martes, julio 12, 2016

poeta invitado especial : Carlos Roberto Gómez Beras

“El río es un poema
que nos escribe por dentro”

Carlos Roberto Gómez Beras

Silencios de Papel tiene el honor de publicar poesía del poeta y catedrático caribeño
 Carlos Roberto Gómez Beras, editor y director de Isla Negra Editores 
con unos 25 años de trayectoria publicando literatura caribeña alternativa 





Desde lo que creemos perdido

Qué luminosa es la muerte de un poeta
cuando no es golpe que mata
sino herida de donde nace una rosa
de mil pétalos incendiados
que como mil ojos y mil pieles
todo lo miran y todo lo sienten.
Rosa que entre la vigilia y el sueño
resiste una tormenta
y se desnuda ante un suspiro.

(de Mapa al corazón del hombre)

Elegía de la nada

Para qué escribir
si no hay nadie
que pronuncie la sílaba rota,
el verbo encabalgado.
Para qué descifrar los enigmas
de las tardes y los ponientes
si nadie se estremece
por el ave que huye
ante el azul que deviene naranja.
Para qué, entonces,
nombrar todos los besos
enumerar todos los remordimientos
si la nada se pasea entre nosotros
como una reina por las calles de Comala.

(de Mapa al corazón del hombre)



El coleccionista

Sombrío.
Con un gusto a mensualidades.
Con cierta tendencia
a biografías
a cenizas bajo la lluvia
a objetos caídos
a femeninas caligrafías.
Amo mi líquida paciencia:
la espesura
que me distancia
infinitamente
de mí mismo.
Amo mi oficio crepuscular
de encender almas
y verlas extinguirse.

(tomado de antología (Per)versiones desde el paraíso, 
poesía puertorriqueña de entresiglos, 
Ana María Fuster Lavín y Uberto Stabile, compiladores)






@CHÉ

Mujer, ven...
levántate del intento
sacúdete el abismo
ajústate la mirada
lámete las heridas
que otras tierras
(más dignas)
reclaman
el concierto insólito
de tus humildes esfuerzos.

(de Errata de Fe)

Inventario

Hoy, como mendigo entre retazos,
He rescatado del ático clausurado algunas cosas:
El licor destilado en cada suspiro que alargabas
Los ocasos cuando convertías nuestros silencios en panes
Las vocales de tu nombre donde se mecían mis deseos
Tu mirada que me reconocía entre el opio de la nostalgia.
Hoy, ha sido un gran día para la muerte.
Mañana, resignado, esperaré la vida y su venganza.

(de Errata de Fe)

Hay cuerpos...


Hay cuerpos que son puentes,

puertas hacia otros aposentos.

No exijamos detenernos en ellos

como hordas que hacen trizas

el descanso de la madrugada.

Más bien, transitemos igual

Al peregrino que, golpeado

por la lluvia obstinada de mayo,

se guarece en reverente silencio

bajo el arco tibio de un árbol.



Hay cuerpos que son albergues,

sólo posadas hacia nuestra meta.

Entremos a las misas de sus pieles

mientras dejamos afuera el deseo

porque  la posesión es un equipaje

que hace más pesada la gesta.

Recibamos como una ofrenda

el pan magro y la gota de vino

pues al marcharnos dejaremos todo

y solo nos llevaremos el paréntesis.





(de Errata de Fe)






De los libros y el poeta: los 21 años de la editorial Isla Negra y un Mapa al corazón del hombre, entrevista
http://www.editorialislanegra.com/index.php?option=com_content&view=article&id=11:presentacion-de-libro-en-la-fil-cuba&catid=15:noticias

Wilkins Román Soto comenta sobre el poemario Errata de Fé 
http://elpostantillano.net/pagina-0/critica-literaria/17417-2016-05-14-15-17-44.html
El poeta español José Luis Morante sobre Errata de Fé
https://puentesdepapel56.blogspot.com/2016/07/carlos-roberto-gomez-beras-errata-de-fe.html

escritora invitada: María Elisa Calderón Rodríguez

Hoy presentamos la obra de Marieli Calderón,
 la felicitamos por la publicación de su libro en verso y prosa:
 Integratio






ALLÍ te espero


Le prometió que la recogería frente al muelle, como en la canción, un 3 de marzo. Eva tenía veintidós años cuando se fue de casa para esperar a Carlos, de cuarenta y dos, que le había prometido llegar a las 10:00 de la noche luego de que terminara de recoger sus cosas en la casa de la que todavía era su esposa y él abandonaría por ella. Saldrían en el yate de Carlos a la mañana siguiente rumbo a Islas Vírgenes donde comenzaría el idilio del resto de sus vidas juntos.

Eva le comentó a sus padres que iría de crucero con unos amigos y les pidió que la dejaran en el muelle donde se habría de encontrar con ellos. La llevaron hasta allí y se despidieron de ella . La joven les dijo que no los llamaría en toda la semana, porque no había cobertura. Les explicó que si pasaba cualquier cosa se comunicaría con ellos desde el barco. Besos y abrazos marcaron la despedida.

El muelle le pareció maravilloso: allí estaban el barco, la ilusión y el amor eterno. Pasaron las horas y Carlos no llegaba. Intentó entrar a la marina, pero no la autorizaron. El celular de Carlos estaba apagado. No entendía que le habría podido pasar. Decidió esperar en la calle cerca del muelle, no fuera a ser que pasara y no la viera. Eva estaba segura de que su amor aparecería de un momento a otro.

Alrededor de las 3:00 de la madrugada, sintió frío y vio como unos hombres se acercaban a ella. Eran tres y entre el cansancio y las ganas, le pareció ver a Carlos y a sus amigos. Daba saltos de alegría imaginando a su amado entre sus brazos. Eva corrió hacia los hombres y abrazó al del medio besándolo apasionadamente. Un suspiro salió de sus labios con el nombre de Carlos. Al abrir los ojos se dio cuenta de que no era Carlos al que había besado; era un hombre que nunca había visto. Eva lanzó un grito. El hombre le mordió los labios hasta que sangraron; ella mantuvo el silencio.

Entre los tres la agarraron y la metieron en un carro. La llevaron a un viejo edificio del área, donde le inyectaron heroína y entre los tres la violaron en repetidas ocasiones. La amarraron a la cama donde pasó tres meses drogada, mientras los tres amigos se satisfacían a sus anchas. Una vez se cansaron de ella se la vendieron por quinientos dólares con todo y pertenencias al dueño de un punto en Santa Cruz. Eva se convirtió en el bombón de las islas del Caribe. Todo el que quería tenía un espacio dentro de Eva.

Tres años y tres meses habían pasado desde la desaparición de Eva, sus padres y la policía la daban por muerta. Una tarde, Carlos paseaba de la mano de su esposa por el muelle que llevaba hacia la marina privada donde se encontraba su yate. En la calle, tirada encima de unas cajas vio a una mujer calva que se sacaba pedazos de la piel de la cabeza y se los metía en la boca. Tenía una jeringuilla clavada encima del tobillo. Un vaso plástico frente a su pecho. Carlos sacó unas monedas de su bolsillo y con un acto de repugnancia las tiró en el vaso. Fue entonces que un puñal helado pareció atravesarle la espalda.

–Lo que hace la droga –le comentó a su esposa, con cara de asco.

La mujer levantó la mirada.

–¡Carlos, por fin llegaste !

María Elisa Calderón



  Río Piedras, Puerto Rico,  1967.   Muestra de sus poesías forman parte de las publicaciones Antología Micrófono Abierto I, por Editorial 360 y Divertimento, por Editorial Zayas.  Sus poemas “A ti, Aquel” y “Mariposas” fueron reconocidos por el Movimiento Mujeres Poetas Internacional como parte del 4to y 5to Festival Grito de Mujer, respectivamente.  Se le otorgó el primer premio en la categoría de poesía en el I Concurso de poesía Julia de Burgos ofrecido por la Cofradía de Escritores, por su poema “Hermenéutica”.  La poesía “Boleto de Ida / Boleto de Partida” fue escogida para participar en la antología Fronteras de lo Imposible auspiciado por Casa de los Poetas. Ha publicado cuentos en la revista Inopia y en la antología Mundillo, de Del Alma Editores. Su primer libro Integratio fue publicado en noviembre de 2015 bajo la editorial Palabra Pórtico como parte de la colección quimera, género híbrido que cuenta con poesía y cuentos. Actualmente trabaja en la compilación de un poemario y en varios proyectos antológicos.

lunes, julio 11, 2016

Escritor invitado: Daniel Torres

Tenemos el honor de publicar poemas inéditos del escritor, 
catedrátivo y crítico literario puertorriqueño 
Daniel Torres!




Luna

Mudo testigo
entre las nubes
de toditos los quebrantos
que le mintieron al bolero
las cuerdas de una guitarra
entre todos los tríos.


Madrid 2015

Calle abajo y calle arriba,
de la Plaza Santa Ana hasta la Puerta del Sol,
en el paseo cotidiano del turista
que lo mira todo
con ojos iluminados,
hasta llegar a la Plaza Mayor
en San Isidro Labrador
donde la alegría se viste de gala
en medio del lamento ibérico
de la precariedad.



Autorretrato

Dicen las que saben
que llevas en el revolú de la sangre caribe de tus cuatro familias:
las manos laboriosas de mami,
los pies inquietos de papi Toño,
los ojos café de doña Sinforosa Ramos,
la serenidad indomable de don Vicente Cotto,
las orejas largas de las tías,
la boca fina de quién sabe,
la nariz ineludible de los Carrasquillo,
la musculatura de tío Tino,
la calvicie incipiente de tío Juan,
la seriedad de tío Pablo,
y los amores triangulares de tus dos padres.
Dicen que eres el clon de tu hermano Ito,
y de tu tío Panchito que no conocías,
que sazonas la comida como tu hermana Sandra
y tomas siempre la distancia prudente de los Torres,
que asumes la rectitud de tu hermana Myrna,
la bondad de tus hermanas Carrasquillo Solá,
la vocación de servicio de los Rodríguez Beltrán.
Que tienes la chispa de tu sobrino Miguelo,
la piel tostada de los Cotto como todos los primos,
haces los corajes furibundos de doña Feliciana Báez Aguayo, viuda de Torres y Arméndiz,
y llevas el ritmo en el baile de mami con todos sus silencios.
Que heredaste el sentido particular del humor de Moma
con el don de gentes de papi Chente,
y que el resto:
es la combinación del naufragio de cualquier familia que se respete.

 

 

El cuerpo del Papa

(Elegía a Juan Pablo II)

Esa púrpura de túnica blanca
que en la ciudad eterna reclinada,
en el rojo de sangre que se arranca
es una herida de amor apasionada.

Es su cuerpo cual muro de diamantes
expuesto ante los fieles que le buscan,
como si fueran  despechados amantes
abandonados sin explicación alguna.

Legado de veintiseis años cual pastor
de un pueblo desbandado y desasido
ante los cambios de un mundo incomprendido.

Descanse en paz, pues, el buen actor
que la jornada ha terminado y presidido
Aquél que en las puertas del Cielo ha coincidido.


Daniel Torres, Poemas para leerse en la calle (poemario inédito)