Desde la ciudad de las sombras 22 : Xavier Valcárcel

Mi sombra y yo
Me detuve sin pensarlo. El día hervía, al asfalto hervía, creo que era la primera vez que me sabía agua, que temía evaporarme. Nunca me había visto así. Estaba dibujado en blanco y negro, sobre la calle, la imagen de mi sombra fotográfica, tuve que detenerme. Miré a mí alrededor conteniendo el cuerpo, aguantando las piernas que hubieran preferido caminar, salir del centro de la intersección, huir de los mareos de los autos. Fue entonces cuando alcé los ojos y lo vi. Un halo solar techaba todo, descendía hasta mí, me encerraba en un círculo cromático perfecto. Debajo mi sombra, con las facciones dibujadas, la ropa puesta, los pliegues de las venas en una escala color gris. Después la risa, mi otro yo moviéndose bajo mis piernas como las manecillas de un reloj cualquiera. Era mi yo contando el tiempo, mi tiempo, me estrujé los ojos, habían pasado tres días desde mi aparte y mis últimas bocanadas de yerba. Imposible. Tocaron bocina. Luz verde. Mi sombra y yo en el medio.
Siempre me pasa, salgo del cuerpo de los hombres y la conciencia me atrofia, me daña, me hago un taco de peros, de miedo, de mierda en la garganta del mundo. Nada. Terminé de bañarme, le di el último beso, estrechamos la flacidez de las manos, nos dijimos adiós. Ya había pasado demasiado tiempo en su cama como para soportar algo más. No todo el tiempo estuvimos haciendo esas cosas. Hablamos. Hablamos un poco. Le conté, por ejemplo, lo del encuentro de esta tarde con mi sombra. Me dijo «ay loco, deja de estar fumando tanto». Ni lo miré. A pesar de todo creo que fue un buen encuentro. «Alguna partida le sacaré a la imagen», le dije. «Quizás pintar un poco, mi primer autorretrato, un nimbo de luz sobre mi cielo, una sombra hiperrealista, mía, rotando el tiempo bajo mis pies.» Le dije también lo de la fuga. «Con el bocinazo la sombra se me fue. Se me escapó. No la volví a ver.»
Llegué a mi casa hace un rato. Amo mis cuatro paredes, este silencio tan mío, este hogar vacío a la espera de unos niños que jamás nacerán. Mierda. De niño uno planifica tan bien la vida, se la sabe completita, se prepara un plan perfecto, se sabe de antemano donde se va a vivir, con quien, cuantos hijos, de qué sexo, los nombres, los perros, el color de las cortinas del baño. Pero uno crece. El cuerpo crece. La piel hace lo que le da la gana. Nunca hay consistencia entre las manecillas del cuerpo y las manecillas de acá, de lo que se piensa. Yo hubiera querido tener mis hijos, Antonio y Sebastián, hubiera querido amanecer junto a una mujer, la misma mujer que recorté una vez en un periódico, a la que le pinté los labios de rojo, de la que nunca supe el nombre propio. Pero no. Amo a los hombres. Abrí la puerta. Mi yo estaba allí.
En una página cerca, acá en el Internet, encontré que los halos solares son fenómenos ópticos. Fue la mejor contestación. Se lo grité desde la sala. Fenómeno óptico. No existes.
Mi sombra era más hombre que yo. Se había adelantado. Se atrevió. Desnudo él, en blanco y negro, haciéndole el amor en carne viva a una hembra. Fenómeno óptico. ¿Me oíste? Y él seguía allí, me ignoraba, detrás de mi puerta, preñando a una mujer multicolor, como soñaba yo, el de verdad, desde chiquito.
Xavier Valcárcel
escritor, fotógrafo puertorriqueño
* Age: 21
* Gender: male
* Astrological Sign: Aquarius
* Zodiac Year: Rat
* Location: Loíza : Puerto Rico
Favorite Books
* Animal tropical
* Trilogía sucia de La Habana (Pedro Juan Gutierrez)
* Buffet para canivales (Pastor de Moya
* Striptís y otros despojos (Javier Bosco)
* Papi (Rita Indiana Hernandez)
* Candido o el optimismo (Voltaire).
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Tendido Negro
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