezó explorando el tema de las políticas de inmigración y evolucionó al tema de las guerras, el racismo y los niños soldados y “todas esas inquietudes del mundo contemporáneo”.

El visitante de las estrellas fue reconocida por la Fundación SM al ser seleccionada en el primer lugar unánimemente por un jurado compuesto por escritores y editores destacados. El laudo otorgado a la obra indica que “la autora logra representar muy efectivamente el conflicto interno del protagonista, producto del desencuentro entre los valores de la compasión y solidaridad que ha aprendido de su padre y las expectativas de una sociedad que lo conmina a asumir las armas del rechazo y la xenofobia, a convertir en adversario a un ser tan frágil y condenado por las circunstancias como el mismo”. Para alzarse con el primer lugar del certamen su obra se midió con cuarenta y tres textos originales.
Además de este reconocimiento, Pabsi recibió recientemente el Premio Dr. Samuel R. Quiñones por su trabajo Traducción y subtitulado para personas sordas y con deficiencias auditivas del documental "Mira lo que digo" y localización parcial de su sitio web. Este premio lo otorga la Real Academia Puertorriqueña de la Lengua Española y el Programa Graduado de Traducción de la Universidad de Puerto Rico (UPR) a la mejor tesis de traducción del año. La joven profesional posee un bachillerato en Lenguas Modernas y una maestría en traducción, ambas de la UPR.

Por su parte, Ana María Fuster Lavin es parte de la familia de la Rama Judicial desde 1996. Trabaja en la Oficina de la Compiladora y Publicista de Jurisprudencia. “Escribo narrativa, escribo cuentos, escribo novelas, escribo poesía, literatura infantil también”, expresó quien ha publicado once libros y un poemario artesanal que trabajó en conjunto con David Caleb. Su obra literaria también ha sido reconocida ampliamente. El Instituto de Literatura de Puerto Rico premió en el 2002 su primer libro de cuentos Verdades caprichosas. En el 2006 repitió honores con El libro de las sombras y su libro de cuentos Réquiem ganó el premio del Pen Club de Puerto Rico en el 2005.

La egresada de la UPR, con formación en música y literatura y una maestría en Estudios Hispánicos, relató que su primer libro fue “autopublicado”. Sin embargo, destacó que tras ganar el premio conoció el editor de Isla Negra, lo que permitió la publicación posterior de varios de sus libros y la distribución de su obra en otros países.

Recientemente publicó la novela Mariposas Negras, cuya primera edición se agotó y se publicará una segunda edición en agosto de este año. Al describir su trabajo en esta novela Ana María indica que trata sobre al amor, la equidad y el abuso sexual de menores desde el punto de vista de la víctima usando el género gótico “buscando hacer un balance entre lo poético y lo crudo del tema por medio del lenguaje”.

De otro lado, David Caleb Acevedo Irizarry, quien se desempeña también como Traductor Jurídico, fue recipiente del Premio Nacional de Cuento del Instituto de Cultura Puertorriqueña del año 2013 por su libro.
Se trata de una colección de cuentos que va desde la ciencia ficción y la fantasía al horror y a lo que denomina como el “realismo sucio” que es una descripción cruda de nuestra realidad. Asegura que ese estilo tiene mucho que ver con lo que significa para él la literatura. “Es un espacio de escape. Yo he entrado en esta visión de tomar la literatura como un proceso terapéutico para mí donde se me hace posible filtrar toda la violencia que me llega a diario”, aseguró.

Sobre su obra, el jurado que le concedió el reconocimiento de forma unánime en el 2013 expresó que “el libro es todo un hallazgo que ha sido bellamente construido, que exuda originalidad, una destacada imaginación y una creatividad sin límites”.
David Caleb completó su bachillerato en Artes Plásticas-Pintura y Lenguas Modernas en la UPR. Fue profesor de inglés conversacional y traductor residente de “Panamerican Language Institute” de donde llegó al Tribunal Supremo en el 2010. Mientras vivió en Estados Unidos, laboró en un hospital de Hartford como intérprete para latinos que no hablaban inglés. “Yo soy un fiebrú de la literatura y estoy muy orgulloso de eso. La literatura para mí es un juego que me permite desconectarme humanamente de la situación que me rodea y poder reenfocarme”, expresó.
Además de su obra galardonada, David Caleb tiene a su haber varias publicaciones, entre ellas los poemarios Bestiario en nomenclatura binominal, del 2009, y Empírea o Saga de la Nueva Ciudad del 2011. En el 2014 publicó el libro de cuentos Cielos negros.

El cuarteto de escritores lo completa Francisco Font Acevedo, quien se desempeña como Corrector Legal en la Oficina de la Compiladora. En febrero pasado presentó su obra más reciente La troupe Samsonite, una novela que ha sido descrita por la crítica como compleja y fascinante.
Además, Francisco es autor de publicaciones destacadas y reconocidas como Caleidoscopio, del 2004, y su colección de cuentos La belleza bruta, publicada en el 2008. De esta última el reconocido escritor Luis Rafael Sánchez comentó: “La belleza bruta configura un magno universo narrativo, poblado por personajes azarosos y sexualidades tan plurales como flexibles, que sacude al lector con el concurso de su prosa astuta, incendiaria, deslumbrante”.
El autor recuerda de manera especial dos libros que le transmitió su madre: un libro de cuentos de Franz Kafka que contenía La metamorfosis y Un artista del trapecio y La guaracha del Macho Camacho, precisamente de Luis Rafael Sánchez. De esta obra, Francisco destaca la disciplina del autor, ya que entiende es una característica necesaria para ejercer el oficio de la escritura.

A pesar de tener trasfondos diversos y experiencias de vida distintas, los cuatro escritores convergen en varios temas. Todos y todas, siendo lectores voraces, coincidieron que la lectura es esencial. Igualmente, estuvieron de acuerdo en que la inspiración es importante, pero que el mundo de la literatura también requiere disciplina. A las nuevas generaciones de escritores, recomendaron leer, educarse continuamente y vivir intensamente para encontrar buenas historias para contar.

Pabsi Livmar, Ana María, David Caleb y Francisco. Grandes talentos que se destacan en el mundo de la literatura y son orgullo de Puerto Rico y de la Rama Judicial




 

martes, abril 11, 2017

La cuentística de Ana María Fuster Lavín por Beatriz Santiago Ibarra

La cuentística de Ana María Fuster Lavín por Beatriz Santiago Ibarra

https://revistaletrasumet.wordpress.com/colaboraciones/la-cuentistica-de-ana-maria-fuster-lavin-por-beatriz-santiago-ibarra/

Leer los cuentos de Ana María Fuster Lavín, es como penetrar en el alma del mundo entero pisando el terreno de lo inventado desde el sentido de una meditación construida en torno a cada una de nuestras realidades, pero, también de nuestras disquisiciones, es decir  de nuestros comentarios y reflexiones al margen de algo de lo que se está hablando.
 
Dice, el peruano, Mario Sotil, en el prólogo de Verdades caprichosas (2002) hablando de los cuentos de Ana María Fuster Lavín, lo siguiente:
“La literatura es una expresión humanamente espiritual, como espirituales son los motivos que nos pueden impulsar a escribir. El amor a su país de origen, Puerto Rico, es una constante en su obra narrativa y poética. Un amor que se deja ver en la impotencia ante su situación, en un inconformismo ante lo que está establecido, es una necesidad de mostrar, de decir, dejando que la literatura asuma su papel que le corresponde. Ser el rayo que inicia el incendio del cambio, la lluvia que alimenta la tierra para que germine, la caricia y la bofetada para despertar. La necesidad de decir, pues es necesario que sean dichas. Aunque sea por el mero capricho de hacerse escuchar”.
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Aplico esto a lo que llamo – la cuentística de Ana María Fuster Lavín; que es como decir: el arquetipo de los cuentos de la autora de su más reciente libro de cuentos, Carnaval de sangre, EDP University, (2015).
 
Su cuentística posee filosofías propias, en las que discurre todo lo narrado; lo contado, ya bien en imágenes cinéticas o dramáticas, o bien desempeñando acciones en ese pensar ya razonado por otros,  pero sustraído desde la traslación de esos asuntos; los que sean, de aquello que se piensa, y que al parecer no tiene alma, cuando marchan de la vida real para convertirse en sus personajes.
Traslada lo animado, haciéndole creer a los lectores que todo es realidad como en el cuento, Gol, en esta su más reciente publicación, Carnaval de sangre. Cada circunstancia la muestra con muchos matices periodísticos para hacernos entrar en el juego de la ficción-que es la palabra escrita; la literatura, y nos acomodamos a la lectura; nos encontramos ante lo verosímil,  ante lo creíble. Ante ese hecho fehaciente que impulsa la vida; lo sucedáneo de cada día, y es cuando Fuster Lavín nos amplía esa idea por debajo de lo conceptual traslaticio, que no es sino; el criterio o evaluación, en fin, la opinión sobre la idea (el concepto por encima de la idea). Por ello, es traslaticio, va haciendo juicio, le da la noción de lo que es esa idea; aunque cuando la vimos en la realidad nos pareciera otra cosa. Entonces, en la literatura, cambia esa idea de la realidad de lo sucedido a una aparente realidad – el montaje; la construcción recreada por la escritora cuando escribe sobre el hecho: Fuster Lavín cambia lo real, y al recrearlo, renueva, eso real. ¿Lo hace desde dónde? Desde su gran metáfora=el insomnio; tal cual los micro cuentos, La voz dormida, y  La voz dormida II y El beso de la mandrágora, así toda la parte IV de, Carnaval….titulada, Los placeres de la muerte: carnaval de sangre, páginas de la 82 a la 109.
La escritora y su pasión por la escritura, se van desmadejando en cada palabra; en cada frase, hacia esa verdad poética esencial en cada uno de nosotros: lo onírico (nos somatiza y se somatiza). Utiliza ese encuentro de contrarios: el insomnio y la esperanza psicosomática, que le da el primero (lo onírico=soñar), que en realidad no es el contrario, al segundo (el insomnio). Lo onírico, es lo único que tenemos, lo que hemos encontrado a través de nuestras almas.
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Le provee al insomnio esa esperanza, que expende del mismo (el sueño, soñar). Es imagen fuerte frente al espejo; en el cual se miran los conceptos y las ideas, y aún más de avistarse, se contemplan, que es en Fuster Lavín siempre, lo que genera; impele; mueve a la transformación y a la terminación. De lo vertical a lo horizontal y viceversa.
A través de la estructura de sus cuentos, nos desnuda el alma. Resultado de la gran metáfora. Ya que, aunque todos somos distintos, de existencia y de comportamiento, la autora apuesta a contarnos la vida, en ese doble juego de la existencia, como en el cuento, Gol, en donde el, “locus amenus” o el sentido de paraíso terrenal, jugado a través de la palabra, logra desenmascarar a ese jugador-que no solo juega al balompié (quizá, no tan bien como jugar con la vida de los demás).
El cuento, Gol, a mí me llamó mucho a la atención, ya que cada palabra que describe al jugador, señala al arquetipo mundial de las estrellas del fútbol y funcionan en el texto tal cual conjuros (son indicadores) para poder exponer un mundo (el del atletismo) que no escapa del abismo por el que cantidad de veces se desempeñan la soberbia; la mentira y la traición; y ese creerse y sentirse por encima,  y mejor que los demás.
Tanto la técnica narrativa actual del micro cuento, como así el cuento lineal, “ïllo-tempore”, Fuster Lavín, siempre, desde Verdades caprichosas, las ha utilizado por separado y también las ha trabajado unidas; saliendo de una y entrando en la otra; creando en la ficción lo que se echa en falta en el día a día; bien consciente de nuestras ideas cuando las reúne por debajo del concepto.
Hay que recordar, y Fuster Lavín lo sabe muy bien, que las ideas son la imaginación siempre (buenas o malas ideas).
Lo conceptual, cuando sube como espiral por encima de ellas convierte a lo imaginado en pura ley: la de sostener el ideario sobre todas las cosas que nos dicta la entelequia.
La cuentística de Fuster Lavín, está signada por esta ley.
 
*Fragmento del libro inédito de mi autoría, Ana María Fuster Lavín y la renovación de la ficción en la literatura puertorriqueña.
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Beatriz Santiago Ibarra
Sobre la autora
Beatriz Mayte Santiago-Ibarra es escritora y crítica de arte. Obtuvo el bachillerato y maestría en Literatura Comparada de la Universidad de Puerto Rico, la Maestría en Artes y Literatura del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe y un Doctorado en Filosofía y Letras de dicho Centro en pacto académico con Universidad de Valladolid,  España.  Se desempeñó en calidad de Especialista en Asuntos Culturales y Coordinadora Editorial de la Editorial del Instituto de Cultura Puertorriqueña. Es miembro del Pen Club de Puerto Rico y de la Asociación de Críticos de Arte, ratificado su nombramiento en París, Francia. Algunos de sus libros son: Siembra para no decir adiós, Versos de anafre a mi abuela,  En el silencio de las desgarraduras, Trásfuga de mi existencia,  El asesinato de Casandra Ramírez, El último centauro y Cuentos para no atreverse a contar, pero los cuento.

Comentario de la Dra. Alinaluz Santiago sobre Mariposas negras.


Esta novela es un entretejido de ternura, pasión y misterio en el que se define la poesía.  Al finalizar el tejido nos encontramos una historia sacada de la cruda realidad de nuestros pueblos, relaciones incestuosas unidas a relaciones de poder desgastadas.  Reconocimientos a través del vuelo de la vida, corto como el de las mariposas, tras la luz, dispuestas a quemar sus alas a cambio de un aromático  instante luminoso.  Mariposas negras (Ana María Fuster Lavín, Ed. Isla Negra, 2016), de pasión y de muerte, eros y tánatos, devenires deulezianos, sin tiempo, sin cuerpo. 

Alinaluz Santiago
Escritora puertorriqueña

 
Citas en la novela Mariposas Negras sobre la poesía:
 


Escribir poesía es lo único que  disfruto cuando estoy sola. Es como si al juntar una palabra con otra pudiera entender el sentido de mi vida, de mis pensamientos. Tener esperanzas y volar. Puedo ser todo eso que deseo o ahuyentar las cosas que me han hecho y las burlas de mis compañeros.” (pág. 46)

—La poesía… Son simples palabras que salen de mis manos, para no quemarme. (pág. 73)
 
Tal vez siga escribiendo poemas, pero ¿en qué trabaja un poeta? En otorgar juegos, emociones, exorcismos; en obsequiar caricias para la esperanza o ayudar a maquillar a la muerte para hacerla menos distante o ajena.” (pág. 169)

 
Estás perdida en un presente que te ahoga de dolores. La poesía no te salvará, ella solo te da un intervalo para no enloquecer.  (pág. 191)
 
Ana María Fuster Lavín, Mariposas negras,
San Juan/Santo Domingo, Ed. Isla Negra, 2016.

martes, abril 04, 2017

Lectura de Caricias del silencio ( Cap. I-Mariposas negras) y comentario de la catedrática Dinorah Cortés


Mariposas negras presenta fuertes resonancias fílmicas. (El misterio de la ambientación y la textura de la caracterización de las protagonistas evoca el filme irlandés-canadiense de horror The Moth Diaries.) Esta novela multifacética tiene sesgos de ficción juvenil, toda vez que trata con acierto peripecias correspondientes al género fílmico anglosajón conocido como "surviving high school". Sin embargo, el pathos brutalmente trágico que entreteje estas vidas adolescentes, nos adentra firmemente en un universo gótico poblado de crímenes perversos, alados encuentros, erotismo, muerte y venganzas justicieras. Contra este tenebroso telón de fondo, resplandece la amistad entre las dos protagonistas adolescentes, que acaso sea solamente una persona, en medio de una intensa y perturbadora narrativa, de lectura compulsiva, en la que amor y horror se imbrican.

Dinorah Cortés-Vélez
escritora puertorriqueña  y catedrática en Marquette University




 

I

 

Caricias del silencio o la invisibilidad

 

Me levanto. Observo mi cuerpo sobre la cama. La veo a ella, a mi lado, aguantando una almohada. Llora, también sonríe. Sigue siendo tan hermosa, como cuando nos conocimos de niñas. Ella acaricia mi frente. Estoy agradecida de su amor, su amistad y, en especial hoy, por obsequiarme la última caricia del silencio.

Me observo. Cumplí hace unos días veintitrés años. Mis recuerdos más remotos no tienen ojos. Son como un callejón de sombras que me rodean, sombras que deambulan también alrededor de mis sueños, de mis seres más cercanos. Miro hacia la ventana y puedo verme al otro lado, asomada con las manos en el cristal, pidiéndome abrirla para regresar a ella, a mí. ¿Soy yo esa chica al otro lado del cristal? Vuelvo a mirar y me difumino lentamente hasta desaparecer. Soy el aleteo de la soledad, un capullo que renace cada amanecer. Solo transformada una y otra vez hasta llegar al silencio eterno. ¿Se puede tener un final si nunca se tuvo un inicio?

Pienso en mi vida y trato de reconstruir mi recuerdo más remoto. Fui una niña robada en la noche, en las calles donde el tiempo es péndulo entre la vida y la muerte. Finalmente, ha llegado el momento de liberar este diario en espirales, antes de regresar a mi lugar de origen. Soy una historia perdida en la página de un diario. Tal vez sea solo eso, las anotaciones del diario que escribía mi mejor amiga, Laura. Quizá por eso tenía más de un diario. Mis memorias más remotas siempre me llevan a ella, a las calles, a los gatos, a esa chica al otro lado del cristal. Ella fue quien le dio palabras, y voz a mis silencios, eso que olvidamos y solo un aleteo puede ayudarnos a recordar, aunque sea por unos minutos. A fin de cuentas, ¿qué es el tiempo?

Estoy aquí amarrada a una cama, atada a la esperanza de entender todo lo que me ocurrió, o al menos intentarlo. Esa misma esperanza me confirma que ella regresará a mí y me ayudará a tomar una decisión. Son esas intermitencias de la muerte, las voces que salen de mi pecho. Ellas chocan contra las ventanas, hasta

fragmentarse en palabras sin sentido; para luego, recoger cada una y encajarlas como un rompecabezas hasta recordar o desaparecer. Y es que olvidar también es una forma de morir. Sin embargo, para olvidar hay que recordar. Una vez, mi maestro de historia en la secundaria me comentó que contar el pasado es una forma de liberarse de él. Me dijo: “Mariana, por más que duela, no puedes borrar cada pisada; cada rincón de tu corazón guarda una historia. Tienes que reconstruirla desde el origen: tu origen. Solo así serás libre”.

Una vez le comenté a John, mi mejor amigo de la escuela, que, para no enloquecer, me convenzo de que cada día tiene su propia historia. Igual, algunas especies de mariposas solo viven veinticuatro horas: despiertan, aman a otra mariposa; luego aletean hasta quedarse dormidas y mueren. Entonces, de qué sirve buscar de dónde venimos o quiénes fuimos o seremos. Tengo la certeza de que solo encontrando las palabras precisas podemos sobrevivir.

Desde que estoy aquí todos los días son iguales. Ya nadie me visita. Mientras, las palabras siguen siseando desde las ventanas de la habitación. Alzo las manos y las sílabas de cada aleteo acarician mis dedos. Una vez en la escuela traté de imaginar que uno podía contactarse con el silencio. Llegar a ese mundo donde todo es paz y poder organizar las piezas de nuestros recuerdos sin que los demás nos rompan. En mi caso nací rota: unos jugaron con mis pedacitos, algunos trataron de ayudar a reconstruirme. Habrán pasado quizá unos cinco años desde aquella noche cuando mi vida se detuvo. Fue la noche del baile de graduación de secundaria donde perdí el control. Poco a poco, todos también se perdieron de mí.

Pienso en Laura, que aún permanece aquí en mi cuerpo, mientras mi pecho emite ronroneos suaves. A su vez, la posibilidad de que, en realidad, me visite es lo que me ha mantenido viva. Estoy segura de que lo hará. Sin ella tampoco tengo la alternativa de morir. Por eso, en las noches viajo a cada momento vivido desde que ambas nos conocimos. Nunca me ha parecido rara esa imposibilidad de precisar cuándo fue que comenzamos a ser amigas, es como si ella siempre hubiese sido parte de mí, o yo soy solo una sombra que se escapa de sus diarios. A fin de cuentas, ella siempre dudó entre si debía leerlos o no. Sabía todo sobre mí. De ella, en cambio, solo sé lo que me contó, porque su alma es demasiado confusa para mí. Laura es mi día y mi noche, el aleteo constante del tiempo. Laura me dio la vida antes que mi propia madre, a ella le corresponde llevarme a la muerte cuando sea el momento.

¿Cuándo comencé a tener la noción de que el tiempo es relativo a los vaivenes del alma? No lo sé, quizá tan solo somos las historias que vivimos. Las mías comienzan poco antes de cumplir los once años y terminaron una noche poco después de cumplir dieciocho. Hace cinco años solo vivo en el olvido de Laura.

 


Ana María Fuster Lavín, Mariposas negras,
San Juan/Santo Domingo, Ed. Isla Negra, 2016, págs. 13-15.

 

lunes, abril 03, 2017

El sacrificio (Carnaval de sangre) Ana María Fuster Lavín


El sacrificio

A Emilio del Carril

 

Había llegado el momento que ambos temían. Ya no quedaban sueños ni pesadillas en el mundo. Poco a poco fueron muriendo por no dormir, situación que provocó la escasez de artículos de primera necesidad. Se tomaron las manos, pues tenían que decidir cuál de los dos moriría para alimentar al otro. Ella se ofreció, pero Insomnio, como fiel amante, dijo que le tocaba el sacrificio. Ella lo besó con ternura y él la miró a los ojos. Sin pensarlo ni afligirse, ella le clavó un puñal. Observó su último desvelo en aquella mirada. Respiró su aroma y comió de él. Era un delicioso manjar, pensó mientras lo devoraba. Ahora, sueños, pesadillas, sangre y vísceras apocalípticas vivían en su sistema digestivo. Por fin, se quedó dormida.

Ana María Fuster Lavín
Carnaval de sangre
Ed. EDP University, 2015

viernes, marzo 31, 2017

Espejos y náufragos de Ana María Fuster (Carnaval de sangre)


Espejos y naufragios

 

 

 

1

El mar besa la punta de un poema que se encontraba a la deriva. Este pare miradas como voces silentes que llueven caricias y esperanzas. Allí, un arcoíris les pinta alas. Ahora vuelan al otro lado del espejo hasta liberar sus palabras hacia el horizonte.

 

 


2

El espejo serpenteaba náufragos y otras muertes anónimas. Llegado el amanecer, un arcoíris entró a la recámara. Las manos se convirtieron en mares. El salitre llovió dos cuerpos acompasados. Estos danzaron zigzagueantes hasta parir palabras como golpes de salitre. Ha nacido un poema en vuelo libre hacia nuevas marejadas.

 

 

3

Después de tantos días a la deriva y sin hablar, el hombre logró llegar a la orilla, pensó en su reflejo en el agua que durante la catástrofe. Ese que le dijo que le regalara la voz y lo salvaría. Esa noche volvió a conversar con la dueña de la pensión. Mientras dormía sus palabras se hicieron añicos, inundando la recámara del náufrago quien murió ahogado a falta de un espejo.

 

 

 


 
4

Mirarse al espejo y ver aquel poema sombreado en el recuerdo. El instante cuando el arcoíris señaló tierra firme a los náufragos. Ellos, los condenados por olvidar su origen, nadaron la canción de los liberados, soltando las palabras que podían. Cada sílaba los acercaba a la orilla, cada letra les ofrecía una esperanza. Las gastaron todas. Sobrevivieron, mas quedaron mudos.

Ana María Fuster Lavín
Carnaval de Sangre
(2da ed, San Juan, Ed. EDP University, 2016)
 

 
La vida de las palabras
 
Despierta, ven aquí, ven. Las pequeñas voces en la sangre la quemaban tanto que despertó. La vida, esta es la vida. Ella abrió los ojos. La recámara oscura contrastaba con el luminoso amanecer a través de la sucia ventana. Ven con nosotras, vive. Se levantó de la cama, tropezando con las botellas de vino vacías, bolitas de papel y libretas de anotaciones que había por todos lados. La soledad palpitaba palabras y olor a mugre. Libéranos. Observó la computadora dañada por un virus. Se tapó los oídos, pero las voces de la sangre gritaban cada vez más fuerte. Libera nuestras palabras, vive. Agarró un cuchillo y se cortó las venas de ambas muñecas. Gota a gota sintió la vida de las palabras. Murió.
 
 
Ana María Fuster Lavín
Carnaval de Sangre
(2da ed, San Juan, Ed. EDP University, 2016)

jueves, marzo 30, 2017

Escritor invitado: José H. Cáez-Romero

 
 
 
Silencios de Papel invita a leer el poemario Cicatriz de fuego (Ed. Isla Negra, 2017) del poeta y educador puertorriqueño
José H. Cáez-Romero.
 
 
10.
He visto caer mi pelo
en el abismo.
Los años, inútiles, pasan.
El tiempo, indomable levedad
que nos adelanta en silencio,
enemigo siniestro, comezón de canas
y arrugas que se hacen presentes
para reírse más y más y más cada día.
Muy al fondo
por esa esquina entre el ojo
y la agudeza  de los sentidos
se teme a la ausencia y a esa transición con lo eterno,
a la soledad que nos promete un grito desesperado
tímidas vocecitas que acorralan en el espanto
la inmediatez del beso.
La fuga, devoradora por siempre
de nuestra estancia,
transmutación de lo enorme
que podemos ser
pero que no somos y que ni siquiera intentamos.
el miedo de siempre que no se va
la angustia que insiste en la culpa y el adiós.
 
La complejidad, el espejo
el no creerse demasiado
para no comprometerse con
lo que se hace, quizá para no abrirse
y esperar a que los fibroblastos
acarician la carne y nos abracen,
para que sitien su permanencia
y tengamos que vivir mirando
y sabiendo.
Para que tengamos que vivir escondiéndonos
y renunciar.
Nada gira nunca como pensamos
al fin de cuentas,
la magia de los dioses siempre nos abandona.
 ¿Qué queda?
Las cicatrices siempre se quedan.
Nosotros, a veces, no.

 

 

Cicatriz de Fuego

 
Todas nuestras huellas son
el miedo, la traición
el llanto incontenible,
los espejos en cuyas luces
aparecen las visiones
de lo que jamás seremos.
La muerte de las estrellas
la ausencia de lo querido,
los espacios que jamás
llenaremos y que jamás
serán comprendidos.
La mentira que es el tiempo
la memoria que nos asalta
con la alegría más fiera
y que esconde tras su sonrisa
la más grande de las heridas abiertas
que es el olvido,
el espejo momentáneo
que es la felicidad.
La batalla eterna de los mortales,
la sangre que siempre ronda en la fuga
la furia contenida.

Pero también la valentía
las carcajadas compartidas
la sonrisa que nos da la chispa necesaria,
el tacto bien logrado,
la mano tendida para otra acción
diferente a la de los adioses.
La relatividad más allá de la cara de un anciano,
el cariño que nace espontáneo
así como el aire y la luz.
el abrazo, la confianza
la lucha en pie de búsqueda
el aceptarnos con el remedio intencionado
de hacerlo sin manifestaciones
ni chantajes escondidos.
La explosión del cosmos,
La creencia, la querencia, la vivencia.
Las marcas ajenas, las propias
Que nos anuncia la victoria sobre la dejadez.
La hoguera como centro único
De nuestra existencia y de nuestra permanencia.

José H. Cáez

 
 



En la invitación (a modo de prólogo), comenta el escritor español José Ovejero sobre Cicatriz de fuego de José H. Cáez-Romero: 
 
“[…] este libro es una indagación de lo que podemos y lo que no podemos creeer, de lo que constatamos y sin embargo no conseguimos descifrar. Solo se puede poner en palabras, y en eso la poesía no es muy distinta a la ciencia, lo que es seguro: la cicatriz, las heridas, la sangre, el cuerpo. El dolor comienza ya a ser un concepto demasiado abstracto. Y también el recuerdo nos engaña, aunque lo necesitemos una y otra vez para reconstruirnos, para saber cómo hemos llegado aquí. […]”

 

miércoles, marzo 29, 2017

Poeta invitada: Lala García


"Amándote mujer es como la vida misma 
la caricia de la virtud de olvidar y continuar el camino 
sin amargura"
-Viento Serena


De esos idilios que nos hacen playa 
 
He detenido en mi lengua el sabor de tu mar
que tus caracolas sé sientan las reinas de mi boca 
y tu arena sea el velo sedoso sobre este cuerpo hambriento 
 
mujer que te vuelves diosa azul en mis sueños
diadema de algas rosadas
y una perla nacarada en tu ombligo 
hoy te hago un altar en mis surcos 
para que tus pies recorran mis cavidades 
hasta el delirio
Ese celeste que sólo nuestro cielo conoce
nos une hasta la muerte 
aunque los morales no nos condonen
pero es este sentir que sólo tú y yo conocemos 
nos hace dueñas
de nuestras playas y nuestros cuerpos 



Lala García

 (1968- )

"De madre mayagüezana y padre caleño, nace un dos de abril de 1968 en el pueblo de Mayagüez. Ha vivido la mayor parte de su vida en el pueblo al que ama, Hormigueros, en la misma casa de infancia. Esposa, madre de artistas y escritores y también y abuela insoportable. Estudió educación en la Universidad Interamericana  y fue maestra en el Colegio Presbiteriano Rhema, de donde se jubiló para dedicarse a la literatura y la gesta cultural de lleno, fundando y presidiendo el colectivo artístico, Las Musas Descalzas. Tiene dos libros publicados y varios de sus poemas y ensayos han sido publicados en varias revistas literarias nacionales e internacionales. Su único fin es pasar por desapercibida, pero que su obra sea un peldaño para su patria. "



Insufrible memoria
 
He vuelto a morirme un poco
derramada mi hiel sobre cada utopía decretada 
trazo de mirada en el cambas do plasmó el deseo que me pintó pecadora 
y esta noche las pesadillas danzan sobre mi cuerpo que te reclama
 
Vuelvo a morirme mientras me nombras
voz que detiene mis latidos con su lengua 
derribándome en la arena que quiso verme tuya 
más lloró al verse devuelta en nada
 
Morí pronunciada en tu boca
detallada en cada monema que quebró el sonido de este anatema 
dilatando el pensamiento con el cual me vestiste al desvestirnos 
sin estar desnudos y sin estar 
 
sigo muriendo 
asesinada
por tu voz de beso 
me muero 
dejando sobre tu cuerpo
el anhelo de volverte infierno 
Lala García