domingo, agosto 20, 2006

Desde la ciudad de las sombras 20 : Luis Gilberto Caraballo


El mar sin orillas

Se siente el mundo muerto
y aún tiende
arterias de sangre fría, lo intenta
Parcas miradas, páramos
vértigos ante los ojos del prójimo

Parece,
contuviera huecos desconcertantes
que hubiese pasado una hojilla en su soledad
rasgado la voz, disonantes vocales
bailarinas sin traje en su vals
de ambulancias caóticas

Mundos de muros
y mi sombra está demás
los pies se descosen
asidos a mi raíz,
en la aldea
que cae con delirio,
y desnudez.
Me he urdido
un pueblo en la tempestad,
la ciudad está vacía sin puertas,
helada de palabras

Algo desconocido
recorre en silencio
el templo de la vida
la caricia, el menosprecio,
y las agujas del reloj
siguen por su río
con el peso del segundo
entre sus labios van dejando besos fríos

Y sí alguien espía con migajas en sus ojos?

Porque ese tramar,
de números inexistentes,
de vértigos punzantes

aparecen en series infinitas
deshabitadas,
inentendibles,
sin orillas adonde pararse
a mirar o que alguien diga,
al menos al sentir la tibieza,
de la piel surgen palabras,
geranios
y tiempo

que alguien diga y que la noche
no sea la que corresponda
con su velamen infinito,
con sus aromas de orquídeas inciertas
que ocultan las cicatrices,
el rostro
de ansiedades y muertes en su obscuro manto

Los ojos llevan el mendigaje
puesto,
en la serie de números su eco
la oración del canto ausente

Si hubiese un puente,
una sombra
que restituya las vértebras?

Cuando la noche entra,
el desconcierto se apacigua,

los ojos pierden nitidez en su mirada
Los faroles menguan,
con canciones borrachas, repetidas
como mándalas incendian
verticalmente, tardíamente aquietan
reposan en el infinito de un anillo

El verso detenido
por la inexistencia descansa
de preguntarse balbuceante
el alma deambula
con su corazón de tiempo.

La bahía interna,
la mirada pulcra tiene sueño de amoríos
tiene engaños,
ebriedad,
puertos ilusorios
Para no verte y andar

Y sigo pensando,
sin detener el descanso algebraico
Al paso,
al paso de algún día sea distinto
las series elípticas,
lleguen con su sueño a restaurar el inicio
y que no sea la locura,
el cero desmedido de un sanatorio
los fantasmas de una ciudad
en la alucinación del día
que sea el amor intenso del amanecer

Y aún me veo
niño a la espera

Luis Gilberto Caraballo
escritor venezolano
Nací en Caracas, Venezuela,15-09 1962.Desde hace 20 años escribo poesías junto al oficio de pintar. He obtenido algunos premios Internacionales: 1er lugar en el Premio Internacional de Poesía, Sao Paulo,2004, Brasil. Idiosincrasias -poema Versos de Sangre.2do Lugar en el XIV Concurso Internacional de Poesía en Brasil, Agreste Utopía, 2004. Primer premio XXV Congreso Mundial de Poetas, 2005 Los Ángeles, California Agosto Primera accésit. Concurso internacional de cuento breve y poesía SADE/Córdoba Argentina-Nov/2005 Poseo seis poemarios inéditos: Espiral del mar, 1999; Moradas y Templos, 2004, El árbol de las casas vacías (2005)/ ser editado en España, Encuentro con el Sur 2005, Los caminos del tiempo (2005). Es tiempo de volver 2006. Pertenezco a Poetas del Mundo 2005, Unión Hispanoamericana de Escritores (2005), MIM (Movimiento Internacional de Metapoesia).

3 comentarios:

Yiara Sofía dijo...

Según leía me imaginaba una demencia en cámara lenta. Hermoso! Caraballo, tendrá usted una página para seguir leyendole? De igual modo lo releo para saborear aún más los versos. Abrazos desde el sur!

Ana María Fuster dijo...

Hola Yiara querida, el poeta Caraballo no tiene blog, pero le avisé que visite la página, y te incluya en su lista de poesía.
un abrazo mi amiga

Miguel A. Ayala dijo...

Hola Luis:
Me gusto mucho tu poema,

lleguen con su sueño a restaurar el inicio
y que no sea la locura,
el cero desmedido de un sanatorio
los fantasmas de una ciudad
en la alucinación del día
que sea el amor intenso del amanecer

Y aún me veo
niño a la espera

Esas imagenes me recordaron lo que sentí la semana pasada en medio de una gran congestión vehicular.
Gracias por compartir y que tengas buen día, Miguel.
Gracias Ana María, que engas buen día.