lunes, julio 02, 2007

Escritor invitado Alberto Martínez Márquez y sus Frutos Subterráneos






POÉTICA PARA ENGATUZAR DIRECCIONES

pasión de grifo agazapado que va confesa
por climas ominosos inmanencia pretérita
discurso se lee por la nostalgia
mientras asta el hasta también sus ayes
ojo de viento dispara qué itinerarios
su nada grano a grano
un falo exacto a dios mismo hará de máscara

deseo de agua sin memoria en el tempo del salitre
para propender de balde
si propio tantas veces
valija sopor nudo cámara arboladura
derivando reflejos verdianamente verdes
dificultura (la celosía)
un demasiado allí
allá no llega
de ser tan poco antes por tanta errancia
apocopada opacada de épocas paquidérmicas
entronizando aquel jamás de polvo desvalido

un arco yacente un arco

a la vuelta de la página
a manera de extravío



Alberto Martínez Márquez



FRUTOS SUBTERRÁNEOS


un guante plagado de espejismos avanza por la espiral de fuego

huelga la tradición
la costumbre
la pertenencia

mirada alba se quiebra en órbitas infernales

seducción de caballos exóticos que corren a lo largo
de una sombra amarilla borrando la usura del polvo

ceremonial de la fijeza emerge del vértigo cópula de la fragua

márgenes oscuras ceñidas al cristal sus múltiples facetas
bloquean la persistencia de los elementos

responso a los aspectos sucedáneos y la ficción del azúcar

amago de brújula humeante

diáspora de imágenes detonando la caligrafía sensual de la mano
que agoniza

la memoria responde al último tacto

Alberto Martínez Márquez




ESTUDIO INTERIOR

veinte y agosto
bajo un sol de saliva se pierden
los fakires del sueño
la factura del embuste ejecutando
alguna ausencia
ser monóculo de concha
en la escala
ser el fantasma que se pierde
en el bolsillo del tunante
ser el mono taumaturgo y zurdo
que toca su violín
nada más y nada menos
la memoria urdida
por el tiempo que no es tiempo
la soga extraviada cae
sin vértigo a lo alto
suerte de vectación
suerte de tigre blanco
suerte de comienzo
patio anfibio en el tapiz
de la sospecha
porque ronda una mosca más
en el suspiro
y no se ve
que nadie hable
de lo inerme que es el pan
cuando se toca
que nadie tirite de savia
en los escombros del placer
porque todo color
tiene su fuga
su debida proporción
en otra parte
del hecho al cuchitril
va una larga cadena
de desvelos posibles
por donde el alma pulula sin fondo
oh
qué liviano es todo esto
el día suda
se empapa
luego se anula
porque se decanta
el agua de la desnudez
sin otro motivo
que su inconstancia
porque hay baldosas que se queman
en la punta del estornudo
porque son goznes podridos
los que templan la voz
de los canarios
ninguna abstracción se detiene
a fuer de soliloquio
ninguna hibridez
ningún entresijo
ninguna jota
que nadie
porque todo
donde oh

cuando la historia
perfore la llama
no seré
sino
esa cifra
que
se aleja
de


Alberto Martínez Márquez

Visita sus páginas:
http://www.geocities.com/amartinez_marquez/
http://www.geocities.com/letrassalvajes/


Alberto Martínez Márquez, pirómano de frutos subterráneos

Nuestro querido amigo Alberto me pidió dijera unas breves palabras sobre mi percepción de Frutos Subterráneos, pero por eso antes muerta que sencilla, y como todo poeta, anárquica: comentaré sobre el poeta Martínez Márquez y cómo en su poemario juega al duelo con la palabra, con su poesía madura, liberada de falsas máscaras metafóricas, para desnudarla y desnudarnos, pero, ojo, nada simple, más bien dada al reto como a la reflexión, a su autorreflexión. Nos dice en su entrada al poemario: “he dejado de ser en el exilio / la continuidad de lo que soy / para ser esa mirada oblicua / que viene desde el espejo y no me reconoce” Alberto Martínez Márquez.
Ya prevenida por sus palabras, a penetrar en su nueva visión de mundo que se reconoce y autorreconoce en el poeta, comienzo la lectura su poemario Frutos Subterráneos descifrando al poeta y sus versos, encontrando claves como esta: “Cada paisaje es un desierto de estatuas apagadas donde el pirómano se oculta” citando del poema Extravío, pág. 47
Alberto se oculta como se revela en ese constante juego de la escritura, que nos ayuda a huir del desierto; léase apatía, convencionalismo, en esas estatuas apagadas que nos rodean. Es el poeta que versa, o tal vez que se sueña, o, más seguro aún, que se refleja literalmente ante a un espejo . Estoy convencida desde mucho antes de leer este poema, que Alberto Martínez Márquez era y es un pirómano, así como un terrible e implacable escritor ochentoso por convicción generacional.
Doy fe solemnemente de que eso es así, pirómano absoluto, creativo hasta por los poros, divertido, de escribidor hasta pornógrafo, jazzero, salsero y trovador. Alberto Martínez es una de las grandes voces literarias puertorriqueñas, desde su obra en la época universitaria, pasa a revistas literarias y periódicos, a la Internet, hasta su publicación de la antología El límite volcado junto a Mario Cancel, su primer poemario Las formas del vértigo, y otros potentes ensayos y cuentos (sí este poeta, además, es un implacable narrador) su calidad literaria compite de tú a tú con su calidad humana. Deja su marca y estilo en quienes estamos en contacto: En mi caso, desde los años universitarios que compartimos desde 1986, en una clase de literatura puertorriqueña, con el profesor Martínez Masdeu, donde la primera palabra que nos dijimos fue un “se jodió” y de allí en adelante, la cosa también se jodió, no volví a ver el mundo literario desde la ingenuidad escolar, todo se jodió, Alberto también me enseñó que escribir también puede ser una gran jodedera como debe ser. No me asusté, pues aquí estoy jo... jugando con ustedes, y la amistad ha perdurado.
Este pirómano, dispuesto a provocar un incendio de altas proporciones al lector y a quien lo escucha leer; a fuerza de implacables palabras, también es un amigo incondicional, noble, solidario e impresionantemente generoso, Alberto es uno de nuestros principales embajadores culturales, responsable como escritor, de un calor humano sin límites, en fin, me reafirmo: es un pirómano. Por si los astros tuviesen algo que ver, es nacido bajo el signo de Leo, el rey del zodiaco, es noble de verso potente y musical, así como su presencia al leernos poemas, provocando paros respiratorios en quienes lo escuchan declamar junto a su enorme libro, pues Alberto también es enorme.
Alberto nos presenta en este poemario todo un macrocosmos intelectual, sensual, subterráneo, interior, como la palabra misma desde la mente hasta la complicidad con el lector, cargado de necesaria sexualidad, como de esas sombras de la ciudad, así las palabras, los laberintos, esos otros que sólo están construidos a la medida de uno mismo. Esta es pócima mágica con la que el trapecista de vértigos, además de incendiario, Alberto Martínez preparó cual menú intelectual de Frutos Subterráneos.
Tampoco nos sorprende esta capacidad en Martínez Márquez de crear, de contar, de entretener con ironía, ni a sus amigos ni a sus lectores, ni aún menos a quienes hemos sido compañeros de viaje en las delegaciones puertorriqueñas de Isla Negra a la FIL dominicana. Encontré en un estudio que en los audiolibros se escuchan aproximadamente unas 150-175 ppm, en las presentaciones orales tienden a leerse 100 ppm. Así las conversaciones normales, unas 200 ppm, y a pesar de que el investigador Ronald Carver ha demostrado que un adulto puede escuchar con completa comprensión hasta 300 ppm, ni siquiera los subastadores suelen hablar más rápido que 250 ppm, teniendo en cuenta estos datos, nuestro virtuoso apalabrado y casi subastador de anécdotas, Martínez Márquez habló durante el viaje de regreso este año del Hotel Hispaniola al Aeropuerto unas 9500 palabras en cuarenta minutos (unas 237.5 palabras por minuto), y provocando un total de unas 518.5 carcajadas a nosotros los viajeros. Son 9500 palabras, sin incluir las del terminal del aeropuerto dominicano.
Y así es nuestro amigo y poeta en el acto de hablar, leer y escribir, demencialmente disciplinado, mánico-obsesivo lector e incorregible escritor. Pero volvamos a este poemario. Su poesía vuelve a revelar sus mundos interiores, filosóficos, de su yo peregrinando por esos Frutos subterráneos, donde la brújula es la palabra, más bien el poeta, tratando de hacernos perder hasta con una “Poética para engatusar direcciones”, es el título de uno de sus poemas. Es metafísica y poema, más allá de simple metapoesía, es la pasión, la comprensión y hasta el infierno, citando la pág. 51, el poema homólogo del poemario:
“Frutos subterráneos.
un guante plagado de espejismos avanza por la espiral de fuego
huelga la traición
la costumbre
la pertenencia
mirada alba se quiebra en órbitas infernales
seducción de caballos exóticos que corren a lo largo
de una sombra amarilla borrando usura del polvo”

Y así sigue Alberto en una enumeración de elementos en apariencia herméticos, pero en realidad son una seducción de imágenes, pesadillezcas para quien vive en el confort del convencionalismo; en el poema palabra y sexualidad se funden, en la erótica fálica que es fuego, copulan y germinan a través de las raíces de la tierra al cuerpo. Vemos que nuestro piromaniaco también provoca ese incendio de la pasión y el sexo, ese juego de provocaciones exento de timidez, es minotauro de laberintos, elemento constante a través de todo el poemario. Así como el tiempo y la soledad del poeta en sus múltiples metáforas, perspectivas y modalidades hasta zooformes. Y es que un poeta, llamado Alberto Martínez Márquez, es dueño dios y creador de su tiempo y espacio.
Quedamos aquí todos incinerados, desnudos, leyendo y releyendo sus poemas, deseando devorar esos frutos rítmicos, provocadores y retantemente perversos, sin exceso de metáforas, en la genialidad de lo aparentemente simple que se complica, poesía inteligentemente estructurada. Los invito a su lectura, al poeta que continúe versando. Alberto, tienes la palabra y es tuya. Gracias.
Ana María Fuster Lavín
Tu amiga incondicional,
escritora mundana (puertorriqueña)


**Nota de la autora

Este texto fue escrito a modo de semblanza informal sobre el poeta y su libro. Leído entre copa y copa en el Chateau Rouge el pasado sábado 30 de junio de 2007, entre grandes amistades y la potente poesía de Alberto, así como su impresionante recital, este escrito a continuación no pretende ser un estudio analítico del libro, eso lo dejo a los lectores, y al extraordinario trabajo preparado por el profesor y escritor Carlos Vázquez (del grupo literario Sótano 00931), leído en el Café Bohemio de la FIL dominicana 2007, el cual deseamos que sea próximamente publicado y leído en Puerto Rico.

5 comentarios:

A.T.V. dijo...

Acho, estoy como que preñá de orgullo y alegría... Por Alberto, quien me ha envenenado con sus versos deliciosos y me ha permitido conocer un poco de sus mundos internos; por ti, amiga de mi ser, que eres tan extraordinaria y genial y por Carlos, gran amigo y escritor a quien amo y respeto... Bueno, qué decir, son un trio magnífico. Gracias por todo lo que me enseñan. Ana María, estuvo rica la velada (aunque no estuve hasta el final). Abrazos.

Otra vez a viajar al olvido... dijo...

hola, te convido a leer mis poesias (historias cortitas)...

Joss dijo...

Suerte y sus frutos...
Cifras y fantasmas...
Señal de brújula sin dirección.

DTB

Carlos Vázquez Cruz dijo...

¿Alberto? Un gran poeta, indudablemente. Lo peor no es que me lo crea, sino que puedo demostrarlo... y lo he hecho. En cuanto a tu trabajo, ¡qué bueno que es distinto al mío! Además, le exige al lector indagar, sondear lo que no se dice. Como presentadora, continúas ejerciendo el oficio de poeta e, igual que Alberto, te manifiestas "piromaníaca" bandeando el discurso entre lo anecdotario, el análisis textual y la nota intimista, como explosiones aleatorias de colores en el firmamento que nosotros (espectadores/expectadores)contemplamos mientras dialogas. Por eso, vale no comparar nuestras propuestas analíticas. Usted, compañera. Escriba. Escriba. Escriba. "El que tenga ojos para ver, que vea."

Ana María Fuster dijo...

A.T.V., querida amiga, siempre tenerte cerca, en la palabra y la amistad me llena de alegría. Sí, disfrutamos mucho la noche en el Chateau y en la acera. Alberto es divino y provocador como su poesía, también le debo a él mucho en esta misión de lectora/escritora.
un beso mi amiga y poeta.

Otra vez viajar al olvido, gracias por la invitación.

Carlos Vázquez Cruz, señor y usted, gracias por su inmensa presencia, por su amistad y la explosión de honestidad que siempre se agradece. Me reafirmo en que el trabajo que preparaste y leíste en Sto. Domingo fue impresionante, depurado, intenso, (per)verso, y nos debes esa presentación en Puerto Rico. Encontrarte y conocerte, reconocerte ha sido un tesoro, gracias por tus palabras, consejos, cariño, amistad. Gracias por entender que más que una propuesta analítica, quise hacer una semblanza apalabrada del poeta y su poemario.
Seguiremos informando, y señor, ustede también escriba escriba escriba...
sabes que te quiero mucho