viernes, septiembre 06, 2019

Comentando Antología/Certamen de Microcuentos


ANA MARÍA FUSTER LAVÍN

SECCIÓN: TEMAS 
[Nota Editorial: El pasado sábado 31 de agosto, en la librería La Mágica, se celebró la presentación de la segunda antología del 2eo Certamen Nacional de Microcuento. Reproducimos el texto leído por la autora en ocasión del evento].

(San Juan, 2:00 p.m.) Leer es un viaje que quienes además escribimos, rompe casi cualquier frontera física y emocional. Leer nos permite conocer otras geografías, trasladarnos a otras épocas, turistear en el alma individual y social, barajear todas las posibilidades del lenguaje, enterarnos de conflictos que se libran sobre las páginas de un texto, observar las alegrías y tragedias ajenas sintiendo genuina empatía. Pues como versó el poeta chileno Vicente Huidobro “El poeta es un pequeño dios”, esto aplica a los microcuentistas, que son verdaderamente pequeños dioses y diosas de la brevedad, que juegan con la palabra y la sorpresa para retarnos intelectualmente a la reflexión y, por supuesto, al deleite literario y artístico.
Como muestra cito: “Cuando aprendí a caminar de espalda, ya era tarde. Por parecerme valiente, pasé demasiado tiempo mirando de frente el horror”, al leer estas primeras líneas del hermosamente lírico microrrelato Caminar de espalda, muchos meses antes de este inolvidable Verano puertorriqueño del 2019, sentí un golpe en el pecho, sentí tantas cosas, por su multiplicidad de interpretaciones, sentí todo un pueblo que pronto o bien despertaría o quedaría sumergido entre sombras y de espaldas. Aplaudí. Y es que así comienza el microcuento ganador de la caborrojeña Beatriz Llendín Figueroa que abre esta antología del 2do Certamen Nacional de Microcuentos 2018, dedicado al escritor caribeño José Luis González, quien en su narrativa también cultivó el microcuento, por ejemplo, el inolvidable relato La Carta.
Legado que celebramos también hoy, junto Llenín Figueroa y los demás cuentos premiados del Certamen convocado por Cedei (Corporación Cultural, Educativa y de Estudios Interdisciplinarios) y publicada por Ediciones Mágica, del que tuve el honor de ser jurado junto al entrañable amigo y colega escritor Emilio del Carril y la ganadora de la primera edición del certamen, Fannie Ramos. Quienes evaluamos y degustamos la lectura de unos 125 microtextos como críticos literarios y escritores de microtextos los tres, buscando que se ajustara a las reglas del certamen, a la calidad que caracteriza nuestras letras, por lo que fuimos muy exigentes. Tanto en su creatividad y originalidad temática y del uso del lenguaje, como de la estructura propia de lo que debe implicar en su brevedad un microrrelato, citando al profesor y crítico español David Roas en su ensayo "El microrrelato y la teoría de los géneros", en La era de la brevedad, nosotros, el jurado evaluamos aquí:
“[Los r]asgos discursivos: narratividad, hiperbrevedad, concisión
[Los r]asgos formales: estructura simple, personajes mínimamente caracterizados, espacios esquemáticos, condensación temporal
[Los r]asgos temáticos: intertextualidad, metaficción, ironía, parodia, humor
[Los r]asgos pragmáticos: exigencia de un lector activo”.
Nosotros como lectores, exigimos, en efecto que nos seduzcan, nos golpeen el alma, nos abran bien los ojos a las realidades incómodas, a todas las posibilidades de la fantasía, de la realidad y, en especial, de la creatividad.
Parafraseo aquí del prólogo del profesor Federico Cintrón Fiallo: Los cuentos aquí incluidos son un transcurrir por casi todos los conflictos de la humanidad [en general], [y de] Puerto Rico [como nuestro universo patrio]. Las relaciones humanas, las cuestiones de género y sexualidad, la crisis económica, las consecuencias del paso del huracán María, los abusos, la lucha, la política, las reivindicaciones, conforman una radiografía abarcadora de nuestra sociedad, a través de esta selección de microtextos.
Y es que para mí como lectora, jurado y escritora, ha sido un oasis de esperanza en estos momentos convulsos que vivimos, leer y descubrir nuevas escritoras y escritores con un estilo propio maduro crítico como la ganadora Beatriz Llenín Figueroa o la finalista Lara I López de Jesús, o la mención de honor Cristina Guzmán Apellaniz, y otras ya reconocidas de las letras puertorriqueñas que he leído como el tercer premio Awilda Cáez, o Zulma Ayes, Pedro Juan Ávila Justiniano, Ricardo Martí, Nanim Rekacz, Arlene Carballo Figueroa, Luis Alejandro Polanco, Maricarmen Ferrer o María Bird Picó, entre otros autores --publicados en esta antología con orden alfabético-- que gracias al certamen y la antología podemos estudiar una pequeña muestra de su obra para un total de 51 escritoras y 34 escritores, todos participaron bajo seudónimos.
La diversidad temática y geográfica de los escritores participantes seleccionados (de distintos puntos de nuestro archipiélago puertorriqueño, como de la diáspora, e incluso de autoras que hemos adoptado como boricuas) no los aleja de una unidad cultural mayormente latinoamericana, de nuestra forma particular de ver el mundo, con nuestros vivos y nuestros muertos, una diversa unidad llena de sensibilidad que se agradece, acompañada de una urgente invitación a reflexionar como individuos y como sociedad.
Caminar de espaldas, el microrrelato ganador de Beatriz Llenín, también sentencia a “Mirar al sol bajo el agua, mientras me ahogaba, fue la última revelación del error”. Y es que en nuestra imperfecta humanidad nos equivocamos tanto, pero también nos levantamos, e inquebrantables escribimos y luchamos. La creatividad nos salva. Leer es abrir los ojos a nuevas posibilidades, pero… escribiendo somos invencibles.
Expresó en una ocasión el genial autor irlandés Oscar Wilde: “Te hubiera escrito, con la esperanza de que una sola frase, una única palabra, una breve sílaba, hubieran sido como un eco de amor”. Ese es el eco de la microficción publicada en esta antología del certamen nacional de microcuentos, al leerla sentimos ese eco de palabras diversas, críticas, dolorosas, otras divertidas, orgánicas o fantásticas, unas tiernas, otras crueles, irónicas, nostálgicas, soñadoras, la decadencia y las expectativas de algún cambio. Todos estos ecos recorren la colección de microficciones que hoy presentamos.
En el oficio del poeta, del escritor, en general, fingir, morir, condenar, son todos actos de valor y autorredención, autoevaluación, de amor y muerte, ya sea del propio cuerpo o del colectivo. Así llegamos a los 2 cuentos finalistas, ambos trabajados desde la ironía: tenemos como 2do premio el orgánico microrrelato Encarnación: Un relato sin hambre de la escritora Lara I. López de Jesús que "Como todos los días el trozo estará servido a la cena, cuando Encarnación --otra vez-- fingirá apetito." Al fin de cuentas, quién de nosotras desea cenar una carne caducada, flacidad o inerte como sensorial y sarcásticamente nos narra Lara. Nuestro 3er premio se titula Ganado de la colega y querida amiga Awilda Cáez (con trayectoria reconocida como narradora) donde el alcalde, para evitar una histeria colectiva ante la sospechosa muerte del ganado proclama que las vacas murieron de amor porque había pocos toros para aparearse. No era casi paternalista el señor alcalde… pero hay rebelión al final, se le vira la tortilla, pero no caeré en ser spoiler. Se agradece en Ganado, el excelente dominio del lenguaje irónico. Como ven, ambos con finales sumamente conmovedores no exentos de un fino humor negro, muy críticos, muy antropológicos. Ambos muy buenos.
Y es que los cuentos de las tres autoras ganadoras Beatriz Llenín, Lara López y Awilda Cáez, así como de la mayoría de los textos aquí publicados se ajustan a los planteamientos de los profesores Irene Andrés-Suárez y Fernando Valls, quienes concurren en una definición de microrrelato, indicando que es un: “Texto breve en prosa de naturaleza narrativa y ficcional que, usando un lenguaje escueto y preciso, se sirve de la elipsis para contar una historia sorprendente a un lector activo”.
“La brevedad es el alma del ingenio”, dictaminó en alguna ocasión el escritor y dramaturgo inglés William Shakespeare . Y es que el microcuento es meticuloso, requiere de una gran destreza para seducir, enganchar y provocar en pocas palabras, igualmente estricto es el lector que debe degustar cada imagen, cada truco y convulsionar casi sofocado. Porque los microcuentos nos tienen que jamaquear sin explicar qué ocurrió: el escritor así pasa el batón al lector. El microrrelato, por lo tanto, crea la intensidad suficiente para retar al lector. No entraré demasiado en teoría literaria, puesto que esta antología contiene un buen prologo critico que les invito a leer, pues concurro con el profesor Cintrón Fiallo en que el microrrelato tiene que dejar (y cito) “una ventana abierta a la interpretación y la sorpresa... No tiene que expresar un posible acontecer, puede concluir el relato dando sentido o creando posibilidades a la imaginación” del lector. Ya sea desde un asesinato producto de la violencia machista visto o narrado desde la perspectiva de un gato (con influencia atmosférica de Poe), como en el microrrelato mención de honor titulado El comensal (uno de los mejores de la antología, junto a Ganado, y las otras ganadoras) de Cristina Guzmán Apellániz o en la otra mención de honor, Doble error de interpretación de nuestra autora argentina casi puertorriqueña Nanim Rekacz, donde a través de la voz ingenua de una niña, vemos la triste realidad del abuso sexual de menores. Muy logrado. Doloroso y auténtico.
Así entramos a la sección de los demás microcuentos elegidos por Cedei para esta hermosa publicación, donde los lectores encontrarán: microrrelatos fantásticos que nos llevan al origen de la humanidad, unos científicos otros poéticos que entrando al campo de la metaliteratura nos atrapan al oficio tiernamente perverso del escritor, tenemos microtextos de amor y desamor, criollistas, rurales, urbanos y actuales, de “pegás” cuernos y fidelidades, decadencia y superación, feminismo, el muy necesario empoderamiento femenino, denuncias sociales y políticas, sobre el estado colonial de nuestro país, también de chismes y silencios, hay silencios que hablan y voces que gritan callando, hay poesía y crudeza, sumisión y rebeldía, de Puerto Rico y del mundo. En fin, todo un universo humanamente literario habita en esta muestra algo desigual técnica y argumentalmente, pero que es tan diversa y unificadora como infinitos son nuestros sueños y aspiraciones culturales.
Pues tal como dice el profesor vasco Paco Bescós, parafraseando al escritor Juan José Arreola: “El microrrelato es un fantasma. El lector, el lugar de sus apariciones." Así vamos página tras página de esta antología de fantasmas, diosas y humanos que nos hechizan sorprendiéndonos conmovidos, cómplices, aterrados o riéndonos solos frente a la palabra, ante la genialidad de la creación literaria de estos escritores que han recargado nuestros sueños y la memoria de nuevas posibilidades y querencias. Son historias breves y mágicas como duendes traviesos. Retomando el estudio de Paco Bescós:
“A fin de cuentas, aquellos duendes de Shakespeare, […] veloces y revoltosos, eran imposibles de extirpar de la memoria de quienes los soñaban (pero no los soñaban). Ahí está la virtud del microrrelato. Ejercer de aparición fantasmagórica, provocar la reacción rápida, una bofetada, un estornudo, un escalofrío. Convertir al lector en una mansión encantada donde hacer sus apariciones” y añado esta casa que somos los lectores que nos dejamos habitar de palabras, y estas nos hacen empáticos, luchadores y libres. Unidos somos invencibles como pueblo. Leer y escribir creativamente nos da las alas hacia la libertad.
Un aplauso para los organizadores de este certamen, que se repita, y un aplauso mayor para todos los escritores aquí publicados. Muchas gracias.
Ana María Fuster Lavín
escritora

http://elpostantillano.net/cultura/23729-2019-09-05-18-03-48.html

miércoles, septiembre 04, 2019

Lienzos musicales




  • Muy agradecida con la Editorial EDP University y su editor Edgardo Machuca, por permitirme participar en este hermoso proyecto destinado a becas educativas (por la Fundación Universitaria Aníbal Nieves Nieves) mediante subastas.




  • Los maestros del arte plástico trabajaron sus obras de arte sobre pianos de consolas, plasmando sus estilos magistrales característicos y que en el catálogo se publicaron las fotos de las obras, acompañadas de poemas inspirados en estas por escritores puertorriqueños, según les fue asignada cada pieza para inspirarse.






  • Participaron –pintor y poeta–: Antonio Martorell (Elsa Tió), Pablo Marcano (Lucía Margarita Cruz Rivera), Wichie Torres (Gloriann Sacha Antonetty Lebrón), Gloria Bosa Osorio (Elidio La Torre), Orlando Vallejo Caraballo (Ana María Fuster Lavín), Rafael Rivera Rosa (Ángela M. Valentín Rodríguez), Carmelo Sobrino (José Ernesto), Olga Charneco (Doris Sandra Estrada Jiménez).  Además, el catálogo presenta modelos con vestidos diseñados por estudiantes del programa en Diseño de Modas Digital de EPD University, inspirados en los pianos pintados.



(incluyo algunas fotos del catálogo y mi poema)







Sonata para el silencio al caer
a un piano pueblo de Orlando Vallejo
                                                
¿escuchas el silencio al caer?
azul azul
casi atardecer,
verde ámbar como risa de niñas,
en trazos blancos y negras armonías,
teclean un blues de recuerdos
como la nostalgia de un piano,
casi pueblo,
que se niega a ser olvidado

el silencio cae y ensordece las manos
mas algunas palabras,
breves como pequeñas bocas en pizzicato
se escapan a través del oculto teclado
cosquillean el corazón, las pisadas del recuerdo,  
sobre un lienzo de pequeñas casas y niños
que despiertan susurrando al pintor dormido:
¿escuchas el silencio al caer?

son las sílabas del pincel que recorren tu cuerpo
hasta despertar después de cada muerte

aun así
ese silencio insiste en nacernos una y otra vez
aunque lloremos de hambre
de abandonos
de niños
de sueños
de pequeñas casas
de vida

este silencio grita
libre puenteesperanza
música palabras pintura piel, somos
multicolores multirrítmicos multirraciales
como este piano/pueblo vivo, unido, eterno

¿escuchas el silencio al caer?


Ana María Fuster Lavín



En el reino de la brevedad 2: Ganado

Ganado*



En el diminuto pueblo de Olivera amanecieron diecisiete vacas muertas. Tres días después, otras veintiocho yacían sin vida, acostadas en desorden cerca del rancho de los toros. La noticia se propagó como canción de verano y algunos aseguraban que se trataba de un asesino en serie. El comisario opinó que podía ser un ataque terrorista. Para no echar aceite a ningún fuego y poner fin a la histeria colectiva, el alcalde decidió proclamar que las vacas murieron de amor porque había muy pocos toros para aparearse. Conmovidos, los habitantes de otras comarcas enviaron sus ejemplares para evitar que siguieran muriendo las pobres reses enamoradas. Al final del primer mes, la cantidad de toros superaba por una treintena el total de vacas vivas y satisfechas.
Entonces aparecieron los primeros quince toros acostados en desorden sobre la pradera. Estaban todos muertos.

Awilda Cáez
Caguas, Puerto Rico
*Ganadora del 3er Premio, Certamen Nacional de Microcuentos

martes, septiembre 03, 2019

[Cuestión de género] microcuentos... comenta el profesor Ricardo Rodríguez Santos

[Cuestión de género]
Carnaval de sangre 2



Entre lo fantástico y lo grotesco, desde la ternura hasta lo macabro, apelando a la intra y la intertextualidad, este conjunto de microcuentos –[Cuestión de género] Carnaval de sangre 2– nos estruja diversos aspectos de la realidad humana e insular que se revela luego del huracán que azotó la Isla en 2017. Con pleno dominio del género, pero más allá, apelando a las imágenes, como las múltiples dimensiones de un diamante bien pulido, Ana María Fuster Lavín entreteje historias que forman un brillante conjunto de relatos breves.

Dr. Ricardo Rodríguez-Santos
Escritor puertorriqueño

Más información en la Editorial de EDP University
emachuca@edpuniversity.edu
fusterlavin@gmail.com

En el reino de la brevedad 1: El comensal

El comensal*

     Husmeaba. Aprovechó el descuido de aquel hombre que salió deprisa, dejando abierta la hoja de tela metálica. Llegó a la mesa: se abastecía del manjar servido, con la comodidad de ser el único comensal. Al bajar de la mesa, se deslizó por entre las sillas, pero no llegó hasta la cocina para revisar el zafacón. El gato cambió su plan: esquivó el charco de sangre para acurrucarse en el costado de ese cuerpo tieso, todavía caliente, todavía oloroso a mujer.

Cristina Guzmán Apellániz
Caguas, Puerto Rico
*mención honorífica
del 2do Certamen Nacional de Microcuentos

martes, agosto 27, 2019

Sale 2do volumen de Carnaval de sangre, bajo el título [Cuestión de género] , breve reseña de Bosco Noriega


[Cuestión de género]
 Carnaval de sangre 2


Microcuentos de amor, locura y muerte… con un máximo de 140 palabras por texto, este segundo volumen de Carnaval de sangre que la escritora Ana María Fuster Lavín tituló [Cuestión de género]  recorre el feminismo, la ternura, la violencia de género, la equidad, el terror sicológico, la critica social y política, el maltrato de menores, los niños de la frontera mexicana,  la pérdida de la memoria y el mundo misterioso de los gatos, entre otros, son los temas principales. Desde una atmósfera ágil, cruda, otras líricas, de terror cotidiano, en zigzags entre lo cruel y lo tierno, no exento de humor negro, [Cuestión de género] seduce y jamaquea al lector impidiéndolo soltar su lectura. Cuenta con un prólogo de la escritora y traductora Pabsi Livmar y comentarios del profesor Ricardo Rodríguez.  En librerías en otoño. Se presenta en octubre en los recintos de Aguadilla y Mayagüez, y en EDP University (Hato Rey).  Definitivamente recomiendo esta obra de la literatura caribeña.

Bosco Noriega, fotógrafo y lector.

Más información en la Editorial de EDP University
emachuca@edpuniversity.edu
fusterlavin@gmail.com

miércoles, junio 12, 2019

Romper esos barrotes y volar libres

"Los pájaros que nacen en una jaula creen que volar es una enfermedad". Alejandro Jodorowsky. 

Esto casi parece ser escrito para muchísimos puertorriqueños… ¿No se dan cuenta de que nacemos con pies para caminar, con ojos para ver, con voz para decir, con manos para crear, con mente y sentimientos para volar…  ¿cuándo volaremos?  Los barrotes de la historia, de los políticos, de la religión, de los se supones, del capitalismo salvaje, de los prejuicios, de los complejos de inferioridad, son de madera y barro, el candado solo lo mantiene cerrado tus miedos, conformismos, complejos, gríngolas, siquiera se atreven a amar libremente, a amarse así mismos. Volamos cuando abrimos los ojos, somos empáticos, solidarios, cuando aspiramos a crecer, a amar y respetar las individualidades. Crecemos cuando nos atrevemos a soñar, pensar, construir, debatir. Volar no es una enfermedad. Si no volamos estamos condenados a morir en la caverna, sin sueños, amputados trocito a trocito hasta no ser nadie, solo primitivos seres de la nada. Yo elijo unirme a quienes vuelan libres. Ser libre.

Ana Maria Fuster Lavin

domingo, junio 09, 2019

Del poemario Al otro lado, el puente...


Ana María Fuster Lavín lee para Serie argentina "poetas leen desde su casa"



A mis héroes cotidianos

"El amiplinismo, la apatía, el yoísmo simplón, el miedo a crecer y protestar,  el terror a levantarnos y luchar por lo justo, es lo que nos tiene bien jodidos, ciegos y mudos... la falta de unión por un fin justo hasta para nuestros hijos y sociedad, nos tiene convertidos en una isla de zombis, de miedosos enclaustrados en sus agujeros de cemento, fantasmas y bestias carroñeras. Me duele mucho, lloro angustiada, también con rabia y vergüenza, pero no me hundo. Los pocos valientes que hacen la diferencia, me dan oxígeno, voz y visión, esos y esas que luchan por los verdaderos principios, el verdadero amor como un todo que incluye puentes y horizontes, esos que se levantan con la frente en alto con la honestidad, valor y verdad en la voz, esos son la esperanza, el horizonte, la justicia, de eso se trata amar la vida y crecer. Gracias a esas y esos pocos auténticos héroes
Esos ustedes valientes, que construyen con creatividad, verticalidad y amor, que se quitan las gríngolas y las mordazas, son los verdaderos baluartes de nuestra sociedad y futuro."

Ana Maria Fuster Lavin
Escritora puertorriqueña

lunes, marzo 25, 2019

Si no te hubiese conocido, Ana María Fuster Lavín


Episodio 1:
Bromas del destino
  
“Hay un universo por cada decisión que no se ha tomado”. Apagué el televisor. Te busqué en el facebook. ¿Por qué carajo me enamoré de aquel abogadito si estaba contigo? Para él fue un juego. Aquel día de mi presentación en la librería, le apostó a su novia que se acostaría conmigo. Le dijo: te gusta esta escritora gótica… ¿tu ídolo?, blablablá… ¿Si la conquisto, me la tiro y la dejo rota, te casas conmigo?  Te perdí. Amaba que fueras maestro, actor, tus anécdotas. Tú sentido del humor. Me hacías feliz. Yo te amaba, aun te amo. ¿Cómo no culparte? Te cansaste, dijiste: todos somos una broma del destino. Ahora, husmeo tus recuerdos, deseando estar en ellos. Encuentro una foto tuya con el abogado y su esposa, sonrientes frente a mi lápida, mientras una mariposa se libera de mi tumba.

Episodio 2:
Volver a empezar 

Al año de mi primera muerte, convalecía en el hospital enmorfinada, por un cáncer de estómago. Abrí los ojos al escucharte, mi amado ex, aquel actor… La enfermera arreglaba el cuello de tu camisa. Ella te besó, aquella novia del abogado, mi examante. Grité tu nombre, pero no te inmutaste. En la madrugada desperté a causa de una ráfaga de tiros en la avenida. En mi celular tenía más quince mensajes. Eran de él, el susodicho ex, ahora fiscal. Insistía en volver conmigo, reintentarlo. Le respondí aleatoriamente, pero el texteo se tornó sexual. Recordamos la vez que nos desnudamos nos masturbamos en el tribunal. Me toqué en mi cama de hospital, aunque la cicatriz me dolía horrores. Al despertar, la enfermera me cubrió con la sábana, mientras dice que una bala perdida me impactado dándome muerte en el acto.  

Episodio 3:
No morirás

Cada vez que mueres, intentas regresar a la bifurcación donde el inició el caos causado por mi inclinación natural al autosabotaje emocional y a tu urgencia de dar y recibir ternura. No quise reconocer que me amabas, por eso regresé al lugar de origen. Tú, una escritora secuestrada por un trabajo castrante; yo, actor disfrazado de maestro; no había lugar para aquella otra, ni otro él. ¿No te diste cuenta? Nos observaban en aquel café, cuando te confesé que podía enamorarme de ti. Justo cuando ibas a responder, ellos se levantaron de la mesa y nos preguntaron cualquier pendejada. Lo reconociste, era aquel abogadito que te hacía mil consultas de redacción por email. La reconocí, era la mamá-enfermera de aquella estudiante problemática. Aquí estoy, en el momento previo a nuestra primera cita. Esta vez, no morirás. Tampoco nos conoceremos.

Final cancelado:
Efecto mariposa o siempre nos quedará Buenos Aires

Dos años después del maestro haber cambiado los hechos de esta microhistoria, envió una videoaudición suya para un musical en Argentina, siendo contratado.  El fiscal alcanzó su sueño de ser juez, siendo nombrado después de dejar a su novia-enfermera y casarse con la hija de un senador. La enfermera cayó en una depresión; y luego de una sobredosis de medicamentos ingresó a una orden de monjas de clausura, donde se enamoró de su roomate.Ambas se fugaron. La escritora finalmente ganó un premio por su novela “el amor en tiempos del efecto mariposa”, renunció al trabajo, incorporándose a una editorial también argentina. El juez, habiendo desfalcado unos $500,000, fue arrestado por el FBI en el terminal del aeropuerto. El actor y la escritora, la exnovia y su nueva novia le dijeron adiós antes de despegar juntos rumbo a Buenos Aires.


Ana Maria Fuster Lavín

Carnaval de sangre 2
 [Cuestión de género]

viernes, febrero 22, 2019

Casa tomada...

Ocupación felina

Las tres de la madrugada. Escucho tres cantazos en la puerta de mi recámara, cada tres minutos hasta las 3:33 am. Miro a mi gata Cleo en la butaca dormida, pero su cola danzaba. Al igual, mi gata SofiLuna que duerme en mis pies, abraza mi pierna con ternura, me da una lamida y se duerme. Al despertar hay una tercera gata sentada en la entrada de mi habitación. La adopté y la nombré Camila. Ahora duerme detrás de mis almohadas descansando su rabo sobre mi frente. Recordé los sucesos de últimos meses; han pasado cuatro, son las 4 de la madrugada y acabo de escuchar cuatro cantazos en mi puerta.

Ana María Fuster Lavín
Cuestión de género
Carnaval de sangre 2
pronto...

jueves, febrero 21, 2019

La isla olvidada ... Ana María Fuster Lavín

La isla olvidada

La niña encontró una botella en la playa con una página en su interior: "Si encuentras este papel, quizá estemos a tiempo de recuperar nuestra isla y su visibilidad. Hemos olvidado nuestros nombres. Antes de que nosotros, los últimos habitantes, quedáramos invisibles y sin recuerdos, llegó la gran tormenta. ¿O fue cuando prohibieron contar nuestra historia? Intentamos buscarnos en el recuerdo de otros, casi siempre esa nostalgia tiene nombre y apellido. Si encuentras este papel, busca nuestra isla en el mapa, pronuncia nuestro nombre. Intentamos encontrar trocitos de nuestra memoria, pero es inútil".  Corrió con el papel, se lo llevó a su papá y este a un periodista que buscó en el mapa: "Disculpen, esa isla no está en el mapa o ya no existe". El periodista les pregunta sus nombres. Padre e hija se miran, dándose cuenta de que no se acuerdan.

Ana Maria Fuster Lavin
(foto y microcuento)
Cuestión de género
[Carnaval de sangre 2]
pronto....

La isla de humo Ana Maria Fuster Lavin



Cuestión de género Ana Maria Fuster


A imagen y semejanza Ana María Fuster


Abismo...


Salitre


miércoles, enero 30, 2019

Crónicas maternales... tu nombre en la arena

Encontré esto entre mis documentos, lo escribí cuando miguel cumplió 4 años en el verano de 2005, luego de ambos escribir su nombre en la arena, el maurillo lo borró y él le dijo adiós a su nombre con los ojitos aguados.  Luego, esta epístola se publicó en el nuevo día en enero de 2006.  Este verano ya cumple 18 años, irá a la Universidad de Puerto Rico, a seguir construyendo sueños….

Carta con letras en la arena

A mi hijo


Hoy vi cómo escribías tu nombre por primera vez en la arena, a un mes de tu debut triunfal como escribiente. Llegó una ola borró parte de tus letras y lloraste, como quien pierde un sueño, la identidad también puede ser efímera, depende de uno su conservación, si no mira el país en que vivimos. También a ti se te pasó rápido la rabia y frustración. Luego jugaste con tus marcianitos de plástico y te quedaste dormido, muy calmado. No puedo evitar conmoverme al ver tus ojitos cerrados, tus rizos de arena sobre la almohada y tu boca abierta y relajada, en esa paz apalabrada y pura que vamos perdiendo con los años y pienso... ¿Qué mundo te encontrarás? Y quisiera asegurarte que estarás orgulloso de vivir aquí. ¿En casa, mamá? Aquí vivimos Miguel, mamá, Tommy y Cuca… No hijo, no me refiero a nosotros, al perro y al periquito, me refiero a esta isla llena de contradicciones (hay estadistas criollos, católicos protestantes, hasta las locuras de tu madre: agnóstica y te matricula en un colegio católico, hoy cantaste aleluya en el carro y se me erizó la piel, al menos era el de Handel), un país con habitantes aún más confundidos, peor aún que nos vanagloriamos de la ignorancia y nos bañamos en la basura, física y existencial, teniendo unas playas tan bestiales como seres visionarios...

Sí, duerme… Las letras sobre la arena se borran, pero siempre podemos volar lejos. El problema es no dejarse desplumar, desalar ni tampoco dejarse sumergir en el insomnio de la apatía. Tienes cuatro años, mi cielo, y sonríes feliz cuando vas a tu escuela, mamá, azul y rojo hacen violeta, me lo enseñó maestra Elvira. Violeta es un hermoso color, en la magia celta simboliza la pasión y el intelecto, pero en nuestro país eso de mezclar el azul y el rojo produce un color monocromático que hipnotiza a muchos y les roba los sueños. Mi niño, tu prisma es el amor y la pureza del alma.  Parece que los adultos hemos establecido nuestra cueva en un lugar donde se respira en colores primarios, sin dar permiso a las gradaciones, a toda la gama de posibilidades, como resultado un canibalismo multicolor, espero, mi niño, que cuando alcances la mayoría de edad Puerto Rico no sea todo en blanco y negro, y todos hayamos quedado mudos.

Escucho la lluvia mientras descansas, y sigo escribiéndote para que entiendas que la identidad es importante, sin necesidad de criollismos pasados de moda e igualmente represivos. Tu nombre pudo borrarse en la arena, no llores, lo escribirás con letras de eternidad si te lo propones. Hola, soy Miguel, ¿y tú? Le dices a muchas personas que vas seleccionando con algún mítico patrón de duende boricua y me sonrío. Y quisiera decirles a todos, hola soy poeta, y mis amigos: hola soy músico, hola soy periodista, hola soy editor y así así, sonamos idiotas, porque nos avergonzamos de nuestra esencia. Mi peque, sí, hablamos puertorriqueño y podemos inventarnos nuestro propio destino, en un país donde el horizonte parece haberse escondido bajo un baúl y siete candados perdiendo hasta el sexto sentido, pero dos más dos sigue siendo cuatro.

Acaricio tus rizos y ronroneas como gatito dándote vuelta en la cama, hoy volvieron a cancelar un programa de cultura en la televisión, como le hicieron a Abelardo Díaz Alfaro, a Rey Francisco Quiñones y qué se yo a cuantos escritores, poetas encarcelados por soñar su propio Canto a la locura en esos temibles años azules, quizás negros, cómo nos han pisoteado la palabra, la música, los colores, ojalá sueñes en violeta, en verde, en anaranjado en todas las variantes del alma, de la ternura, de la lucha, del amor, de la vida y la muerte.
¿Mamá de qué color es mi nombre? Maestra Elvira dijo que el nombre es del color de la crayola.  Te besé y contesté te quiero Miguel.  What´s in a name?  (no, no me pondré shakesperiana) . Y es así, mi piqui, en esta bendita isla en que vivimos --que ya describiré en otras cartas--  hemos aprendido a encasillar a las personas por tantas cosas, la mayoría frívolas pero sin estudiar los méritos y su esencia, una persona no vale porque es popular, o independentista, o si te gustan las mujeres o los hombres, o qué se yo. ¿Qué se puede esperar en un lugar dónde se pueden vender los principios o la identidad, esperando que lluevan papeles verdes? Según avancen los años de cuatro en cuatro me irás entendiendo.

Sigue durmiendo, y te cantaré una nana sin la televisión de fondo, sin derechos reservados, sin importar nuestras preferencias políticas, porque vivimos en una isla que naufraga en su propia apatía social, en el menosprecio institucional por la cultura, en la hipocresía sin identidad. Mamá, ¿con quién hablas? Me preguntas cuando telefoneaba por la tarde a una poeta y tratábamos de arreglar el mundo en cinco minutos de conversación. Mamá, quiero chocolate, no me interrumpas, quiero chocolate, y al final me di cuenta de que las necesidades urgentes dependen también de la ternura, de cómo se negocie. Te quiero mamá, y te fuiste con tu chocolate y yo retomé esa conversación, pero nadie más nos escuchaba, ese es otro problema.

Lo sé, mi niño, ahora comienzas a escribir, a pintar, y yo --tan cabezota--- contándote cosas que aún no puedes comprender, lamentablemente muchos adultos tampoco, otros lo saben, pero no les importa y otro lo que les importa es que nadie lo entienda. Tienes cuatro años y sonríes en tus sueños y quizás recuerdas a tu maestra y el verde, azul, rojo, violeta, anaranjado…  Mejor sigue soñando a colores, todos, que no se te escape uno.

No vuelvas a llorar porque tu nombre se borró de la arena, buscaremos materia sólida e imborrable, yo apagaré la luz, dormiré cerca de ti, en el cuartito de lado, es de noche, pero amanecerá. 
Te quiero mi duende soñador, Miguel.

Tú mamá
Ana María Fuster Lavín
Julio 2005

viernes, diciembre 28, 2018

Enamorada ... sin estadísticas 2


enamorada
también mutilada,
sangrificada hasta que muera el último secreto
a borbotones de rabia, intentas huir,
no te creen, exageras,
estás hormonal, no te puedes quejar
solo te queda una puerta cerrada
y tu reflejo adolorido, es grito asfixiado
como el miedo a su amor,
poco a poco te marchitas, enmudeces
así como el viento desvanece cada palabra
que no abrazamos a tiempo

enamorada,
también desaparecida
amordazada a causa de silencios
al fin de cuentas, no te creerán si sobrevives
y si mueres serás culpable de ti misma
como si las palabras no dichas fueran mortaja
y tu despedida otra estadística incómoda
olvidada, así como la fobia a crecer 
solo lloramos, cómplices,
no osamos educar al cuervo que criamos
mucho menos tallar alas de mujer sin vendas
ni título de propiedad

enamorada,
de un él o una ella, siempre de ti misma,
abrir las manos a cada predicado 
y sus puntos culminantes
(cuando el sustantivo es suspiro desmembrado)
hasta sanarnos de las mentiras aprendidas
hasta abarrotar la piel de puentes y coraje
para juntos derrotar al coro de los odiantes
y no claudicar hasta que muera la última injusticia
que el cariño sea entereza y reconstrucción
y tú seas yo y ese nosotros, nosotras, multitud:
siéndonos un libro de palabras infinitas que el amor adjudica
sin importar si la voz es una niña dormida que llevo en la boca
o si es un niño que tuvo que reaprender a ser humano...

Ana María Fuster Lavín
Somos
poemario inédito